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Federico Salles cuenta su historia de resiliencia: “Sufrí bullying, me tomaban como chiste, pero no me resigné y luché”

Federico Salles cuenta su historia de resiliencia: “Sufrí bullying, me tomaban como chiste, pero no me resigné y luché”

Leo Ibáñez

Surgido de la comedia musical, los últimos años sorprendió en Animal –la película de Armando Bó–, Franciscus –la obra de Flavio Mendoza– y como el incontrolable villano Gabriel Morel Anchorena, de ATAV. “Nunca imaginé dedicarme a otra cosa”, señala quien hace un lustro está en pareja con Pablo Pamucio (“Planeamos casarnos”), el fotógrafo de moda que tomó las imágenes para GENTE.

“El mío fue un camino difícil. Calculá que soy de Rosario, y nací en 1994: que un pibe estudiara comedia musical generaba revuelo, porque hacía algo ‘de chicas’. Ni las maestras se mostraban conscientes de la situación. Yo era muy solitario, y eso que aún ni tenía orientación sexual”.

Venía de encarar junto a Flor Torrente, vía streaming, una versión adaptada de La señorita Julia, con ensayos por Zoom y las voces en vivo de Stephanie Petresky y mía. ¡Qué locura! A unos meses de aquello, pienso: se anticipó, era el futuro y no nos dimos cuenta”, sigue sorprendiéndose Federico Salles Gribodo (36 desde el 24 de enero), quien se enteró de la cuarentena “mirando la tele desde el sillón de mi casa en Colegiales”.

Lo dice al teléfono, mientras le pasa el trapo al piso, resbaloso por la aventura urinaria de uno –“no revelaré cuál”– de sus tres gatos (Ástor, Rosario y Eladia) o su perra (Azul), y oye la sonora carcajada cercana de su pareja, Pablo Pamucio, el fotógrafo de moda que le tomó las imágenes para la presente nota. “¿Te parece que fui una de las revelaciones de Cantando 2020 en la primera vuelta…? Gracias”, repite la pregunta y la corresponde.

“Lo que yo sé es que retomé el canto luego de una etapa profesional en la que decidí alejarme algo de lo musical y engordar mi parte actoral”, admite aludiendo a sus últimas participaciones en cine (Animal) y televisión (El maestro, con Julio Chávez, y Argentina: Tierra de amor y venganza).

Junto a su compañera de “Cantando 2020”, Cande Molfese. “Me encanta. Vamos descubriéndonos, sorprendiéndonos, adaptándonos”, apunta Fede.
 
 

–¿Qué puertas le abre el programa de eltrece?

–Una llegada a la masividad que no brinda el teatro. En estos tiempos de pandemia, de burbuja, miro el Cantando sin prejuicios. Ver a Norma Aleandro dirigir Franciscus, la obra de Flavio Mendoza en la que participé, me sirvió de ejemplo. Sé que acá puedo encontrar vetas inesperadas. Y, como te comenté, me obliga a una rutina que últimamente no abordaba: ocuparme de la voz. Retomar ese ejercicio, que había soltado un poquito. Aparte, me parece interesante salir de la zona de confort para brindarle a la gente que me conoció bailando y actuando, una conexión desde el canto.

¿Cómo viene sintiéndose en ese escenario icónico que observa y evalúa la Argentina entera?

–La pasamos muy bien. Contar con trabajo en un momento tan difícil ya es motivo para alegrarse. Sumale que es lo que me gusta desarrollar y a la par de dos compañeras generosas, como la genia de Cande Molfese y Stefi Romero, nuestra coach. Vamos descubriéndonos, sorprendiéndonos, adaptándonos: el otro día nos encontrábamos listos para salir a interpretar No me ames, de Jennifer López y Marc Anthony, se terminó el horario y pasamos para el siguiente. Condimentos así motivan.

Su último rol cinematográfico: en “Animal”, como Elías Montero, que pretende venderle un riñón a Antonio Decoud (Guillermo Francella).
En “Franciscus”, junto a Florencia Otero.

–¿Se imagina entrando en algún combate mediático?

–No, mi propuesta es otra. No llegué para subirme a polémicas sino –en este momento especial que corre– para mostrar cuánto amor siento por la profesión que elegí. Claro, respetando la distancia social, que nos condiciona con Cande y nos desafía a encontrar maneras para no enfriar la conexión.

–Allí hay un tercero en discordia, ¿cierto?

–…

–¿Ruggero Pasquarelli?

–Mi compañero de ATAV. Conocía a Cande por ser su pareja y una actriz talentosa, pero no nos habíamos cruzado. Sus antecedentes me entusiasmaron. Y Ruggero, generoso, se aprende mis armonías para ensayarlas con ella. Es la pata internacional del equipo (ríe).

