Sabrina Garciarena y Germán Paoloski: “Este amor es único porque nunca dejamos de ser amigos” – GENTE Online
 

Sabrina Garciarena y Germán Paoloski: “Este amor es único porque nunca dejamos de ser amigos”

Con doce años de pareja revelan: “Fantaseábamos con casarnos a fin de año”. Aunque la pandemia cambió sus planes, no los desanimó. Íntimos, los talentos de Chekka Group recorren su historia. De una amistad de cinco años al “beso más largo de la vida”. La separación que decidieron “para no sernos infieles”. Y las claves de una pasión que sobrevive a la paternidad.
Entretenimiento
Entretenimiento

Más que un beso –“largo, interminable primer beso”– fue algo así como el codazo de un destino encaprichado con darle marco de “una cita que no era cita” –“muy casualmente”, durante la madrugada del San Valentín 2009– y convertir la amistad de cuatro años en una historia “que ya lleva tres hijos”.

Germán Paoloski (46) y Sabrina Garciarena (36) iniciarán, con ese relato, una charla sobre el amor, luego de que un “chiste” sobre su boda –al aire de El noticiero de la gente (Telefe) que él conduce– despertara nuestro interés por saber qué valor le dan al matrimonio y sus cuestiones “para toda la vida”.

“Éramos dos amigos más de un grupo grande que aún hoy conservamos. Siempre me pareció una mujer muy linda, encantadora, pero como muchas otras con las que uno va topándose en la vida. Yo tenía mi pareja, ella la suya, y no me permito mirar más allá en esas situaciones”, dice Germán.

“Tiempo después cada uno volvió a la soltería y empezamos a vernos cada vez más seguido, a pasar tiempo juntos, a charlar mucho. Me llamaba, la llamaba... nos contábamos cosas. Y mis sentimientos cambiaron, mi mirada ya era otra. ¡Me gustaba! Me gustaba ella, lo que decía, cómo pensaba. Nos reíamos mucho. Me cambió el modo. Pero no dejaba de ser prudente. Vencía la incertidumbre. ‘¿Habrá agua en la pileta? ¿Ella sentirá lo mismo?’. Hasta que una noche en la que se había coordinado una cena en grupo, les pedí a todos que ‘se hicieran los complicados’ para encontrarme a solas con Sabri. Le dije: ¿Sabés que nadie puede? Comamos juntos y luego los encontramos en el boliche’. No fue una cena romántica, sino un mano a mano con una amiga que me encantaba y a la que, estaba seguro, quería besar”, cuenta.

Germán: “Una noche la llevé a su casa y al llegar noté que tardaba demasiado en bajar del auto. Me dije ‘es ahora o nunca’ y ¡pac!... la besé. El beso fue eterno... ¡larguísimo! Pero al terminar me aclaró: ‘Me parece que no da’. ¡Bueno, si no daba me lo hubieses dicho antes!”.

“Y en el boliche, así, naturalmente, nunca se separó de mí. ‘Es una señal’, pensé. Sentí que era una cita sin serlo. Al salir la llevé a su casa. Al llegar noté que tardaba demasiado en bajar del auto. ‘Es ahora o nunca’, me dije... y ¡pac! la besé”, recuerda. “El beso fue eterno... ¡larguísimo! Al terminar me aclaró: ‘Me parece que no da’. ¡Bueno, si no daba me lo hubieses dicho antes!” (risas). “Respondió: ‘Es raro, porque sos mi amigo, pero no besaría a un amigo’. Es entonces que Sabrina –“que ya sentía que él estaba confundiéndose, porque me llamaba, me escribía, pasaba a buscarme y sabía que algo así podía pasar”– toma la posta en esta trama.

“Me gustaba estar con él y me sentía algo expectante. Me preguntaba a mí misma: ‘¿Qué hago? Me siento bien, pero no quiero perder la amistad’... En ese momento yo estaba con la cabeza y el corazón en otro lado. Y el beso fue tan increíble que me dije: ‘Ey, acá pasa algo que no sabía que pasaba’, señala. “Por ser inesperado, todo fue más lindo”.

Sabrina: “Me gustaba estar con él y me sentía algo expectante. Me preguntaba a mí misma: ‘¿Qué hago? No quiero perder la amistad’. En ese momento yo estaba con la cabeza y el corazón en otro lado. Y el beso fue tan increíble que me dije: ‘Ey, acá pasa algo que no sabía que pasaba’”.

