Ahora leyendo
Gaby Herbstein visitó a diez líderes espirituales alrededor del mundo: “Me enseñaron a tenerle más miedo al miedo que al coronavirus”

Gaby Herbstein visitó a diez líderes espirituales alrededor del mundo: “Me enseñaron a tenerle más miedo al miedo que al coronavirus”

Leo Ibáñez

“Intenté sembrar semillas de conciencia frente a la diversidad”, expresa la fotógrafa en diálogo con GENTE sobre su aventura, convertida en la serie de ocho capítulos “Creer para ver”, por National Geographic.

Junto a Angaangaq Angakkorsuaq, pisando Groenlandia, y un camarógrafo de NG. “Una de las doce preguntas que le formulé a cada líder fue: ‘¿Qué es la enfermedad?’. Todos contestaron que las enfermedades están ligadas a lo emocional, más allá de los virus que anden dando vueltas. ‘Muchas veces los seres humanos nos enfermamos debido a la mutación de nuestras células producto del miedo’, coincidieron. A la distancia, siento que ellos me enseñaron a tenerle más al miedo que al coronavirus”, entiende Gaby.


“Lo visualicé en un sueño en 2017. Me desperté, me levanté y ya comencé a trabajar por concretarlo”, rebobina Gabriela Carmen Herbstein (51 –del 3 de mayo de 1969–) sobre la génesis de Creer para ver, el ciclo de ocho capítulos de 30 minutos cada uno que desde el lunes 8 de junio podrá verse a las 22 por NatGeo. “Como se trataba de una iniciativa súper ambiciosa, decidí autogestionarla. Acudí a mis ahorros y me lancé a la aventura. Cuando quise darme cuenta, me encontraba sentada en una oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en Ginebra, Suiza, recibiendo su aval, y agradeciendo en persona la bendición del papa Francisco, en el Vaticano: ‘El mundo necesita más proyectos así para unir a la gente’, me dijo, y me emocionó”.

La fotógrafa y artista visual argentina soñó, creó, financió y protagonizó este periplo por medio globo terráqueo para entrevistar y retratar a diez líderes de distintos credos, filosofías y culturas.


La talentosa fotógrafa, que atesora un cuarto de siglo de trayectoria, producciones a innumerables celebrities, decenas de exhibiciones, muestras e intervenciones y premios al por mayor, cuenta entonces que una vez decidida a “salir de mi zona de confort: ni asistente llevé, todo a pulmón”, no le resultó sencillo concertar con los diez líderes espirituales que tenía en mente. “Necesité romper barreras, animarme. No sólo porque cada uno sigue su propia agenda, sino porque en algunos casos debí trabajar para convencerlos”, apunta. Fueron tres años de viajes a lo largo y ancho del mundo, con un equipo de cuatro personas (que, salvo por ella, iba variando entre Flor Rico, Juan Bugarin, Guido Gabella, Alejandra Presa y Daniel Loffreda), un par de cámaras Cannon de 35 milímetros, su Hasselblad de formato medio e “interminables ganas de descubrir, aprender y transmitir”, recalca.

“Los amigos, conocidos y personas que aparecieron mágicamente y me alentaron a seguir hasta el final serán otros grandes recuerdos que me quedarán”, señala Herbstein. A la búsqueda espiritual personal de la fotógrafa, y a su preocupación por el bienestar universal y la preservación de la Naturaleza, ella hoy le suma otro deseo: poder consumar una segunda temporada de “Creer para ver”, y después exhibir su trabajo en una muestra, un libro y con un desarrollo 360.

“De esta aventura de tres años volví distinta, con los ojos más abiertos y la conciencia más expandida”, sintetiza Gaby, ahora desde su casa de Tigre. “Personas como las que me recibieron y entrevisté te ayudan a transitar el camino del autoconocimiento, un camino sin vuelta atrás. Y mi experiencia, por otro lado, me permitió cultivar la paciencia. Calculá las pruebas que pasé… Podría haber abandonado en cualquier momento. Y acá estoy, hablando con vos del estreno de mi primer documental –que codirigió con Eric Dawidson– ¡para National Geographic! Una responsabilidad y un orgullo. No me imagino en una plataforma mejor. El círculo cierra perfecto… o no. Sólo me falta contar cuántos kilómetros recorrimos”, sonríe.

