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La lucha de Ricky Martin contra sus demonios: “La obsesión por controlar todo, la ansiedad y la depresión”

La lucha de Ricky Martin contra sus demonios: “La obsesión por controlar todo, la ansiedad y la depresión”

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Desde su casa de Los Angeles, el ícono pop desnuda sus sentimientos en cuarentena y relata lo que sintió al pensar que nunca más iba a pisar un escenario.

Ricky Martin (48), el cantante de renombre internacional que se describe a sí mismo como “un hispano, gay, casado con un hombre árabe, viviendo en Estados Unidos en la era de Trump, algo que no es fácil”, resalta que él “no es una víctima: al contrario”, y le pide a la gente que no tenga miedo de decir te amo. “¿Qué vamos a perder por decir te quiero, te amo, te extraño, hasta la cursilería? La pandemia nos ha dado un palo, pero también otra oportunidad. Creo que ahora la construcción de la nueva vida sólo puede hacerse a base de cariño, de honestidad, de transparencia y de un espíritu de comunidad sólido para ayudar a los demás. Eso es lo que nos queda. Solos no podemos salir de ésta”, dice.

Estos meses que pasaron desde que arrancó el Covid-19 tuvo muchos temores, pero logró reconvertirlos. En el día en que lanza el videoclip de Recuerdo junto a Carla Morrison, detalla cómo ese miedo se convirtió en canciones. “Cuando no teníamos ni idea de lo que iba a pasar y la incertidumbre abrumaba y todos estábamos igual de locos dije ‘¡Vamos a convertir esta locura en música!’, y eso me sirvió a mí y a todos los cantantes que me acompañaron en mi nuevo disco (Pausa) como un bálsamo”, describió. “Sin dudas, para mí hacer música es psicoanálisis. Y en la cuarentena me ayudó a aliviar la ansiedad y los momentos de depresión”.

“Sencillamente, no me quiero imaginar sin pisar los escenarios. No me interesa esa opción… Ahí fue donde se activó de manera intensa mi ansiedad. Es que, imagínense, actuar es lo que he hecho toda mi vida, y de repente eso ya no existe. ¿Lo entienden? Al menos la información que tenía al principio de la pandemia decía que eso ya no iba a volver nunca más. Así que hoy estoy más en calma. Un paso y después otro”, contó.

En cuanto a sus hallazgos personales en estos días de cuarentena, Ricky confiesa que aceptó que es “¡un controlador terrible!” y que trabajó “muchísimo en eso”. “Es que antes, en las entrevistas, siempre aseguraba: ‘Yo soy de delegar, de que todo el mundo opine, me encantan los consejos…’. Esta vez no. Esta vez tengo que decir que me di cuenta de que necesito controlar. Cuando estás acostumbrado a trabajar con un itinerario de lo que serán los dos siguientes años de tu vida y todo eso se cae, ves las cosas mucho más claras“.

“Y en general, en la sociedad, siento que no podemos seguir siendo tan arrogantes. La vida nos está diciendo a todos: ‘Vete a tu casa, la forma en la que estabas haciendo las cosas ya no funciona. Y, si regresas ahí fuera con la misma actitud con la que entraste, os vamos a meter de nuevo por más tiempo’, que es justo lo que está pasando con este sube y baja de contagios”.

Además, se atrevió a hablar del coronavirus diciendo: Yo creo que hay que saber que sí vamos a acabar con el corona, aunque, mientras tanto, nos lleva la delantera. Conocemos muy poco de sus debilidades. Es cierto que se tienen que abrir los países, que la economía es importante, pero tengamos mucho cuidado. Con que nos lavemos las manos 20 veces al día como decían las abuelitas y comamos sano para fortalecer nuestro sistema inmunológico, vamos a estar bien. Mientras, mi responsabilidad es dejar de pretender que las cosas sean como yo quiero y estar en casa con mis hijos, dándoles la información necesaria para que no sientan miedo. Eso, y vivir un día a la vez”.

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Por último, describió cómo es su rutina diaria: Todas las mañanas me levanto a las seis de la madrugada a solas en mi hogar. Esto para mí es muy importante. Algo casi religioso. En ese proceso sin ruidos en el que me estoy preparando el café es cuando llegan los pensamientos que me permiten resolver las cosas de cada día. Luego hago kriya, que es un yoga muy simple que descubrí cuando viví hace años en la India. Consiste en una meditación basada también en el poder de estar callado. Después de todo esto, sobre las ocho de la mañana, estoy listo para conquistar el mundo. Ésa es la hora a la que llegan mis hijos y su sonrisa es la que me lo termina de resolver todo. Así que hay que pasar por la depresión, porque es parte del proceso de vivir, pero en mi caso por poquito tiempo, porque no me dejan”.

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