Laurencio Adot: «No le tengo miedo a la muerte, ni a vivir» – GENTE Online
 

Laurencio Adot: "No le tengo miedo a la muerte, ni a vivir"

A los 54 años, y a cuatro años de sufrir un ACV, el diseñador sorprende con su energía y sus ganas de vivir. No sólo se reinventó laboralmente –“ahora soy un empresario mayorista”–, sino que disfruta del presente y apuesta al futuro. Sin titubear, él se inclina hacia adelante con confianza y asegura: “Me gustaría estudiar periodismo de moda”.
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"En este momento estoy en Belo Horizonte, una ciudad joven y pujante que trabaja las 24 horas, cómo a mí me gusta", arranca diciendo Laurencio Adot (54) por teléfono sólo veinticuatro horas después de hacer una mega producción con GENTE en su tienda de dos pisos de Recoleta, Buenos Aires.

–Sé que estás viviendo la mitad del tiempo en Argentina, y la otra mitad en Brasil. ¿Qué te llevó a instalarte en un país en el que se habla otro idioma?
–La asfixia. En casa me asfixiaba con mi enfermedad y tenía que buscar una solución a la intoxicación del medio, porque el medio de la moda se volvió muy tóxico en Buenos Aires. Hay mucha envidia y muchos celos, y se me hizo complicado a nivel salud. Ya no eran suficientes cinco médicos, pastillas, etc... Necesitaba paz. Y cuando puse primero mi salud, tomé la decisión de venirme a la ciudad en la que está la familia de mi socio desde hace veinte años, Thiago Pinheiro de Azevedo. Y que quede claro que no fue por política, que es lo que todo el mundo me pregunta.

–Allá no sólo te estás desintoxicando del medio, sino que estás apostando a algo más fuerte
–¡Absolutamente! Belo Horizonte es como una Milán de Italia. Y acá elegí abrir un showroom mayorista –no una tienda– en el que vendo marcas argentinas como Mila Kartei, María & Mariola Torres, Benitapeka y Clara Barcelo, y también prendas y accesorios de diseñadores brasileños. Porque yo ya no soy más un empresario minorista, subí un escalón y medio y me convertí en representante de diseñadores como empresario mayorista. Ahora vendo ropa de otros. Y a fin de año voy a estar abriendo otro showroom en Guayaquil, Ecuador, un país virgen de moda que está dolarificado, y, a futuro, apunto a abrir otro más en Colombia, el actual centro de la moda en Latinoamérica.

–Una movida muy internacional. ¿Cómo surgió la idea de este proyecto?
–Lo de los showrooms es una tendencia que vengo viendo hace años. Y Thiago tuvo la idea de armar la parte económica en Brasil: él está detrás de todo porque, obviamente, yo tengo una rehabilitación furiosa hace más de cuatro años. Fui récord, un milagro, pero todavía quedan algunas cosas como que no dibujo y no puedo usar tanto la mano derecha. Honestamente, yo no podría haber hecho ésta empresa sin él. Además, en sus once hermanos encontré una segunda familia, porque la mía la perdí... fueron muriendo todos hasta que sólo quedó mi hermano.

"Después de que sufrí el ACV mi hermano, Mariano, era el único que estaba y yo lo miraba, porque no podía hablar. Esos momentos me marcaron y provocaron que use mi cabeza casi como un empresario para buscar fuerza. Pensaba: `Yo acá tengo que mover el dedo para mover la mano y, para hacer eso, ¿qué necesito? Afecto. ¿Y quién me da afecto? La gente, la familia. Y si mi familia dejó de existir, ¿de dónde la saco?´. Es que en esos momentos es re importante la compañía, el mimo y todo lo que te dicen, porque vos no podes expresar pero si escuchás. Tu cerebro está on, pero tu cuerpo está off. Entonces te volvés loco porque no podés hablar, ni decir que sí o que no, y nadie te entiende...", memora Laurencio recordando esos días tan duros.

