Fede Bal: “Tener que abrazar una enfermedad para superarla me enseñó a no mentir más» – GENTE Online
 

Fede Bal: “Tener que abrazar una enfermedad para superarla me enseñó a no mentir más"

El actor y ex participante de MasterChef Celebrity (Telefe) en una charla sin restricciones: cómo sanó en su año más difícil, después de padecer y superar un cáncer de colon, su alejamiento de las “peleas berretas” y del modus operandi de negociar fama por intimidad, la trastienda de la polémica por la filtración del audio en el que invitaba a El Polaco a una pool party, y la verdad sobre su estado sentimental con su novia, Sofía Aldrey.  
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“Fue un año de mucho aprendizaje, en el que redefiní las palabras tristeza, dolor y miedo, dirá. Pero no es sólo un título solemne o una construcción forzada para que encaje en una cantidad determinada de caracteres. Lo dice así, de un tirón, después de sumergirnos en una charla en la que abordamos transversalmente las consecuencias –en mente y cuerpo– de haber vivido una situación límite que lo cambió para siempre.

Fiel a su estilo, Fede Bal (31), quien en enero estrenará dos obras (Mentiras piadosas en el Lola Membrives y Conejo blanco, conejo rojo en el Teatro Metropolitan Sura), elige esquivarle al cajoncito de los balances (“me cago en ellos”) porque, explica, “no está bueno hacerlos, porque extrañás a los que no están y sentís que otros años fueron mejores”.

Para él, 2020 fue doblemente excepcional: a la pandemia y al encierro hubo que sumarles los efectos de haber padecido y superado un cáncer de colon, no sin antes romperse para entregarse al proceso más difícil: “Abrazar la enfermedad y poner el foco en las cosas que importaban”.

“Hablé de todo”, expresará al final, después de desnudarse y responder sin restricciones. Cómo sanó en su año más difícil, su alejamiento de las “peleas berretas” y del modus operandi de negociar fama por intimidad, por qué resguarda más que nunca su vida privada, la trastienda de la polémica por la filtración del audio en el que invitaba a El Polaco a una pool party, la hipocresía de “la caza de brujas” que les hacen a los famosos, la verdad sobre su estado sentimental con su novia, Sofía Aldrey, las mentiras que abandonó, sus infidelidades, el vínculo edípico con su madre, lo que su padre le enseñó sobre las mujeres, y además, su postura sobre hijos, casamiento y parejas abiertas.  

“Fue un año mágico y difícil, con enseñanzas que no me dio ninguno de mis 31 años”, asegura. ¿A qué se aferró? “A la fuerza que me dieron mi viejo desde algún lugar, mi novia y los médicos”. Y enseguida cuenta sobre su seguridad a la hora de pensar en sobrevivir: Yo nunca le tuve miedo al cáncer y estaba seguro de que no me iba a morir de esto. Pero aprendí, porque me di cuenta de que vivía al revés y le ponía importancia a cosas que no valían la pena”.

–¿Cómo fue ese proceso de introspección?
 –Al medio lo amo pero hay mucha mala gente, mentiras y cosas que pueden dañarte. Vivía viendo qué decían los programas de chimentos sobre mí y estuve muy metido. También vi el camino que hicieron mis viejos, pero ésa no es la vida. Uno tiene que ser feliz todo el tiempo, o al menos intentarlo. No me sentía feliz y ahora ya no me engancho con las peleas berretas de las redes. Prefiero estar con mis perros y con mi novia, en la pileta y lejos de lo que pase en la tele, que de hecho no tengo. Siento que malgastaba mi tiempo y que debí hacer un cambio energético necesario para ser el que soy hoy. Que soy el mismo, pero con más apertura y más aprendizaje.

–¿Y cómo impactó en vos que te cayera esa ficha sobre la necesidad de prestarte más atención?
–Me llevó a que el cuerpo me diga: "Pará un poco". Los tumores tienen una explicación depende de donde los tengas, así que me metí en la biocodificación. Ahí descubrís qué sectores de tu cuerpo son más vulnerables. Yo elijo creer que fue hereditario por mi viejo, pero mis hermanos no lo tuvieron. Pienso que también son mochilas y cosas no resueltas con mi viejo. Yo solidifiqué el desgaste intentando que mis viejos estén bien juntos. Y ahí los disgustos se llevaron al cuerpo. Lo más importante es escucharnos, porque el cuerpo es muy sabio. Por ahí por miedo uno no se hace estudios, aun teniendo síntomas de que las cosas no están bien. Lo más importante son los chequeos.

