Damián De Santo: «En El Primero de nosotros quisimos hablar sobre la importancia de cumplir los deseos y no dejar materias pendientes» – GENTE Online
 

Damián De Santo: "En El Primero de nosotros quisimos hablar sobre la importancia de cumplir los deseos y no dejar materias pendientes"

El actor aceptó una charla a corazón abierto para el Intimo de la semana de GENTE y habló de Nacho, el personaje en la exitosa tira de Telefe. Además, contó de su vida en Córdoba -donde decidió mudarse hace más de 20 años-, la paternidad, el amor y sus proyectos futuros. 
Íntimos
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Damián De Santo (53) es uno de los actores más carismáticos, divertidos y sencillos del medio. Instalado en la localidad de Villa Giardino, en la provincia de Córdoba, desde 2008, divide su vida entre la administración de su complejo de cabañas en la Punilla y su profesión de actor. Recientemente se lució interpretando a Nacho en 'El Primero de Nosotros' y hoy es el protagonista del Íntimo de la Semana de GENTE.

Soleado, 18 grados de temperatura, día despejado con un poco de viento del norte en Villa Giardino- cuestión lógica en la fecha - Damián atiende el teléfono desde la comodidad de su lugar en el mundo. "Mi sueño siempre fui vivir en medio de la naturaleza, criar a mis hijos así. Ojo: con aire acondicionado, calefacción... el frío ya lo viví de chico (se ríe). Soy austero pero me gusta tener comodidades en casa", confiesa entre risas.

De Santo acaba de inaugurar la temporada de invierno en sus cabañas, desde hace un mes y medio, venía trabajando con el mantenimiento de las mismas: pintar, cambiar griferías, comprar nuevas heladeras. "Abrimos hace unos días y venimos recibiendo gente los fines de semana", asegura.  

A la hora de elegir una temática para el Intimo de GENTE, Damián sorprendió con una faceta que pocos conocen de él: "Soy un coleccionista de objetos con historia", confesó y así fue que elegimos realizar la producción de fotos en San Telmo, rodeado de antiguedades.

La elección de vivir en la naturaleza

El 8 de diciembre de 2008, fue un día determinante en la vida de Damián. A finales de 1999, junto a Vanina - su mujer - perdieron un embarazo. Ella tenía pérdidas y el médico les aseguró que había un 50% de posibilidades de no volver a concebir. Fue entonces, cuando él le consultó sobre la posibilidad de llevar a su mujer a Villa Giardino (localidad que conocía gracias a sus veranos en un hotel del Sindicato de Actores) y cuando llegaron todo cambió. "Vanina no volvió a tener pérdidas y volvimos con una panza de cuatro meses. Fue ahí cuando prometimos hacer algo acá", revela.  

Fue así como construyó una vida tranquilo, alejado de la ciudad, los ruidos y las aglomeraciones. "Mis hijos están criados con total libertad, la decisión de venir a vivir acá fue en el momento justo. Yo siento que me conecto más con la vida que estando en la locura de la ciudad. Me encanta la ciudad de vacaciones o cuando voy a laburar, pero padezco muchas cosas", expresa.

-¿Qué actividades te gustan hacer en tu tiempo libre?

-Salgo mucho a caminar, hago caminatas de 4 o 5 horas con paraditas, almuerzos, picaditas o sanguchitos de milanesa, gaseosa o fernet. Hacemos la subida de la sierra, siempre con amigos: el padrino de mi hijo y algunos papás del colegio. Así descubrimos lugares increíbles.

Su infancia y el fanatismo por coleccionar objetos

Damián De Santo nació y vivió su infancia en Caballito. Hijo de una familia laburante, comenzó a trabajar a muy temprana edad y pasó por los rubros más insólitos: desde vendendor de perfumes de imitación a vendedor en un local de especias. "Fui banquero, chofer de una empresa de transportes, fabriqué relojes, vendí medias, perfumes truchos (se ríe), vendí llaveros, trabajé haciendo cosas de albañilería, en un local de venta de especias, fui preceptor en un colegio nocturno. Menos tachero hice de todo (se ríe)".

