Oriana Sabatini: «Mi vida cambió: hoy decido qué mujer quiero ser» – GENTE Online
 

Oriana Sabatini: "Mi vida cambió: hoy decido qué mujer quiero ser"

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Necesitó tomar distancia y recluirse “lejos de todo” para “replantearme la vida y ordenar mis prioridades”. Así inició un proceso personal que, según dice, “me hizo madurar”. Algo que asegura dio reflejo en el single El último tango, su más reciente creación.

"Quiero pisar los escenarios del mundo. Lo mejor que puede pasarle a un artista es lograr irrumpir en otras culturas".

Tomó distancia para acercarse. Ni en Buenos Aires ni en Torino. Su necesidad de introspección la llevó a Miami, la ciudad en la que –“coincidentemente”– dice encontrar “respuestas cuando me siento perdida”. Oriana Sabatini (23) cambiaba la piel. “Me recluí, urgida de reencontrarme con mi soledad. Las dos cara a cara, íntimas. Pensé, lloré –incluso en largas sesiones de facetime con su novio y con amigas–, me cuestioné, fui iniciando un proceso de definición de la mujer y la artista que quiero ser”, cuenta. Y hoy asegura tener esa certeza.

–¿Cuál fue el disparador de ese proceso personal?
–El amor. Fue el detonante que me empujó a replantearme la vida. De repente se abrían muchas posibilidades de desarrollo profesional que, por la relación que elegí, nada resultaría tan fácil. Si me proponían castings para actuar en el exterior, debía pensarlo demasiado teniendo un novio en la otra parte del mundo. Desde chica siempre había querido ser todo: modelo, cantante, actriz. Y había llegado el momento de pararme frente a mí misma y decir: “Ori, es tiempo de ordenar tus prioridades. Repartir la energía entre tantos ‘casilleros’ no te llevará a la excelencia”. Y yo busco la excelencia en todo lo que hago. Entonces, “¿dónde vas a poner toda tu energía en este instante de tu vida?”. Quería tomar la decisión sola, sin condicionamientos, sin otras voces, sin involucrar a nadie más. Sacudiéndome, por primera vez, el miedo de elegir sin poner el foco en eso que estaba “abandonando”. Y, entre tanto, también me replanteé el sentido del éxito. En este ambiente, o en la sociedad misma, muchas veces se entiende que ser exitoso es sacrificar todo, trabajar 24/7, llenar miles de estadios alrededor del planeta o tener billones de views. Y decidí que jamás descuidaría mis vínculos personales por serlo. ¿Con quién compartiría los logros? Para mí el éxito es tener una gran familia, una red de afectos. A los 23 se hace difícil ser sensato, honesto con uno mismo, quebrar tantos mitos y mandatos.

Continuamos recorriendo aquel “inicio del proceso de definición de la mujer y la artista que quiero ser” que se originó en aquel retiro miamense. Es entonces que Oriana habla del primer indicio de su madurez profesional. “Desde chica, tanto en la ficción como en la música, estuve acostumbrada a que me dijeran cómo debía cantar, qué decir, cómo vestir, moverme y posar. Y lo hacía callada. Por ahí, todo lo que generé hasta entonces, basado en decisiones ajenas, terminaba en un gran aplauso, pero yo no quedaba cómoda ni feliz. Este último año entendí que si quiero ser una artista 10 tengo que estar en todo y expresar lo que soy al máximo”, dice.

Con El último tango –su nuevo tema y video, en el que participó tanto de la letra como de la producción– levanté la voz como una perra y me sentí más empoderada que nunca. Nadie más me pasará por encima. Nadie va a decirme qué hacer. ¡Lo quiero así! Y si me toca equivocarme, la culpa recaerá sobre mi espalda. Prefiero ser yo quien falle sobre mi propia carrera que bancarme el error de cualquier otro”.

Además, y respecto a la autenticidad que cita, Oriana revela: “Si bien el mes que viene estrenaré un nuevo tema en inglés, tengo la necesidad de ir despojándome de ese idioma que acompañó, tal vez, una estrategia internacional o un modo más fácil de composición, básicamente por mis influencias. Pero siento que cuando canto en español soy otra Oriana, una que me gusta más. Más verídica. Más expuesta. Me dio intriga empezar a conocerme como una artista más conectada a mis raíces. Experimentaré ese camino muy pronto. No digo que cantando en inglés no soy transparente, pero cantar en mi lengua será para mí como hacer un desnudo”.