"A todos nos golpeó la distancia con nuestros seres queridos, pero yo atravesé toda mi recuperación sin abrazos y sin ver a nadie. Eso te derrota anímicamente. Lo que hice no fue más que una fiesta de Fin de Año"

–Recién comentabas sobre el peso de haber tenido cosas irresueltas con tu papá. ¿A qué mochilas te referís?
–La relación con mi viejo (Santiago Bal, 1936-2019) era increíble. Tuve la mejor educación que uno puede tener. Él ya era grande como para llevarme a la cancha, así que su crianza fue más intelectual. Me hablaba mucho. Con él, la salud siempre fue un tema: salía del quirófano y volvía a entrar. Pasamos tiempos muy difíciles. Pero cuando me refiero a las mochilas hablo de cuando mi papá se portó mal con mi mamá (Carmen Barbieri, 65). Yo todo lo que quería era ayudar a mi vieja, porque la veía mal y sentía una responsabilidad que no me pertenecía. Yo sentía que la tenía que sacar adelante a ella y me perdí a mí mismo.    

–Te sentías responsable... A pesar de la actitud que te molestó de tu padre hacia tu madre, ¿qué te enseñó Santiago?
–Me marcó cómo hay que ser con las mujeres. Él siempre fue muy galante, muy educado y muy caballero. Siento que sigo teniendo esas cosas de él que están pasadas de moda, como abrir la puerta del auto y detalles que ya no se usan. También recibí muchos consejos... Él tuvo muchos problemas debido a que le gustaban mucho las mujeres, y mi vieja se terminó separando por una infidelidad. Otra cosa que me enseñó fue su calidad de anfitrión: mientras mi papá hacía los tragos, mi mamá cocinaba y siempre fueron un gran equipo en las fiestas. Yo sigo un poco ese legado, después de tantas temporadas que viví con ellos. Los artistas saben que mi casa es la casa de todos: hacíamos fiestas de 1.500 personas, con la garantía de que no se sacan fotos ni se graban historias. De ahí es que salgo a papá con mi costado de anfitrión, de invitar a todos a cenar y a la pileta. Me mostraron el lado lindo de disfrutar.

–A propósito de eso, hablemos de la filtración del audio al Polaco en el que lo invitabas a una fiesta en tu casa, algo que disparó rumores de separación en las parejas de ambos. Volviendo a lo que me decías antes, aunque quieras preservarte volviste a protagonizar un escándalo...
–Desde hace un tiempo vengo haciendo un cambio. A Sofi no le interesan las tapas. Éste es mi trabajo. Su trabajo es otro, y a su familia, que es de mucho poder, no le interesa mostrarse. Yo tenía parejas que sentían como un plus que me sacaran una foto... Para mí eso ya no es un plus en mi vida. Sofi me demostró que se puede vivir en privado y llevar, dentro de todo, una vida normal, preservando lo que hago en mi casa. Sin pensar invité al Polaco a una reunión y le envié un audio. Sabiendo que él no estaba bien con Barby (Silenzi), le dije que viniera a distraerse, que lo iba a pasar bien y que iba a haber mujeres. No me molesta que se haya filtrado, porque mi novia sabía que iban a venir amigas; le habría molestado si no le contaba las cosas.

"No me gusta que se me haga responsable de la separación de Barby y el Polaco: yo no tengo nada que ver, ni con la pelea ni con la reconciliación. Además, la filtración viene de mano de su pareja y yo quedé como el demonio que te lleva a pecar. Lo que pienso es que deben revisarse los teléfonos..."

–¿Qué es lo que más te molestó de la filtración de esa conversación privada?
–No me gusta que se me haga responsable de la separación de Barby y el Polaco: yo no tengo nada que ver, ni con la pelea ni con la reconciliación. Además, la filtración viene de mano de su pareja y yo quedé como el demonio que te lleva a pecar. Lo que pienso es que deben revisarse los teléfonos...

–¿Y qué charlaron después del escándalo?
–Le dije a Ezequiel que no me lo merecía. Me dijo que Barby estaba arrepentida y que me quería llamar. Pero lo que hicimos fue privado, no terminó saliendo ninguna foto y yo lo cuidé. Además, es como lo hacemos siempre, con distancia y al aire libre. Ésta fue la primera reunión desde el encierro y éramos sólo veinte personas... Pero aprendí que hay que tener cuidado con la gente que uno invita: no fui precavido.