En el itinerario del plan grupal seguía un viaje a Mar del Plata. “La llamé: ‘¿Vamos igual?’. ‘Sí’, me dijo. Y la primera noche, en una disco, chapamos a morir”, dice Germán. Pero más tarde deberían atravesar los embates de un amor a la distancia. Sabrina había iniciado una carrera internacional y el rodaje de Pagafantas (de Borja Cobeaga) la convertiría en adoptiva de Europa (más tarde se instalaría en Italia, donde protagonizaría ficciones como Terra ribelle y L’ombra del destino). Por ese motivo la convivencia se concretó recién en 2011, cuando la actriz regresó al país definitivamente. Pero antes debieron resolver una crisis eligiendo la separación.

“El mojón en el inicio de esta relación fueron los viajes de Sabri”, dispara Paoloski. “Jamás me hubiese permitido coartar sus posibilidades laborales. Cuando me habló de sus propuestas, la alenté... Aunque la relación a distancia siempre es compleja. Fue un gran quiebre. Muchos pueden decir que si hay amor todo es posible. Pero el amor necesita presencia, al menos cuando todavía no hay una familia y el vínculo es incipiente”, sostiene. “Estaba en juego una elección de vida”, explica Sabrina.

Germán: “Es complicado mantener la fidelidad a la distancia durante ocho meses cuando tenés veinte o treinta y pico de años. Eso fue lo que me planteó Sabri: ‘Yo no quiero ser infiel ni que vos me metas los cuernos’. Entonces acordamos separarnos y ver qué nos pasaba a su regreso”.

“Hacía tiempo que apostaba a un sueño profesional en el momento indicado, sin hijos, sin grandes responsabilidades que me aferrasen. Entendí que era el instante en que debía explotar laboralmente... Y la relación no podía darse de la manera en que yo quería. Amaba a Germán, quería estar con él, pero disfruté de escucharme a mí misma. Hoy, mirando esa etapa desde lejos y con una familia, me reconforta no tener esa etapa como un pendiente. No me arrepiento de aquella elección”.

Entonces se desnuda la intimidad de ese break. “Es complicado mantener la fidelidad a la distancia durante ocho meses cuando tenés veinte o treinta y pico...”, se sincera Paoloski. “Eso fue lo que me planteó Sabri: ‘Yo no quiero ser infiel ni que vos me metas los cuernos’. Así, acordamos separarnos y ver qué nos pasaba a su regreso. En ese período no hemos tenido relaciones. Al menos yo tuve alguna que otra, ocasional”, cuenta. “El diálogo siempre fue fundamental. Y como amigos, que aún hoy lo seguimos siendo, cada uno sabe lo que al otro le pasa, quiere o necesita”, acota Sabrina.

“Nos estábamos adelantando a todo. Por más que yo lo adoraba, sabía que no era de las personas que aguantarían una relación con lejanía. ‘Distancia, cada uno hace su vida’, le planteaba. Yo sé que hizo su vida y él sabe que hice la mía. Son cosas que no dijimos públicamente. Tiene que ver con la empatía que nos dio la amistad, de poder vernos desde el lugar del otro. Y jamás se generó una pelea fuerte”.

Sabrina: “Siempre me asombró la prolijidad de Germán. Su cuidado con el orden y en la casa. Él es obse, pero nada que me espante. Tiene algunos TOCs que a mí me copan”.

Paoloski vuelve a tomar la palabra: “Fue lo que charlamos mucho tiempo después. No intentábamos conocer a otros ni involucrarnos en otras historias, porque estábamos convencidos de lo que sentíamos. La realidad es que todo era raro, porque nunca hubo un desamor. Por eso en el reencuentro se dio todo automáticamente”.

El 2011 trajo convivencia. Y el tema, en esta charla, algunas observaciones. En términos de sacarle la ficha al conviviente en las primeras diarias, Germán asegura: “La amistad se trasladó a una casa. Seguimos pasándolo tan bien como siempre. A nosotros nos gusta estar, hacer cosas juntos. Somos felices de esa manera”.

En tanto, Sabrina –que también destaca esa virtud de la pareja– se remite a un comentario más concreto. “Me asombró su prolijidad. Su cuidado. Con el orden y en la casa, Germán es obse. Pero nada que me espante”, describe la actriz. “Tiene algunos TOCs, como el de la intolerancia a encontrar una sola media. Puede pasarse el día buscándola hasta completar el par. Esas manías, con el orden principalmente, me copan. No sé si es por mi profesión o qué, hasta me suenan saludables”.