"Yo laburo desde muy chico y agradezco la vida que tuve. No fue ostentosa, todo lo contrario: yo vivía en la peor casa de Caballito, se caía a pedazos, llovía adentro, se inundaba, era una casita viejita, pero hubo tanto amor con mis abuelos, mi vieja y los conflictos con mis papás cuando se separaron, que todo se fue ablandando", confiesa y añade, "Toda esa historia me forjó un futuro y en definitiva fue pensar en ser feliz. Yo siempre luché por ser feliz: trabajar de lo que me gustaba, comprarme cosas que me dieran placer, pero siempre pensando en el futuro".  

Desde siempre, Damián manifestó un interés particular por el coleccionismo: "Soy una rareza para el verdadero coleccionista. Me gustan las cosas que tienen historia. Mi casa (Villa Giardino) está hecha con la demolición de la casa donde yo nací, que me la traje a Córdoba, ventanas, maderas, puertas... me gusta reciclar en las construcciones. Soy meláncolico, los recuerdos me hacen disfrutar el presente", asegura.

Entre sus pertenencias más destacadas se encuentran el primer tacho de pintura en pasta, cerrado, nuevo, con alrededor de 80 años, que un señor - ya fallecido - de Villa Urquiza, le regaló. También relojes de taxis a cuerda, una camisa blanca con bolsillos tipo guayabera - que perteneció a su padre -, muebles antiguos como su mesita de luz de la infancia y la mesita de luz de su primer departamento de soltero. "Los muebles antiguos me encantan, los cuadros no tanto, quizá no los entiendo en mi ignorancia. Los detalles de la madera, la pintura eso me vuelve loco", detalla.

-¿Sos de comprar cosas o solo lo heredado?

-No. Tengo de mi familia cosas de toda la vida, tengo un violín de la familia de un amigo que me lo regalaron, es una reliquia no lo sé tocar, solo cuando lo limpio (se ríe). Guardo cosas que me regalan porque me gustan por su historia. Tengo una máquina para hacer pastas que fabricó mi abuelo, que era tornero. Para mí no es lo mismo comprar una pastalinda nueva. A mi me gusta lo artesanal, la historia y la alegría que me provoca eso. El orgullo. 

Su historia de amor con Vanina

Damián y Vanina Bilous se conocieron en una milonga por un amigo en común. Ella bailaba, él era 'pata dura' y el flechazo fue inmediato. Están juntos desde abril de 1999, se casaron en 2001, tienen dos hijos y desde hace 20 años se encuentran instalados en Córdoba.

-¿Cuál es el secreto para mantener una relación tantos años?

-No digas nada poque en cualquier momento nos separamos (se ríe). No hay una técnica en realidad, lo que me sirve a mi es que somos dos personas que nos hacemos la vida más fácil. Obvio que a veces el pasto de enfrente está mejor, pero lo que nos toque vivir está bien. Lo disfrutamos. El día que yo vea que está raro todo nos vamos a separar, ya lo tenemos hablado con Vanina. No sé si vamos a llegar a viejos juntos, obvio que es mi deseo, pero si no sucede está bien hasta dónde lleguemos. Tenemos una historia linda para contar. Nos amamos mucho, pero hay un desgaste de las relaciones. Ahora nos estamos acompañando en esta nueva etapa que los hijos ya se están yendo. La vamos llevando muy bien. Yo quiero que los dos seamos felices, aunque no lo sea estando juntos.

-¿Qué te enamoró y enamora de Vanina?

-Me enamora su empuje, su energía. Somos los dos geminianos: cuando uno se cae el otro lo levanta. Es una mina que siempre va para adelante. Es la mujer con la que decidí tener hijos. Yo no fui muy noviero, tuve solo tres parejas y con ella nos conocemos mucho, sabemos qué nos pasa, nos descubrimos muy parecidos. Si tengo que puntualizar esta relación es un 9,50. Fue la mejor mujer que la vida me presentó.

-¿Les gustaría ser abuelos?

-Si, ni hablar. No me desespera, pero me parece que tener nietos es un lindo premio de los hijos. Pero por ahora: toco madera, falta bastante (se ríe). 

-El rol de los abuelos es fundamental en tu vida...

