A 40 años de la gran hazaña – GENTE Online
 

A 40 años de la gran hazaña

Neil Armstrong, luego de dos horas y media de caminata lunar, estaba por reingresar a la nave para preparar el regreso a la Tierra. Ya se le había sumado Edwin Buzz Aldrin, el segundo hombre en pisar la Luna y el primero en correr sobre ella. El mundo, vía televisión, apenas podría creerlo. Aquel 20 de julio de 1969, los dos astronautas estadounidenses concretaban lo que Julio Verne se había animado a soñar un siglo atrás. Luego de recolectar rocas, sacar fotos, dejar sus huellas, plantar bandera, saludar por radioteléfono al presidente Richard Nixon y explorar las adyacencias del Mar de la Tranquilidad, los astronautas estaban hechos. Hasta que Armstrong, un minuto antes de meterse en el módulo, se acordó:

–¿Buzz, qué pasó con eso que llevas en la manga? –le preguntó a Aldrin.

–Aquí lo tengo. ¿Lo quieres?
Armstrong asintió. Su compañero sacó el pequeño artefacto, casi del mismo tamaño que una moneda, y lo lanzó a la superficie. Armstrong lo acomodó con el pie. Acto seguido, se metieron en el módulo Aguila. Y comenzaron a preparar el retorno, que se concretó cuatro días después. Aquel disco en miniatura fue uno de los souvenires que los exploradores dejaron en la Luna. Además de la bandera norteamericana y la placa de acero con la leyenda “Vinimos en son de paz” –firmada por los tres tripulantes y Nixon–, quedó el disco. Hecho de silicona y sólo legible a través de un microscopio, tiene mensajes de 73 naciones y del mismísimo papa Paulo VI, todos invitados por Estados Unidos a manifestarse acerca del histórico suceso. Entre ellos figura la Argentina, con la firma del entonces presidente de facto, Juan Carlos Onganía. Irónicamente, el mismo que, durante su gobierno, precipitó el exilio de numerosos científicos, algunos de ellos luego premiados por la propia NASA.

Aquel era otro mundo: dividido en dos por la férrea Cortina de Hierro, la Guerra Fría estaba en su apogeo. Y la carrera espacial se había transformado en una batalla clave entre el gigante de Occidente y su rival del Este, la Unión Soviética. En ese disco también quedó impresa la predicción del presidente John F. Kennedy, realizada en 1961. “Esta nación debe encomendarse la misión de llevar y traer un hombre a la Luna, sano y salvo, antes de que termine la década”. No pudo comprobarlo en vida, pero la arenga de JFK surtió efecto.

¿Qué significa hoy, a 40 años, aquel evento? Para muchos, el “gran salto para la Humanidad”, palabras que Armstrong inmortalizó en su descenso al satélite terrestre. Otros, sin embargo, siguen criticando aquella carrera espacial, a la que recuerdan como un despilfarro económico. Más lejos aún, hay quienes sostienen la teoría de que el famoso alunizaje no fue más que una farsa, la más grande y mejor montada que haya existido jamás. Especulaciones al margen, pocas fechas han quedado tan marcadas en la memoria colectiva. Y pocas personas gozan de mayor fama que Armstrong, Aldrin y Michael Collins (quien no bajó a la superficie, porque quedó al comando del módulo Columbia). Los tres siguen vivos. Y con historias muy diferentes para contar.

Armstrong, quien cumplirá 79 años en agosto, renunció a la NASA apenas dos años después del alunizaje, para convertirse en profesor universitario. Nadie le sacará el privilegio de haber sido el primero de los 12 astronautas que caminaron sobre la Luna. Sin embargo, Neil siempre le escapó a la fama. Se hizo casi invisible, eludió los flashes y desde hace un tiempo ni siquiera acepta firmar autógrafos (muchos hacían dinero a costa de su preciada rúbrica). En las contadísimas entrevistas que brindó en los últimos 40 años, resultó imposible ahondar en sus sentimientos. Ni siquiera en su biografía abrió su corazón. Silencioso, imperturbable, Armstrong se mostró al mundo como un hombre de sangre fría, calculador, un tipo capaz de ejecutar una misión imposible –viajar ida y vuelta a la Luna– sin denunciar síntomas de nervios. Eximio piloto, ya había demostrado su coraje en la guerra de Corea, y en varias oportunidades (incluso cuando ingresó a la NASA) su vida corrió peligro. De alguna manera, siempre encontró la forma de escapar indemne. Se unió a la NASA en 1962, poco después de sufrir la mayor tragedia de su vida: la muerte de su hija Karen, de apenas dos años, enferma de un tumor cerebral. Indescifrable, cuando le preguntaron qué música quería llevar a la misión del Apollo 11, sorprendió a todos: “Cualquiera que fuera interpretada con theremín”, un instrumento electrónico muy usado en la ambientación de películas de terror y misterio.