–¿Qué respondés a los señalamientos hacia vos por haber hecho una fiesta a la que muchos tildaron de “clandestina”?
–Eso es una caza de brujas. A todo le llaman "fiesta clandestina". Todo el mundo lo está haciendo... ¿Por qué en Navidad no voy a poner una carne al horno para mi vieja y mis amigos? Siento que a los famosos se nos persigue de más por lo que hacen todos en sus casas. A todos nos golpeó la distancia con nuestros seres queridos, pero yo atravesé toda mi recuperación sin abrazos y sin ver a nadie. Eso te derrota anímicamente. Lo que hice no fue más que una fiesta de Fin de Año. Ahora escapo del circo, porque estuvieron diciendo que se había hecho un “juego sexual” en mi fiesta. En otro momento me angustiaba y les escribía a todos los conductores de los programas.

"Tuve épocas de ser muy mujeriego: las mentiras son malas y dañan a los que amás. Hice cualquiera y no fui fiel a la idea de querer cuidar a la otra persona. Tuve momentos en que me han mentido y yo a ellas, y otros en los que por ahí no estaba del todo enamorado"

–Aclará los dichos de esa chica que apareció diciendo que en tus fiestas proponían “juegos sexuales”.
–Una chica en un Vivo contó que estuvo en una de mis fiestas hace seis años, pero eso nunca sucedió. Mi amigo “el Gordo” tiró al aire una idea que nunca iba a suceder, pero que fue como para romper el hielo. Además, lo que dijo –y que no pasó a la acción– era algo ingenuo, tipo el Semáforo o Cigarrillo 73. Tampoco somos tan sacados, todos fuimos a buenos colegios y tenemos buenos padres... Supongo que esta chica se lo habrá tomado como algo literal. 

–¿Sofía te pone límites y está encima de lo que hagas?
–No, Sofi no me pone límites. Es una mujer increíble y no necesita que le cuente nada. Se sorprende de que hagan notas con cosas que no son y que tergiversen las cosas, como que a lo que supuestamente ocurrió hace seis años lo hagan pasar por la fiesta de hace dos semanas. Yo, la verdad, soy muy sincero con lo que hago y ella sólo se hubiera enojado si no sabía de la fiesta. Pero no nos peleamos ni nada.

–También se dijo, a partir de unos dichos tuyos, que tenían una relación abierta.
–Yo lo que dije fue otra cosa, que manteníamos una relación abierta, de mucha sinceridad, no que nos abríamos a otras personas. Eso también lo replicaron por todos lados. Pero volviendo a lo otro, nunca le mentí a Sofi.

–Hablando de mentiras, el 14 de enero estrenás Mentiras inteligentes en el Lola Membrives junto a Marta González, Arnaldo André y Cinthia Fernández. ¿Cuánto te han servido y cuánto mentiste en tu vida?
–No está bueno mentir, y menos a Sofi, que me ayudó tanto. Si yo no soy real no sé lo que estoy haciendo: tengo ganas de ser sincero y feliz todo el tiempo.

"Cuando te dicen que tenés cáncer, te dan un cacheteo de realidad y te preguntás qué pasaría si de repente no salen bien las cosas. Ahí empecé a evaluar qué me llevó hasta acá, si fui sincero, si mi profesión me dio más alegrías que dolores de cabeza. Cuando es así, hay que cambiar"

–¿Pero reconocés que has sido mentiroso?
–Claro que dije mentiras. Tuve épocas de ser muy mujeriego: las mentiras son malas y dañan a los que amás. Hice cualquiera y no fui fiel a la idea de querer cuidar a la otra persona. Tuve momentos en que me han mentido y yo a ellas, y otros en los que por ahí no estaba del todo enamorado. Las mentiras existen y la gente no se anima a enfrentar la verdad. Y en la obra pasa un poco eso: es una pareja de primerizos y, cuando nace la beba, él encuentra el fuego en otro lado. Por momentos sí, me identifico con mi personaje.   

–Tu personaje se enamora de otra mujer. ¿Te pasó estando en pareja?
–Sí, claro. Enamorarme perdidamente de otra persona, a veces correspondidamente y a veces no. Es duro, porque no querés lastimar a nadie. Hay cosas que no saben de mi vida, historias de amor que me quedan para mí y para mis memorias. No es que esté fomentando lo oculto, pero hay vínculos clandestinos que resultan muy eróticos y que en su momento me atraparon y me entusiasmaron. Todos tenemos que tener por lo menos una historia paralela, para que el corazón te explote cuando te suena el teléfono, aunque a la larga no se puede mantener... porque el corazón se te arruina. Si la viviste, sabés de lo que hablo, de un vínculo adictivo y difícil, que hay que pasar para no elegirlo más.

