«Ya no quería existir». Samanta Casais recordó el día más oscuro de su vida: «Llorando, me metí en la bañera y…» – GENTE Online
 

"Ya no quería existir". Samanta Casais recordó el día más oscuro de su vida: "Llorando, me metí en la bañera y..."

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En una entrevista a corazón abierto, la finalista de 'Bake off Argentina' (Turner para Telefe), que debió entregar su título de ganadora por un error al llenar la solicitud de ingreso, cuenta cómo fue rescatada por su novio y un psiquiatra.

"A mi mamá (Susana, 61) le había dicho que no hablara con nadie, pero salió a hablar porque estaba como una fiera enjaulada y quería decir: 'Basta, déjenla en paz'", confiesa Samanta Casais (30), la joven pastelera que en los últimos meses sufrió un infierno mediático disparado por el cyberbullying.

–Tu mamá te debe haber visto muy mal para salir a hablar…

–Sí, re. Incluso llegó un momento en que ella sólo hablaba con mi novio, porque yo no tocaba el celu. Estaba como en una burbuja: necesitaba preservar mi salud mental.

–¿Cuál fue tu momento de quiebre?

–Empecé a bajonearme cuando aparecieron los haters, que me odiaban por ser “creída”, una personalidad con la que yo no me identifico. Pero la tele es así: reproduce algo y la gente lo agarra. Yo intenté que no me afectara, pero cuando se cruzó la línea, cuando hubo un odio desmedido, ahí me puse mal y ya no pude controlarlo. Me levantaba con dolor de estómago, no lograba dormirme hasta las 4 am, tenía pesadillas y llegué a pensar en “trágame, tierra”, por decirlo de una manera sutil.

–Hace poco también dijiste que querías “desaparecer del mundo”. ¿Es literal?

–Sí, totalmente. El momento más fuerte fue así: yo me fui a bañar, me acosté en la bañera y quedé ahí, con el agua corriendo, con mi mente en blanco y llorando. Sentí que ya no quería existir más. Cuando mi novio (Juan Cruz Recchi Muzzi, 28) volvió de hacer las compras, le pareció raro que no hubiera terminado de bañarme. Así que entró, me vio así y le dije que no quería nada más. Fue ahí que él decidió hablar con un psiquiatra. Ese mismo día tuve una sesión clave: me dio una medicación para poder dormir y un antidepresivo, y me dijo que estaba atravesando una depresión muy grande. Él, mi psicólogo –con el que llevo dos años haciendo terapia– y Juan fueron los que me sacaron a flote. Honestamente, si yo hubiese estado viviendo sola, no sé qué hubiera pasado. De verdad, no quería más nada. Me sentía contra una pared, frente a un pelotón de fusilamiento. ¡Y sin poder hacer nada! ¿Porque cómo convencés a 18 millones de personas de lo que está pasando?

–¿Sentís que pudiste revertirlo?

–Siento que ahora se está viendo que detrás de todo hay una persona y una familia… Porque si yo recibía mensajes, no te imaginás mi mamá y Juan. A todos nos desearon la muerte… ¡y yo sólo quería hacer tortas!

–¿Para vos fueron más fuertes los mensajes de Instagram que ver tu ficha policial en los medios?

–Absolutamente. El cyber-bullying fue fuertísimo, y yo no estaba preparada para estar expuesta. O sea, tenía mis sueños e ilusiones puestos en un programa de tortas. En mi vida hubiese imaginado esto.

–¿Después de todo esto trabajarías en los medios?

–Sí, pero no me interesa “lo mediático”. No estoy hecha para ser una chica mediática. En la tele tendría un espacio de pastelería para chicos, descontracturado y divertido.

–¿Ya hay alguna propuesta?

–Sí, algo hay, y no lo descarto para nada, pero recién ahora estoy viendo qué quiere mi mente. Digamos que la ola me dejó tirada y revuelta en la orilla del mar, y así estoy ahora. Imaginate que sigo medicada: tomo 0,5 de clonazepam y escitalopram, que es un antidepresivo. Y aunque me siento un poco mejor, trato de no ver tele ni redes sociales. Veo series –en esta cuarentena vimos 148 capítulos de Pasión de gavilanes–, juego a The last of us Part II en la PlayStation, y me distraigo con mis pedidos de tortas temáticas.

Por Kari Araujo.
Fotos: Christian Beliera y álbum personal S.C.

Vínculo copiado al portapapeles.

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