Collins, el que permaneció en el módulo Columbia durante la misión, es la contracara de Armstrong. Nacido accidentalmente en Roma hace 78 años (su padre, militar, estaba destinado en Italia), cautiva por su buen humor y carácter extrovertido. Hombre de la Fuerza Aérea, su papel en la excursión lo dejó en un segundo plano, pero jamás se quejó. Al contrario: siempre remarcó que su experiencia (giró sobre la Luna durante las 21 horas que Armstrong y Aldrin estuvieron allí) resultó tan enriquecedora como la de sus camaradas. Lo que distinguió a Collins durante la misión fueron esos 48 minutos que pasó detrás de la Luna (debido al recorrido orbital de su nave), sin ningún tipo de contacto con la raza humana. La radio, bloqueada, no funcionaba. Inquietante por donde se lo mire... “Fue una sensación única. No diría que me sentía solo, al contrario. Me pareció más placentera que otra cosa”, contó. Tampoco tardó en dejar la NASA tras el éxito del Apollo 11: lo hizo en 1970, para trabajar con el Gobierno. Luego se dedicó a escribir sus memorias y otros libros referidos a sus vivencias en el espacio, donde pasó 266 horas en total.

El más afectado por la fama resultó Aldrin (79). Tras su hazaña, cayó en la depresión y el alcoholismo. Debió tratarse para salir adelante, ya que llegó a estar muy mal alrededor de 1977. Se volvió a casar (en total fueron tres matrimonios) y finalmente se lo vio recuperado, previo paso por Alcohólicos Anónimos. Hijo de un aviador, siguió los pasos de su padre y se transformó en un tenaz piloto de combate. En la guerra de Corea intervino en 66 misiones aéreas y luego, en 1962, quiso unirse a la NASA. Lo rechazaron. Tuvo que esperar al año siguiente para ingresar. “No estaba preparado para sobrellevar lo que vino después del alunizaje. El reconocimiento mundial, toda esa atención... Era una celebridad en un pedestal. Y después el regreso a la Fuerza Aérea, donde no encontré más que envidias y celos”. Todavía se cree que Aldrin nunca digirió el hecho de haber bajado a la Luna 20 minutos después que Armstrong. De todos modos, juzgó correcta la decisión de la NASA, ya que Neil era el comandante de la misión. La leyenda dice que el carácter de Armstrong, tan reservado, le dio una ventaja respecto de Aldrin: para el gobierno de Estados Unidos, un hombre “sin ego” era más conveniente si alguien debía quedar en la historia. Firme devoto de la Iglesia Presbiteriana, lo primero que hizo Buzz cuando el módulo se posó en suelo lunar fue tomar la comunión, con pan y vino que él mismo se encargó de llevar.

Fue Aldrin quien en 2002 volvió a los titulares de los diarios. Enojadísimo, le pegó un soberano puñetazo al periodista y cineasta Bart Sibrel, quien afirmó en varias oportunidades que el alunizaje nunca ocurrió. Sibrel produjo varios documentales acerca del tema y se ganó la adhesión de aquellos que, como él, se inclinan por la teoría de la conspiración. Los refutadores ponen la lupa en las fotos (sombras imposibles, luces que no corresponden, ausencia de estrellas), más la imposibilidad de lidiar con ciertos aspectos como la radiación y otros detalles como la afirmación de que la bandera parece flamear. Cada punto fue contrarrestado por la NASA y la discusión parece interminable. La teoría más loca tiene que ver con otro cineasta, uno de los más grandes de la historia: nada menos que Stanley Kubrick. Hay quienes se animan a asegurar que Kubrick, el genio que estrenó 2001 Odisea del espacio un año antes del alunizaje, fue el encargado de filmar la supuesta farsa. Kubrick –también famoso por películas como La naranja mecánica y El resplandor, entre otras– se había acercado a la NASA para obtener información cuando preparaba 2001…; de hecho contrató asesores del programa espacial para el rodaje. De ahí a ser el director oculto de los “falsos alunizajes” hay un trecho larguísimo, casi tan largo como el que nos separa de la Luna. ¿O no?

