35 años de fiestas – GENTE Online
 

35 años de fiestas

Libro Guiness de los récords propio, máquina del tiempo (pero de pasado,
presente y futuro), hazaña de convocatoria no lograda ni por las Naciones
Unidas, Libro Azul de la jerarquía, Almanaque Mundial de la belleza, perpetuo
desfile de modas, Pequeño Larousse Ilustrado del país y sus hijos (pero con
apéndice internacional): todo eso -y acaso algo más- son las fiestas de GENTE.
En más de tres décadas, en Buenos Aires, en Mar del Plata, en Punta del Este,
lograron lo imposible. Unieron mundos que por lo común giran en su propia
órbita, y los atrajeron a un sistema planetario que, entre las diez de la noche
y el amanecer, fue, es y será único. Una especie de Big Crunch que sentó en sus
mesas e hizo bailar en sus pistas a presidentes, ministros, empresarios,
científicos, artistas, deportistas. Entre el umbral de los 70 y la última (Mardel,
domingo 15 de febrero, 2004), no menos de 40 mil almas dijeron presente.

LUZ, CAMARA, ACCION. Verano del 71. Lugar: Rugantino, en Plaza San Martín. Hoy
sería una disco, por entonces le decían boîte o night club. Susana Giménez ya
hizo ¡Shock!, y esa noche, custodiada por Héctor Cavallero, conoce a Marcos
Aguinis, ganador del premio Planeta por su novela La cruz invertida, y también a
Manuel Puig, que empieza a ser famoso por Boquitas pintadas. Cacho Fontana
estrena pareja: Liliana Caldini, 20 años, "la chica del aviso de los cigarrillos Chesterfield", como susurran los que la ven por primera vez en vivo y en
directo. La fiesta, también en vivo y en directo, la televisa Canal 13, con
primeros planos de Oscar Ringo Bonavena, de Nélida Lobato, de Graciela Borges. Y
GENTE entrega sus primeros premios al mérito: Piero, por su tema Pedro Nadie;
Sergio Villarruel, por su tarea periodística; el Chapa Suñé, en nombre de Boca
campeón.

DEL SOTANO AL CIELO. Rugantino estaba en el subsuelo de la mítica Galería del
Este. Y desde ese subsuelo, un año después, la fiesta de GENTE levantó vuelo
hasta el Roof Garden del Alvear Palace Hotel, cerca de las estrellas, con Buenos
Aires a sus pies. La música: Cenizas y Sociedad Anónima, en vivo. El decorado:
dibujos de Landrú. El animador: Antonio Carrizo. La reaparición en público:
Isabel Sarli-Armando Bó. La pareja: Soledad Silveyra-José María Jaramillo. El
súper escote: Diana Custodio. La mejor vestida: Mercedes Robirosa. La más linda:
Mirta Massa, Miss Mundo. El periodista más buscado: Bernardo Neustadt. Las
modelos: Gloria Gago, Gabriela Lee, Deborah Robredo. La moda: vestidos largos,
pantalones anchos, zuecos altísimos. La visita importada: Laetitia, número uno
de las modelos francesas. Los últimos en irse: Karin Pistarini y su marido,
Yuyo.

EL PRIMER NOMBRE. Además de "la fiesta de GENTE" (su bautismo coloquial), hubo
otro: el oficial. Se llamó La noche de la gente que hace el país: un claro modo
de decir que la fiesta era algo (mucho) más que brillo, ruido y diversión. Era
(es todavía) el modo de decir, sin pesados discursos ni almidón, que GENTE
despliega todas sus baterías también para condecorar a los que piensan,
trabajan, crean, construyen, cada uno en su campo, a favor. Para decir que
mérito y éxito no son antagónicos. Se realizó en el Salón Libertador del Sheraton (1973), y la fiesta albergó a tres titanes: Carlos Páez Vilaró y los
hermanos Strauch, sobrevivientes de la tragedia -y el milagro- de Los Andes. Un
año después, en el mismo lugar, la revista premió a los héroes anónimos, y no
por única vez…

¿ADONDE ES ESTE AÑO? La mejor fiesta eligió siempre los mejores lugares: la
remota boîte Sunset (Olivos), Rugantino, el Teatro Auditorium de Mar del Plata
(ciudad que la declaró De interés turístico), El Cielo (Punta Carrasco), el
Patio Bullrich (aquí celebró los 80 años de Editorial Atlántida con más de
cuatro mil invitados), Opera Bay (en Puerto Madero), El Divino Beach (Mar del
Plata), Buenos Aires News (la despedida del milenio), Señor Tango (en el corazón
de Barracas), La Morocha, Gitana y el Club Madison (Punta del Este), el Palacio
Alsina, y seguirán las firmas…

