La boda de Mechi Lambre: “Tenía miedo de que el matrimonio nos detuviera, pero nos potenció” – GENTE Online
 

La boda de Mechi Lambre: “Tenía miedo de que el matrimonio nos detuviera, pero nos potenció”

La pandemia no pudo con ella. Tuvo que posponer su casamiento con Ezequiel Freidzon –previsto para marzo– pero logró hacer una fiesta con las personas que la acompañaron en los momentos clave de su vida. Además, encontró que podía dar rienda suelta a su pasión por la música: produjo y grabó su primer videoclip y tiene previsto lanzar su carrera musical este verano.

“Elegimos Mendoza porque nos hicimos un poco fans del vino”, confiesa Mercedes Rodríguez Lambre (28) desde el Valle de Uco (Mendoza), donde está pasando su luna de miel junto a su marido, Ezequiel Freidzon (34). Reconoce que también la pandemia tuvo algo que ver en la elección del lugar.

“No queríamos salir del país, porque nos daba miedo quedarnos afuera. A mí, particularmente, no me gustaba la idea de estar tan lejos de mi familia en un momento tan extraño”, dice y aclara que para ella la pandemia “es como un sinónimo de guerra y necesito estar cerca de mi núcleo”. Por otra parte, celebra que el destino los haya forzado a elegir un destino de cabotaje. “¡Claramente no sabía lo que tenemos!”, exclama, admirada de los paisajes cuyanos.

Mechi –a quien muchos conocen como Ludmila Ferro, la adolescente a quien interpretaba en Violetta (Disney)– y Ezequiel –dueño del café de especialidad All Saints– llevan años juntos: cinco desde que comenzó la relación y tres desde que formalizaron el noviazgo.

“Los dos somos muy independientes y trabajamos mucho. Nos copaba tener nuestros propios espacios y dedicarnos a nuestras carreras. Ahora el plan es formar una familia”, comenta.

Un café y un mensaje de Twitter: el principio de todo

“Nos conocimos en su cafetería. Yo iba muy seguido y él me regalaba café. Era el momento de auge de ‘Violetta’ y yo no sabía si tenía este gesto por algo en particular o sólo porque yo era famosa”, recuerda Mechi. Entonces, buscó una excusa para hablarle a su barista predilecto: fue al café, ubicado en Belgrano, y miró cada detalle para encontrar algo que pudiera servir. “Le escribí a través de Twitter, porque había una planta seca... Y empezamos a escribirnos”.

Desde entonces nunca dejaron de hablar. Ni siquiera durante una extensa gira que tuvo a Lambre fuera del país por más de un año. “Sabíamos que cuando volviera nos íbamos a ver”, confiesa Mechi, reafirmando que por entonces ya estaba segura de que la relación tenía futuro.

Nunca estuvo apurada por casarse, pero desde que él se lo propuso –en noviembre de 2019– viene soñando con la boda. Tenía todo organizado para que fuera en marzo. El avance del coronavirus obligó a posponerla, pero ella estaba decidida a que la pandemia no frustrara su sueño y pensó que éste era un buen momento para dar el “sí” y celebrarlo. “Siento que el matrimonio, desde que empezamos a planificarlo, nos potenció. Tenía miedo de que me detuviera... Al contrario, siento que me impulsa”, reflexiona.

–Hablás del casamiento como un sueño. ¿Cómo fue organizarlo en pandemia?

–La gente que me conoce sabe que soy muy versátil. Sueño un montón. Me gusta proyectar y los desafíos que nadie quiere emprender yo los asumo. Por eso parece que siempre quiero ir un poco más allá y tal vez dé la impresión de que deseaba un casamiento de princesa de Disney. En realidad yo quería algo súper relajado. Invité a los más cercanos –tampoco me quedaba otra, por la pandemia...–. En realidad, no quiero excusarme: me gusta compartir en la intimidad y de forma muy relajada.

–¿Sentís que le ganaste al coronavirus con una boda en esta situación?

–¡Sí! Una vez que me propongo las cosas le doy para adelante. Tenía muchas ganas de organizar la boda. Me molesta mucho que me pongan trabas y el COVID-19 me resultó frustrante. No por la expectativa de la fiesta, sino porque frenó mi proyecto. Lo que yo quería era casarme, y eso lo detuvo... por un tiempo. Finalmente, le gané.

–¿Te sentiste muy limitada al armar la lista de invitados?

–Re. Mi familia es enorme y somos muy familieros. Fue difícil para mí. Por un lado pienso que me hubiera gustado invitar a más gente, pero al mismo tiempo sé que las personas que estuvieron son las que tenían que estar. Quería que estuvieran quienes marcaron las diversas etapas de mi vida: mi familia, quienes me vieron caminar, mis amigas del colegio, los Violettos... Me pareció hermoso verlos a todos mezclados.

