Rochi Igarzábal: «Los estereotipos de belleza son peligrosos, porque te hacen sentir que no sos suficiente» – GENTE Online
 

Rochi Igarzábal: "Los estereotipos de belleza son peligrosos, porque te hacen sentir que no sos suficiente"

La ex Teen Angel habla sobre las presiones que sufrió para estar "perfecta" cuando era parte del fenómeno pop creado por Cris Morena, la importancia de la sororidad, la fama como "cárcel", su evolución como compositora y cómo es criar a una hija mujer en el contexto social en el que vivimos. 
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Rocío "Rochi" Igarzábal (31) se explaya sobre los malabares que hace con la vuelta a clases de su hija Lupe (4), que arrancó sala de 5, y analiza, sin pose: "Tiene sus pro y sus contra. Lo bueno es que este laburo –el de cantante full time– te permite acomodar tus tiempos". Aunque enseguida remarca: "Bueno, es difícil que el desorden tenga una rutina". Al respecto se resigna y se alivia a la vez: "Tenemos la rutina de la no rutina". Lo que sí es seguro: el regreso de la pequeña al contacto con sus pares, después de un año de encierro, era "fundamental".

En medio de esas responsabilidades, además de lidiar con la "manija" de su novio, Milton Cámara, quien oficia de músico y manager, al tiempo que se ocupa de atender a la hija en común, analiza las secuelas que le dejó la fama al crecer al calor de la fabricación y consumación del fenómeno pop de Teen Angels, la división musical de Casi Ángeles, una creación de Cris Morena que coqueteaba con el deber ser y reproducía estereotipos de belleza que hoy califica como "una mochila".

En una intensa y reflexiva charla, la actriz habla sobre las presiones de la belleza hegemónica, la importancia de la sororidad, la fama como "cárcel", su evolución como compositora (pasó de ser una popstar a pedido a una artista low-fi que ama los boleros) y cómo es criar una hija mujer en el contexto social en el que vivimos. 

Su nueva vida como madre, luego de conocer a Milton en un viaje a México como mochilera, incluye que en su casa en Tigre la huerta haya sido refugio en pleno aislamiento obligatorio. "Eso nos ayudó para poner el límite sano con la tecnología, al tener tanto tiempo libre", reflexiona mientras hace énfasis en la importancia de lo empírico.

–¿Qué límites solés ponerle a tu hija?

–Al no tener tele en casa, Lupe de antemano ya sintió de entrada que es importante hacer otras cosas. Está mucho en su cuarto y escucha música todo el día. Además pinta, juega con una cachorra nueva que tenemos, entra y decora su cuarto, se maquilla... Está en un momento en el que todo el día está lookeada. Sale con el vestido de brillos, el peinado y la corona. Al ir a casa de los abuelos se le permite que vea algo de tele o más pelis.

–Me decías que tu hija pone mucha música por iniciativa propia. ¿Qué elige escuchar?

–En un momento empezamos a ver videos pop de los noventa, del estilo de los de Christina Aguilera, que yo veía cuando era chica, o las Spice Girls. Está fascinada con eso. Además, le gusta la música de las películas y la que escuchamos nosotros, que estamos mucho con la salsa y el bolero. Se le pegan muchas canciones que nos gustan a nosotros. Por ejemplo, canta perfecto a Mercedes Sosa.

–A las nuevas generaciones uno no se las imagina escuchando Mercedes Sosa pero sí reggaeton, que suena mucho en la radio y se les pega por ósmosis...

–Sí, tal cual. Es mucho de lo que se consume en mi casa. Toda la música con la que crecí me marcó y siempre fue muy variada. A mí me divierte poner reggaeton para limpiar y pasarlo bomba con Lupe. Después, el 80 por ciento de lo que se escucha en casa es un estilo más histórico o de nicho. Esa música no tan comercial, que ella también consume con nosotros.

–Tu estilo fue mutando muchísimo. ¿Cómo fue esa transformación?

