“Admiro la fuerza espiritual y artística de estos chicos” – GENTE Online
 

“Admiro la fuerza espiritual y artística de estos chicos”

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Guitarra en mano, León Gieco mira a Alejandro Davio, quien cuenta: “¡Un, dos, tres!” y los acordes comienzan. A tiempo, Carina Spina revela, segura, su voz clara, mientras Maxi Lemos sonríe y, en silencio, espera su turno para cantar. Carlos Sosa y Antonella Semaán empezaron a pintar. A ellos se sumarán la armónica de Pancho Chévez –asistido por Beto Zacarías–, el baile de Damián Frontera y la compañía Amar Tango Danza representada por Nidia Scalzo, Eduardo Spasaro, Karina Amado, Javier Trunso y Lucrecia Pereyra. Mientras Stella Caballero toma fotos del show, Rosita Boquete registra con su filmadora la primera gira del grupo. Detrás del telón, Raúl Romero, el locutor oficial, repasa la presentación del próximo tema. Todos disfrutan.

¿Pero quiénes son estos jóvenes y algunos no tanto –van desde los 14 a los 53 años– tan entusiasmados con lo que hacen? Son dieciséis artistas con capacidades especiales que comparten el sueño de mostrar los talentos que descubrieron. La ocurrencia de reunirlos fue de León. “Siempre invito al escenario a otros músicos que aún no son populares. En los últimos quince años fui conociendo a cada uno de estos chicos y compartiendo, por separado, algunos shows. El sueño de juntarnos y armar una gira terminó en película”, dice sentado en la rueda de mate en la pequeña cocina de Magoya Films, la productora del proyecto.

Abre el fuego Pancho (30 años, compositor, armoniquista, cantante): “Conseguí el celular del presidente Néstor Kirchner y lo llamé hasta que nos abrió las puertas de la Casa de Gobierno”, dice orgulloso. Y es verdad: en el Salón Blanco de la Rosada, y casi sin ensayo, fue el debut del grupo, el 25 de agosto del 2006. La repercusión de ese primer show que se vio en la tele generó una reunión en el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), el impulso inicial para imaginar la gira y agregarle, además, la realización de una película. De ahí en adelante, les sobró entusiasmo. León les contó la idea y aunque el desafío parecía muy difícil, las ganas fueron suficientes para borrar titubeos y transformarlos en confianza. Apareció el nombre: Mundo Alas. ¿El transporte? El Gieco bus, pintado de violeta, que hizo camino durante dos meses. La ruta: unos dos mil kilómetros para seis recitales en Rosario, Córdoba capital, Nono (en Traslasierra) y Buenos Aires. Todo listo. Armaron las valijas y salieron a volar.

–¿León, qué te animó a impulsar Mundo Alas?
–Mi propia historia. Cuando tenía 12 años y vivía en Cañada Rosquín (Santa Fe), pensaba venir a Buenos Aires y esperar a Pipo Mancera en la puerta del canal para mostrarle cómo cantaba. Todo artista busca un puente para poder subir a un escenario. Y para estos artistas ese puente fui yo, casi sin proponérmelo. No hice nada más que decirles: “Suban y canten”.

–¿El arte es un buen instrumento de integración?
León: Sin dudas. El arte popular es importante para todos, pero en especial para los que se sienten artistas y tiene una discapacidad. Por ejemplo, Pancho no cantaba cuando se encontró conmigo… ¡y ahora va por su tercer disco! Compone letras comerciales que si las cantaran Los Pericos serían un exitazo. Pienso hacer un disco con sus temas: es bueno haciendo rock.
Pancho: ¿Vos o Rodolfo Orozco, León?
León: ¡Jajajaja! No tengo dudas de que Pancho puede conseguir para sus discos hasta a Paul McCartney. El, y cualquiera de los chicos.

