Natalie Pérez: “Necesité desintoxicarme de todo” – GENTE Online
 

Natalie Pérez: “Necesité desintoxicarme de todo”

Nota de tapa
Nota de tapa

Tras un “intenso” 2019, emprendió un viaje solitario por México, “a tal punto de pasar mi cumpleaños conmigo misma, en el medio de la nada”. Así dice haber logrado “limpiarme de algunos vínculos, pensamientos negativos y de las etiquetas”. Entonces nació Détox, su nuevo disco. Hoy, “iluminada y segura como nunca”, se entrega a una charla íntima y reflexiva sobre las lecciones de ese camino personal.

Zapaba para Rope –su perro y “mejor amigo”–, su gato Volador y su gata Varela cuando sonó el teléfono. La invité a hablar de música (de la música que hablará de ella). Y se entrega “liviana” a una charla de té, sol por la ventana y reflexiones de un “confinamiento disfrutable y de muy poca quietud”. En horas –4 de noviembre, día de su cumpleaños– Natalie Pérez lanzará Détox, el disco gestado entre un “escape” a México y el “retiro” en su depto de Villa Urquiza.

Gana el fan y es imposible empezar sin antes hablar de su Pilar Araujo en Casi feliz (Netflix), de “ser escrita” por Sebastián Wainraich y dirigida por Hernán Guerschuny. O de la nominación al Emmy Internacional de Pequeña Victoria (Telefe), ficción en la que le dio piel a Bárbara Salvatierra –ya veremos–, responsable de una de las grandes decisiones de su vida. Aquí está el pie para hablar de dones y pasiones. “¿Quién nació primero: la actriz o la cantante?”, pregunto. “¡La modelo!”, dice con gracia. “Podría decirte que mi carrera artística comenzó en una pasarela. Tendría ocho, nueve años cuando desfilé para una marca de ropa de chicos para la que trabajaba mi tía. Y en una oportunidad, en camarines, conocí a una productora de una revista infantil que me dijo: ‘¿Te gustaría hacer fotos?’. Nada me fascinaba más que me maquillasen y peinasen. Así tuve mis primeras tapas (risas). Iba todos los viernes y me pagaban diez pesos por jornada”. Tiempo después llegaría a El Club del Arte, la escuela de comedia musical de Alejandra Fontán (hermana de Claudia) en la que estudiaría, a la par de una serie de castings que la convertirían en Victoria Bustamante en Chiquititas (Telefe, 1999). “Tuve la suerte de nacer afinada. Porque podés entrenar y mejorar, pero es algo que se tiene o no se tiene”. Poco después, el destino se encapricharía fuerte “y muchos de mis trabajos de actuación me exigían cantar. Nunca más pude separarlos. La música necesita interpretación, y para interpretar se necesita sentir y experimentar con la actuación. Luego se hizo necesidad, prueba personal y estilo de vida”.

–En tu primer disco pedías Un té de tilo, por favor (2018), “para bajar un cambio en la vida”. Dos años después necesitás un Détox... ¿Por qué, de qué?

–En noviembre del año pasado decidí hacer un viaje de 29 días a México: visité el DF y Tulum (donde rodó Te quiero y nada más, primer corte lanzado en marzo). Estaba agotada de todo. A tal punto de querer pasar mi cumpleaños sola, en medio de la nada. Sentí que debía desintoxicarme del trabajo agobiante, de algunos vínculos, de los pensamientos negativos y de las etiquetas.

–¿A qué etiquetas te referís?

–A las de “la actriz que canta” o la de “la cantante que actúa”. Tan sólo hago lo que me gusta. Lo que surge. Así es mi oficio, mi vocación. Y no me banco la necesidad ajena de esos rótulos mezquinos.

–¿Por qué México?

–Durante mi infancia adoraba a Thalía y soñaba con ir a cantar Tequila, tabaco y ron (risas). Al crecer, en este medio fui escuchando: “¡Tenés que ir a México, la vas a romper!”. Nunca me animaba. No tenía tiempo. Siempre había un “pero”. Y ahora, que Spotify y YouTube te dan las herramientas para saber el origen de tus seguidores, descubrí que en ese país había mucha gente interesada en mi música. Entré de lleno a mi primera experiencia y fue grandioso. Canté con Los Caligaris en el Foro Sol. Después de cruzarme con Los Auténticos Decadentes me invitaron a tocar un tema. Además, participé de un Sofar Sounds (recitales íntimos con un cupo limitado de un público que paga entrada para escuchar a artistas sorpresa). Sentí como que los planetas iban alineándose y todo fluía inesperada y naturalmente.