–Fue como sacarme capas y desaprender hábitos, mecanismos, de los lugares artísticos donde estaba, que siempre fueron proyectos ajenos a lo que era yo. Porque todas las tiras y discos que grabé eran creaciones ajenas, por más que uno arriba del escenario alza la bandera y sale a defenderla. Y en un punto, pasando la adolescencia, pasé a tener curiosidad sobre lo que yo en esencia quería contar y transmitir. Ahí fue el punto de quiebre, mi viaje a México, donde me saqué muchas capas y conocí a Milton, que es hoy mi compañero de vida, quien me ayudó mucho a sacarme algo... como impostado, podríamos decir. Y a sacar de mí lo que me salía del alma.

–¿Cuál fue la inspiración para la música que hacés y elegís?

–Allá en México me marcaron mucho cantautoras como Natalia Lafourcade, Ximena Sariñana o Carla Morrison. Fueron muchas artistas, que empezaron a encenderme la llama de que quería escribir mi música y buscar mi identidad y mi lugar, pero en mi país. Creo que uno siempre quiere volver al lugar donde tiene la raíz y desde ahí salir para afuera. Así es que volvemos a Argentina, yo embarazada de Lupe, y empezamos a componer el primer disco, que se llama Entre los árboles. Ese álbum lo pude presentar en La Trastienda, donde me reencontré con artistas como Lali, Cande Molfese y Mery Granados.

De cualquier manera, Rocío sabía que el primero no era más que "un experimento" y que aún quedaba mucho por bucear en su interior. "El primer disco fue más pop tal vez, pero me sirvió para marcar lo que uno no quiere, que es lo que a veces ayuda a delimitar el camino", sentencia.

–Los "no" ayudan un montón: saber lo que no querés no es poca cosa. Por eso mismo, la presión de lo hegemónico también fue un límite para vos, cuando fuiste parte del invento Cris Morena, en el que todos eran "hermosos" y no había disidencias...

–Sí, lo recuerdo... Mirá, tengo como imágenes gráficas en las que sentía mucho peso en la vida, en el sentido de que los pensamientos me pesaban. Había sufrimiento y sensación de impotencia, porque en el momento en el que hacíamos Casi Ángeles estábamos todavía muy dormidos. En el sentido de los estereotipos de belleza más que nada: hay que ser flaca, rubia, divina, tener el pelo largo, estar bronceada... Eran un montón de cosas que para un ser humano en plena adolescencia, que estás con todo a flor de piel, tenían otro efecto.

–¿Cómo le pesaban esas cosas a la Rocío de entonces?

–Era difícil encontrarte en cosas superficiales cuando no hay nada más lindo que la diferencia entre todos y todas, y cada uno con su marca personal. Eso me llevó a lugares en los que me encontré sin amor propio, sin quererme a mí misma. Estaba atravesando un momento en el cual pesaba lo que me reflejaba el espejo, esa sensación de sentir que no era suficiente, y muchas presiones que la mayoría de las mujeres sufrimos en desventaja con respecto a los hombres a nivel exposición.

–¿Cómo saliste de ese lugar y con ayuda de qué o de quién?

–Empecé a pensar qué herramientas tengo yo como para poder trabajar todo lo que a mí me interesa de mí misma, que es mi equilibrio, mi energía y lo que yo tengo para contar. Hay un lugar en el que todos tenemos una misión especial o algo para hacer, y yo a través del yoga, la meditación y de estar con personas como yo, me dio la fortaleza de saber que me tenía que ir lejos (a México) para saber quién era. No es que fui a "encontrarme a mí misma"; era más verme en rutinas completamente descolocadas de la vida, que me hicieron sentir más liviana y en el momento presente.

–Respecto de eso que decías de que te sentías "tan pesada" e impotente, ¿cómo hacías para manejarlo al ser tan chica? La mayoría de las figuras públicas de aquí han empezado trabajando siendo niñas. ¿Vos sufrías pero se lo podías contar a tus padres?

–Fue en un momento en el que no pude más y pedí ayuda, porque no podía disfrutar más de lo que más amaba, que es estar arriba del escenario. Mi sueño de cantar, bailar y actuar me estaba empezando a afectar. Fue una charla con mis viejos y mis amigas, a partir de la cual empecé a poner todo en palabras y luego en acción. Toda mi familia me acompañó de muy cerca. Lo fundamental fue la decisión de parar, de asumir que estaba teniendo una distorsión de mi propia imagen. Eso me afectaba el vínculo con otras personas y lo de vivir de lo que amo.