Entonces Paoloski toma el guante: “Sí, soy obsesivo. Por eso me saca su ‘colgadez’. Sabri es terriblemente colgada, vive en la Luna de Valencia. Lo que estando de novios me hacía gracia hoy es: ‘Te pedí que le dijeras al pintor tal cosa...’; ‘¿Cómo que no pagaste, si te dejé la plata...?’. Todo es ¡Uy me olvidé!”, actúa con gracia. “Como también reconozco que como mamá es un halcón: nada la distrae, jamás. En realidad, en esta familia la jefa es ella: toma las grandes decisiones de todo”.

Germán: “Creo que el humor es una de las cosas por las que Sabri se fijó en mí. A nosotros nos gusta demasiado estar juntos. Una peli puede ser la mejor excusa. Cuando el trabajo nos obliga a separarnos y paso la noche afuera, sentimos mucho la ausencia y hablamos por teléfono durante horas, hasta muy tarde”

Qué los hace reír. “El humor, que en nuestro caso es muy similar, me resulta fundamental en el amor”, comienza Sabrina. “Solemos reírnos como si tuviésemos quince años. Por ahí, cuando estoy enojada, él sabe colarme un chiste y aunque lo quiera matar, termino a las carcajadas. No sé si es porque lo amo y lo conozco tanto, pero me divierte mucho. Germán tiene el talento de levantar y amenizar cualquier encuentro”.

Entonces Germán suma: “Creo que es una de las cosas por las que se fijó en mí. A nosotros nos gusta demasiado estar juntos. Una peli puede ser la mejor excusa. Cuando el trabajo nos obliga a separarnos, como cuando viajo al interior para conducir algún evento y paso la noche afuera, sentimos mucho la ausencia y hablamos por teléfono durante horas, hasta muy tarde. Necesitamos sabernos cerca, aun cuando cada uno esté en una parte distinta de la casa”.

Qué los hace llorar. “Los dos somos de llorar mucho, con un recuerdo, con una película... Lo hemos hecho juntos, en peleas o con la separación. Germán es muy sensible”, advierte Sabrina. “El llanto nunca fue tabú entre nosotros. Expresarnos desde ese lugar es bastante natural. El mayor y mejor llanto compartido fue el del nacimiento de León (hoy 6, hermano de Beltrán, 3, y de Mía, de seis meses), ese instante en el que de repente ya sos una familia, el momento cumbre de las emociones comunes”.

Paoloski asiente: “Fue terrible. Cuando vuelvo con el bebé en brazos a la sala de partos para llevárselo a su madre, miré a Sabri a los ojos y le dije: ‘Cuando me enoje por pavadas, haceme acordar de este momento’. Porque lo que atraviesa una mamá poniendo el cuerpo durante un año y medio (gestación, parto, postparto y lactancia hasta los dos años, como lo hace hoy con Mía) es admirable. ¿Qué podríamos reprocharles luego? Y te digo que se lo tomó en serio, porque me recuerda esa frase cada vez que discutimos” (risas). “Esa Sabri-mamá, su bondad y sencillez, me conmueven demasiado”.

Hace algunos días, un cronista de El noticiero de la gente (Telefe) transmitía desde un Registro Civil. Entre chascarrillos, compañeros de Germán lo “arrinconaron” con la inquietud: “¿No vas a casarte?”. Ahí mismo llamaron a Garciarena y el show televisivo revivió las charlas de entrecasa. Sabrina, que dice haber crecido en un hogar “tradicional, con padres enamorados, casados y felices” (finalmente una motivación), dirá: “¡Me casé tanto en las ficciones...! ¡No sabés las veces que visité diseñadores para las pruebas de mis vestidos de novia...! Siempre pensé: ‘¡Qué lindo sería casarme’.

Sabrina: “El casamiento no es un ítem o un pendiente en mi vida. Nada que me realice. Pero debo confesar que me hace ilusión. Las bodas, cualesquiera sean, me emocionan mucho”.

Enseguida advierte: “El casamiento no representa un ítem o un pendiente en mi vida. No es algo que me realice: ya me siento realizada. El amor y la familia, lo más importante, ya los tengo. Aunque debo confesar que me hace ilusión. Las bodas, cualesquiera sean, me emocionan mucho. Cuando dos personas deciden llegar a ese momento, a ese lugar, idealizarlo y ponerle tanta entrega, hay algo que sucede. Los casamientos me resultan mágicos, a tal punto que percibo esa unión...”.