Como es “orgullosamente influenciable por los sonidos hispanos”, Détox no escapará a cierta esencia azteca. “En el camino conocí artistas que me ayudaron a resolver ideas que habían viajado conmigo desde Buenos Aires”, anticipa. Pero revela que la inspiración se ha prendido de experiencias personales en aquellas tierras, que van “desde el mezcal a algunos amores que se fueron sucediendo”. Esta vez (la tercera, contando el segundo disco versión “de luxe” de Un té de tilo, por favor), “después de armarme con otros recursos” (estudió música e instrumentos), el proceso de composición fue “diferente”.

–Antes de avanzar sobre las influencias –especialmente las de esos “amores” que encontraste en el camino–, hablemos de ese proceso de construcción. ¿Cómo debe ser esa atmósfera, ese ámbito de creación?

–Cuando estoy cruzada, con alguna revolución hormonal, tengo los astros en contra o simplemente estoy de mal humor, mi casa lo refleja: me extravío en el desorden. Durante dos o tres días pierdo el equilibrio. En confinamiento, me di cuenta de que para estudiar o componer necesito indefectiblemente un orden visual. Entonces, durante ese proceso y como un mecanismo, suelo armar el espacio: ordenar la casa por la noche para despertarme con todo en su lugar y comenzar un lindo día desde el principio. Muchas melodías nacieron en mi auto... No sé, hay algo que se dispara con la concentración al volante. Y también el baño me resulta un gran lugar de composición. Cuando voy a bañarme dejo mi teléfono grabando audio mientras intento melodías. Albert Einstein alguna vez se preguntó: “¿Por qué las mejores ideas me surgen en la ducha?”.

–¿Encontraste respuesta?

Se estima que el cerebro trabaja mejor en ese instante de soledad en el que uno se relaja y se aleja de presiones y prejuicios. Pero más allá de esa teoría, a mí me sucede algo especial en el contacto con el agua. El sonido de la corriente, su deslizamiento, su envolvimiento, no sé... Yo, que lo único que sabía de música era “do, re, mi”, creé las mejores canciones del disco anterior mientras lavaba los platos... ¡No pongas eso de título, por favor! (bromea).

–Te propongo un recorrido por las canciones de Détox. ¿Podrías hacer el link entre cada una de ellas y tu historia personal? Comencemos por Penita de mi corazón...

–Nació después de que alguien jugó con mi corazón. Un amor pasajero que tuve en México. Una historia que no debía ser. Un descuido.

–Incendio perfecto...

–Habla de un amor que no puedo olvidar, como aquellos incendios... (risas).

Varada en Villa...

–Pandemia. El encierro que me llevó a pensar: “¿Y ahora? No tengo nada. No tengo a nadie” (hace un año terminó un vínculo de casi siete, y luego explicará “y ahora necesito mi propio vuelo, mi propio espacio, mi tiempo, mi reencuentro conmigo”). Aprendí a divertirme con lo que hay, con lo que soy.

–Te quiero y nada más...

–La historia de una amiga a la que ayudé a mudarse luego de una fea separación. Y un final que sintetiza todo: él se llevó al perro y le dejó las plantas.

–Détox...

–Está dedicada a la toxicidad de algunos amores y hasta a la de uno mismo. Va de que nadie debe ser capaz de dar un permiso, de dar libertad o de quedarse donde se sufre. Está inspirada en varios casos reales que la gente me envía a través de las redes. Me cuentan dramones diciendo: “Podrías hacerte un temazo con esto”.

–Flasheé en colores...

–Se trata de un trip amoroso que me hizo decir: “Esto no puede ser real”. Y no, no era real. Pero hay algo peor que la ilusión no prosperada: sé que él también está enamorado de mí. Cada vez estoy más convencida de que el amor verdadero es imposible.

–Ser guitarra...

–Una historia que inventé por la fascinación que me despierta el talento de los guitarristas. Mi frase es: “¡Qué bien la toca!”. Cuenta ciertos celos de una guitarra, el deseo de ser tratada como ella, con esa pasión, esa precisión.

–Fuera del mundo...

–Habla del amor universal y de estos tiempos de confinamiento. De la necesidad de tener una experiencia más allá de todo con la persona favorita.

–El amor atraviesa el repertorio completo. Es el denominador común de todos los temas... Hay una frase que me llamó la atención: “El amor verdadero es imposible”. ¿Podés explicarlo?