Dice que desde ahí, poner en palabras lo que pasaba y buscar ayuda fue fundamental para superar esa distorsión que le generaba el espejo. "En ese momento llegaron las personas adecuadas, mi terapeuta, mis hermanos y mis viejos, que cumplieron un rol fundamental para descubrir quién era en realidad.

–Hablando de la fama, tal vez para alguien tan chico como eras vos, ¿llegó a ser una "cárcel" a nivel conceptual?

–Cuando te subís al escenario se abre el telón y hay una ola gigante de energía, desde 5 mil personas a 120 mil que juntamos en La Plata con los Teens... Sentís que hay una energía tremenda para un ser insignificante. Por otro lado, está la de "quiero bajar al chino en pantuflas y no puedo, porque me interceptan 80 personas en el camino". Esos detalles de la vida cotidiana que uno pierde.

–¿Cuáles fueron los momentos de mayor euforia que te tocó vivir con los Teens?

–Una de las más grandes fue que una fan de Israel trabajó durante un año y me envió a mi casa una Fender. En la carta, escrita en hebreo, decía: "Todos los ahorros de este año fueron para vos, para que tengas tu guitarra". Otra: una fan viajó especialmente desde España para vernos y fue... ¡a diez funciones distintas! A la salida de un teatro me dijo: "Me compré diez entradas para verte".

–¿Te quedaron algunas inéditas...?

–Sí, me acuerdo de estar de vacaciones en Uruguay con mis viejos y que vengan, seis, siete a saludarme, gritando, y me tiraron al piso. Mi papá terminó ordenando: "¡Déjenla!". Después, me ha pasado que tuvimos que correr con los Teens, porque nos perseguían los fans, o alguna fan estaba escondida en algún lugar impensado.

–¿El grupo de chat con 'Casi Ángeles' sigue vigente?

–¡Sí! Seguimos y cuando de repente sucede algo, estamos de estreno o hay algún logro laboral, se reactiva. Ése es el código que se maneja y siempre está la idea de encontrarnos y que deje de ser por chat. Veremos cómo puede llegar a ser...

–Con la reposición de 'Casi Ángeles' en la pantalla de Telefe... ¿cómo fue verse tanto tiempo atrás?

–¡Lo comentábamos y nos reíamos de nuestras caras tan púberes! Pensá que seguimos creciendo, muchos con hijos y otros viajando por ahí, y de repente te encontrás con chicas que están viendo el programa en una plataforma digital y te saludan como en esa época. Lo hacen como si tuviera los 16 años de esa época... ¡Es impresionante!

–¿En esos tiempos de tanta fama, con Lali, la China Suárez y vos, entre otras chicas, eran confidentes? ¿Se protegían? ¿Se defendían mutuamente?

–Sí, pasamos muchas cosas juntas: horas, noviazgos... Había una complicidad muy linda entre mujeres. Yo compartía camarín con Mery del Cerro. Charlábamos horas sobre las cosas personales de cada una y nos dábamos consejos.

–¿Cómo vivís este momento disruptivo del feminismo, que con las marchas de Ni Una Menos ya va a cumplir seis años? ¿Cómo te transformó a vos?

–La unión y la fuerza que hoy tienen las mujeres a mí me potenció muchísimo y me hizo desaprender cosas a la hora de cómo vincularme con mi hija, de cómo hablar de su cuerpo, por más que sea chiquita. Esto de los comentarios que tal vez tenemos incorporados, que las generaciones mayores aún continúan haciendo énfasis en si estás más flaca, gorda, fea, que te queda mejor el pelo largo... Por eso estoy muy atenta de no hablar con Lupe acerca de su cuerpo, que si se pinta está más linda, por ejemplo.

–¿La presión de las redes o la mirada de los haters te afectan o te tienen sin cuidado?

–La verdad, ya no me afecta. Sinceramente, fue tanta la profundidad a la que llegué que no me molesta. Es como yo me encuentro aceptando las maneras de otras personas.

Fotos: Loli Laboureau.

Make up: Marina Sahores.

Estilista: María Blardone.

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