«A mi hijo, el asesino lo mató por matar» – GENTE Online
 

"A mi hijo, el asesino lo mató por matar"

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Son las madres. Siempre. Cada vez que una mano asesina se lleva a sus hijos, están ellas
para ponerse al frente, a pesar de un dolor inexplicable, sin igual, y exigir justicia con más derecho y fuerza que nadie. Así sucedió con Ada Morales cuando mataron a María Soledad; con Norma Cabezas cuando mataron a José Luis; con Norma Monfardini cuando mataron a Jimena Hernández; con Doly cuando mataron a Ezequiel Demonty… Así fue y así será, en todas las épocas y en cualquier rincón del mundo.

Y ahora es Elsa, la mamá de Marcos Schenone, de 23 años, asesinado de tres balazos
el 16 de enero en San Isidro cuando salía de Dallas, el restaurante de los hermanos Hugo y
Horacio Conzi (este último, principal sospechoso del crimen y todavía prófugo -véase recuadro -), la que abre su corazón para clamar que el homicida de su hijo pague la cuenta pendiente. En el estudio de sus abogados, José Manuel de Estrada y Héctor Mercau, Elsa habló con GENTE. Con ella, firme a su lado, estaba Eugenio, su marido. Lo que sigue es un extenso y conmovedor testimonio, parido desde las entrañas de una mujer de 53 años sostenida por el amor al hijo que enterró, y en medio del silencio que impusieron sus palabras. Hay que escuchar a Elsa para no olvidar a Marcos. "La noche que lo mataron, Marcos estrenaba una remera. Era una remera blanca, clásica, sin inscripciones ni nada. Un pantalón negro de vestir y zapatos. Era muy clásico para vestir. Se miró en el espejo, la miró a mi suegra y bromeó: '¿Estoy lindo, abuela?' ... Ella lo cargó: 'Sí, estás hermoso'... Cuando salió, le di un beso y le dije, como hacemos las madres: 'Ojo, cuidado…'. Y él continuó mi frase porque,
de tanto repetírsela, la conocía de memoria
: 'Ya sé, ma, que ustedes no son un accidente en mi vida'. Se fue, y no lo vi más con vida... Desde su celular me avisaron. Sonó el teléfono, eran las siete de la mañana... Es inexplicable poder explicar ese instante. Pero si sobreviví a ese momento, me parece que soy más fuerte de lo que creo. Quería explicarle a mi suegra, quería entender lo que me pasaba, y no podía, no podía... (Llora). Llamé a Alejandro, otro de mi hijos. Le dije 'Alejandro, te tengo

que decir algo tremendo...' '¿Qué pasó con
papi?', me respondió, porque mi marido nos
dio un susto hace un tiempito con su salud, y
todos lo cuidaban a su papi. Le dije que Marcos
había tenido un accidente tremendo y estaba muerto. El grito que pegó Alejandro no
me lo voy a sacar de la cabeza mientras viva.
La llamé a María Eugenia, que le lleva trece meses
a Marcos y era muy pegada a su hermano.
Se desmayó. Lo llamé a mi marido, que estaba
en el campo. Pero no al teléfono de él, sino a la
radio. Atendió un primo con quien trabaja. 'Ricardo,
te tengo que contar algo espantoso, no
sé cómo lo vas a manejar. Me acaban de avisar
que Marcos tuvo un accidente y se murió...'
".

"Yo no sé cómo, pero a los diez minutos
nos encontramos todos en el lugar donde estaba
el cuerpo de Marcos. Y no era un accidente...
Porque yo pensaba en un choque,
pero nunca esto... Algo así, tan cruel, no
entra en ninguna cabeza. Porque aún hoy
lo pienso y no me lo explico. Le decía a mi
marido, el otro día, cuando llegó de trabajar y
nos tiramos un rato en la cama tratando de
dormir: 'Mirá qué loco lo que me pasa... pero
espero que aparezca el asesino de Marcos, y
cuando lo agarren, vamos a tener de vuelta a
nuestro hijo'
(Llora)... Quiero que aparezca,
que lo encuentren... Pero en el fondo de mí
sé que es una luz que no tiene asidero... Eso
de pensar que cuando aparezca el asesino,
me va a devolver a Marcos...
".

"Mirá, yo no usé más la taza de Marcos, está
ahí; tengo la ropa de Marcos doblada, están
sus perfumes, su desodorante. Me preguntan
qué voy a hacer con sus cosas, y no sé, no
sé... Me dicen: 'Qué fuerte que sos', y creo que
sí soy fuerte, pero la fortaleza que tengo es
porque estoy defendiendo a Marcos, a mi
hijo. Mi única meta es no fallarle, que sepa que
no aflojé, que no pudieron a pesar del golpe
que nos han dado. Quiero que sepa, donde
esté, que tiene una mamá muy fuerte. Porque
como mi marido viajaba, ellos contaban conmigo.
Y de muchas cosas, Eugenio no se enteraba.
Soy una mamá muy compinche de mis hijos...
Una vez, me acuerdo, llenaron una pileta
de natación con jabón en polvo, y la espuma
pasó por arriba del techo. Le tuve que pagar el
parque a la vecina de al lado, porque se le quemó
todo el pasto... Eran travesuras de chicos...
Siempre les decía que iba a escribir un libro sobre
cómo sobreviví a cuatro forajidos. Pero son
todos chicos buenos. Entonces, mi fortaleza
probablemente venga por ese lado
".