–¿Qué anécdotas recuerdan de la gira?
Demián (35, bailarín sobre ruedas): Hicimos un alto en el recorrido y filmamos en mitad de la ruta. Bajamos del micro y nos pusimos a jugar con Antonella, cuando se me ocurrió decirle: “Vení que te llevo”. Ibamos los dos en mi silla de ruedas. Como teníamos el sol que nos daba de espalda, empecé a jugar con mis brazos haciendo sombras. Le dije: “Te presto mis brazos, vos prestame tus piernas”. Y de pronto vimos que en las sombras que se dibujaban en el asfalto estábamos completos… ¡Fue genial descubrirlo!
Antonella (18, pintora sin manos): Yo hablaba y él movía los brazos. Por ejemplo, si yo decía: “Me pica la cabeza”, Demián me rascaba.
Carlos (44, pintor sin manos, padre de dos hijos): Rosita, que anduvo con su cámara grabando todo el tiempo, captó esas imágenes. Porque hay situaciones fuera de los espectáculos que ella registró y que luego formaron parte de la película.

–¿Qué creen que se necesita para ser un artista?
Carina (40, cantante no vidente): Sensibilidad y amor, tanto por lo que uno hace como por la gente que va a recibir nuestro arte. Si no tenés ese amor, no podés ser artista. Antonella: Hay que tener humildad para seguir en la vida, y mucha creatividad.
Carlos: Uno nace con un don. Puede especializarse con los años, pero hay algo que ya viene con uno. Lo fundamental es tener un alma bohemia.
León: Todo artista necesita estar en el escenario. Para mí es un sitio sagrado. Cuando veo a Eduardo y al grupo de la Asociación Amar bailando tangos, es increíble el dramatismo que ponen. En el escenario nos atrevemos a hacer cosas que abajo no hacemos.

–¿Qué aprendieron en el viaje?
Carlos: Que uno no es el único que lucha por superarse. Raúl (53, locutor, vive en el Cottolengo Don Orione): Formamos una familia. Somos amigos y aprendimos a compartir.
León: Dejé de ser “Gieco y su banda” para ser uno más entre ellos. Y admiro su fuerza espiritual y artística, ya que provocan un misterio muy grande. El público llora de la emoción. Los ve y descubre que muchas veces nos quejamos por estupideces. Aprendí que tenemos la misma ideología; por ejemplo, todos peleamos por los derechos humanos y por la ecología.
Carina: La gira ayudó a desenvolvernos. Porque todos, pese al problema que afronta cada uno, nos esforzamos por ser mejores. Gracias a León comprobé que uno puede ser mucho más bueno de lo que ya es. Eduardo (38, de Amar Tango Danza): ¡León es un maestro! Ahora yo le enseño tango y de a poco algo va aprendiendo.

–¿Cómo definen la película que lograron?
León: Modestamente, pensamos en un documental. Pero se generó tanto material que hicimos una road movie. Además de un libro, Cuento con Alas, escrito por Patricia Knopf y Silvina Mansilla, y también habrá un disco, que estamos editando. ¡Ah! Y diez especiales de televisión que se emitirán por el canal Encuentro.
Carlos: Mundo Alas es un mensaje de esperanza.
Raúl: De felicidad y amor.
Alejandro (30, cantante y compositor, nació con hidrocefalia): Es el revés de la trama de un artista, porque mostramos nuestros ensayos, y hasta cómo compusimos una canción. Es también una comedia musical. Hicimos una película muy entretenida, que dura alrededor de 90 minutos… ¡y no voy a contar más! León junto a Pancho Chévez y Juan Pablo Pérez. Hace quince años, Pancho interceptó a Gieco con una simple pregunta: “¿Qué tengo que hacer para ser un artista como vos?”. León le regaló su atril para la armónica, y desde entonces comparten escenarios.

León junto a Pancho Chévez y Juan Pablo Pérez. Hace quince años, Pancho interceptó a Gieco con una simple pregunta: “¿Qué tengo que hacer para ser un artista como vos?”. León le regaló su atril para la armónica, y desde entonces comparten escenarios.

Todos juntos con Sólo le pido a Dios, en el Luna Park, el final de la gira.

Todos juntos con Sólo le pido a Dios, en el Luna Park, el final de la gira.

Un intento de Gieco, Pancho y Alejandro Davio por aprender cortes y quebradas. Durante el viaje se formaron parejas, ¡y hasta hubo propuesta de boda!

Un intento de Gieco, Pancho y Alejandro Davio por aprender cortes y quebradas. Durante el viaje se formaron parejas, ¡y hasta hubo propuesta de boda!

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