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A 30 años de su muerte

A 30 años de su muerte

Redacción Gente

Antonio Cafiero

“Cuando murió Perón, lloré como si se hubiera muerto mi padre”

La escena transcurrió durante la última parte del funeral de Juan Domingo
Perón, en la Quinta de Olivos. Un brigadier, entre un grupo de uniformados, se
acercó a Antonio Cafiero y le preguntó: “¿Y bueno, ahora quien manda acá?”. Cafiero, entonces, respondió: “¿¡Cómo quién manda!? La vicepresidenta, que se
hace cargo de la presidencia, el poder constitucional…
“. El brigadier, como un
filo, concluyó: “Por favor… ¿Por cuánto tiempo…?”. “No recuerdo su nombre, pero
sí que me di vuelta y me fui. Eso me reveló que la idea del golpe militar ya
estaba presente, que estaban esperando nomás que muriera Perón”,
dice, hoy, el
senador. Pasaron 30 años desde entonces.

-¿Qué estaba haciendo cuando le dijeron que había muerto Perón?
-Yo era presidente de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro. Estaba en mi
despacho, donde está el anexo del Senado ahora. Cuando se produjo el mensaje de
la viuda de Perón, yo sentí una profunda congoja… y la verdad, lloré. Lloré como
si se hubiera muerto mi padre, o un hermano.

-Muchos dicen que el desenlace se venía venir desde que regresó para hacerse
cargo de la Presidencia…

-No me daba esa impresión. Perón conservaba su apostura física, aunque es cierto
que se cansaba, y tenía algunas dificultades médicas. Pero no se esperaba un
desenlace tan rápido. Me resultaba extraño que un hombre al que yo había
conocido en la plenitud de su vida, con semejante presencia, pudiese morir.
¿Usted sabe que él tenía para mí expresiones jocosas? Me llamaba “el ministro
lactante”, porque cuando me convocó en el ’52 me preguntó la edad, le dije 29,
me miró y me indicó “jure, y no le muestre el documento a nadie…”.

-Pero algunos le adjudican a Perón la frase “Cafiero es un buen muchacho, pero
se queda con los vueltos…”

-¡Al tipo que dijo eso, Alberto Samid, lo procesé ante los Tribunales! Le gané
el proceso, pero la marca de la infamia me la dejaron. Perón siempre fue cordial
conmigo.

-¿Perón estaba manejado por López Rega como dicen?
-Es una verdad a medias. En algunas cosas sí, pero en otras lo mandaba a
callarse la boca. No era un falderito de López Rega. Obviamente un hombre que
llega a esa edad, no en muy buena situación de salud, es propenso a tener al
lado a un hombre que le sirve de ayudante de cámara. No lo justifico, eh, Perón
debería haber tenido más cuidado.

-Usted dice ayudante de cámara, pero era un hombre poderoso, manejaba a la
Triple A.
-No sé… supongo que sí. Pero todo el mundo le tenía fastidio a ese señor. Nos
molestaba que Perón le dispensase la confianza que le dispensaba, que se hubiera
apoderado de su agenda, y entonces decidiera quién lo veía y quién no…

-¿Que creía Perón de lo que sería el peronismo sin él?
-No creo que se lo haya planteada eso sistemáticamente. Sostenía la necesidad de
la organización. Bueno, su frase preferida era “sólo la organización vence al
tiempo”.

-Poco antes de morir, Perón dijo: “Todos esos que hablan de tendencia
revolucionaria, ¿qué es lo que quieren hacer con ella?, hemos brindado siempre,
dentro del movimiento, amplitud absoluta, pero esa amplitud tiene un límite”.
A
treinta años de esa frase, hay un presidente que precisamente perteneció a la
Tendencia.
-Mire, la tarea de definir al peronismo ha ocupado centenares de libros, miles
de artículos y decenas de miles de opiniones. El peronismo es difícil de
sintetizar. Primero, porque además de ser un partido político es un sentimiento.
No somos una secta ideológica como es la izquierda, o el neoliberalismo: somos
un movimiento. Nos enriquecemos con el aporte de distintas vertientes, y después
hacemos un promedio.

-Entonces, usted se siente identificado con el peronismo tanto en los 90 como
ahora…
-El peronismo, como dice un amigo mío, utiliza máscaras. Cuando cambian los
tiempos, se recrea. Pero bueno, déjeme decirle algo a mí ahora: estamos
homenajeando a Perón, vamos a poner la piedra fundamental del Mausoleo en San
Vicente, ya decidimos dónde estará el monumento…

-¿Dónde?

