Mariano Caprarola: “Tengo todo lo que tiene que tener un hombre y todo lo bello de una mujer” – GENTE Online
 

Mariano Caprarola: “Tengo todo lo que tiene que tener un hombre y todo lo bello de una mujer”

El showman que “abrazó su artista de chico” y a fuerza de carisma se convirtió en el productor artístico número uno del país y en una figura entrañable de la televisión, repasa su fuerte historia personal y sexual, y confiesa que, en la adolescencia, tuvo una novia de la que estuvo enamorado.
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“Nací el 12 de agosto de 1974 y mis papás no me esperaban”, arranca contando con la sinceridad que lo caracteriza y los ojos brillantes bien abiertos, Mariano Caprarola (46), el integrante de La Jaula de la Moda que pasó de encargarse del styling de las mujeres más reconocidas del país a estar disfrutando del contacto directo con el público que tanto le llena el alma. Volviendo a su historia, y a la de Bocha y Fadi –sus padres–, él detalla: “Ellos tenían 40 años cuando llegué al mundo y decidieron que, entre todos mis familiares, iban a malcriarme”.

–Fuiste el menor de los Caprarola. ¿Cuántos hermanos son?
–Éramos 4 (hace silencio). Alejandro, el mayor, se nos murió hace cuatro años de un cáncer fulminante y fue tremendo, porque él en mi vida tenía el lugar de mi papá. Él se encargaba de todo. Y su partida fue un antes y un después. Te diría que ni se compara con la muerte de mi papá que sucedió cuando yo tenía 12 años. En aquel momento, me quedé sin “nos”: podía ir a bailar, hacer cosas que otros chicos no hacían… digamos que viví una adultez antes de tiempo.

–Y una adolescencia sin límites
–Tal cual. El único límite que nunca toqué fue el de la droga.

–¿Nunca consumiste?
–Probé cocaína una vez. Bah, ni siquiera sé si me ingresó en el cuerpo porque el miedo a acércame adonde estaba la sustancia hizo que ni lo inhale. Fue un falso estreno. Es que miré alrededor lo que pasaba y vi un mundo tan tóxico que hizo que no quisiera entrar en ese camino.

–¿Muchas veces estuviste en círculos complicados?
–Sí, no lo voy a negar. Y lo primero que se me viene a la mente es cuando hice el reality show Confianza ciega. En ese momento tuve una exposición enorme porque logré darle al programa lo que esperaban de los heterosexuales y explote al 100% lo que era ser un chongo porque mi cuerpo era tremendo: era joven, marcado, y no tenía cirugías ni nada. Y en ese momento mucha gente se me acercó y hasta me ofrecieron prostituirme, ¡y yo era un chico del colegio Lincoln de Belgrano! Tenía otros principios y me había metido en un mundo donde me llevaron a ser un chico codiciado.

–Tenías 22 años. ¿Qué pensás cuando te ves en retrospectiva?
–¿La verdad? Me veo y digo “qué payaso”. Y tengo la valentía de decirlo porque soy un tipo que aprendió a no tener miedo de contar las cosas. O sea, cuando me operé la cola pude sentarme en la mesa de Mirtha Legrand a decir que me pusieron metacrilato y que me abrieron los glúteos en forma de gaviota para sacarme ese producto porque me iba a morir. De grande me puse revelador, verdadero.

–¿Qué te llevó a esto?
–Pegarme palos. Muchos. También tener malas compañías y tomar malas decisiones en el amor.

–Para muchos tu vida amorosa es un misterio. ¿Cómo viene siendo?
–Te lo pongo así: yo soy un tipo que ama a Fabiana Cantilo pero que odia su frase
“Nada es para siempre” porque me gustaría que todo sea para siempre. El tema es que cuando me meto a bucear en el amor me doy cuenta que hay muchas cosas que no lo son.

–¿Pensás que no vas a encontrar un amor para toda la vida?
–Me encantaría decirte que sí, pero me es difícil sostenerlo… y no porque tenga una vida de libertinaje eh, yo tengo una vida mega tranquila. Confesándome, diría que le tengo mucho miedo a la soledad y que por eso elijo ser un entretenedor. A mí me encanta entretener a la gente y recibir mensajes de personas que me cuentan que tienen seres queridos con enfermedades que ríen o alcanzan su pico máximo de evolución cuando me ven en La jaula de la moda. Eso es enorme para mí. Esos son los regalos de mi vida.

–Ahora… esto te llega a través de las redes sociales, pero cerrás la puerta de tu casa y seguís estando solo
–Claro, cuando se apagan las luces vivo en soledad. Lo que me lleva a lo anterior: a mí me cuesta mucho sostener vínculos porque dejo antes de que me dejen.

–¿Cuál es la relación más larga que tuviste?
–Una que duró cuatro años con muchas intermitencias.

–En este momento, ¿hay alguien en tu vida?
–Siempre hay, pero yo no soy un tipo que mantenga relaciones sexuales ocasionales. No tengo Tinder ni agenda porque me es imposible separar mis genitales de mi cabeza. Literalmente, nunca estuve con alguien sin estar enamorado porque para mí es muy importante ser amado y respetado en el momento de tener una relación sexual. O sea, sé que siempre se asocia a la promiscuidad con el gay, pero yo soy 100% gay y no me siento parte de eso. Y esto que me pasa a mí le debe pasar a muchos más, porque no soy una mancha sobre un trapo blanco. Por cierto, tampoco hablaría con nadie sobre mis relaciones o sobre cómo son los genitales de la persona que está conmigo. Eso no está en mi cotidiano ni en mi vocabulario.