“Los mejores musicales que vi fueron ‘Nine’ (me abrió la cabeza a partir de su puesta y su escenografía), ‘Piaf’ y ‘Hair’. Me hubiera gustado participar en los de los Cuarenta, los de Gene Kelly y Fred Astaire. Ahora me enganchan series como ‘Ozark’, ‘Six Feet Under’, ‘Goliath’ (las tres temporadas, con Billy Bob Thornton) y ‘Fleabag’; y escucho jazz, Stevie Wonder y Tom Smith, para no sentirme tan anciano”, informa sin titubear.

Asegura que nunca se imaginó “desarrollando otra profesión que la de artista. El plan B hubiese sido convertirme en arquitecto, como mis padres (Daniel, de 64; y Patricia, de 63), sé dibujar bien, pero…”, deja abiertos los puntos suspensivos el hermano de Sabrina (39) y Candela (35), quien de niño era habitué del teatro El Círculo, de Rosario, administrado por su abuelo Hugo.

“Salía del colegio y corría hacia allí. Cantaba en el hall, me divertía… Fue algo físico, que despertó mi vocación. Las opciones consistían en mirar la tele, ir al club, o el teatro, y yo no dudé qué elegir: conocía cada rincón, sus catacumbas, las salas cerradas, los instrumentos, me daba entre miedo y curiosidad. ¡El teatro era mi pelotero! Cuando se presentó Drácula, de Pepito Cibrián, morí. Después pasaron Alfredo Alcón, Julio Bocca, el Ballet Nacional de Rusia, los acróbatas chinos, Paloma Herrera, y la fascinación jamás me abandonó”, memora.

“Miraba las funciones desde el gallinero, arriba, algún palco desocupado o desde donde quisiera, acceso libre, tarjeta VIP para mí… Todo súper estimulante”, resume, y de manera espontánea pide que nombremos a Nora González Pozzi. “Sin ella no existiría esta nota para GENTE”.

De niño, con sus hermanas Sabrina y Candela.
Como Gabriel Morel Anchorena, uno de los más malos de “ATAV”, al nivel de Torcuato Ferreyra (Benjamín Vicuña) y Samuel Trauman (Fernán Mirás).

–¿Por qué? ¿Quién era?

–Primero, porque fue la persona que en 1994 abrió el Estudio de Comedias Musicales, dentro de El Círculo. Un día me vio en la oficina y se arriesgó a invitarme que fuera, “porque necesitamos varones”. Al principio me daba vergüenza, ya que los varones iban a jugar al fútbol, no a cantar y bailar. Pero acepté y arranqué… Y después, porque leyó en el diario sobre el casting de Nine, en el Metropolitan 2, que me llevaría a Buenos Aires, allá por 1998.

–¿Es verdad que en “Nine” tenía 14 años e interpretaba a un pequeño de nueve?

–Tal cual. No había pegado el estirón ni cambiado la voz. En Nine, adaptación musical de la película 8 y medio de Federico Fellini, yo personificaba al protagonista de niño. Fue el despegue. Después viajamos y nos presentamos en el casting de Chiquititas, con Cris Morena: mi hermana entró al programa y yo quedé afuera. En 2000 nos mudamos y radicamos en la Capital Federal. Papá se quedó en Santa Fe.


“Mis referentes actorales extranjeros son Joaquin Phoenix y Daniel Day-Lewis. De Broadway, Patti LuPone, Bernadette Peters y Sutton Foster. ¿Nacionales? Elena Roger, Osmar Núñez, Julio Chávez, Ricardo Darin, Guille, Norma Aleandro, Alfredo Alcón… Sí, nuestros héroes nacionales, esos que cuando actúan parece que no lo estuvieran haciendo”, ilustra Salles.

–¿Entonces?

–Empezamos a tomar clases de canto con Víctor Laterra, en Olivos. Yo audicioné y quedé becado en la Escuela de Comedia Musical de Julio Bocca, y estudié teatro con Julio Chávez y Jorge Lira. Además, jazz y tap con Elizabeth de Chapeaurouge. Aprendí de referentes y maestros generosos. También gané una beca para estudiar danza en Massachusetts, Estados Unidos. Pasa que mientras aguardaba el viaje, en 2007 me llamaron y entré como ensamble (así se suele iniciar en los musicales) para la segunda temporada de Sweet Charity. No paré más.

–Tres filmes, diez participaciones en tevé, 21 obras, ocho premios teatrales relevantes (cuatro Hugo, un ACE y un Trinidad Guevara, entre otros). Uno lo analiza y se parece a esos artistas americanos que hacen de todo y bien. ¿Para ser un buen actor hay que poseer una sensibilidad especial, ser metódico, ciento por ciento libre… o estar loco?