-En Cangallo…

-¿¡Cómo en Cangallo!? Justo usted Cafiero…
-(Ríe) Bueno, ex Cangallo… Estará frente al Correo.

-Y a propósito del Mausoleo, ¿cómo le cayeron las palabras del presidente
Kirchner acerca de la foto en el vagón donde estaba Duhalde, y la
“transeternidad”… ?
-No comments.

-No se me va a achicar ahora…
-¿Achicarme yo? Bueno, era innecesario decir eso…

Felipe Pigna
 “Desde que regresó,  Perón sabía que empezaba a morirse”

– ¿Perón intuyó su muerte?
-Absolutamente. Desde que regresó al país, sabía que empezaba a morirse. El
12 de junio, cuando da su último discurso, tenía la certeza de que le quedaba
poco tiempo. Fue muy conmovedor, lo vi con mis compañeros del secundario: señaló
que el pueblo era su único heredero, un mensaje elíptico hacia López Rega, y que
se llevaba en sus oídos la más maravillosa música, la voz del pueblo argentino.

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-¿Había llegado muy enfermo a la Argentina?
-Tenía problemas prostáticos, pero básicamente problemas pulmonares y sobre
todo cardíacos: había tenido un infarto días antes de su muerte. Pero hay un
episodio bastante inexplicable y decisivo poco antes de su muerte: un viaje a
Paraguay, preparado por López Rega. Tomó mucho frío, ese día llovió todo el
tiempo, y se aceleró su enfermedad pulmonar. Sucede que había una disputa por
ver quién cuidaba a Perón entre sus médicos, Taiana y Cossio, y López Rega.

-¿López Rega practicaba rituales con Perón para curarlo?
-Aparentemente, según cuentan algunas enfermeras, López Rega hacía una
especie de ritual, donde lo tomaba a Perón por las piernas y le decía: “mi
faraón, mi faraón”
, y otras cosas trágicas, esotéricas y absurdas, como
ciertos ritos umbandas, o imposiciones de manos. Aparentemente llegó a bloquear
algún tipo de medicina, porque no estaba de acuerdo con los médicos.
Lamentablemente, Perón estaba en las manos de este señor.

-¿Cuál fue el papel de Isabel en todo este proceso?
-Acataba absolutamente las decisiones del Brujo, estaba sometida a López
Rega desde hacía muchísimo tiempo. Por ejemplo, cuando vivían en Puerta de
Hierro, Perón echa al Brujo, e Isabel se fue hasta que Perón le permitió volver.
Era una relación muy enfermiza. No llegaba a la relación sexual, pero sí una
relación de dependencia muy fuerte de Isabel con respecto a López Rega; parece
que esta brujería psicópata influía fuertemente en la personalidad débil de
Isabel, y en esas manos caímos.

-¿Cómo fueron los últimos instantes de Perón?
-Evidentemente muere entre las disputas de López Rega y los médicos, porque
desde la mañana hasta el mediodía, hubo una última ceremonia con López Rega
donde le dice “volvé, mi faraón“. Ya estaba inconsciente, incluso hay una
firma de su renuncia, muy dudosa, que algunos atribuyen a López Rega. Después
actúan los médicos. Al mediodía estaban Cossio y Taiana con él, sabían que la
cosa no iba a andar mucho más, y empiezan a preparar la comunicación de esta
catástrofe. Muere entre la una y la una y cuarto de la tarde.

-¿Qué pasó durante las pompas fúnebres?
-López Rega hizo una especie de maratón de permanencia al lado del cajón.
Afuera, durante el 1º de julio, había dos tipos de cola: la clase alta y media
alta, en las casas de cambio comprando dólares; y la clase media y media baja,
comprando fideos. La gente pensó que iban a cerrar todos los negocios. Me
acuerdo particularmente de miembros de la JP asesinados por miembros de la
derecha peronista, en torno al velorio, por ocupación de espacios en la cola.
Pero en general, la gente sentía la muerte de un padre y se preguntaba: “¿quién
se va a ocupar de nosotros?”.
El luto duró como una semana. Y, a diferencia
de la muerte de Eva, donde se percibió claramente la alegría de un sector, esta
vez no hubo nada de eso.

La cureña con los restos de Juan Domingo Perón pasa, bajo la lluvia, frente a la Plaza de Mayo, el escenario del histórico 17 de octubre y lugar donde convocaba a las multitudes a escuchar sus discursos.

La cureña con los restos de Juan Domingo Perón pasa, bajo la lluvia, frente a la Plaza de Mayo, el escenario del histórico 17 de octubre y lugar donde convocaba a las multitudes a escuchar sus discursos.

Frente a los restos de Perón, en el Congreso, desfilaron cientos de miles de personas.

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