Los Bonobos: “Para tener amor… ¡hay que tener humor!” – GENTE Online
 

Los Bonobos: “Para tener amor… ¡hay que tener humor!”

Lo dicen los protagonistas de la obra teatral más hilarante de la avenida Corrientes. Horas antes de una función, los actores que arriba del escenario cuentan la historia de tres amigos (uno ciego, uno sordo y uno mudo) que buscan pareja, respondieron una consigna que los sorprendió: ¿Nos cuentan la historia de la primera vez que se enamoraron?
Teatro
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El elenco de Los Bonobos -Campi, Lizy Tagliani, Peto Menahem, Osqui Guzmán, Anita Gutiérrez y Manuela Pal- se animó a responder a una divertida consigna en diálogo con la revista GENTE: contar la historia de su primer flechazo amoroso.

MARTÍN “CAMPI” CAMPILONGO: “Es la primera vez que lo cuento…”


Mi primer enamoramiento lo tuve en el jardín de infantes, y fue de una compañerita. Me gustaba su olor… ¡mirá lo que te digo!, y todavía lo recuerdo. Olía como a perfume de niño, de criatura, y era una fragancia linda y muy primaveral que coincidía con ella. Después no me acuerdo de su cara ni de su nombre, pero sí de que me tenía enamorado y de que iba contento al jardín porque iba a verla. Y ahora que lo pienso creo que esto solo lo sabés vos, porque es la primera vez que lo cuento en mi vida. Ni mi mamá lo sabía... Todavía tengo la imagen de la salita que daba a la calle La Rioja, en Parque Patricios, de donde soy, y de la que yo llegaba y me sentaba al lado de ella y jugábamos. Eso me ponía contento. Y sospecho que me aceptaba, porque no tengo un mal recuerdo. Igual, obvio que era una rosca mía, porque a los cinco años no sabía lo que era el amor. Sin embargo, me acuerdo de que era lindo estar cerca de ella y sentir esa sensación.”

Martín "Campi" Campilongo.

LIZY TAGLIANI: “Sentí como si tuviera arena en la boca”


“Andaba por los 13 años cuando viajé en tren desde Adrogué hasta Lomas de Zamora para tomar mi primera clase de gimnasia. Y ahí se me acercó a hablarme un chico de unos 16 años que se llamaba Alejandro. Él era hermoso: tenía un pelo a dos aguas –medio un corte cubano–, llevaba su uniforme de colegio industrial y era alto. Hoy me doy cuenta de que él ya sabía que yo era un chico, pero en ese momento sentí que él pensaba que había encontrado en mí a una mujer y que mis tetas  –dos medias– eran mías. Algo nada real. Así que cuando me preguntó cómo me llamaba, le contesté ‘Carla’ y quedamos en encontrarnos al otro día en la estación de Remedios de Escalada, donde me dio mi primer beso que, confieso, no me gustó mucho, porque sentí como si tuviera arena en la boca. Me quedó esa sensación. De hecho, al día de hoy no me gusta tanto besar. Pero en aquel momento me percibí totalmente enamorada. Aunque habrá durado tres citas la relación, nunca me lo pude olvidar.”

Lizy Tagliani.

GUSTAVO “PETO” MENAHEM: “Duró un par de lentos”


“En segundo grado me gustó secretamente una chica que terminó siendo la novia de un amigo, y en quinto o sexto fuimos tres amigos los que nos enamoramos de la misma chica, y pasó lo mismo: eligió al otro. Pero me recuerdo pendiente de ella, de lo que hacía y de lo que le gustaba. Te digo más… Una imagen que me quedó grabada en la mente es la de estar tirado en la cama de mi cuarto escuchando música –creo que era un casete de mis viejos de bandas sonoras de películas–, que entrara mi mamá a la habitación, me preguntara ‘¿Qué te pasa?’, yo le respondiera ‘No me pasa nada’ y ella, al toque, me sonriera y dijera: ‘En mi época eso se llamaba estar enamorado’. ¡¡Se re dio cuenta!! Es que yo estaba ahí con una cara de perejil… Era una linda época en la relación entre mamá y yo. Creo que nunca le conté que en la época de los asaltos, finalmente logré algo con esa chica, con Laura, que tuve éxito con mi primer amor, aunque sólo duró… un par de lentos.”

Gustavo "Peto" Menahem.