Un poco de todo, aunque me parece que la cuestión arranca en el gusto por hacerlo, por jugar. De chico sabía que en algún momento iba a tener que trabajar, y quería que fuera de algo que no sólo me permitiera pagar las boletas. La disciplina te permite construir tu carrera y chocar contra tus impedimentos, hasta que después de 180 ensayos te sale lo que creías que nunca te iba a salir. Claro que el esqueleto es la historia de la que partís y la manera en que la expresás.

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“El coronavirus desnuda situaciones de la industria de los artistas que estaban pendiendo de un hilo y ahora quedaron en evidencia. El streaming es un ejemplo de creatividad que genera un nuevo lenguaje, pero no termina de ser la solución para nosotros”.

“Es tímido y de bajo perfil”, define Fede a Pamucio, su pareja, rosarino, como él, y de su edad. “Nos conocimos de casualidad, por un video que debíamos hacer para amigos. Tocó el timbre de acá, de esta casa, y nos presentamos. Con los días lo invité a salir”, relata los inicios de su relación.

Él intentaba superar una etapa dolorosa, ya que, volviendo de vacaciones, en un accidente de auto falleció su anterior pareja. Le podría haber ocurrido también a Pablo. No esperaba conocer a nadie. Se alinearon los planetas y, de a poco, respetuosos de la dura situación previa que había experimentado, comenzamos a compartir la vida. Ahora somos muy felices. Admiramos el trabajo del otro, y nos enriquece”, manifiesta, y confía:

“Pensamos casarnos. Es un plan que hablamos en la intimidad, a futuro: hoy sólo nos enfocamos en que quede atrás la pandemia”, señala desde su balcón, abundante en plantas y con vista despejada, “que me recuerda a mi departamento frente al Monumento a la Bandera y el Río Paraná”, menciona Salles, vegetariano como su novio, “y el que, de ambos, termina afrontando la mayoría de las tareas rutinarias de la casa, ya que mi madre nos adiestró a manera de servicio militar amigable. Si bien Pablo, admito, cocina mejor que yo”, agrega.

En plena acción, en el ciclo nocturno de LaFlia, que sale por eltrece. “Las nuevas generaciones de artistas siempre nos enseñan. Por ejemplo, yo era bastante renegado con las redes. Hasta que los más jóvenes me ayudaron a naturalizarlas. En la actualidad las considero una herramienta necesaria para mi trabajo”, subraya antes de jugar a reconocer sus defectos: “Dos, que a veces tardo en contestar los mensajes, y la ansiedad. Trato de trabajarla. Fui ganando en confianza”, completa.

–¿Cómo transitó el camino hacia la apertura sexual. ¿De forma natural? ¿Lo padeció?

Fue difícil. Calculá que yo soy de Rosario, y nací en 1994: que un pibe estudiara comedia musical generaba revuelo, porque hacía algo “de chicas”. Sufrí bullying, me tomaban como chiste, pero no me resigné y luché. Estaba instalado. Ni las maestras se mostraban conscientes de la situación.

–¿Cómo se mostraba usted?

–Yo era muy solitario, y eso que aún ni tenía orientación sexual. Pese a que siempre me costó el tema del colegio, me sirvió para afianzar el convencimiento de que lo que quería hacer no era pasajero y que valía la pena poner el cuerpo por ello. Me llevó un tiempo definir qué me gustaba y permitírmelo. La mentalidad general indicaba que un gay renunciaba a la familia y a tener hijos. El mensaje subliminal era que carecías de los mismos derechos. Es tan bueno el cambio de concepción como importante seguir defendiéndolo.

Desde su hogar de Colegiales, besando a su perrita Azul.

–¿Con qué tuvo –y tiene– que ver tal cambio?

–Con un ejercicio de empatía. En este viaje de ir encontrando el cómo, mis papás se fueron transformando y yo también. Había que enfrentar el prejuicio de que tu condición sexual te limite la posibilidad de trabajo. Y a los chistes estigmatizantes. Modificar las construcciones que aceptábamos como algo preestablecido abre un horizonte. La vida me enseñó que las mejores decisiones son las que te hacen feliz, tanto en lo laboral como en lo personal. Y que no sólo son las mejores: son las más sanas.

–¿Se imagina qué habría sucedido con usted si no decidía ser actor?

–Me deprimía pensar que laburaría en una oficina y a qué me dedicaría cuando terminara el colegio. Entonces me esforcé por formarme de la mejor manera posible para un mundo difícil. Cuantas más herramientas, mejores posibilidades. Y siento que con ese enfoque no me equivoqué.

Fotos: Cortesía de Pablo Pamucio y F.S.G.
Agradecemos a José Valosen (traje).

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