Con respecto a su look de tapa, Mariano asegura: “En mi cuerpo convive un femenino-masculino porque tengo todo lo que tiene que tener un hombre y todo lo bello de una mujer”. Luego de lanzar esa frase, y de asentir con total convicción que eso es justo lo que lo define, él agrega: “Y cuando estoy en La jaula de la moda me puedo poner un body o un zapato de taco alto que nunca me toman por un puto ridículo porque a la gente le divierte cómo lo hago y eso me protege de no quedar como un payaso. Por eso no tengo límites al momento de jugar y puedo decir que me convertiría en heterosexual por Yanina Latorre, aunque no sé si me acostaría con ella”.

–¿Te acostaste con alguna mujer?
–Sí, en el secundario, ¡y estuvo bueno! Era el momento del micro hacia el campo de deportes y del Italpark, y había que tener novia. Se llamaba Belén Becerra y duró lo que duró la secundaria. Me entretenía ir a su casa, compartir su vida cotidiana y pasar tiempo con su familia. Ahora que lo pienso, ¡era re celoso!, y tenía como un enamoramiento porque pasaba por su casa en el colectivo y miraba si sus luces estaban prendidas. Y eso que también miraba pibes eh, pero no entendía por qué lo hacía.

–¿Qué tan difícil fue asumir tu sexualidad?
–Y... no fue fácil, porque a mi familia le costó. Me acuerdo que me rateaba del secundario para ver a un pibe que me gustaba, y mi vieja y mi hermano se pusieron como locos. Tanto, que me pusieron una persona que me busque y me lleve al colegio. Además, nos mudamos a la casa de mi hermano porque mamá sentía que no podía controlar la situación y llegaron a llamarlo por teléfono a él para decirle que yo era menor de edad. Y así siguió todo hasta que se cansaron. Porque cuando vos empujas un camión durante cinco minutos, los brazos se te cansan y, eventualmente, en algún momento lo soltás. Y yo fui un Scania. No me iba a mover de donde estaba parado.

–No ibas a dejar de ser quién sos
–Nunca. Por eso hoy tengo la libertad en mis trabajos de poder ser libre, de vibrar y de sentir. No sé, yo cuando visto una mujer y la veo brillar vibro. ¡Y yo vestí a todas!, las que te imagines. Siempre fui el de atrás hasta que me llegó estar delante gracias a Coco Fernández que es el le dio un rumbo diferente a mi carrera. Y cuando llegué, sabía todo lo que tenía que hacer para que no me vaya mal: no ser soberbio, mala gente ni mal compañero. Porque trabajé con mujeres que mandaban a decir a las casas de ropa “si la vestís a esta, a mi no me vestís más”, y con conductoras que no dejaban que las panelistas se pongan ropa del mismo color. Yo vi todo eso. Y a mí, en mi trabajo, me podés hacer todas esas maldades, pero no me importan porque soy muy seguro.

¿No te choca ni un poco?
–Ya no más. Antes sufría mucho, pero hoy sólo pienso en mi felicidad.

–¿Hacia dónde apuntas?
–A convertirme en un entretenedor: un tipo que con los recursos corporales y sin necesidad de escaleras ni parafernalia, con un simple telón negro y una luz, consiga un aplauso.

–¿Te ves haciendo teatro?
–¡Me encantaría! Podría hacer una revista con Carmen Barbieri, que es la mejor haciéndolas, o estar en un espectáculo de Flavio Mendoza, que me parece el mejor en su género... digamos que estoy preparado para pasar por todos lados (ríe). Me preparé para eso estudiando y observando. Y creo que me dio mucho más la observación que el estudio, porque hay gente que se pasa estudiando toda la vida y después es una ensalada sin condimentos.

–Según tu definición, ¿sos una ensalada con condimentos?
–¡Sí!, y súper exóticos. Con gustos que te llevan de lo dulce hasta el tener ganas de tener sexo, el estar una hora diciendo `tiene algo y no sé que es´. Y tener ganas de pedir más. Siento que tengo de todo y disfruto que las cosas me lleguen de a poco porque las voy viviendo, sintiendo y haciendo piel.


–¿Qué cosa importante me querías decir y no me dijiste?
–Que todavía me falta estar a punto caramelo en la vida, en el trabajo y en mi interior.

–¿Sentís que te queda un largo camino por recorrer para eso?
–No lo sé. Pero, para mí, ese es el ideal. Porque uno no puede ser feliz las 24 horas del día. O sea, yo no lo creo al que dice “soy feliz”. Yo quiero estar a punto caramelo.

Por Kari Araujo
Fotos: Gabriel Machado
Retoque digital: Gustavo Ramírez
Producción general: Sofi Esther Ortiz
Edición de video: Cristian Calvani
Make Up: Bárbara Mencia para Vero Luna Make Up

Peinado: Billyn Gun's- Barber y Tatto
Vestido por: José Valosen y Jt
Agradecemos especialmente a Paola Cathcarth (@estilo.paola.cathcarth), @elojoclinicokey y Federico Barri (@fedebarri.ok)

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