(Risas) Un poco es así. Será porque tantas veces me ha tocado interpretar esos amores encarnizados, sufridos, como cuando fui Camila o Clementina (en El diluvio que viene) o Wendy (en Peter Pan)... Yo tengo muchos amores imposibles. Hay un libro espectacular que se llama El único final para una historia de amor es un accidente (de João Paulo Cuenca)... (risas). Y Platón decía: “No existe hombre tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe”. Es así. El amor es para valientes.

–En definitiva, y sin embargo, seguís enamorándote...

–¡Me enamoro facilísimo! Y enamorada soy fatal: me desvivo, enseguida caigo en el deslumbramiento, en la admiración. Se me despierta una especie de adoración. Cuando amo, amo. Soy escorpión. Pasión. Pero hace mucho que no estoy enamorada y me gustaría saber cómo seré en ese estado la próxima vez.

–Hablaste de encuentros, de personas que encontraste en este viaje. ¿Por qué ninguna historia prosperó?

–Todos mis ex, todos mis “amores” siguen llamándome, así que de alguna manera han prosperado, ¿no creés? Algo bueno habré dejado en cada sitio. Eso es éxito. Después de todo, creo que aprendí mucho.

–¿Qué aprendiste del amor?

–Que el amor no debe doler. Que es respeto. Es cuidado. Es ayuda. Aprendí que el amor real es libertad, que nadie le pertenece a nadie. El amor es acompañar. A mí no me gusta decir “novio”, sino “compañero”. Porque novio me da a “no vio”. Y novia es “no vía”: “no cauce”, “no salida”. Y uno tiene que apuntar a eso: a tener un par. Y, claro, a amarse uno mismo primero. Hoy, después del détox siento que voy recobrando ese amor propio que había perdido por la vida loca y el trabajo desmedido, para el que no suelo medir el nivel de entrega y energía. Siento que atravieso una etapa de limpieza, de acomodamiento de la sabiduría que deja la experiencia y de los “qué quiero”. Como que estoy preparando “la casa” para recibir a un nuevo amor. O tal vez sea alguno que ya ha pasado y vuelve. No sé... ¡el amor es tan extraño! De las pocas cosas de las que uno no tiene control en esta vida.

Entonces, de amores que no aparecen a “casas” preparadas, llegamos a la consecuencia de un deseo que a principios de marzo se convirtió en noticia con el peor titular: “Natalie Pérez sufrió una hemorragia interna después de hacerse un tratamiento para congelar óvulos”. Así recuerda lo sucedido. “A los 15 años dije que sería mamá sola. No tengo idea de por qué lo aseguré. ¿Me habré enojado con los hombres en algún momento? Pero fui una adolescente muy de avanzada”, dice. “Sí, claro que mi objetivo es formar una familia, porque el mejor ejemplo es la mía. Pero a veces siento que el tiempo me aprieta y es demasiado fuerte el anhelo que hay en juego”.

Natalie da cuenta de que ya está bien. Que “afortunadamente el episodio coincidió con el encierro obligatorio. Lo que no sólo ayudó a dedicarme a los cuidados indicados sino también a madurar, recapacitar, entender”.

–¿Cuál es el saldo de esa experiencia?

–Aprendí que uno debe preguntar TODO antes de cualquier intervención, sin miedos ni pruritos. Porque para los médicos nunca pasa nada. El plan era: “Te lo hacemos a las 9, a las 11 te vas y a las 15 ya estás entrenando. Será sólo una molestia”. Y cualquier operación, por más mínima que sea, conlleva un riesgo. En este caso yo podía haber perdido un ovario, por ejemplo. Y yo no lo sabía... De hecho, tenía cerrada mi participación en el Lolapalooza, que finalmente se suspendió. Fui a congelar mis óvulos muy movilizada, porque así se vive este procedimiento cuando la decisión es individual, sin un compañero al lado. Me presenté con el tratamiento hormonal (que se realiza durante la semana anterior) y los análisis previos pertinentes: todo estaba perfecto. Durante la extracción –a través de una cánula– hubo como un “goteo” interno de seis horas, lo que provocó una hemorragia que se siente parecida a una peritonitis. Y como hizo reflejo en la espalda, fue como si me atravesaran la nuca con un cuchillo. Por primera vez en la vida supe qué es el dolor. Pero gracias a Dios no hubo secuelas y todo funciona correctamente.

–A priori, y opinando porque siempre es fácil, uno podría decir: “¿Por qué tan rápido? Todavía es muy joven”.

–Son muchas las mujeres que han sido madres después de los 40, pero también conozco otras, tan jóvenes como yo, que debieron recurrir a otros métodos para serlo. Suponte que tengo 39, logré tener un hijo y a los 43 quiero otro. ¿Podré? Nosotras tenemos mucho a favor, pero no siempre. Entonces, bienvenidas las herramientas que nos da la ciencia.

