“Aunque parezca mentira, todavía creo en la Justicia” – GENTE Online
 

“Aunque parezca mentira, todavía creo en la Justicia”

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No puede ocultar la sonrisa que se le dibuja a cada momento. Carlos Carrascosa (62), condenado en fallo dividido a cinco años de prisión (Tribunal Oral 6, San Isidro) por el encubrimiento del asesinato de su mujer, María Marta García Belsunce (27 de octubre de 2002), fue excarcelado bajo fianza de 100 mil pesos. La Sala I de la Cámara de Apelaciones hizo lugar al pedido de habeas corpus presentado por los abogados Alberto Cafetzoglus y Diego Ferrari, y juzgó “arbitrario” el encarcelamiento, por lo menos hasta que llegue la confirmación o revocatoria del fallo por parte de la Cámara de Casación Penal: alrededor de un año y medio de tardanza.

Desde el primer minuto de su nueva situación, el viudo se alojó otra vez en la casa de su gran amigo Héctor Liñeiro –viudo también–, en el barrio cerrado CUBE, Escobar.

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Lunes 20, feriado, pleno sol, mateada. Carrascosa, diestro cebador, habla de sus días en la cárcel: “A mí me tocaba baldear, pero como el patio es chico, lo hacía muy rápido y después charlaba mucho con mis compañeros. Nos saludábamos chocando la mano como los basquetbolistas y compartíamos todo, según los estrictos códigos de los presos. Son gente muy abandonada. A la mayoría no los visita ni su familia, ni sus amigos… ¡ni sus abogados defensores! Hay gente que no puede salir porque no tiene unos pesos para la fianza. Es muy triste… Pero la verdad es que yo, dentro de lo posible, la pasé muy bien. Es impresionante cómo lo siguen a Tinelli. Todo es puro fútbol y Tinelli…”.

Habla como si no se hubiera ido totalmente de allí: como si tuviera que volver…: “Les dejé las sábanas y el televisor, porque en el código de la cárcel el que se va les deja sus cosas a los que se quedan”.

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Mediodía. “Me está dando hambre, voy a poner unos choricitos”. Instala una parrilla sobre el fuego de leños del hogar. “En unos minutos nos vamos a comer unos choripanes deliciosos”. Nos sentamos en la galería, frente a la pileta, mientras Liñeiro cuida los chorizos…

–Carrascosa, la sociedad cree que usted no revela sus sentimientos. “Que es de amianto”, como dijo el fiscal Molina Pico…
–Lo sé… Pero es mi forma de ser. También dijeron que cuando escuché la sentencia, y al firmar, nada me importaba. Pero la procesión va por dentro. Cuando me llevaron detenido a la Dirección de Investigaciones de San Isidro, me tomaron la presión: tenía diez de mínima (muy alta), y por eso me hicieron un electrocardiograma. Sí, el fiscal Molina Pico dijo que soy de amianto, porque nada me calienta. No es verdad. Sufro en silencio…

–Ahora se lo ve bastante más flaco y de un excelente estado de ánimo, aunque a pesar de salir de la cárcel no está definida la continuidad de su libertad. ¿Por qué?
–Porque a pesar de todo me siento entero. Estoy más flaco porque en la cárcel se camina muchísimo. Hay que seguir un orden para las comidas, aunque yo comía una sola vez al día. Tengo mucha fe en mi causa, en cómo la están llevando mis abogados, Cafetzoglus y Ferrari.

–¿Cómo recibe lo que dice la opinión pública?
–Si le dijera que me molesta, no sería verdad. Lo único que me importa es que se descubra y se condene al verdadero asesino de María Marta. Todo lo demás es secundario…

–Algunos familiares y amigos suyos también irán a juicio por encubrimiento: Juan y Constantino Hurtig (hermanastro y padrastro de María Marta), Guillermo Bártoli (cuñado) y Horacio García Belsunce (hermano), además de Sergio Binello (vecino del country Carmel) y la masajista Beatriz Michelini. ¿Qué piensa usted de eso?
–Que es muy injusto. El dolor por la pérdida de María Marta me hizo delegar cosas en familiares a los que después acusaron injustamente. Siento mucho no haber estado más lúcido cuando encontré a María Marta. No tuve la cabeza fría como para darme cuenta de cómo eran las cosas...