-Yo aprendí muchas cosas con mis abuelos. A cocinar con mi abuela, a reparar cosas con mi abuelo y en el reencuentro con mi papá aprendí que cuando uno es papá es papá toda la vida. A pesar de que se haya interrumpido un tiempo entre nosotros, nos pusimos al día. Nadie tiene la culpa de estas cosas que suceden y a veces no se pueden evitar. Cada uno con sus falencias y virtudes hace lo que puede, eso me enseñó a encarar la paternidad de una manera distinta.

Ser papá de Joaquín y Camilo

Joaquín (21) y Camilo (16) son los hijos de Damián y Vanina. El mayor estudia teatro en la Universidad Nacional de Córdoba, se fue a vivir solo y trabaja en diversas producciones independientes en su tierra natal. Por su parte, Camilo, aún cursa sus estudios en el colegio secundario y no piensa en los pasos a seguir. "Son dos tipos criados sanamente", expresa su papá, con un tono de orgullo.

-Joaquín estudia teatro...

-Yo le dije: 'Mirá si estudiás albañilería también te voy a apoyar'. Mi abuelo siempre decía "barrendero, pero entre los 10 mejores" (se ríe). Yo le recomendé que estudiara teatro en un lugar que tenga un buen nivel académico y que le deje las puertas abiertas a la docencia, a escribir, ser director o lo que sea, que yo no tenía cuando empecé. 

-¿Qué te pasó a vos cuando te dijo que quería seguir tus pasos?

-Es que no fue así (se ríe). Vino y me dijo: 'Me gusta la actuación'. Él es muy cinéfilo, sabe mucho, es ávido de investigar y agarra la profesión desde otro lugar. Yo solo le dije: 'El día que vos te recibas, capaz los productores que yo conozco no están más' (se ríe). No sé si lo voy a poder recomendar, pero en la medida que yo vea que está para salir a remarla lo voy a hacer. De hecho, acá en Córdoba, hace algunos cortos, le pagan, se va armando su curriculum. El fogueo lo va a tener acá, luego despegará sus alas. 

-Tu otro hijo Camilo, ¿ya sabe qué camino seguir?

Está en la secundaria.  No sabe qué hacer aún, pero es muy bueno en los deportes, se destaca mucho. 

-¿Qué actividades comparten en familia?

-Compartimos el trabajo de pintura o jardinería en el umbral, cuando yo estoy laburando y ellos se suman a ayudarme. Pero también nos gusta ver películas, cenar, charlar. A Camilo lo ayudo a estudiar, Joaquín es un poco más autodidacta. Les enseño a manejar, a usar herramientas, vamos a pescar, arreglamos el auto, hacemos trabajamos de mantenimiento juntos. 

-¿Te acompañan cuando venis a Buenos Aires? ¿Les gusta?

-Si, les re gusta. Porque obviamente la gastronomía de Buenos Aires es más amplia, vamos a ver espectáculos, andamos en bici, compramos ropa. Nos vamos como si saliéramos del campo y nos damos cuenta que hay 30 pares de zapatillas distintos, porque donde nosotros vamos a comprar hay 8 o 9 (se ríe). 

Ellos valoran mucho eso y a mi me gusta, mi vida era así. Son pibes que no piden pilcha, el otro día fuimos a comprar, después de un año y monedas que yo no les compraba ropa, y me decían: 'Yo tengo un joggin' y yo les decía ¡pero tiene un agujero Joaquín, no podés andar así!. Entonces los hago elegirse dos pantalones, dos buzos... a mi me encanta que no necesiten consumir para ser felices. Yo creo que son felices con otras cosas.

Entre la actuación y la conducción

Este 2022, Damián fue uno de los protagonistas de 'El Primero de Nosotros', el mega éxito de Telefe y Paramount+, que mantuvo en vilo al país durante sus últimos episodios, con un descenlace desolador pero a la vez emotivo. La serie relató la historia de un grupo de amigos que se acompañaron durante la enfermedad terminal de uno de ellos y despertaron en sus vidas el deseo de ser felices y de vivir con la mayor satisfacción posible.

-¿En tu vida también tenés a tu círculo de amigos de confianza?