"PERO, ¿ESE NO ES…?" Sí. Cuando alguien se preguntaba si ése no era Fulano
(extranjero famoso), no se equivocaba. Porque en cada fiesta -medalla que sólo
GENTE puede exhibir- estuvo, bailó y cantó algún number one. Por ejemplo, la
célebre brasileña María Creuza (1983), a capella primero, y acompañada por la
banda Opus 15 cuando la noche alcanzó su mayor temperatura. O Roger Hodgson, de
Supertramp, en recital lujoso y exclusivo (1998) rematado por el mayor show de
fuegos artificiales que iluminó el Río de La Plata. O el grupo brasileño Rafain
Samba. O Ricardo Montaner. O Joaquín Cortés, el mayor bailaor flamenco de esos
días (diciembre de 2000). O la cubana Celia Cruz arrancando, frenética, con su
caballito de batalla: La vida es un carnaval. O Robert Duvall, uno de los reyes
de Hollywood, luciéndose con cortes y quebradas abrazado a su pareja argentina,
Luciana Pedraza. Y el genio de Charly García (diciembre 2003) que arrancó con
Asesíname, ante 2000 invitados que deliraron…

GIRA, GIRA, GIRA EL CARROUSEL…Y sigue girando, y uno se pregunta con cuál de las mil o las diez mil imágenes
se queda. Acaso con Carlos Monzón, campeón del mundo, impactando con su smoking
blanco, su pantalón azul eléctrico, su camisa celeste, su collar filipino. Con
las parejas que eran y dejaron de ser. Con las parejas que se reconciliaron en
la fiesta (y con las que allí nacieron). Con la pantalla virtual trazada por
trescientos kilos de hielo seco (Patio Bullrich, 1997, con todo su frente
decorado con gigantescas tapas de todas las revistas de Atlántida). Con las
lluvias de copos de nieve. Con Pettinato de traje amarillo furioso o ataviado de
Santa Claus y recibido por veinte modelos. Con Rogelio Polesello, disfrazado y
llevando como alucinante proa dos colosales lolas de poliéster. Con las
odaliscas y el grupo Sultanes que ambientaron la fiesta de las mil y una noches
(Mar del Plata, 1999). Con Maradona llegado a la fiesta en viaje relámpago y un
millar de invitados coreando "Diegooo… Diegooo…". Con Franco Macri, bailando
cual Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia… bajo una lluvia real, no de
utilería, que esa noche bañó Punta del Este. Con las ochenta modelos de Pancho
Dotto desfilando en microbikini. Con…

CON LOS BRAZOS ABIERTOS. Pero todo -luces estroboscópicas, fuegos sobre el río,
audiovisuales espectaculares- sin olvidar una palabra que el país empezó a
aprender duramente en los últimos tiempos: solidaridad. Tan sin olvidarla, que
la fiesta de GENTE destinó recaudaciones y autos cero kilómetro a la Casa Cuna,
a COAS, a la Fundación Nuevas Olimpíadas Especiales, y seguirá presente, con los
brazos abiertos, para que sus megafiestas sean mucho más que noches memorables
por el nivel de los invitados, por la exclusiva alta costura, por el sofisticado
menú, por los sorteos de alhajas, autos y pasajes, por el interminable dancing
hasta la salida del sol. Seguirá presente también para que, terminada la fiesta,
no sólo queden cenizas y recuerdos. Para que su eco trascienda y llegue
-concreto- a los que poco tienen y siempre esperan.

A MODO DE EPILOGO
. Esta nota no pretendió -sería imposible- apretar en sus
límites de tiempo y espacio todos los nombres, todos los lugares, todas las
anécdotas, toda la música, toda la moda, todo lo que construyó en tres décadas
la mayor, la mejor y la más perdurable fiesta de la historia nativa: eso
llevaría varios tomos, o el hallazgo del Aleph parecido al que imaginó Borges
oculto en el sótano de una casa del barrio de Flores. Esa totalidad está, entre
tapas de cuero y en el archivo, en la colección de GENTE, y también en la
memoria de los testigos y protagonistas que vivieron cada una de esas noches.
Esta nota sólo quiso, más que recopilar datos y urdir un inventario, transmitir
el sentido y el espíritu de una marca registrada, famosa y ya inconmovible.
Ojalá lo haya logrado.

Año 1972, roof del hotel Alvear. Susana Giménez (¡Shock!) y Claudio García Satur (Rolando Rivas, taxista). Entre ellos, Ante Garmaz.

Año 1972, roof del hotel Alvear. Susana Giménez (¡Shock!) y Claudio García Satur (Rolando Rivas, taxista). Entre ellos, Ante Garmaz.

Opera Bay. En la pista, Susana Giménez bailando con Maximiliano Guerra.

Opera Bay. En la pista, Susana Giménez bailando con Maximiliano Guerra.

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