–Y en tu relación con Sofía respecto al monitoreo de las redes del otro, que hoy genera tantas especulaciones por los 'likes' o los seguidos, ¿cómo lo manejan?
–Me volví mucho más relajado en este tiempo. La verdad, estaba muy pendiente. Ella es maquilladora profesional y sus redes crecieron a partir de salir conmigo, pero dice que no le gusta, porque no necesita nada que mí. Sólo necesita que la quiera, y por eso me gusta tanto. Decidí no subir fotos con ella. Tuve parejas con las que lo hacía todo el tiempo, otras con las que de vez en cuando y otras nunca. Ésa es la magia, porque si abrís la puerta de tu casa y de tu intimidad, perdés todo. Así que cerré esa puerta con llave.

"Todos tenemos que tener por lo menos una historia paralela, para que el corazón te explote cuando te suena el teléfono, aunque a la larga no se puede mantener... porque el corazón se te arruina. Si la viviste, sabés de lo que hablo, de un vínculo adictivo y difícil, que hay que pasar para no elegirlo más"

–¿Te arrepentís de haber mostrado públicamente tu amor por alguna de tus parejas?
–Tuve parejas muy famosas y me ocupé siempre de ayudarlas en sus carreras. Por ahí con los seguidores que ganaban, o con el hecho de que entren al Bailando, los límites de la pareja se van corriendo y no está bueno que la prensa opine. Pensá que Sofía ya estaría sentada en un programa de la mañana hablando de la fiesta privada, pero ella no tiene el camino de novia de una persona famosa. Mi idea es hacer un búnker de mi casa y de mi vida emocional. No quiero que la gente saque conclusiones si yo el día de mañana no estoy con ella.

–Pero si se sentaban en los programas era porque vos lo avalabas y jugabas el juego también...
–Soy completamente responsable de hablar de mi vida y de abrir la puerta... Como de participar del Bailando con mis novias. Lo que me pasa es que se trataban los temas con mucha frivolidad. Hay mucho maltrato en llevarte a la ex de la que te acabás de separar...

–Con tus novias compartiste y mostraste todo...
–Con tres novias hice tapas, romances en Carlos Paz, Capital y Mardel, en todas sus variantes: infraganti, con besos, hice todo. Lo que me marcó para estar donde estoy. Hoy es rarísimo todo eso. No me reconozco, pero no le tengo que demostrar nada a nadie: nací en un medio de teatro y prensa. O nos servía a los dos, o como pareja, o simplemente nos divertíamos.

"Cuando sentís que todo se derrumba tenés que abrazarte a la enfermedad, no preguntarte por qué a vos. Yo sabía que tenía que aprender algo y que no quería mentir más"

–¿Te llegó a parecer ridículo aceptar mostrar tanta intimidad?
–Hubo tapas con las que me moría de risa y agradecía a la editorial por el gesto de reconocimiento y amor, pero después salía a la calle y sentía que era demasiado íntima. No critico a quienes lo hacen y está buenísimo celebrar el amor en una tapa como GENTE. No soy quién para decir qué está bien y qué no, pero te digo que no lo vuelvo a elegir. Ahora no negocio con eso, simplemente lo desactivo, no le doy a nadie esa tapa y me quedo tranquilo. También siento que con tanta necesitad de mostrar todo se pierde la gracia.

–¿Y qué te transformó tanto como para cambiar, ser fiel, dejar de mentir e intentar llevar la privacidad a otro plano?
–El amor me transformó, y sentir que de un día para el otro podés no estar más. Cuando te dicen que tenés cáncer, te dan un cacheteo de realidad y te preguntás qué pasaría si de repente no salen bien las cosas. Ahí empecé a evaluar qué me llevó hasta acá, si fui sincero, si mi profesión me dio más alegrías que dolores de cabeza. Cuando es así hay que cambiar. Fernando Peña te deseaba una enfermedad muy grave pero que tuviera cura, porque sólo los que tenemos la virtud de haber sufrido una enfermedad dura y haberle ganado entendemos que la vida depende de tus ganas de vivir.