A continuación, una síntesis en primera persona, de la experiencia de Gaby Herbstein frente a los diez líderes espirituales que entrevistó y fotografió en su travesía:

EN BUENOS AIRES, CON EL HERMANO DAVID STEINDL-RAST
“Luego de un año buscándola nos hizo –a mi productora y a mí– cantarle por teléfono ‘para así conocerles el alma’. Recién al tercer día me permitió retratarla, pese que a los cinco minutos me detuvo: ‘Mejor tómale fotos a un árbol, o a las estrellas’. La Abuela Margarita Núñez García es una chamana maya de Jalisco, que ayuda a recuperar, mediante ceremonias ancestrales, la memoria celular de quiénes somos. Al despedirme me pidió: ‘Prométeme que en los próximos cuatro años vendrás a Tapalpa, la montaña, donde resido, y formarás parte de la ‘búsqueda de visión’ (cuatro días de soledad y ayuno en la montaña)’. No sólo acepté: ya he ido dos veces, transitando la experiencia interior más fuerte que haya experimentado jamás”.

EL HERMANO DAVID STEINDL-RAST.

EN MÉXICO, CON ABUELA MARGARITA
“Le pedí que participara en el documental luego de conocerlo en lo de Abuela Margarita. Héctor Falcón es un chamán o Abuelo, como nombran en México a la gente sabia. Nos invitó a un Temazcal, una ceremonia ancestral que se practica dentro de un espacio en el que se representa la vuelta al vientre y a nuestro interior. Guarda un notable conocimiento del sentido de las ceremonias y los festejos. ‘El ritual es automático, pero la ceremonia es parte de la conciencia, y ahí es donde el poder de la palabra resulta fundamental’, manifiesta. Héctor, que posee justamente el don de la palabra, guió ante nosotros una ceremonia entre tambores y cantos, vapor aromático de hierbas y el calor de las rocas. Terminé entablando con él una hermosa relación de amistad”.

ABUELA MARGARITA.


EN MÉXICO, CON HÉCTOR FALCÓN
“Tepoztlán es el pueblo –situado al pie de una montaña, al sur de la Ciudad de México– donde nació el dios azteca Quetzalcoatl… ¡y donde un día me caí de espaldas, por el peso que llevaba en mi mochila! Allí me encontré con Ayakcíhuatl, la chamana más joven de América (13 años), quien comparte una elevada sabiduría espiritual. Abuela Niña, como se la conoce, es uno de esos líderes que nos ayudan a recordar (recordar, porque ya lo tenemos en la esencia) que ‘necesitamos despertar nuestros potenciales internos’ y volver a nuestro corazón, para entender que ‘no hay que esperar que alguien decida por nosotros’. No hay que subestimarla por su edad, sino valorarla por su conocimiento y su conciencia: ‘Los humanos y las piedras estamos hechos de la misma molécula’, acierta”.

HÉCTOR FALCÓN.


EN MÉXICO, CON ABUELA NIÑA
“Aunque se encuentra en La Pampa, adonde viajó para terminar un escrito sobre espiritualidad, me llevó un gran tiempo contactarlo. A los 94 años y siendo benedictino, no se encasilla en un dogma: está conectado con la espiritualidad universal. Rezar a su lado fue una experiencia fascinante. En su altar luce hasta una Virgen María. Austríaco, monje desde 1953, fue uno de los primeros católicos que recibieron entrenamiento en budismo zen, de donde nació su amistad con el Dalai Lama. Pregona el poder de la apreciación, el agradecimiento y el ‘detenerse a admirar’. Le encanta la fotografía. Se la pasa sacándoles fotos, con su iPad, a pequeños objetos”.

ABUELA NIÑA.


EN SAN FRANCISCO, CON JEAN SHINODA BOLEN

“Es un líder espiritual esquimal, descendiente de curanderos y chamanes tradicionales. Cuando te saluda, te abraza durante 36 segundos, besa tus mejillas y te huele para, a través del olfato, percibir tus emociones. Era verano en Groenlandia, por lo cual el sol nunca se escondía por completo. Debimos dormir en carpas iglú, con máscaras que bloqueaban la luz. Cada mañana me levantaba, veía el impresionante glaciar que surgía delante de mí y le preguntaba a Angakkorsuaq: ‘¿En verdad se va a derretir?’. Resignado, Angaangaq subía y bajaba la cabeza, agregando: ‘En poco tiempo… y no habrá vuelta atrás. Alguna vez la gente comprenderá que, cuando daña al planeta, se perjudica a sí misma. Porque el planeta siempre se terminará curando, aunque nosotros ya no estemos’. Me flasheó”.

JEAN SHINODA BOLEN.