Germán añade su mirada: “No soy un hombre religioso, ni para mí significa un mandato, o ‘lo correcto’. Para mí, el matrimonio es una cuestión civil. Una firma no alteraría nada de lo que hay en casa. Pero la verdad es que tengo ganas de casarme por Sabri, porque lo fantaseó, porque es un sueño que debería cumplir de joven, no a los sesenta. Y yo lo haría muy convencido, con la necesidad de regalarnos una noche espectacular”, dice. “Nosotros ya veníamos hablando de casarnos. Informalmente, claro, porque después de tantos años juntos y una familia establecida, la propuesta por ahí no es tan importante”, aclara. “Teníamos ganas de hacerlo a finales de 2020... y la pandemia nos mató. Aún no teníamos fecha, pero ya nos referíamos a si daríamos una gran fiesta o sería una reunión íntima. Hoy, darle un marco formal a esto que sentimos y construimos juntos sigue siendo un deseo muy fuerte”.

Sabrina retoma: “Después de un camino recorrido, quisiera que resulte una linda experiencia, que mis hijos celebren con nosotros. Creo que cuando Mía comience a caminar será un buen momento para hacerlo”. Paoloski suma: “Siempre es lindo reunirse a celebrar. Y mucho más después de un año tan duro como éste. Así que la alegría será doble. Cada vez que mencionamos algo de esto en casa, León nos carga: ‘Papá, ¿cómo no te casaste con mamá? ¡No puede ser!’. Hasta para ellos será inolvidable”.

Hablando de mandatos y convenciones, no se nos escapa la idea de fidelidad. “Es bravo el tema”, dispara él. “Es muy difícil aceptar como concepto básico la monogamia para toda la vida. Pero no es imposible. Mucho tiene que ver con el amor, y yo sigo enamorado de Sabrina, apasionado por ella como el primer día. Así lo siento, por más que mis amigos nos gasten diciendo que el enamoramiento sólo dura, como máximo, un año. Claro que la relación cambia... En nuestro caso, cambia para bien. Porque se suman más aristas al vínculo: la amo como amiga, como mujer y como mamá. Yo hablo todo con Sabri, nos contamos todo y hasta tiene la clave de mi celular. Nuestro modo es muy franco y elegimos hacer todo juntos, como elección genuina”.

Germán: “Cada vez que mencionamos algo referente a la boda en casa, León nos carga: ‘Papá, ¿cómo no te casaste con mamá? ¡No puede ser!’. Hasta para ellos será inolvidable”.

Sabrina reflexiona: “La fidelidad es importante desde el amor, no desde el mandato. Nadie nos obliga a aceptar y formalizar una relación. En una pareja, siempre que sentí que alguien no podría sostenerla, di un paso al costado. Puedo entender que la vida es etapas y cambios. Y me parece muy evolucionada la gente que decide ‘abrir’ su pareja. Porque es decir: ‘Te amo, quiero pasar mi vida con vos, pero si sentís algo real por alguien más, andá y viví el momento’. Una actitud súper generosa. Pero considero que por más apertura mental que lograse tener, ese camino duele. La gente que conozco que practica el poliamor, por ejemplo, finalmente termina contándome que lo pasa mal. Yo no podría implementar nada de eso con Germán, porque enamorada nunca miro hacia otro lado. No sé... Resulta algo muy personal de cada pareja y de cada etapa. Tampoco estoy de acuerdo con eso de ya no sentir nada y deber estar toda la vida con la misma persona. La fidelidad es honestidad con uno mismo. Estoy con mi pareja porque la elijo, y el día que no lo haga, o él no me elija más, nos dejaremos libres”.

Así pasamos a una cuestión “vital” en tiempos de maternidad y, más aún, de pandemia: reinventarse en la seducción. “Aun con la llegada de los chicos nuestra vida sigue siendo de noviazgo”, revela él. “Tenemos nuestros rituales. Claro que hoy se ven afectados por una beba y la coyuntura social. Cada semana, mis viejos o mis suegros se quedaban con los chicos y Sabri y yo hacíamos ‘citas’. Teníamos citas completas. Nos desenchufábamos de todo para estar juntos, sin niños. Para hablar largo y de todo. Estar al tanto de lo que nos pasa y sentimos. Y tener sexo tranquilos, sin problemas ni demandas caseras. Hoy se hace difícil encontrar resquicios para los novios, para la necesidad de pareja. Pero no combatimos esa realidad, no peleamos contra ella. Nos dejamos llevar”, explica Germán.