–Cuando sentiste que todo se derrumbaba, ¿cuál fue el primer clic que te hizo sentir que ibas a poder salir a flote?
–Cuando sentís que todo se derrumba tenés que abrazarte a la enfermedad, no preguntarte por qué a vos. Yo sabía que tenía que aprender algo y que no quería mentir más. Vivía de fiesta 24/7, siempre descorchando el champagne con mis amigos. Y ésta no es una pose estilo Claudio María Dominguez: no me interesa nada más que ser feliz. Y también me di cuenta de que si el día de mañana no tengo trabajo me pondré un kiosco. Siento que en esta profesión la ambición a veces no te deja avanzar. Por eso el cambio de energía siempre trae cosas buenas: cambiar el chip me hizo evaluar mis actos.

–¿Depositaste fe o creencias en algo en particular? ¿Cuál fue el sostén?
–Soy ateo, así que no creo demasiado en Dios. Y si creo en algo, antes de ir a dormir agradezco al Universo, por las cosas buenas y por las malas. Yo me aferré a la idea de estar sano y visualizarme así. Me regalaban estampitas, estrellas de David... Lo acompañado que me sentí fue increíble para mí. Fue muy loco ser tan abrazado. Además, contar mi proceso sirvió como un pequeño aporte por cómo me tomé la enfermedad. Es importante trabajar para que la gente abra los ojos con el tema estudios. Y me pasa que me ocupo de hacer videollamadas y acompañar a algunas personas que pasan lo mismo que yo. Termino de hablar y me quiebro, pero me encanta que, sin querer, la vida me haya llevado a un camino de poder.

"Creo que no hay que tenerle miedo a la muerte: no es un tabú, y de hecho, en mi familia el humor negro nos salvó en miles de momentos"

–¿Hay algún caso en especial que hayas acompañado y te haya conmovido especialmente?
–Había una señora que ya no está, que me seguía a todos lados. Su nieta se comunicó conmigo cuando ella se estaba muriendo, y pude hablarle. Le dije que si se moría, la vida seguía de otra forma. Creo que no hay que tenerle miedo a la muerte: no es un tabú. De hecho, en mi familia el humor negro nos salvó en miles de momentos.

–¿Por ejemplo cuál?
–Cuando papá entraba de nuevo a un quirófano le gritábamos "¡no te mueras!" y él nos hacía ‘fuck you’ acostado en la camilla. Y sí, esta familia está re loca de la cabeza, somos Los Locos Addams. La vida ya es dura como para que hagamos de la muerte una institución. De hecho, la partida de mi viejo fue cinematográfica, casi como una fiesta. Él quería filmar una película y trabajar en el teatro conmigo y con mi vieja. Él lo decretó porque no quería más. Hizo lo que quiso, tuvo los amores que quiso y se fue abrazado a sus tres hijos. Mi papá estaba sonriendo muerto, y ésa es la imagen más linda de la muerte. ¡Si eso es la muerte, firmo y compro ya!

–Decías que había sido como una fiesta. ¿Cómo lo recordás?
–Escuchamos Frank Sinatra a todo lo que da y descorché un champagne. Entraban todos a contar cosas de él, mientras mi mamá lloraba y reía a la vez. Comimos empanadas y nos reímos, permitiéndonos recordarlo con una sonrisa.   

–Por último, y volviendo a Sofía, de quien dijiste que era tu Persona del Año, ¿qué tan lejanos o cercanos son los deseos de casarse y tener hijos?
–A ella casarse le gustaría, pero no es algo que hayamos hablado. Tuvimos un año difícil y de disfrute; llegado el momento, creo que sí... ¡Imaginate la fiesta de casamiento que podríamos hacer! Duraría 24 horas. Pero por el momento no sé, estamos en el flow de divertirnos, encontrar la armonía, la paz que no tuvimos este año con la enfermedad y la locura de la pandemia. Siento que me gustaría, pero que no es el momento. Y claro que me encantaría ser padre, pero también sé que a partir de tener un niño nunca más podés ser una persona relajada. Siento que nunca más podría descansar, que sería muy sobreprotector. Me da mucha inseguridad traer un chico: bastante tengo conmigo y con este mundo tan roto.

Fotos y videos: Chris Beliera. Edición de videos: Cristian Calvani. Producción y estilismo: Mariano Caprarola y Sofía Ortiz. Agradecemos a El Ojo Clínico, Patricia Colo Martínez MKT Creativos y muy especialmente a Martina Valía.

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