–Desde entonces, recorriste un largo camino
–Sí. Yo estuve tres días muerto, tres meses en una clínica de rehabilitación en Pilar, y un año y siete meses en otra clínica. Transité un proceso de tres años en el que tuve que potenciar todo mi lado derecho para volver a tenerlo, porque había perdido la pierna, el brazo, toda la parte de la cintura y la boca. Y, de repente, un día la boca estaba derecha y ese fue mi gran triunfo, y empecé a hablar. Y otra vez empecé a mover los dedos de la mano derecha, y hoy la tengo un poco rígida pero va. Después, tengo temblores todas las mañanas desde hace cuatro años. Convivo con esos temblores, que son signos de vida, porque es parte del proceso de salir de un ACV. Y por lo menos no soy Cerati, soy Adot. Me tocó quedarme acá porque mi mamá en el cielo me dijo "No es tu momento", y yo volví a la tierra.

–¿Cambió tu personalidad tras sufrir un ACV?
–¡Sin dudas! Ya no quise más mi vida del pasado y se acabó la noche y las fiestas, porque ya no tengo resto para eso. Y decidí buscar la espiritualidad. Incluso me fui a Misiones a vivir una semana con los indígenas con Thiago, mi pareja –Damián Romero–, y una amiga, y ahí conocí la pureza y entendí que es otro el pensamiento. ¡Ah!, y me he vuelto una persona híper sensible: lloro todo el tiempo, como un minuto y medio.

–¿También cambió tu visión del mundo de la moda?
–Sí. Después de un año de psicólogo y psicoanalista, entendí que te mienten mucho cuando estás arriba: todo el mundo te dice que sos rubio de ojos celestes, y soy morocho, pelado, y tengo ojos marrones. Y estuve años mirando lo que me hacían o decían otros y eso me tenía totalmente fuera de eje. O sea, en ningún momento me quejé ni me victimicé, pero no lo entendía, y eso me lo explicó el ACV. Un día tu cerebro quema y empezás a fritarlo y si no lo paras te morís. Y yo tuve la suerte de que Damián me encontró a los 20 minutos, me llevó a la Clínica del Sol, y me pudieron recuperar. Y, gracias a Dios, hoy tengo una vida tranquila y entendí que el pasado está pisado. También me dí cuenta que si hay algo para lo que sirve el éxito y la fama es para tirar buenas ideas y hacer las cosas bien.

"No le tengo miedo a la muerte, ni a vivir. Y cuando decidí ser gay, lo decidí. A mí me gustan los hombres, no las mariquitas", dice el hijo de Elsita Aztiria y Oscar Adot, y nieto de Elsa de San Martín"¿te suena? El apellido es por algo"– que se crió en una casa en la que "la palabra fantasía no era de gay ni de raro, era nuestra".

–¿Nunca tuviste ganas de casarte?
–Sí. De casarme, de tener hijos, perros, todo. Y lo aplaudo a Ricky Martín que pudo romper con tantos pruritos de la sociedad.  

–¿Cuál es tu sueño hoy?
–Me gustaría estudiar periodismo de moda para contar lo que tiene que ver con la moda en los aviones, porque vivo en aeropuertos. Y, obviamente, con Dot y Azevedo (cambié el nombre de la marca para que sea internacional para e-commerce) quiero representar diseñadores argentinos en el mundo y sacarlos de Argentina. Eso me parece súper interesante y moderno. Digamos que después de 33 años en la moda me aggiorné. Y representar a un diseñador me produce mucho orgullo porque implica confianza, y en el 2021 la palabra confianza en nuestro país no es menor. Y creo que se da porque soy buena persona.

–Mucha gente no conoce tu lado solidario. ¿Querés contar lo que hacés?
–Es que lo que yo hago no es mío, es para la gente. Y tiene que ver con lo que me enseñó mi madre de hacer, de siempre devolver. A ver, fueron muchas cosas, pero en los últimos doce años construí catorce hogares en Argentina, una clínica de rehabilitación de drogas en Gálvez, Santa Fe, conseguí que el Hospital Fernández, el Clínicas y el Austral estén mejor. Fueron muchos años de ayudar y ayudar. Mirá, te voy a dar un título: yo soy el diseñador más progre de todos, porque trabajé para los demás durante doce años, me dediqué a ayudar, y realicé muchos desfiles a beneficio para donar el 60% de las ganancias. Y no me sacó fotos con los lugares con los que colaboro, pero siempre quise que vean un Laurencio humanitario y empático con los demás, porque para mí eso es lo más importante.

Por Kari Araujo
Fotos: Christian Beliera

Producción: Mariano Caprarola y Sofía Esther Ortiz
Retoque digital: Gustavo Ramírez y Mariano Speroni

Asistente de fotografía: @verolorizio.ph
Edición de video: Cristian Calvani

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