Martina Gusman y un año especial de pandemia: «Me recibí de psicóloga, me casé y ahora estoy trabajando y cursando en España» – GENTE Online
 

Martina Gusman y un año especial de pandemia: "Me recibí de psicóloga, me casé y ahora estoy trabajando y cursando en España"

La actriz, productora, esposa del director Pablo Trapero y madre de Lucero y Mateo transitó los últimos doce meses de manera bastante particular: cuidándose en familia del coronavirus y a la vez cumpliendo una intensa agenda personal y laboral.
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La porteña, por estos días en Barcelona, adonde viajó en familia.

"Vine a acompañar a mi hijo Mateo, que arrancó su vida universitaria entre la música y la fotografía y comenzó a estudiar bajo y piano. Y de paso aproveché para culminar dos proyectos españoles en los que participé y están por estrenarse, para iniciar un nuevo proyecto y, en los huecos, para cursar un postgrado de Terapia Gestáltica y un master de Constelaciones Familiares", arranca Martina Gusman (42). "Sí, sí, pese a la pandemia vengo de un año intenso en todo sentido: me convertí en psicóloga, me casé y ahora estoy trabajando y cursando en España", enumera incansable la mujer del cineasta Pablo Trapero (49).

“Sí, antes de regresar a España para filmar, en enero de 2020, aproveché y rendí la tesis que me faltaba. Me refiero al armado, la construcción, la realización y el análisis de un taller para reinserción social de hombres en su último año como detenidos”, señala antes de requerir, como aventón para comentar qué nota sacó, la insistencia del periodista. “¡Nueve!”, ríe quien "sin querer queriendo" terminó cumpliendo la cuarentena en su campo familiar de Luján, donde abundan los frutales y vegetales de siembra casera.

“Tute vio la luz el 1º de marzo de 2002 –detalla respecto a su hijo mayor–. Es pisciano, híper sensible, empático, de conectarse de forma intensa con aquello que lo rodea, por ejemplo a partir de la fotografía y la música. Para ambas carreras fue admitido en dos universidades de Barcelona. Viene de tomar cursos online, y en octubre iniciará las clases presenciales. Toca el saxo, la armónica, el ukelele y la batería. Me emociona su potencial interno”.

–¿Sin querer queriendo...?

–Llegué de Barcelona dos semanas antes del viernes 19 de marzo, cuando se declaró el aislamiento social, preventivo y obligatorio nacional. Como debía cumplir catorce días de encierro, por provenir de Europa, preparamos las cosas y nos trasladamos a esta chacra, que compramos casi un lustro atrás. “Hasta que no aguantemos el frío”, nos desafiamos. Por suerte, el coronavirus nos encontró juntos.

“Lula nació bajo el signo de Acuario, el 3 de febrero de 2016, y es alegre, creativa, lúdica, para afuera, expansiva, súper adaptable, una bomba de energía y libertad. Cada mañana elige una flor para nuestro cabello. Adoro proponerle desafíos imaginarios. Yo empecé a estudiar actuación a los seis años con mi papá (Jorge), que es profesor de teatro. Uno de los principales ejercicios era jugar a ser tal o cual... Y mirá a qué me dedico en la actualidad”, agradece su mamá.

–¿Cómo transitó en familia tan extraña situación?

–Con la incertidumbre y las dudas de todos, pero bien acompañada por los míos. Este año, Mateo (18), que había culminado quinto y arrancaba su vida adulta, se iba a estudiar afuera. Yo ya sufría el duelo, y de repente recibo el regalo inesperado de compartir las 24 horas con él. Lo mismo respecto a Lucero (4): mientras deja de ser una beba e inicia el vínculo social –aunque sea por Zoom– en el jardín de infantes, alrededor de otros chicos, lo experimento tiempo completo a su lado. Si bien, claro, a ella había que explicarle con la mayor claridad posible algo tan abstracto como lo del “bichito invisible” llamado Covid-19. “¿Cuándo se va a ir?”, preguntaba... Ahora acá ya comenzó el jardín en forma presencial. Así que estoy feliz llevándola durante las mañanas en bicicleta por Barcelona.

“El 26 de abril cumplimos diecinueve años juntos, más de 7.000 días y noches, y el 14 de agosto finalmente nos casamos”, puntualiza sobre su relación con Trapero (a la vez socio en Matanza Films), parafraseando el tema 365x10 del argentino Jerónimo Guiraud. “Pablo es aguerrido, pasional, voraz, una especie de cachorro insaciable. Y un gran constructor de sueños. Cualquier cosa que le decís la concreta. Cuando comenzamos y no teníamos nada, él repetía: ‘Lo vamos a lograr’. Es vital, un guerrero. No sólo lo quiero, lo admiro”, confía Martina.

–Cuéntenos cómo fue un día típico de confinamiento en lo de los Trapero-Gusman.

–Con horarios diversos. Yo me levantaba temprano, tipo ocho, mi momento de soledad. A las nueve amanecía Pablo. Nos sentábamos en algún lugar de afuera, y desayunábamos. Era un ritual y un instante nuestro. Charlábamos, contemplábamos lo que construimos juntos. Lula se despertaba tipo once y Tute al mediodía. A Pablo le dio por la carpintería (construyó la casita del árbol de la nena, un tobogán, mesas), Lucero tomaba clases online, Mateo componía y cocinaba. Y yo me prendía a cursos del posgrado y, vía remota, a actividades solidarias para la Fundación Sí. Bien variadito...

