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Flor de la V recuerda su paso por la cárcel luego de que “el desprecio familiar me dejó en la calle”

Flor de la V recuerda su paso por la cárcel luego de que “el desprecio familiar me dejó en la calle”

Karina Noriega

Hoy activista por los derechos de las trans, rememora su difícil pasado, “que hoy me fortalece y me hace luchar”.

“En el colectivo trans en Argentina seguimos siendo violadas, asesinadas, vejadas y vulneradas”, concientiza Flor de la V (45) en la nota de tapa con GENTE, en la que alerta acerca del incremento de travesticidios durante la cuarentena y repasa sus difíciles comienzos en busca de su identidad.

“La gran mayoría de travestis y trans han sido echadas de su casa a los 13 años a la buena de Dios”, reflexiona la conductora, actriz y activista que, aclara, “hablo desde mis privilegios pero yo también he vivido toda esa violencia“.

Sentís el desprecio de tu familia, tu papá te dice que ‘sos maricón’ y que ‘sos una vergüenza’, que ‘sos inservible’ y tu autoestima queda quebrada. Más tarde llegará ser fuerte para recibir los golpes de la discriminación de una sociedad transfóbica que descarga su ira sobre vos”, explica.

–¿Alguna vez te detuvieron?

–Sí. A los 19 años iba caminando por Santa Fe y Azcuénaga. Por un edicto policial que no permitía que anduviéramos vestidas con ropa de mujer. Pasé una noche en la cárcel. Tuve suerte de que no había nadie más en el calabozo.

–¿Elegirías decir que sos una sobreviviente?  

–A mí me echaron de mi hogar a los 17 años. Ahí tuve que empezar a pelear sin armas, enfrentándome a los que no me querían. Un poco impulsada por la impunidad de la adolescencia y hacérmela de abajo. Hoy tengo 45 y puedo decir que tuve que trabajar de cualquier cosa y que soy una sobreviviente. Fueron todas cosas que me fortalecieron.

Florencia Trinidad también habla sobre las presiones que tuvo en sus comienzos y cómo sufrió el hecho de tener que impostar la voz para parecer femenina y ser aceptada.

“Tengo que sincerarme y decir que al principio no hablé por vergüenza, me daba pudor el tema de mi voz y la presión de tener que hacer una voz femenina… ¿Por qué transformarme y ser de cierta manera? Pagué el precio de ser travesti en esta sociedad: lo he padecido y he llorado“, dice hoy con orgullo, gratificada por el hecho de que hoy la escuchen.

Parte del consejo escolar de padres del Liceo Frances, colegio al que van sus hijos Paul e Isabella (9), se propone aportar su activismo en la diversidad e insistir en la importancia de que se implemente la ESI (Educación sexual integral).

–¿Qué te proponés cambiar integrando la lista llamada Fraternité?

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–La convocatoria de formar parte del consejo de padres del Liceo vino del padre de un compañero de Paul, que es abogado, está muy metido en temas de diversidad e inclusión en el deporte y creyó que estaba buenísimo que yo pudiera participar por mi conocimiento sobre condición sexual y todo lo que tiene con diversidad. Y acepté porque me encantó la propuesta.

–¿No sentiste prejuicios en ningún momento entre los padres y madres del colegio?

–No, desde el día uno siempre me sentí muy incluida y siempre tuve la mejor. Y la verdad que es hermosa la diversidad con la que viven los niños hoy. Creo que los prejuicios los tenemos los grandes. En casa no hay juegos de nena o de varón, lo mismo con el deporte y saben que no hay género en los colores. Eso es algo en lo que ponemos mucho el acento.

–¿Tenés miedo a que sufran discriminación o te tiene sin cuidado?

­–Yo estoy preparada y no me preocupa si los discriminan. Ahora tengo una voz. Soy una mamá travesti del Liceo y lo digo con orgullo. Tienen que respetarme. Y estoy orgullosa de ser una travesti argentina. Me dio todo mi condición: soy querida, pude construir una profesión y nunca me faltó trabajo. En ningún momento se puso en duda: a mí no me interesa ser mujer. Me hubiera operado si fuera así. Me costó años porque me daba vergüenza a mí cuando me ofendían. No tenemos que sentir vergüenza. Sufrí y aprendí y hoy puedo transmitírselo a mis hijos.

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