–¿Cómo es posible que al llegar a su casa no percibiera el olor a pólvora ni los rastros de humo de los seis balazos?
–Yo no lo sentí. Además, en esa época yo fumaba tres paquetes diarios, y tenía poco olfato. También hay una pericia que demuestra que ese olor no se percibe…

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De la mano de Liñeiro llegan los choripanes. La charla deriva hacia mujeres, rugby, náutica. Carrascosa recuerda: “Con Héctor fuimos al colegio juntos, a la Escuela Argentina Modelo. Yo jugaba al rugby en Olivos, era pilar. En estos días, con Héctor nos acordamos de nuestras andanzas de chicos. Yo me casé a los veintiocho, y María Marta tenía apenas diecinueve… ¡Pensar que Héctor y yo somos viudos!”. Su amigo acota: “¿Ven esas seis casas alrededor de la mía? En todas viven viudos o viudas. Es increíble…”.

Los dos comparten la pasión por el bridge. Carrascosa anuncia: “Ya es la hora. Vengan a ver cómo juego al bridge on line con gente de todo el mundo. De Lituania, Rumania, Australia…”. Su equipo pierde. Después nos muestra el álbum donde figuran sus compañeros de cartas, y también su mesita de luz, donde hay una foto de su madre y otra de María Marta.
Es la hora de la merienda. Tomamos café. Carrascosa sigue fiel al mate. “En la cárcel volví al hábito de la bombilla: tomé muchísimo. También volví a fumar mucho, pero ahora largué. Creo que voy a empezar a fumar habanos”.

–¿Cómo era María Marta?
–(Con lágrimas) Era mi mujer, mi compañera. La primera vez que la vi pensé: “¡Qué mona que es!”. A los dos meses le pedí casamiento. Pero no podía ser, porque primero se casaba su hermana María Laura. Entonces le pedí la mano al padre. Trabajamos mucho tiempo juntos. Me ayudaba en mi trabajo de agente de Bolsa. Antes, yo había dejado la marina mercante, porque a nadie le gusta vivir con una foto.

–¿Cómo llegó al mundo de las finanzas?
–Cuando dejé de navegar me las arreglé de distintas maneras para poder trabajar. Había recibido un dinero como regalo de casamiento, y lo invertí en un negocio, pero me estafaron. Eso, junto con la áspera vida en el mar (que me ayudó a adaptarme a la cárcel), fueron mis más importantes escuelas de vida. Después ingresé al Banco Palmares, y más tarde trabajé con relativo éxito en el mundo financiero. María Marta me organizaba todo: el trato con los contadores y todo lo administrativo. Por fin, hace trece años, me retiré…

–¿De qué vive, Carrascosa?
–Tengo un galpón que está alquilado, y eso me da un ingreso de unos seis mil quinientos pesos por mes, que me ayudan a mantenerme.

–Si conociera al asesino de su mujer, ¿haría justicia por mano propia?
–No. Nunca pensé en vengarme de modo directo, ni tampoco en suicidarme. Por que yo creo… (larga pausa). Sí, aunque parezca mentira, todavía creo en la Justicia.

“<i>En la cárcel volví a tomar mucho mate. Pero también a fumar, y ahora largué. Tal vez me pase a los habanos</i>”, dice, mientras disfruta con una sonrisa de los aires de la libertad condicional.

En la cárcel volví a tomar mucho mate. Pero también a fumar, y ahora largué. Tal vez me pase a los habanos”, dice, mientras disfruta con una sonrisa de los aires de la libertad condicional.

A media mañana, su hobby: jugar al bridge por Internet con rumanos, lituanos y australianos. Al mediodía, crepitantes choripanes hechos en el hogar del living. En la mesa de luz, las fotos de su madre y de María Marta García Belsunse.

A media mañana, su hobby: jugar al bridge por Internet con rumanos, lituanos y australianos. Al mediodía, crepitantes choripanes hechos en el hogar del living. En la mesa de luz, las fotos de su madre y de María Marta García Belsunse.

Carrascosa habla por celular y se ríe ante las ocurrencias de su amigo y protector, Héctor Liñeiro. Los dos son viudos y se conocieron en la Escuela Argentina Modelo.

Carrascosa habla por celular y se ríe ante las ocurrencias de su amigo y protector, Héctor Liñeiro. Los dos son viudos y se conocieron en la Escuela Argentina Modelo.

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