Durante la cuarentena, Gusman leía, plantaba, amasaba, miraba series y películas... "y limpiaba la casa", no olvida añadir.

Siente Martina que la pandemia generó “mucha angustia, un vacío debido a la incertidumbre. Es un cachetazo a lo controlado y programado. Nos pateó el tablero a todos. Ni hablar si a ello le añadís circunstancias sociales y económicas complicadas, que no es nuestro caso. A algunos nos sorprendió con algún ahorro, que nos permitió ir llevándola. Si te rodea un contexto difícil, la angustia aumenta", analiza y continúa:

"Es desestructurante, y entiendo que nos va a dejar una enseñanza, como a conectar más con el presente. Siempre nos aferramos al futuro, planeamos. Quizá aprendamos a iniciar el nuevo día como una nueva oportunidad. Así lo tomamos nosotros”, resume ella, advirtiendo que “casi no salíamos. Salvo Pablo, que cada dos semanas iba por una compra importante al súper, o yo, que me pegaba una escapada cerquita, por si faltaba algo, y me acerqué una vez a la Capital –con barbijo y las prevenciones lógicas– para saludar a mi mamá (Marisa), que cumplía 70 años”.

“En 2019/20 –cuenta la intérprete– filmé dos largos nacionales aún no estrenados, Lucía (del director Juan Pablo Martínez) y Quemar las naves (de Rodolfo Carnevale). Luego me vine acá, a España, para rodar El año de la furia (–foto– de Rafa Russo, junto a Alberto Ammann, Daniel Grao, Maribel Verdú, Miguel Ángel Solá, Joaquín Furriel y Sara Sálamo) y la serie de Netflix El inocente (de Oriol Paulo, con Mario Casas, José Coronado, Aura Garrido y Juana Acosta), ambos productos que ahora doblé y pronto promocionaré. En febrero retornará para grabar la segunda temporada de El mundo de Mateo, y a finales de marzo arrancaré con la cuarta y quinta de El marginal, que quedó para 2021... ¡Vuelve Emma Molinari! No puedo quejarme: con interrupciones o no, mi carrera es una vocación que me sigue llenando el alma”.

–¿Qué tareas de la casa le tocaban a usted en suerte?

–Yo hacía todo. De tanto en tanto, Tute y Pablo lavaban los platos. A Lula sólo le pedía que me ayudara a ordenar sus amados muñequitos y juguetes. Sí, admito que los cuatro cocinamos. Mi esposo, asados increíbles. Mi hijo, tremendos guisos y budines de mandarina. Y Lucero y yo nos especializamos en amasados. Desde los ñoquis de calabaza, papa y remolacha hasta fideos, tapas de empanadas y lemon pie... Igual, fluimos en conjunto.

Los Trapero-Gusman a pleno. ¿Cuál es más artista? “¡Todos!”, no duda en responder Martina, nacida en La Boca, mudada a los dos años a San Telmo, luego (ya de mayor, con su esposo) a Chacarita y ahora alternando entre su hogar de Colegiales, el campo de Luján donde los cuatro cumplieron la cuarentena y el lugar del planeta que la reclame para actuar.

–¿Cómo completaba el día?

–Practicaba yoga Kundalini, que es bastante fuerte y consiste en otra “cuarentena”: se trata de una misma “kriya” (postura o meditación) a lo largo de tres series, es decir 120 días. Además tejía, lo que me permitía un relax mecánico. Plantamos la huerta, ensuciándonos las manos. Leí bastante al catalán Joan Garriga Bacardí, un interesantísimo psicólogo gestáltico. Veía series (This Is Us, Years & Years, Undone, The Night Of y Big Little Lies) y algún filme con Pablo. Él, que puede llegar a terminarse dos películas por día, también solía quedarse a disfrutarlas de noche con Mateo.

Relajada y bajo la lente del hijo, durante el invierno en su campo de Luján. Desde aquí Martina rodó en forma online una participación en una ficción española La Treintena, que ya se estrenó. Entretanto, viene gestando en Barcelona la serie Ana del Raval, creada por Mi hoa Lee, que "me tendrá como actriz y productora ejecutiva y habla sobre el mundo de las mujeres, desde su maternidad, el desarrollo personal, el trabajo, las relaciones..., todo enmarcado dentro del mundo del Raval, un barrio increíble de Barcelona", sintetiza Gusman.

–¿Y no se pusieron a filmar una ahí adentro, en equipo?

–La verdad, pensábamos rodar una –o algo– desde casa, pero como veníamos de un año ajetreado –Pablo, de completar la serie Zero Zero Zero para Amazon, por ejemplo–, sólo yo filmé algunas escenas online para una serie española (La Treintena). Sentíamos que la pausa forzada a raíz del coronavirus era una ocasión ideal para parar, conectar con algo terrenal y recargarnos de energía para afrontar los proyectos que se vienen. Sabemos que cuando arranquemos no pararemos. No sólo planeamos una nueva película juntos, producida por Morena Films, sino que además vislumbramos montar un segundo centro laboral de operaciones en Barcelona, donde ahora estamos los cuatro. Así que, entretanto, resolvimos gozar nomás de la compañía mutua... Si bien durante la cuarentena no deseaba estar en ningún otro lado que en el campo, con mi familia, ahora que estamos juntos acá, en España, tampoco quisiera estar en otro lado.

Fotos: Mateo Trapero (@mate_trapero) e Instagram de M.G. y P.T.
Agradecemos a Javier Furgang (The Remake –@theremakenet–).

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