EN GROENLANDIA, CON ANGAANGAQ ANGAKKORSUAQ
“Vive en su casa de montaña, al norte de California. Cuando llegué me atajó: ‘No sé por qué he aceptado el encuentro, considerando que ¡es tu primer documental!… Aunque en realidad sí sé por qué: me gustó el nombre de tu proyecto’. Es psiquiatra, analista junguiana y la precursora de los círculos de mujeres. Activista, escribió catorce libros traducidos a cien idiomas. Da charlas y trabaja a favor de nuestro empoderamiento. Para retratarla armé un mini-estudio en el delgado pasillo de su oficina. Incómoda y cero egocéntrica, a instantes de iniciar la sesión, pidió terminarla enseguida. Ayer me escribió: ‘Siempre creí en ti, y me voy dando cuenta de que no me equivoqué al aceptar recibirte’ Hablamos de una eminencia”.

ANGAANGAQ ANGAKKORSUAQ.

EN MALTA, CON ADMOR HASSARAF
“… Hablé con él hace dos horas, para comentarle sobre el inminente estreno de Creer para ver, y se alegró un montón. Apenas entramos a su casa en Malta, se preguntó y se contestó al toque: ‘¿Para qué vinimos a este mundo? ¡Para ser felices!’. Había tenido la enorme oportunidad de fotografiarlo antes en los Estados Unidos, y quedé maravillada por su personalidad, magnetismo y luz. Admor significa ‘nuestro maestro y rabino’. Desde los seis años ayuda a sanar y bendecir personas. Un sabio con conocimiento ancestral de la Kabbalah y de física cuántica, que te abre la cabeza… ‘Se vive en un uno por ciento, el 99 restante es lo que no perciben nuestros sentidos. Nunca olvides que vives en un sueño; que el sueño es la realidad y la realidad, un sueño’, proclama. Me dejó pensando”.

ADMOR HASSARAF.


EN SIBERIA, CON NICOLAY OORSAK
“Es un maestro del Khoomei (‘canto de garganta’) de la República de Tuvá, situada en Rusia. Traductor de por medio, en su tierra participamos del evento más importante de chamanismo a nivel internacional: la llamada de los 13 chamanes. Durante siete días, representantes de todo el mundo son recibidos en esta alejada reserva natural de ciervos rojos. Oorsak nos expuso su trabajo de garganta, ‘destinado a abrir el corazón y entrar en un estado alterado de conciencia’. Cuando Nicolay empieza a cantar, provoca una reacción a nivel celular que favorece la apertura y la sanación. La voz (le llaman ‘el sonido del alma’) es su herramienta desde un lugar remoto como Siberia, que jamás hubiera conocido de no ser por él”.

NICOLAY OORSAK.


EN VIENA Y EN PRAGA, CON HIAH PARK
“Ella sostiene: ‘Yo ayudo hasta que el otro pueda sanarse a sí mismo’. Lo consigue por medio de la danza. El trance, la vibración que provoca el movimiento, es otra forma de expresión espiritual para la curación y transformación espiritual. La chamana coreana Hiah Park se especializa en tal arte. Viaja por los Estados Unidos, Europa y Asia, ejecutando danza ritual, danza trance y danza tradicional de su país. Imparte enseñanzas en conferencias y seminarios de sanación espiritual y técnicas del éxtasis. Es un poco raro ver a un chamán del siglo XX caminando por una ciudad. Sin embargo, es una de sus características, y la defiende. ‘Aquí la gente necesita más, es ciega’, explica el porqué”.

HIAH PARK.


EN INDIA, CON SRI SRI RAVI SHANKAR
“Nos invitó a su ashram de El Arte de Vivir en Bangalore, al sur de India, recibiéndonos durante Navaratri (‘nueve lunas’), una de las principales festividades del país, a la que se acercan más de cien mil personas. Recién al séptimo día accedimos al gurú, ya que Ravi Shankar había dispuesto que ‘antes de encontrarnos deseo que vean y comprendan lo que se brinda aquí y cómo funciona’: las clases de meditación, su comedor –abastecido por las plantas que se cultivan en el mismo sitio–, la escuela, el trabajo con las vacas sagradas, el hospital ayurveda. Una vez frente a él, fueron cuarenta minutos para todo: entrevista, filmación, tomas extra y fotos. ‘¡Un montón! ¿Cómo lo lograste?’. Me consultaron varios, sorprendidos. Para mí pasó volando”.

SRI SRI RAVI SHANKAR.

Fotos: Cortesía Gaby Herbstein y N.G.
Agradecemos a Paula Martínez.

Ir Arriba