"Mi única meta, ahora, es encontrar al culpable,
así tenga que perder todo... No me importa.
Puse mi casa en venta. Y si tengo que empezar de cero porque no me alcanza la plata,
no me importa. No me importaría vivir en una villa,
y no desprecio a la gente de la villa. ¡Pero
qué no haría yo por volver a caminar por la calle
con mis cuatro hijos de la mano! Qué no haría
por despertarme y escucharlo; por volver a sentirlo
subir por la escalera; por volver a hacerle
sus sandwichitos; por ver cómo alzaba al papá
y le decía en broma para cuándo esperaba familia,
por la panza... El que lo hizo, quizá tuvo un
momento de furia, o no, no sé… quizá fue algo
ocasional, sin trascendencia para él. Pero para
nosotros, sí. Uno está preparado para muchas
cosas, nunca para la muerte de un hijo. Mi madre se murió de un cáncer monstruoso, y pensé
que habíamos cubierto la cuota de dolor, pero
no. Esto es más que una enfermedad o un accidente.
Marcos no era un chico peleador, el asesino
lo mató por matar. Si había una pelea, daba
un paso al costado, no era violento. Y espero
que nunca se haya dado cuenta de que lo seguían
para matarlo. Y, seguro, nunca supo por
qué lo mataron
".

"Me gustaría ver al asesino y preguntarle:
'¿Por qué lo mataste?'. Decirle: '¿Por qué no le
diste una paliza o se la mandaste a dar…?'. Lo
agarró totalmente indefenso. Fue alevoso. Por
eso quiero la pena máxima para su asesino.
No quiero que le den 25 años y después salga
porque en la cárcel se portó
bien. Tampoco quiero pena
de muerte. Soy católica y no
pido la muerte de nadie. Pero
que pague. Por eso voy a
seguir caminando, y creyendo
en la justicia. Sin dudas,
Marcos me diría: 'No bajes
los brazos, mamá'. Me
acuerdo de los ojos de Marcos, me acuerdo
cómo miraba. Y la fuerza me viene de esa mirada,
y desde el cielo, donde está él…
"

Después, Elsa hizo silencio. Se puso de
pie, miró las fotos de su hijo, y Eugenio la
abrazó. Y ya no pudo seguir hablando de
Marcos como lo había hecho un momento
atrás. De ese chico que nació el 10 de abril de
1979, estudió en los colegios Fátima y Estrada,
de Martínez, y rindió sus últimos años libre
porque ya corría -y ganaba- en mountain bike
para el equipo GT. De quien tenía tanta
tenacidad, cuenta Eugenio, que "una vez fue
a correr a Pinamar, pensando que la competencia
sería sobre tierra. Pero era sobre arena,
y salió segundo. Se quedó con la espina, y al
otro día se anotó en una maratón… y la ganó
".

De quien, en definitiva, hizo que los
Schenone siguieran viviendo en la Argentina,
porque -sigue el padre- "en marzo del año
pasado tuvimos una propuesta muy buena
para vivir en Costa Rica. La mejor oferta de
trabajo la tenía Marcos, para encargarse de la
música en un hotel internacional. Pero de pronto,
mi hijo dio un paso atrás y nos dijo: 'Nosotros
no nos podemos ir. Si nos vamos todos,
¿qué pasa? ¿Ponemos la bandera de remate
en el país, y listo?'
". De ese chico por quien el
domingo 16 de febrero a las siete de la tarde,
en la Catedral de San Isidro, se hará una
misa. Para que vayan todos a acompañar a Elsa,
a Eugenio, a sus hermanos Alejandro, Mariano
y María Eugenia, y a sus amigos.

Para pedir que haya justicia y entonces poder
cumplir, dice el papá, el último deseo de Marcos:
"Cuando todo termine, como quería, lo vamos a
cremar y esparcir sus cenizas en Cariló, su lugar
favorito". Para que, recién entonces, Marcos
Schenone pueda descansar en paz.

por Hugo Martin
fotos: Julio Ruiz, Gustavo Sancrica, álbum personal de
la familia Schenone y gentileza revista Biciclub
Eugenio Schenone abraza a Elsa, la mamá de Marcos, que se emociona cada vez que mira las fotos de su hijo. No piden pena de muerte, pero sí que el asesino pase el resto de su vida en prisión.

Eugenio Schenone abraza a Elsa, la mamá de Marcos, que se emociona cada vez que mira las fotos de su hijo. No piden pena de muerte, pero sí que el asesino pase el resto de su vida en prisión.

Schenone, en una de sus últimas fotos, tomada en el boliche La Rusa, de San
Isidro, donde era habitué. La noche que murió iba a pasar por allí, pero fue
directamente a Dallas.

Schenone, en una de sus últimas fotos, tomada en el boliche La Rusa, de San
Isidro, donde era habitué. La noche que murió iba a pasar por allí, pero fue
directamente a Dallas.

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