–¿Cuántos óvulos tenés congelados?

–Veintidós. Ojalá nunca los necesite. De ser así, y llegado el caso, voy a donarlos a alguien que también desee generar vida.

–Tengo entendido que tu decisión nació mientras grababas Pequeña Victoria...

Sí. Así me enteré y me convencí de que sería un buen camino para concretar mi deseo. De repente descubrí una nueva forma de familia, que además fue el gran mensaje del ciclo, una de las lecciones que marcaron mi vida. Porque, además, conocí el mundo de las chicas y los chicos trans. Viví de cerca, entendí y me hice amiga de esa realidad. Cuando me contaban sus historias yo pensaba que a mis diez años, mientras jugaba a cantar y a bailar frente al espejo, había niños desesperados –y muy valientes– buscando la forma de transformar sus vidas. Me enseñaron que uno debe tratar de ser feliz a toda costa, como se puede y como se quiere.

Natalie confirma el regreso de la ficción de Erika Halvorsen y Daniel Burman, “en diez capítulos de treinta minutos” –aunque sin Inés Estévez (su compañera en Ay, Juancito (2004)– “y con riguroso protocolo sanitario para las grabaciones”. Volver a Telefe, según dice, “es volver a la casa donde crecí y aprendí” y en la que “siempre es hermoso reencontrarse con el mismo equipo técnico al que conocí a los doce años”. Y entonces hablará de otro regreso que le sabe bien...

–Considerando tu gran pasión, ¿por qué dijiste “no” a Cantando (eltrece) y “sí” a MasterChef Celebrity (Telefe)?

–Dije “no” a Cantando precisamente por eso: porque no haría un reality con mi pasión. En cambio, en MasterChef la protagonista es la comida. Fui convocada en primera instancia (como titular), pero consideré que insumiría mucha demanda física y de tiempo, además de implicar estar metida en un estudio durante tantas horas, con mayor riesgo de contagio de Covid-19. Entonces hablé con la producción (BoxFish) y les prometí de palabra que en caso de necesitar reemplazo estaría lista (tomó el lugar de Ezequiel “El Polaco” López Cwirkaluk mientras él estuvo afectado por el virus). Cocinar es terapia para mí. Me gusta abrir la heladera e improvisar haciendo lo mejor con lo que tenga, ¡como en la vida misma! Fui a grabar feliz, más como televidente fan que como competidora. ¡No podía creer estar frente al jurado que veo todos los días! Morí de vergüenza cada vez que presentaba mis platos... ¡Hay que complacer a esos paladares que probaron lo mejor del mundo entero!

Concluye que Détox refleja “un antes y un después” en dos estadios: “La intoxicación y la iluminación”. Y asegura estar hoy “iluminada”. Lee la cuarentena como “el año sabático que jamás pude tomarme” o “las vacaciones en casa” que capitalizó en formación. “Me di cuenta de que me faltaba ver películas, leer un poco más, componer y recibir clases de canto, de piano y de guitarra”. Cuando cortemos seguirá zapando para su perro y sus dos gatos, “rescatados y adoptados en enero, los únicos a los que les gustan los mimos en la panza”. Su “cable a tierra”, como los llama, pero no su única compañía. “En estos siete meses de estricto encierro me encontré encendiendo una vela a diario, rezando. De repente dije: ‘El mundo es demasiado grande para sentirme sola’. Cuando apoyo la cabeza sobre la almohada, en el instante en que nos sentimos realmente solos, quiero creer que hay alguien que me cuida, con quien puedo hablar, y encontrarlo en cualquier aspecto de la vida. Yo me acompaño de Ángeles, de Vírgenes, de Dios, de gente que ya no está en este plano pero sé que me ayuda. Me sorprendí muchas veces llorando y hablándole al aire, sintiéndome acompañada. Hay que estar permeable a las señales. Spinetta decía: ‘Debes luchar si quieres descubrir la fe’ (parte de Quedándote o yéndote) y a mí me llegó la chance en este confinamiento”.

En este contexto, dice estar viviendo su “mejor momento”. Porque “siempre elijo pensar que el hoy es el momento más lindo. Así se disfruta la vida. Me siento madura, tranquila y segura con lo que hice, con lo que soy y con cómo me manejo. Tres palabras importantes para alguien de 34 años, ¿no?”.

Agradecemos a Morena López Blanco.

Vínculo copiado al portapapeles.

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