-Si, tengo amigos de la vida y de los medios. Conservo mi grupo de amigos del barrio de Caballito, de la esquina de Felipe Vallese y Espinosa, nos seguimos encontrando. Eran fanáticos del programa, me escribían on time por el chat. También tengo 4 o 5 amigos que me quedaron firmes del grupo de la secundaria, el grupo de la primaria y amigos del trabajo que fui teniendo. Hasta tengo amigos del banco, de cuando trabajaba en un banco. Son de fierro. Tengo uno que cuando voy a Buenos Aires me quedo en su casa, porque yo no tengo más nada allá. Los amigos para mí son mis bitcoins de la infancia, una gran inversión. 

-Además de que tu personaje confesara su elección sexual, su hijo en la tira también lo hizo ¿Cómo reaccionarias si tus hijos te plantearan algo similar?

- Me parece que esta libertad está fantástica, decidir qué hacer con tu vida privada es algo que tendríamos que definir desde el principio pero a nosotros nos educaron con ciertas estructuras. Ahora lo que uno pretende de un hijo es que sea feliz, no siempre tiene que ver con la sexualidad. Por ahí tu hijo está en pareja con alguien que no te copa mucho, pero igual lo acompañás porque uno no tiene que decir nada con respecto a esas relaciones. 

-¿Va a haber una segunda temporada de 'El Primero de Nosotros'?

-No lo sé, no creo. No se habló y me parece que el eje de esta historia era la enfermedad de nuestro amigo, que despierta y dispara muchas cosas en el grupo. Si sigue, debería ser una precuela, de cuando eran más jóvenes. Todo puede ser. Pero el disparador de esta historia era él. No la muerte en sí, sino sobre la importancia de cumplir los deseos y las materias pendientes que uno a estúpidamente posterga y no termina de completar en esta vida. Yo siempre digo: hay que morir contento, hay que intentarlo al menos. 

Damián tuvo su debut como conductor en el ciclo diario de Morfi, todos a la mesa (Telefe), en donde descubrió su pasión por esta nueva faceta que lo colocaba en el rol de host, cada mediodía en la pantalla chica. Acompañado por un 'dream team', fue elegido por el propio Gerardo Rozín para ocupar ese lugar.

-¿Volverías al rol de conducción?

-Conducir me gustó mucho y más que nada ese programa (Morfi). Disfrute de poder cantar con un artista, bailar con una bailarina, divertirse, es un ciclo con un popurri de cosas, además de la noticia, la actualidad y la cocina.

-Te tocó conducir con Zaira Nara...

-Es una gran compañera, un sol de mina. Malena también, divina. Santi es amigo mío desde hace muchos años. Gerardo siempre estaba ahí en el control, era un tipo muy presente. Su técnica era venir a vernos dos horitas y rajarse sin que lo viéramos, a veces me llamaba por teléfono para aconsejarme, teníamos charlas interesantes. 

-¿Cómo viviste la noticia de su muerte?

-Hemos tenido muchas charlas profundas y él me ha invitado a sus programas hermosos, como Gracias por Venir.  Cada vez que me invitaba a algo yo le decía que sí. No importa dónde estaba, una vez me pagó un remis desde acá, de Giardino, hasta Villa Gral Belgrano para hacer una nota. Los dos geminianos también. Su fallecimiento me recordó a la muerte de mi mamá en un punto, uno sabía que iba a suceder y que la vida no iba a ser muy extensa después del diagnóstico. 

-¿Hablaste con él durante su enfermedad?

-Tuvimos un par de charlas donde me dijo: 'Vengo safando, pero está difícil', y le dije que disfrutara de la vida. Él luego viajó con sus hijos, fue a Nueva York, hizo algunas cosas que por ahí no había hecho antes, pero no te alcanza un año para tomarte un repechaje de la vida. Siento que fue un aprendizaje para todo el entorno, así como también Guinzburg en su momento, inesperado, o Romina Yan, tan joven. Cada cosa que va sucediendo en la vida no es en vano. Eso te deja algo y yo lo voy poniendo en práctica. 

Fotos: Chris Beliera

Producción: Caro Gagliardini

Video: Ale Carra

Make up y pelo: @raquel_quintans_mkp para Sebastián Correa

Agradecimiento: @abso , Oggi @oggizapatos, Renner @renner_ar

Agradecimiento por la locación: Gabriel De Campo, Anticuario. @gabrieldelcampoanticuario

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