Hubo otros cinco alunizajes hasta 1972, cuando el programa Apollo se suspendió abruptamente. Por supuesto, ninguno alcanzó la fama del primero. Por caso, pocos tienen en mente el nombre de Eugene Cernan. Se trata del último hombre que estuvo en la Luna, a bordo del Apollo 17. Corría diciembre de 1972 y, sí, el mundo había vuelto a cambiar. En Argentina ya no estaba Onganía y acababa de regresar Perón de su largo exilio madrileño. En Estados Unidos explotaba el escándalo del Watergate, que mantendría más que ocupado a Nixon. Al presidente que habló con Armstrong y Aldrin durante la “llamada más importante que se haya hecho desde la Casa Blanca” se le venía la noche. Sin retorno. Y sin luna. Neil Armstrong fue el encargado de clavar la bandera de Estados Unidos en la superficie lunar. Una foto más que simbólica del triunfo norteamericano sobre la Unión Soviética en su pulseada por conquistar el espacio en plena Guerra Fría.

Neil Armstrong fue el encargado de clavar la bandera de Estados Unidos en la superficie lunar. Una foto más que simbólica del triunfo norteamericano sobre la Unión Soviética en su pulseada por conquistar el espacio en plena Guerra Fría.

“Diez, nueve, ocho…”. El 16 de julio, a las 10.32 horas, terminaba la cuenta regresiva y el Apollo 11 partía de Cabo Cañaveral.  Unos días antes, los astronautas Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin posaban oficialmente para la NASA. Tras bajar del módulo Eagle, Armstrong y Aldrin permanecieron en la Luna 21 horas 36 minutos (mientras, Collins se quedaba al comando del módulo Columbia). La mayoría de las fotos, como esta clásica de Aldrin, fueron tomadas  por Armstrong con una cámara Hasselblad con un lente de 70 mm.

“Diez, nueve, ocho…”. El 16 de julio, a las 10.32 horas, terminaba la cuenta regresiva y el Apollo 11 partía de Cabo Cañaveral. Unos días antes, los astronautas Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin posaban oficialmente para la NASA. Tras bajar del módulo Eagle, Armstrong y Aldrin permanecieron en la Luna 21 horas 36 minutos (mientras, Collins se quedaba al comando del módulo Columbia). La mayoría de las fotos, como esta clásica de Aldrin, fueron tomadas por Armstrong con una cámara Hasselblad con un lente de 70 mm.

Otra de las fotos más emblemáticas de la expedición, la huella de Buzz Aldrin sobre la superficie lunar. El regreso a la Tierra duró 70 horas 56 minutos. El 24 de julio, los astronautas amerizaron en el Pacífico, a 1.500 kilómetros de Hawai. Luego estarían 40 días en cuarentena. El 13 de agosto, una multitud los recibió en Nueva York. Según una hipótesis, se trató del “gran fraude del siglo XX”, que habría sido filmado por Stanley Kubrick, autor, un año antes, de su clásico 2001 Odisea en el espacio.

Otra de las fotos más emblemáticas de la expedición, la huella de Buzz Aldrin sobre la superficie lunar. El regreso a la Tierra duró 70 horas 56 minutos. El 24 de julio, los astronautas amerizaron en el Pacífico, a 1.500 kilómetros de Hawai. Luego estarían 40 días en cuarentena. El 13 de agosto, una multitud los recibió en Nueva York. Según una hipótesis, se trató del “gran fraude del siglo XX”, que habría sido filmado por Stanley Kubrick, autor, un año antes, de su clásico 2001 Odisea en el espacio.

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