sin Axel" es, para él, sólo una ausencia física. "Porque sigue junto a mí, seguimos hablando todos los días, sigue viva la promesa que le hice en su tumba, y sigue inspirando mi lucha", confiesa, entre el llanto, la obstinación y la promesa de continuar con su cruzada." /> «Axel me hace mucha falta, pero sigo luchando gracias a él» – GENTE Online
 

"Axel me hace mucha falta, pero sigo luchando gracias a él"

Junio 12, sábado, las seis de una tarde helada, gris, ventosa. Juan Carlos
Blumberg estaciona su viejo Mercedes Benz en la ahora solitaria calle Estrada,
Martínez, y cruza la calle abrazando un portafolios negro y una infinita pila de
papeles. Imagen recurrente: siempre es así desde que, muerto su hijo a los 23
años, se lanzó a la titánica Cruzada por Axel. Entra. Lo seguimos. En el living,
sentada en el suelo y tomando un mate, está María Elena, su mujer. Saluda apenas
con un gesto, se levanta y desaparece de la escena. Una escena algo cambiada
desde el último reportaje, hace un mes y medio. La gran foto de Axel niño, en
colores, ya está enmarcada e iluminada a la manera de los cuadros. La pancarta
con su foto y su nombre, bandera de las dos grandes marchas, ya no está apoyada
en el bar. La gran mesa del comedor, ayer sepultada bajo papeles, planillas con
firmas de adhesión, fotos, recortes de notas periodísticas, luce limpia, pero
las cajas de cartón, apiladas y repletas de más papeles, han crecido: son una
torre que casi toca el techo. Falta una semana para el domingo 20, Día del
Padre, y de eso quiero hablar con Blumberg: de su primer Día del Padre sin Axel.
Pero, antes siquiera de insinuarlo, Blumberg, recién llegado de los Estados
Unidos -Miami, Nueva York- despliega las pruebas de otra etapa de su lucha.
Entre esas pruebas hay un ejemplar del célebre diario francés Le Monde. Dice, en
su tapa, La cólera de un padre. Adentro hay una nota a doble página titulada La
revolución argentina de un padre. Otro diario, el alemán Frankfurter Ruschau,
titula En el trono de la gente: metáfora de un Blumberg puesto a la cabeza de la
batalla por la seguridad.
Leo (no en alemán, por cierto), recorro fotos, y
vuelvo a hablarle del Día del Padre.

-¿Y por qué cree que hago todo esto, si no es por Axel? ¿Qué padre sería si sólo
me quedara encerrado en el dolor y en el recuerdo?
"Todo esto", en el último viaje, fue una intensa maratón por los grandes centros
policiales y judiciales de Miami y Nueva York.

-¿Qué sacó en limpio, Blumberg?

-Que, si aprendiéramos de ellos, ni Axel ni tantos otros secuestrados estarían
muertos.

-¿Qué deberíamos aprender?
-Que allá, los juzgados criminales trabajan las 24 horas del día. Que los
juicios duran no más de cuatro a nueve meses. Que las condenas alcanzan al 80
por ciento de los casos. Que en toda la historia del país, la Corte Suprema sólo
cambió cinco veces el veredicto del jurado. Y que el juicio por jurado sigue
siendo la forma más sabia de impartir justicia.

Así recordó Juan Carlos Blumberg el último Día del Padre que pasó junto a Axel, hace apenas un año, mientras mostraba la tarjeta con que su hijo acompañó los regalos. El domingo que viene va a ser muy duro, muy difícil".">

Así recordó Juan Carlos Blumberg el último Día del Padre que pasó junto a Axel, hace apenas un año, mientras mostraba la tarjeta con que su hijo acompañó los regalos. "El domingo que viene va a ser muy duro, muy difícil".

Desde una foto proyectada, Axel sonríe: Es lo que más recuerdo: su sonrisa, y el beso de cada mañana y cada noche". El cuarto del hijo sigue como estaba en el último día que estuvo en casa.">

Desde una foto proyectada, Axel sonríe: "Es lo que más recuerdo: su sonrisa, y el beso de cada mañana y cada noche". El cuarto del hijo sigue como estaba en el último día que estuvo en casa.

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