“Estamos muy absorbidos por el plan papá-mamá. La beba duerme entre nosotros y algunas noches me voy al cuarto de los chicos, para más comodidad. Pero estamos atentos a que no se desdibuje el romance. Seguimos buscando nuestros momentos y cada vez que nos encontramos es como el primer día... ¡con todo!”. En estos términos, Sabrina expresa: “Cada vez que veo a Ger, más lindo me parece. Gusto de él. Me siento muy atraída. No registro que deba generar algo todo el tiempo para encender la pasión”.

Germán: “Sabri estuvo a punto de entrar en MasterChef. Había arreglado contrato y todo. Pero a último momento decidió echarse atrás por dos grandes razones: el riesgo del COVID-19 y la cantidad de horas que debía pasar en un estudio con la beba”.

Respecto del romanticismo, Paoloski reconoce haber perdido algunos hábitos: “Durante mucho tiempo llegaba a casa con flores para Sabri sin ningún motivo. Porque me gustaba el gesto. Pero honestamente, con esta diaria de hoy, ya no estoy buscando esos detalles todo el tiempo, como los desayunos con los que solía agasajarla. Sorprendo de otro modo... A mí me fascina regalar. Para su último cumpleaños le di una camioneta, por ejemplo. Pero no depende del precio. Porque si el romanticismo tiene que ver con eso, cagamos. La cuestión es dar, lo que sea”.

Ella señala: “Soy romántica, de las del goce de las cosas más simples. Y me ocupo, especialmente en este momento de la maternidad, de lograr el equilibrio entre los chicos, a quienes quiero disfrutar, y mi pareja. Porque ambos aspectos van de la mano. Soy una mamá muy presente y no me gusta dejar a mis hijos. Pero desde que nacieron, Ger y yo no dejamos de hacer viajes, aunque sean cortitos. Generamos nuestros mini-momentos y nos disfrutamos en una caminata o tan sólo compartiendo un café. El secreto, al menos el nuestro, es ése: conservar tanto los mini-momentos como las individualidades. Nosotros, a nivel pareja, priorizamos el brillo del otro, la felicidad personal y profesional del otro. No nos celamos el éxito laboral, no registramos ese egoísmo. Es muy importante que en una pareja los dos estén diferenciados uno de otro, que sobre admiración y no falte apoyo”.

Estas últimas palabras linkean con las lecciones de doce años juntos. ¿Qué aprendieron uno de otro? “Las decisiones más importantes de mi vida laboral las tomé consensuadas con Sabrina. Ella no sólo me potenció como profesional, sino que además me mejoró como persona”, dispara Germán. “Con su paz interior, la de un zen –“aunque cuando se enoja le sale fuego”, comentará luego– me enseña a bajar dos cambios, a calmar mi hiperkinesia. Porque soy impulsivo y calentón, y ella sabe equilibrarme con el mundo”. Reconocimientos que volverán en el testimonio de ella: “Ger es temperamental y suele tener raptos de obstinación total, pero es inmensamente generoso. Me enseña mucho sobre la empatía y el dar: desde cosas materiales al consejo justo. Me conmueve su capacidad de ponerse en el lugar de los demás”.

Sabrina: “Me encantaría un hijo más, porque creo que los hermanos son el mejor regalo de la vida. Pero me gusta demasiado trabajar y estoy muy consciente del tiempo y dedicación que requieren".

¿Qué les ha enseñado el amor en este tiempo? “Que el real, el verdadero, el que sale de las entrañas, es difícil de alcanzar”, dice él. “Que es continuidad. Es seguir encontrando puntos de encuentro. Es reinventarse desde el otro y con el otro. Es fuego encendido como la primera vez”. Ella argumenta: “Aprendí que el amor no es magia, sino construcción diaria. Que es empatía. Es patear el egoísmo. Es no esperar que el otro me dé lo que necesito. Es adaptación, respeto y armonía. Y me ocupo de armonizar nuestro hogar. Porque hay algo que destaco como fundamental: si en casa estás bien, todo lo demás estará bien”.

“¿Por qué esta pareja es diferente?”, será la consigna de la reflexión final en esta conversación. “Porque este amor no es un esfuerzo. Entendemos que dedicar tiempo a conocer a la persona que se elige, para hacerle la vida más fácil, hace que todo lo sea”, apunta Garciarena. Y Paoloski completa: “Porque nunca dejamos de ser amigos”.

Estilismo: Mariano Caprarola. Producción: Sofia Esther Ortiz (equipo Caprarola). Maquilló: @mickynazar y peinó: @eddierodriguez_23, ambos para @frumboliestudio. Agradecemos a Benito Fernández, María Gorof, Mauricio Catarain y Chekka Group.

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig