A 70 años del cuadro más conmovedor del siglo XXI – GENTE Online
 

A 70 años del cuadro más conmovedor del siglo XXI

No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones. Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo”. (Pablo Picasso)

A las cinco menos veinte de la tarde del 26 de abril de 1937, las bombas de la aviación nazi pulverizaron la villa de Guernica y Luno, Vizcaya, País Vasco. Orgulloso rincón, sí, fundado casi en la misma fecha de abril –el 28– de 1366 por el conde Don Tello, y mínima patria (menos de nueve kilómetros cuadrados) de una encina a cuyo pie, por siglos, los reyes de España juraron respetar las libertades del pueblo vasco.

Si la Guerra Civil Española –1936-1939– y su millón de muertos fueron el campo de ensayo de la Segunda Guerra Mundial y sus sesenta millones de caídos, la bucólica villa, entonces de apenas cinco mil almas y hoy de quince mil, fue su blanco de más brutal ensañamiento: más de mil muertos, más del setenta por ciento de los edificios destruidos.

Pero algo sobrevivió, y otro algo la hizo inmortal. Los centenares de bombas de quinientos kilos no pudieron matar a la encina, que siguió viva, verde y de pie, y Guernica, el cuadro que la masacre le inspiró a Picasso, perdurará por siglos como un escudo contra el horror y un canto a la paz acaso mayor que la célebre paloma del mismo Picasso.

LA MUERTE EN BLANCO Y NEGRO. Cuenta la historia que el malagueño, entonces de 56 años, empezó a trabajar frenéticamente –tal su estilo, tal su fiebre– sobre ese lienzo de casi ocho metros de largo por tres y medio de alto, el primer día de mayo de 1937, todavía sobre el eco de la metralla, el humo que teñía de negro las nubes y el hedor de la sangre. Ese inaugural día de mayo edificó el toro, la mujer con el candil, el hombre en el suelo y el caballo. El ocho, la madre y su hijo. El 4 de junio, el trazo final. Apenas poco más de un mes: un relámpago de furia y genio… en blanco y negro. ¿Por qué? Muchas son desde entonces las explicaciones y las simbologías. Sin embargo, la más simple parece la más sensata. Picasso vio la masacre de Guernica en las fotos que publicaron los diarios franceses. Es decir, en blanco y negro, y no quiso traicionar esa visión.

LA COMARCA CONDENADA. La elección de Guernica como objetivo no fue casual. La villa de la encina fue desde siempre un ícono de la libertad, y la resistencia del pueblo vasco contra las fuerzas del tirano Francisco Franco, una de las más heroicas. Pero no es la única leyenda en torno de ese monumento. Se dice que Picasso preparaba un cuadro de grandes dimensiones –casi un mural– inspirado en el arte del toreo para exhibirlo en la Feria Universal de París, y que el bombardeo a Guernica le hizo cambiar el rumbo. Tragedia por tragedia, la del hombre contra el toro –esa muerte en la tarde que tanto sedujo a Hemingway y le dictó uno de sus libros más apasionados– era apenas una anécdota dominical de sangre y arena frente al genocidio de esa minúscula villa que anda ya por sus seiscientos cuarenta y un años, y que espera, cada jueves y cada sábado, sus rumorosas ferias populares de compra y venta…

ENTRE LA VERDAD Y EL MITO. Se dice también que un oficial nazi, frente al cuadro, le preguntó a Picasso: “¿Usted hizo esto?”, y que la respuesta fue: “No. Lo hicieron ustedes”. Y se dice que una mujer, también frente a esas manos crispadas y esas bocas abiertas hasta la desesperación, lo desafió: “Su pintura no me gusta, porque no la entiendo”. Diálogo siguiente: “Señora, ¿a usted le gusta el chocolate?”; “Sí, muchísimo”; “¿Y usted entiende el chocolate?”. Jamás se sabrá si ambas anécdotas, como tantas, son reales o apócrifas. Poco importa: son tal vez el marco del Guernica…, que no tiene marco.

HUYENDO DE LAS GARRAS NAZIS. Ni La paloma, ni Matanza en Corea ni La guerra y la paz, tres de las obras de aliento pacifista que urdió Picasso, sufrieron la autopsia crítica, la implacable lupa que se inclinó sobre el Guernica. Las manos y los pies de las víctimas, sus bocas aullantes, el toro y el caballo, el candil, el sol tornado en lámpara eléctrica, cada plano, cada trazo, cada centímetro fue (y es aun) desmenuzado por sagrados y profanos. Y su destino, digno de novela. Picasso se negó a poner el Guernica en tierra ibérica mientras sobre ella mandara el Generalísimo Franco, que en vano lo reclamó a Francia. En la París ocupada por los nazis, el lienzo corrió grave peligro: los altos oficiales alemanes se apoderaron de infinidad de obras de arte, y el Guernica estaba ya en la mira cuando el genio de Málaga logró mandarlo a los Estados Unidos, donde por tres décadas maravilló a más de diez millones de almas del entero mundo, en una sala especial del Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York, junto a los bocetos previos: un fascinante desarrollo de la obra que es, a la vez, una magistral lección de dibujo y pintura.

POR FIN, EN SU ESPAÑA… Muerto Franco (1975), y en medio de los cuidados y custodias que merece una imagen sagrada, el Guernica entró para siempre, por derecho material y espiritual, en su única y verdadera patria. Respira ahora en el Museo Reina Sofía. Pero Picasso no llegó a ver su cuadro-emblema en la torturada tierra que lo inspiró: murió dos años antes, el 8 de abril de 1973, a los 91 años. Abril: el mes de su final, el de la masacre (setenta años ya…), primavera en Madrid y otoño en Buenos Aires, la ciudad que guarda, en el Centro Vasco de la calle Belgrano, un crecido y robusto retoño de la encina madre contra la que no prevalecieron las bombas criminales, y mucho menos el olvido.

En una tela de 22 metros cuadrados, Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) pintó en apenas 35 días (mayo a junio de 1937) su Guernica, la más rotunda denuncia contra el nazismo y también su más firme compromiso a favor del Hombre y de la Paz.

En una tela de 22 metros cuadrados, Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) pintó en apenas 35 días (mayo a junio de 1937) su Guernica, la más rotunda denuncia contra el nazismo y también su más firme compromiso a favor del Hombre y de la Paz.

En la foto, el genio a sus 56 años, cuando lo pintó para la eternidad.

En la foto, el genio a sus 56 años, cuando lo pintó para la eternidad.

Así quedó, en pocas horas del 26 de abril de 1937, la histórica villa de Guernika y Luno, fundada en 1366, corazón del País Vasco y tierra donde nació la encina a cuyo pie los reyes de España juraban respetar la libertad de ese pueblo. El desastre inspiró a Picasso su célebre Guernica.

Así quedó, en pocas horas del 26 de abril de 1937, la histórica villa de Guernika y Luno, fundada en 1366, corazón del País Vasco y tierra donde nació la encina a cuyo pie los reyes de España juraban respetar la libertad de ese pueblo. El desastre inspiró a Picasso su célebre Guernica.

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