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Lizy Tagliani recordó “el hambre” de su niñez y habló del gran dolor que aún le pesa: “Mi mamá me daba vergüenza”

Lizy Tagliani recordó “el hambre” de su niñez y habló del gran dolor que aún le pesa: “Mi mamá me daba vergüenza”

Redacción Gente

Quebrada hasta las lágrimas, la comediante recordó a su madre y las veces que se sintió “bullynera”

Lizy Tagliani (49) fue invitada a Podemos Hablar (Telefé) y compartió experiencias de su vida, en momentos que fueron de lo cómico a lo emotivo. En un sentido discurso que tuvo como eje central la vergüenza, la conductora habló de su infancia, de la discriminación, de su madre y de lo que la vida le ha enseñado.

Fue durante la consigna de “dar un paso al frente”, con temática “bullying”. Entre tanto, Lizy reveló: “Yo tenía mucha vergüenza. No me daba tanta vergüenza mi sexualidad, porque siempre fui muy libre gracias a mi mamá, pero sí me daba vergüenza ser muy pobre . Y no tanto ser pobre. Mi mamá me daba vergüenza; es una de las cosas que más me angustian de grande, continuó. Esa vergüenza, proveniente de la gordura, de la falta de dinero y del trabajo de mucama fue algo que Lizy pudo superar: “Yo ya lo sané, lo hablé con ella. Mi mamá fue mi vida, para mí lo es todo”.

La situación de aislar a su mamá es una situación que le dio culpa. “Creo que desde los 18 años no hago más que castigarme con eso. Porque cuando yo reacciono a lo que hizo mi mamá… dejar su provincia, empezó a generar un destino, dejó su vida, sus amores, sus afectos, su familia, su historia…”, expresó la comediante sobre lo que su madre hizo por ella y por qué significa tanto hoy en día.

Considerada a sí misma como una agradecida de la vida y una amante del amor, la actriz aseguró haber conocido el amor  gracias a su madre, que fue un ejemplo de sacrificio. Yo recibí de una sola persona, que era mi mamá, el amor más grande. Yo siempre quiero ser el orgullo de mi mamá. Y este amor que yo tengo de la gente, yo creo que ella donde esté lo agradece. Es como decir: ‘Acá les dejo a mi hija, cuídenmela’. Eso siento de la gente”, agregó emocionada.

La vida de sacrificios de su madre y el afán de generar desde lo material, asegura Lizy, les dio mucha felicidad, pero les robó por otro lado. Ante la pregunta de qué han aprendido de la vida, la conductora se expresó ampliamente. “Yo tenía árboles, que eran mi única diversión, tenía zanjas, tenía lagunas, tenía aire, tenía animales. Tenía toda esa naturaleza, pero tenía hambre. Y cuando descubrí el trabajo y tenía una mamá que estaba todo el día trabajando, igual era muy feliz y no reconocía otras cosas”, empezó.

“Y después, con el tiempo, con el trabajo, descubrí otras cosas. Descubrí lo material. Todavía conservo… había unas casas todo por dos pesos, y con el primer sueldo compré dos latas, una que decía ‘Yerba’ y otra que decía ‘Azúcar’, que todavía las tengo. Y se las regalé a mi mamá y a partir de ahí era todo darle material y te juro que era nuestra felicidad. Cuando por ahí dicen ‘lo material no sirve para nada’, para nosotras era un momento de mucha alegría poder tener algunas cosas”.

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El goce de lo material se volvió casi fundamental en el vínculo con su madre. “Entonces, a veces no volvía por semanas a mi casa, porque me la pasaba trabajando. En la peluquería se trabajaba 16 horas: dormía en la peluquería, me quedaba para cuidar, hacía de serena, de todo”, confesó.

El objetivo de vida de Lizy fue que su madre estuviera bien, “que conociera Mar del Plata (…) Me llamaba por teléfono y le decía: ‘No, esta semana no voy. Voy a ir el mes que viene’. Y tuve mi primer auto y se lo llevé y se lo mostraba a mis tías y les decía ‘Mirá lo que me regaló Luisito’, porque me decía Luis aunque me hiciera los corpiños a crochet”, aprovechó para bromear Lizy.

“Y le di de todo y no la veía”. La conductora contó con los ojos llenos de lágrimas que a los 65 años de su madre decidió que iba a trabajar 10 años más. “Voy a trabajar hasta que tenga 75 y ahí voy a todos lados con ella. Disfruto, viajo para que vivamos juntas” contó. Pero ese día lamentablemente no llegó. “Y un día, de los 65 a los 69, cuando volví, ya no estaba. Se fue, y ahí dije: ‘Nunca más le corro al tiempo, que el tiempo me busque, que me encuentre a mí y no yo a él. No le voy a ganar nunca una batalla’. Y ahí volví a disfrutar del árbol, del agua. Es hoy”, finalizó Lizy para emoción de todos.

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