“Acá me ven como un patito feo y en París me hacen sentir una diosa” – GENTE Online
 

“Acá me ven como un patito feo y en París me hacen sentir una diosa”

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"Lo único que tenía era una cara bonita". Y Romina Lanaro sufría. La genética no sólo la había castigado con pocas lolas y poca cola, sino que además la había condenado a ver la vida desde su metro ochenta y dos de altura. "No eran todos bajos: yo era demasiado alta. Hace unos años hubiera dado cualquier cosa por tener veinte centímetros menos. Nadie se fijaba en mí y yo caminaba encorvada, para disimular semejante altura. En las pasarelas porteñas sólo triunfaban las chicas con muchas curvas, no importaba si tenían un metro veinte de altura", se quejaba de su suerte ella, la rosarina que deseaba ser modelo, pero los parámetros nacionales de belleza le impedían alcanzar su sueño.

Hoy, con 21 años cumplidos, es la mannequin preferida de los diseñadores más exclusivos de toda Europa. En febrero del 2004, Miuccia Prada se enamoró de ella a primera vista: la contrató en exclusiva para sus desfiles de París y Milán. Desde ese día, todo cambió: caminó sobre las pasarelas de Valentino, Versace, Dolce & Gabbana, Chanel, John Galliano, Donna Karan, Nina Ricci, Louis Vuitton, Christian Lacroix, Ungaro, Chloé y Dior. Ahora, los genios de la alta costura se animan a pronosticar que la carrera de la argentina recién empieza, que le queda un largo y exitoso camino todavía por recorrer. Mientras, desde acá, la comparan con Daniela Urzi, otra belleza nacional que se atrevió a radicarse en otro país (en este caso, los Estados Unidos, precisamente Nueva York) a la hora de triunfar.

No hubo hechizos, ni varitas mágicas, ni hadas madrinas. Esta castaña de ojos celestes y piernas interminables tiene una frase muy terrenal a la hora de hablar de sus logros y conquistas: "Soy ambiciosa: lo mío fue persistencia. Empecé a modelar a los 14 en Rosario. A los 16 me instalé completamente sola en Buenos Aires, para probar suerte. Hice moda editorial y desfiles, pero la paga no me alcanzaba para mantenerme. Un día llamó mi viejo y me dijo que la cortara con todo, que me volviera a casa y me pusiera a estudiar de una vez. Yo le pedí un tiempo más y aposté mi última ficha: me saqué un pasaje a París con los únicos ahorros que tenía. Prometí que si no tenía suerte, en un mes volvía". Pero no regresó.

Desde allá y ahora, la rosarina asegura ser la misma que, cinco años atrás, llegó a Buenos Aires tras el éxito y no lo consiguió. Quizá la frase que mejor explica semejante transformación sea la que una vez dijo frente a la prensa Miuccia Prada, la italiana que la descubrió: "La tela siempre es tela. Lo único nuevo es la manera en que se trata y cómo se juntan las piezas". Ella hablaba de sus diseños, claro. Nosotros hablamos de Romina Lanaro, por supuesto.

Es jueves 8 y Lanarú (como pronuncian su nombre los franceses) acaba de entrar a su studio, ese pequeño departamento que compró hace un año cerca de la Opéra de París. Viene de hacer fotos. Está cansada. Dice que no le importa, que el teléfono y los argentinos son su único cable a tierra.

-Te cobraste la revancha, veo.
-(Risas). No, eso suena a venganza. Yo no tengo rencores con nadie.

-¿Ni siquiera con los que te decían que si no te hacías las lolas te olvidaras de esta profesión?
-Ni con ellos. La verdad es que no la pasé bien en mi país. Me hicieron sentir muy acomplejada, muy poco sexy, muy poco mujer. Me tenía que poner corpiños con relleno para conseguir trabajo. Todos querían que me hiciera una cirugía de lolas. ¡Y pensar que les iba a hacer caso! Ya tenía elegido el cirujano y todo. Por suerte, el médico me mandó a hacer unos estudios antes de la operación y salió que soy alérgica a la anestesia. Ese día lo sentí el más triste de mi vida. Hoy me río y le doy gracias a Dios y a mi alergia por no haberme dejado entrar al quirófano.

-¿Cuáles son tus medidas reales?
-Tengo 80 centímetros de busto, 60 de cintura y 89 de cadera. Peso 58 kilos y mido 1,82. Para los argentinos, un horror. Acá, en Europa, la moda es muy distinta, por suerte. En Buenos Aires me ven como un patito feo, en París como una diosa.

-Pero hoy sos la cara de Paula Cahen d'Anvers, por ejemplo.
-Sí. También hice Ona Sáez, Levi's y Chocolate. Hoy tengo trabajo allá. Pero costó. Emiliano, el dueño de la agencia Hype Management para la que hoy trabajo, tuvo mucho que ver en todo esto. El creyó en mí y apostó. Me hizo todos los contactos para que me recibieran en París con los brazos abiertos. Fue uno de los que me dijeron: "Andá. Allá vas a encontrar tu verdadero lugar". Hoy voy todos los días a algún casting, y acá no hay privilegios. Todas hacen castings, hasta Linda Evangelista. Afuera, o servís o no servís. No te hacen pagar derecho de piso.

-¿Intimaste con alguna modelo estrella?
-No, la verdad es que no hice amigos del ambiente. Las conozco a todas y tenemos un trato cordial, pero acá cada uno está en su rincón, no se da la charlita mientras te maquillan. No se estila. Las tops internacionales se destacan por un montón de cosas, menos por la simpatía.

-¿Novio francés, quizás?
-Tampoco. Estoy sola. Corté con mi novio rosarino, Pablo, después de seis años. Nos separó la distancia, obviamente.

-¿Dejaste muchas cosas por llegar a donde estás?
-Sí, demasiadas. Pero no me arrepiento de ninguna decisión de todas las que tomé. Te dije: soy ambiciosa, consigo lo que quiero. Quería esto y lo tengo. Sería una desagradecida si me quejara.

-¿Y ahora qué?
-A seguir. Lo mío recién empieza.

-¿Extrañás?
-La familia. Pero no anhelo volver. Acá hago lo que me gusta, me va bien y eso me hace feliz.

Pelo: castaño. Ojos: celestes. Piel: blanca. Medidas: 80-60-89. Peso: 58. Altura: 1,82. Así es la rosarina que enamoró a la diseñadora italiana Miuccia Prada en febrero de 2004. Fue su primer gran paso. Enseguida logró seducir a

Pelo: castaño. Ojos: celestes. Piel: blanca. Medidas: 80-60-89. Peso: 58. Altura: 1,82. Así es la rosarina que enamoró a la diseñadora italiana Miuccia Prada en febrero de 2004. Fue su primer gran paso. Enseguida logró seducir a

Nadie se fijaba en mi. En las pasarelas solo triunfaban las chicas con muchas curvas, no importaba si tenían un metro veinte de altura"">

"Nadie se fijaba en mi. En las pasarelas solo triunfaban las chicas con muchas curvas, no importaba si tenían un metro veinte de altura"

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