Prefiero ser yo quien falle sobre mi propia carrera que bancarme el error de cualquier otro”

–¿Hacia dónde vas con tu carrera?
–Quiero pisar los escenarios del mundo. Lo mejor que puede pasarle a un artista es lograr irrumpir en otras culturas. Descubrir que hay alguien que tal vez sin saber quién sos ni de dónde venís se conmovió o se identificó con tu canción. Ésa es mi meta. La fuerza de Beyoncé. Las letras de Rosalía o Setan Gana. La sensibilidad de Juan Ingaramo. El flow de Cazzu. La producción de Labrinth (responsable de la música de la serie Euphoria), “de sonidos tan increíbles que se los mandé a mi productor diciendo ‘quiero esto’”, cuenta. Hablamos de referentes, “de los que tomo eso que me conmueve”, cuenta. ¿Pero qué sucede cuando es ella quien está del otro lado?

–Ser referente de las nuevas generaciones podría hacerte cargo de una gran responsabilidad. ¿Qué tan consciente sos?
–A la hora de cantar no tengo reparos: soy cruda, honesta, genuina. Sí tomo recaudos en el manejo de mis redes (la siguen más de cuatro millones de personas sólo en Instagram). Si estoy entre amigos, cuido que en mis fotos no se cuele una cerveza o un cigarrillo. Analizo demasiado la “sensualidad” de mis tomas o manifestar comentarios como el último que hice sobre mi gusto por la “brujería” y me tildaron de “loca satánica”. No sólo por la promoción de un mensaje, sino también por la agresión cada vez mayor de la subcultura hater. Una no siempre está con mood de críticas despiadadas. Por eso cuando me siento triste o angustiada me alejo un rato de las redes. A veces duele estar tan expuesta.

–La “brujería” merece un paréntesis en esta charla...
–A ver... Me gusta la parte “Disney” de la brujería: la magia, la Luna, las energías... Todavía no he hecho ningún ritual. Es algo que me atrajo desde muy chica. Y al crecer busqué bibliografía sobre el tema, leí, investigué y aprendí que es casi una religión en sí misma. Me gustó de lo que hablaba: otras dimensiones, la existencia de algo más allá de la muerte, la fuerza de la Naturaleza y sus elementos, la conexión entre el hombre y el resto del Universo. Brujería no es pinchar un muñeco vudú. Muchos de sus rituales están naturalizados en nuestras vidas. Por ejemplo, soplar una vela el día de tu cumpleaños es brujería.

Hoy, como lo hacía a sus cinco años, si alguien le pregunta “Oriana, ¿querés ser famosa?”, ella responde: “Yo quiero cantar”.

Nació y creció familiarizada con la popularidad, pero más aún con el ámbito que ansiaba transitar alguna vez. Y asegura, “definió lo que soy hoy”. En compañía de mamá, de papá o de la tía Gaby, Oriana disfrutó de los backstages de programas televisivos, obras teatrales, de las temporadas y las ceremonias de premiación. Hasta su debut televisivo: “Y me decepcioné”. Más tarde se dio cuenta de su “idealización”.

Por un lado, “nadie era tan noble ni tan amistoso a la hora de apurar alguna escena, como me parecía en aquel entonces. Nada se sentía como en las películas. Y percibí la presión sobre mis espaldas. La de la exigencia profesional y la de todo lo que acompaña el ‘ser actriz’. El deber de ir a eventos. La demanda en la calle. La gran frivolidad de este ambiente”, destaca. “Soy demasiado sensible para la popularidad. Y me chocó de frente”. “Fama” es un término que no le cae en gracia y, según dice “aún no me pertenece”. Hoy, como lo hacía a sus cinco años, si alguien le pregunta “Oriana, ¿querés ser famosa?”, ella responde: “Yo quiero cantar”.

Fotos: Iván Resnik (gentileza).

Vínculo copiado al portapapeles.

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