«Aquella noche sentí un orgullo que nunca antes había sentido» – GENTE Online
 

"Aquella noche sentí un orgullo que nunca antes había sentido"

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"Peor!" Ni "igual", ni "mejor", ni "parecido". Para Albina del Carmen Quevedo (54 cumplidos el 3 de julio), 2002 fue "¡peor!" que 2001, recalca la mujer común, la ciudadana, el ama de casa que sin imagi
narlo, y a través de la revista GENTE, se convirtió en emblema, voz e imagen del cacerolazo popular que determinó el alejamiento del presidente Fernando de la Rúa y el final de una ilusoria esperanza de cambio.


-Casi nada. ¿Y? ¿Sirvió?

-Intuyo que las cosas cambiaron… para peor -sostiene exactos 12 meses después-. Puedo asegurarle que este año fue peor, más duro que el anterior. Con los días, el cacerolazo pasó de protesta a premonición. Hasta entonces, mal que mal podíamos prepararnos algún asadito en la parrilla o alguna milanesa en el horno. Sin embargo, a partir de la renuncia de De la Rúa, comenzamos a usar y abusar de las cacerolas. El cuero no nos da más que para guiso.

"PARECE QUE FUE AYER".
Un cuadro en el living revive aquella portada; claro que con parte del título modificado. Donde se leía:
"La gente dijo basta", ahora puede observarse: "Los Flores dijeron basta". Sobre el modular, aparte, surge la fotografía de la misma señora, frente a la gigantografía callejera del número en cuestión. Cerca, sobresale un televisor
Philips de 29 pulgadas. "El responsable de mi fama -ríe Leticia achinando sus ojos castaños-.
Parece que fue ayer -recuerda-."Veíamos los noticieros y comprendimos que nuestro lugar se encontraba en la calle, marchando a fuerza de ímpetu y cualquier elemento que produjera ruido". Medita quince segundos, como quien logra sumergirse en el túnel del tiempo, e intentamos interrumpirla.


-¿Albina?

Sigue pensando. De repente arranca: "Serían las nueve y pico. Pegué un salto y me subí a la escalinata del Congreso. Cantaba, gritaba '¡Ar-gen-ti-na!' '¡Ar-gen-ti-na!'.
De repente observé el horizonte y descubrí cientos de cabecitas marchando. Abuelos, señores, pibes, bebés en brazos. Le juro, se me infló el corazón. Sentí un orgullo especial, sanguíneo, distinto. Un orgullo que nunca antes había sentido. La felicidad de una novia enamorada. Porque los que ahí marchábamos no pretendíamos usar la fuerza sino pedir un cambio de rumbo. De repente
-disfruta la anécdota-, ese orgullo me motivó a tomar la bandera y mostrarla. A los dos días, la ciudad amaneció tapizada con mi imagen. Me quería morir".

por Leonardo Ibáñez
fotos: Alejandro Carra y Diego García (imagen de tapa)

De cara al Congreso, Albina memora sus cuatro horas de cánticos y patriotismo puro. Nuestro pueblo demostró madurez. Ahora falta que nos pongamos los pantalones largos", remata. ">

De cara al Congreso, Albina memora sus cuatro horas de cánticos y patriotismo puro. "Nuestro pueblo demostró madurez. Ahora falta que nos pongamos los pantalones largos", remata.

19 de diciembre de 2001. Bandera en mano. Albina del Carmen Quevedo sobre la escalinata del Congreso, rodeada por algunos familiares.

19 de diciembre de 2001. Bandera en mano. Albina del Carmen Quevedo sobre la escalinata del Congreso, rodeada por algunos familiares.

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