OSCAR “OSQUI” GUZMÁN: “Ella era una mujerota hermosa”


“La primera vez que supe lo que era el enamoramiento fue a los 10 años, cuando me enamoré de Susana, mi maestra de quinto grado. Me acuerdo de sentir que necesitaba verla ¡y la alegría que me provocaba hacerlo! También la sensación de que el tiempo se medía ahí, que los minutos importantes eran los que estaba cerquita de ella. Y la seño algo sospechaba, porque siempre me tenía cerca, me llamaba al escritorio, me hacía hacer dibujitos al lado y me traía un chocolate: sí, tenía un trato re especial conmigo. ¡Yo era un negrito simpático para ella!, y Susana una mujerota hermosa: rubia, de ojos azules, con una sonrisa gigante. Siempre sonreía, lo que me parecía espectacular. Eso sí, jamás volví a verla porque sólo estuvo ese año en mi escuela y se fue. Siempre pensé: ‘Ella vino sólo para esto, para que yo creciera en este sentido’, porque gracias a Susana conocí la sensación de estar enamorado, que a la vez es el primer dolor que uno siente. Porque estar enamorado duele. Desde entonces, para mí, el amor es la pulsión de la Creación.”

Oscar "Osqui" Guzmán.

ANITA GUTIÉRREZ: “¡Me enamoré de Nito Mestre!”


“Creo que la primera vez que me enamoré, antes de que sea con un chico real, fue con Nito Mestre, en una etapa muy Sui Generis que tuve. Sucede que yo empecé a estudiar teatro a los 11 años en lo de Hugo Midón y hubo un momento en que mis compañeros empezaron a tocar en guitarra canciones melanco, y yo empecé a meterme en la onda y me enganché mal. Ya con 14 o 15 recuerdo estar en mi cuarto sola y experimentar profundamente esa angustia de la persona enamorada que hubiera deseado conocer a alguien cuando era imposible, ¡porque Nito era re grande! Yo sentía que estaba viviendo en una época equivocada, como una cosa fuera de tiempo. Y había canciones como Necesito que me calaban hondo (‘Necesito alguien que me emparche un poco y que limpie mi cabeza…’, canta). Ese amor medio naif me identificaba a pleno. Fue una época muy idílica de la que no se enteró ni mi mamá, porque estar enamorada de Nito ¡era raro! Pero fue un combo de fantasía.”

Anita Gutiérrez.

MANUELA PAL: “Él, obvio, no me daba bola”


“Mi primer amor duró tres años: de séptimo grado a segundo año. Arrancó en la época en que nos empezábamos a juntar con los chicos de otros colegios. Ahí yo viví un amor profundo con uno que, obvio, no me daba bola. Era ir a un baile del colegio o un asalto y sentir que, si él no iba, se convertiría en la peor tarde o noche de mi vida. También, tener todo el banco del colegio escrito con su nombre y el mío junto a la frase ‘4 ever’, y sentir mariposas en el estómago cuando los chicos del colegio del Don Bosco, al que él pertenecía, aparecían en la puerta del nuestro. Al toque, desde la ventana yo lo buscaba, ¡y si estaba me daban unos nervios! Pasaba por el baño a ponerme la colita de pelo un poco más alta y a asegurarme de verme bien. Salía y quizá ya no estaba, porque se había ido. Lo cómico fue que él después se enamoró de mí y a mí ya no me gustaba, y con el paso del tiempo nos hicimos íntimos amigos. Así hasta el día de hoy. Sí, mi amor se convirtió en una amistad eterna”.

Manuela Pal.

ALBERTO NEGRIN (Director y escenógrafo de Los Bonobos): “Las sonrisas se ven en los ojos”


“Estrenamos esta obra el 24 de enero de 2020. Hicimos siete semanas y entonces el teatro se cerró por la pandemia… Pero en nosotros quedó el deseo vivo de volver. Y después de un año y medio, la reestrenamos el 10 de agosto. Sorpresivamente tomó otro carácter, otra humanidad, y quedó mucho más interesante que la del año pasado. ¡Y me encanta cómo está ahora! Es una comedia con ritmo, divertida y profunda a la vez. Es más, diría que es sanadora, porque todas las noches me siento en el palco a ver la cara de la gente, su risa y su disfrute, y se nota que suspenden su propia realidad. En ese momento, los tapabocas no ocultan la expresión, porque las sonrisas se ven en los ojos y en los movimientos de las butacas. Me parece que el público no sólo recibe la obra, sino también lo que sucede entre el equipo de trabajo. Siente que hay un grupo muy unido que disfruta lo que está haciendo. Y no sólo hablo de los seis actores, porque ésta es una obra de mucha técnica: hay once maquinistas, dos personas de video, dos de luces, tres de sonido, un utilero, dos de vestuario… Somos treinta, y no puede faltar ninguno a la hora de levantar el telón, cuando vemos que la sala está llena y, una y otra vez, sentimos una gran emoción.”

Osqui Guzmán, Campi y Peto Menahem sobre el escenario.
El elenco completo saludando al público.

Por Kari Araujo
Fotos: Fabián Uset
Retoque digital: Gustavo Ramírez

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