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Santiago Artemis: “Una de las razones de mi éxito es no escuchar a nadie”

Santiago Artemis: “Una de las razones de mi éxito es no escuchar a nadie”

Karina Noriega

Creció en un ambiente discriminatorio y con limitaciones por sus creencias mormonas. El chico extravagante nacido en Ushuaia que armó una marca personal con sus diferencias y se considera mucho más que un diseñador (“un comediante, un payaso, un psicólogo”) explica cómo sobrevivió al bullying siendo gay y cómo “la fantasía me salvó”. 

Fan desmedido de las hombreras y de Dinastía, “xuxólogo” (experto en Xuxa desde muy chico) y extravagante como él solo, vistió tanto a Katy Perry como a Britney Spears. 

Asegura que su secreto –casi como si se pudiera sintetizar la fórmula en una ecuación– “fue no escuchar a nadie y vivir como en una suerte de burbuja”. Pero para un chico que se asume distinto al resto y extravagante desde sus primeros años, nacido en Ushuaia y bajo los preceptos de la religión mormona, que consumía cultura retro –un tanto extraño para su edad– y amaba “jugar con Barbies y ver a Jem and the Holograms”, ser aceptado no resultó tan fácil. ¿Qué se esconde detrás de esa criatura que siente que vino a romper un paradigma, que hoy es un éxito en redes, estrena reality y biografía de un tirón pero debió luchar por ser querido? Aquí, sus confesiones más sinceras. 

–¿En qué te amparaste para tener la convicción de convertirte en diseñador cuando nadie lo veía posible? 

–Yo creo que parte de cómo me fue en mi carrera fue por no escuchar a nadie y vivir como en una suerte de burbuja. Que no significa ser irrespetuoso, sino estar realmente en mi mundo. Creo firmemente que tanto ser medio ilusional, medio divague, termina funcionando.  

–¿Qué momento de tu vida fue el que más sufriste a la hora de mostrarte realmente como querías ser?

–De chico sufrí un montón. Hay muchos chicos gay que se criaron y tienen la capacidad de esconder lo que hacen: bailan en casa, en la escuela no. Yo necesitaba mostrarme todo el tiempo y pagaba un precio por eso. Me criticaban, me discriminaban, me gritaban “¡puto!”… Fue un momento re feo. Mi época en la primaria y la secundaria no fue tampoco una tortura, pero fue todo el tiempo vivir presionado con esconder secretos. 

Su infancia fueguina, que relata en su primer libro, El chico del fin del mundo, no fue fácil. “En 400 páginas cuento cosas que nunca se supieron de mí, mi sufrimiento y el estrés de ser un chico re gay y muy diferente, que no tenía idea del mundo, más que sueños e ilusiones”, resume Artemis.

–¿Cuándo tomaste conciencia de tu sexualidad –que es constitutiva de quien sos– y cómo fue salir del closet?

–Yo viví una sexualidad muy normal. Tanto enfocarme en la moda hizo que no le diera mucha bola al tema sexual. Eso vino más tarde. Yo siempre prioricé lo que quería lograr en mi carrera. Sexualmente hablando me asumí a una edad normal, tipo 16, 17, y era parte de un descubrimiento. Pude superar la parte de la culpa, que te sentís una mierda todo el tiempo. Hay gente que no lo supera y vive a partir de ahí. Yo lo superé y pasé a otra etapa. 

–¿Cuáles son las limitaciones que más sufriste por tu formación mormona?

–Creo que las limitaciones fueron hasta hace muy poco. Era una persona limitada en cuanto a lo moral, era muy cerrado (con todo lo abierto que soy). Pero empecé a conocer gente y cambié. Soy consciente de que esa cosa pacata me la dio la religión y yo la amo, pero sé que fue muy castradora

–¿Qué cosa que hayas soñado y hayas cumplido se dio tal como la pensaste?

–De todo lo que soñé nunca imaginé mi carrera, pero se dio justamente por pensarla. Yo siempre supe que iba a ser para la gente una especie de comediante, payaso, psicólogo, y me encanta. Es lo que soy. Para mí es lo más grande de mi carrera, que más allá de ser diseñador o personaje, tengo esta habilidad para llegar a las personas. Las toco y se ponen felices. Soy como una persona que da aliento y genera confianza. 

“Mi reality sigue mi día a día como diseñador de alta costura y todo el estrés que supone crear una nueva colección”, asegura Santiago, quien se considera voz de la generación millennial. Entre sus invitadas a No hay tiempo para la vergüenza (Netflix) estarán Ángela Torres, su amada Xuxa, Oriana Sabatini y Pampita, algunas de las celebridades que lo eligen para vestir sus diseños.

–Tu reality (N.d.R: Se estrenó el martes 19 en Netflix) apunta a dejar de tener vergüenza por ser quien sos. ¿Te has autolimitado o censurado en algún momento? ¿Has tenido tus propios prejuicios?

La censura es uno de los peores síntomas de la sociedad, el tener miedo, no bancársela y vivir asustado. Yo siempre tuve mucha confianza en mí mismo, pero me estoy dando cuenta recién que soy mucho más que un diseñador. Puedo ser muchas cosas. Cuando sos una especie de “character” no tenés límite.

–¿Creés que la sociedad está preparada en serio para respetar las libertades individuales?

–Yo creo que en este país la sociedad está muy avanzada. Más allá de lo económico, acá son muy abiertos. Estoy feliz de haber nacido acá, porque mis experiencias se convirtieron en mi forma de ser. Entonces cada cosa que vos le cambies, cambia Santiago Artemis. Soy feliz de estar en una sociedad donde me respetan, no me agreden y sólo recibo amor. No creo que hubiera podido tener una carrera en otro país. 

 “Creo que al principio los medios apenas me toleraron, pero ahora me aprecian. También los entiendo: un chico aterriza que de la nada y es como Lady Gaga es un poco fuerte. Pero ya se relajaron todos. No recibo más que amor”, asegura.

–¿En qué medida creés que los medios te valoran o te adoptan como fetiche por tu extravagancia?

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–Yo creo que al principio los medios apenas me toleraron, pero ahora me aprecian. También los entiendo: un chico aterriza que de la nada y es como Lady Gaga es un poco fuerte. Pero ya se relajaron todos. No recibo más que amor. 

–¿Qué es lo que más te cuesta de las reglas en el ambiente y del careteo y trato con las celebridades?

–Lo que más me cuesta del careteo es tener que ponerme una fachada. Vivir en un ambiente de mentira me saca de mi eje y tengo que aprender a lidiar con eso. Por eso no voy mucho a eventos: estoy con la gente pero no estoy. Las personas del ambiente son tóxicas… No quiero ser parte de eso, la verdad. 

–¿Alguna vez te arrepentiste de cómo vestiste a alguien?

–Veo cosas que me hubiera gustado cambiar, pero pondero siempre que hubo gente que me eligió cuando todavía no era conocido. Eso lo respeto un montón. Como cuando Siciliani (Griselda) me eligió en el 2017 para el vestido del Martín Fierro, pudiendo haber elegido a otro. Esas cosas me ponen en un lugar muy humilde. 

–¿Qué creés que venís a romper?

Más que en la moda, creo que vengo a romper todo en general. Un pibe que se pone pollera y tacos, que diseña caprichosamente colecciones, me parece que habla más de un cambio social, de un nuevo paradigma, de no poner rótulos.

Fotos: gentileza Roger Vekstein @rogerveksteinph.

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