‘Contagio’, de Steven Soderbergh: nueve años después de su estreno, sus predicciones se convirtieron en realidad – GENTE Online
 

'Contagio', de Steven Soderbergh: nueve años después de su estreno, sus predicciones se convirtieron en realidad

Cine y Series
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Estrenada en 2011, terminó siendo una de las películas más vistas de la cuarentena. Cine riguroso y ciencia entretenida. Por Manuel Sánchez Angulo

La premisa de la que parte Contagio es una frase del profesor Stephen Morse, que pronunció en 1987: “La Madre Naturaleza es el bioterrorista más peligroso”. El guionista Scott Z. Burns y el director Steven Soderbergh decidieron desde el primer momento que el virus de su película debería ser plausible. Nada de escapes de un laboratorio secreto militar, ni de conspiraciones políticas en la sombra, ni de un patógeno supercontagioso que acaba con el 99,9% de la humanidad o de infectados llenos de llagas purulentas.

Burns se entrevistó con el epidemiólogo Lawrence Brilliant, conocido por su trabajo en la erradicación de la viruela. También contactó con Ian Lipkin, virólogo de la Universidad de Columbia, que “diseñó” el virus MEV-1 de la película, fusionando dos paramixovirus: uno tan letal como el virus Nipah y otro tan contagioso como el rubulavirus que causa las paperas.

SARS y H1N1 como modelos

En la película, el personaje del profesor Ian Sussman (interpretado por Elliot Gould), es un homenaje a Ian Lipkin. El escenario epidémico se basó en lo que ocurrió con la epidemia del SARS de los años 2002 a 2004, y con el brote de gripe H1N1 del 2009, en la que se dieron situaciones de confinamiento y la aparición de falsas noticias pseudocientíficas en las redes sociales.

Soderbergh filmó esta película con un estilo parecido a lo que hizo anteriormente en Traffic y el mundo de la droga. Entrelaza una serie de historias paralelas, cuyo nexo común es la epidemia. Cada historia refleja una determinada faceta de cómo la sociedad actual hace frente a una situación tan grave.

Personajes realistas

Tenemos a Matt Damon, que representa al típico ciudadano medio afectado directamente por la pandemia, ya que su mujer (Gwyneth Paltrow) es una de las primeras víctimas. Laurence Fishburne y Kate Winslet interpretan a sendos epidemiólogos del CDC (Centro de Control de Enfermedades en los Estados Unidos), que intentan combatir la epidemia y al mismo tiempo tendrán que lidiar con las decisiones de los políticos que afectarán a millones de personas.

Marion Cotillard es la epidemióloga de la OMS que debe desarrollar un trabajo detectivesco para intentar comprender cuál fue el origen del virus, determinar quién es el "paciente cero" y averiguar cómo se transmite la enfermedad. Finalmente, Jude Law da vida a un influencer conspiranoico, que trata de sacar provecho vendiendo una pseudoterapia homeopática como remedio frente al virus. Resulta sorprendente hasta qué punto esta película del 2011 reflejó diversas situaciones que estamos viviendo en el presente.

Rigor científico entretenido

Contagio es una muestra de que no es necesario usar el sensacionalismo o la truculencia para hacer una película sobre una pandemia y que el rigor científico no es incompatible con el entretenimiento. Hay relativamente pocos errores científicos, como cuando Laurence Fishburne está viendo una estructura tridimensional de una proteína en un ordenador y se refiere a ella como “el virus”.

Son mucho más numerosas las escenas que han mostrado ser proféticas, como el confinamiento en las casas, el acaparamiento de víveres y materiales, el distanciamiento social o la carrera para encontrar una vacuna.

Al contrario que en otras películas, donde las crisis se resuelven en cuestión de días, aquí se muestra que el proceso científico es lento, laborioso y meticuloso, y se tardan meses. Y que dicho progreso depende tanto del apoyo gubernamental como de las compañías farmacéuticas (es de agradecer que no se haya caído en el topicazo de la malvada multinacional biotecnológica).

Predicciones fallidas

Entre las predicciones fallidas está la “huelga de los sanitarios por miedo al contagio”. Afortunadamente ha sucedido lo contrario: el personal sanitario ha actuado de manera ejemplar, incluso cuando carecían de equipamiento de protección adecuado.

Una secuencia que a mí me gusta bastante es cuando Kate Winslet tiene que explicarles a unos políticos locales el problema de salud pública al que se enfrentan. En tan sólo 5 minutos les explica de manera clara y concisa lo que es la transmisión por fómites y lo que significa el número de reproducción R₀. Otra secuencia es aquella en la que una viróloga (Jennifer Ehle) prueba en sí misma una vacuna experimental para así acelerar el proceso de su desarrollo, un tipo de sacrificio que estamos viendo en las noticias sobre los voluntarios para probar las diferentes vacunas contra el SARS-CoV-2.

Desinformación y falta de transparencia

En lo que sí acertaron plenamente Burns y Soderbergh fue en mostrar el doble problema que supone por un lado la desinformación por parte de los charlatanes, y por otro la falta de transparencia en la transmisión de información por parte de las autoridades. Esto se ve reflejado en la secuencia del debate televisivo entre Laurence Fishburne y Jude Law. Hay varios niveles para analizar en dicha secuencia.

Por un lado, vemos cómo los medios de comunicación cometen el error de poner al mismo nivel a un científico y a un charlatán, en aras de una falsa equidistancia. Por otro, tenemos al científico interpretado por Fishburne, experto epidemiólogo que no sabe comunicar y piensa que ocultando algunas cosas no se provocará el pánico entre la población.

Finalmente tenemos al charlatán al que da vida Jude Law, que acusa a los científicos y al gobierno de estar ocultando cosas y afirmando que él es el que dice la verdad.

No podemos decir que no se han emitido unos cuantos de esos “debates” en diversas cadenas especialistas en programas de telebasura. Burns quería demostrar con esta secuencia que el miedo se extiende tan de prisa como el virus, y que puede ser igual de dañino. Creo que lo consiguió.

The Conversation

Manuel Sánchez Angulo es profesor titular de Microbiología en la Universidad Miguel Hernández (España). Este artículo fue originalmente publicado por The Conversation.

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