Llama “los Violettos” al team con el que compartió las grabaciones de la tira de Disney. Facundo Gambandé (30), Tini Stoessel (23) y Cande Molfese (29) dijeron “presente” en la fiesta. Otros estaban fuera del país o tenían compromisos laborales. “Los entiendo. Yo también soy de las que priorizan el trabajo”, asegura. Y cuenta que por haber transitado una etapa tan especial, con Cande y Tini son íntimas, al nivel de tener una relación muy cercana con sus familias. “Tenemos una relación increíble. Las conocí cuando acababa de terminar el colegio y no era que yo me las sabía todas, así que la relación con ellas y sus familias fue clave. Ellas también tienen una relación increíble con los míos”, asegura.

"Los Violettos": Cande Molfese, Mechi Lambre, Tini Stoessel y Facundo Gambandié
"Los Violettos": Cande Molfese, Mechi Lambre, Tini Stoessel y Facundo Gambandié

“Me caso con el amor de mi vida”

Comparte con su marido la fe. Ella creció en una familia católica. Asistió al colegio José Manuel Estrada, en La Plata, y en su juventud se replanteó la relación con Dios. “Antes creía. Pero después me acerqué a Él de otra manera y lo conocí desde otro lugar. Es algo muy personal. No me dejo llevar por una institución o algo que me pueda decir una persona, sino que intento buscar a Dios en lo cotidiano”, explica.

Y admira que Ezequiel también tenga inquietudes espirituales. “Es una persona que se pregunta las cosas de la vida y encuentra las respuestas en Dios: el sentido de la vida, la misión personal, todo”, dice. Recibieron una bendición especial en el salón donde se casaron. Ella celebra que haya sido algo así, ya que se siente especialmente cuidada por Dios. “Todo lo que me pasa en la vida es alucinante, y me doy cuenta de que sola no lo podría haber conseguido. Tengo fe y siento que recibo un empujoncito”, asegura.

Enamoradísima, dice haber perdido el miedo a ser madre. “Yo estaba negada. Tengo 28 años y pensaba que era algo para más adelante. Pero en los últimos días me di cuenta de que no tengo miedo de quedar embarazada. Igualmente, creo que por ahora no tendremos hijos...”, adelanta.

La música: refugio y proyecto

En algún momento sus amigas pensaron en una despedida de soltera, pero no pudo ser en marzo, pues la pandemia cortó todos los planes. Y tampoco se pudo concretar en noviembre, ya que las últimas semanas fueron algo inquietas para Mechi. “Una semana antes de mi casamiento grabé mi primer videoclip, ‘Welcome’. En enero o febrero voy a arrancar con la música. Vi en la pandemia la oportunidad de laburar mucho. Grabé, trabajé mucho con el tema y las grabaciones. Lo estoy auto-produciendo –que es mucho laburo– y estuve a full con eso. No tuve tiempo de pensar en nada más”, cuenta la actriz, emocionada al vislumbrar un futuro lleno de música.

Mientras para muchos artistas la pandemia significó un parate, para Lambre fue el momento indicado para buscar nuevos horizontes y potenciar su creatividad. “Estoy trabajando un montón en redes sociales. Además, arranqué con la música porque la pandemia detuvo un montón todo lo demás. Estaba en un proyecto de teatro, pero ahora estoy en plan de buscar hacer más de las cosas que me gustan”, comenta.

Fanática de la música, en su casamiento deslumbró a los invitados cuando agarró el micrófono y cantó junto a su primo.
Fanática de la música, en su casamiento deslumbró a los invitados cuando agarró el micrófono y cantó junto a su primo.

“En unos años me imagino haciendo música. Fluyendo y cambiando según lo que voy sintiendo. Me doy cuenta de que la música es mi canal. No es algo que haya aparecido ahora, sino que siempre estuvo en mí: muchas veces llevaba mi guitarra a las entrevistas y tocaba canciones (algunas incluso compuestas por mí). Siempre fue mi cable a tierra, no lo veía como algo laboral”, reflexiona en voz alta.

Agrega que la música le levanta el ánimo aun en los días más grises. “También mi familia, el chocolate –que me copa–, armar planes simples como ir al cine o comer en un restó que amo son buenos antídotos contra el malhumor, la nostalgia o la tristeza”, dice.

“La pobreza me conmueve”

Si bien se presenta como una persona feliz y agradece cada oportunidad, al tiempo que intenta aprovecharla al máximo, Mechi se define como una persona empática. No puede dejar de ver las necesidades a su alrededor. “La pobreza me conmueve”, sentencia, luego de contar que lloró al ver a un niño haciendo malabares en un semáforo de Tunuyán. Se sabe privilegiada y no puede quedarse ahí. “En la iglesia Rey de Reyes hay una fundación que abarca diversas áreas. Colaboro en la de Educación. Armamos kits con cuadernos, libros, útiles, mochilas y todo lo necesario para ir a la escuela. En general voy los martes y los jueves”, relata.

Está comprometida con el trabajo social, pero no se considera una activista. “Intento llevar mi propia bandera. Ayudar es lo que me sale del corazón. Puedo hacer algo por los más necesitados. No me gusta levantar consignas que después quizás no me identifican”, sostiene. Al tiempo, reconoce que uno de sus mayores sueños es “dejar una huella positiva, sentir que transité mi vida no desde un lado superficial, sino con una mirada más sensible”, concluye.

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