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“Pedro, el Mulo”, episodio 6: Alfonso revela su estrategia para aislarse de las exigentes demandas de Paula Chaves

“Pedro, el Mulo”, episodio 6: Alfonso revela su estrategia para aislarse de las exigentes demandas de Paula Chaves

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El productor continúa con las lecciones de su Escuela para Padres Desplazados. Esta vez comparte su secreto para estar un rato solo.

“Es el sonido de la ducha para que piensen que me estoy bañando”, dijo Pedro Alfonso (40) en tono cómplice, luego de activar el sonido en un parlante portátil que llevó con él al baño. “Así no gasto agua”, aclaró con conciencia ecológica.

La cuarentena sigue extendiéndose y con dos hijos pequeños y un bebé recién nacido, éste no parece ser el momento ideal para Paula Chaves (34) y su marido. O sí, porque el tiempo libre invita al juego, a la reflexión y a compartir.

Aunque cada jornada tiene lo suyo. O al menos eso parece, teniendo en cuenta el “programa” de lecciones que dicta a través de sus redes sociales Pedro, el Mulo. “Tengo todo listo para estar un rato”, dijo con la tranquilidad de que del otro lado su familia sólo escucha el ruido de la “ducha”.

Y hasta contó con un guiño que se llevó al baño los controles de la play, con la intención de jugar un ratito.

Hoy tuve un día muy lindo, fue uno de los mejores días porque mi mujer me sonrió”, confesó Alfonso en su rol de “profesor”. Y luego detalló cómo fue la escena: “Me dijo: ‘¿me podés tener a la beba un segundo?’. Y yo contesté: ‘¿me esperás que estoy terminando de hacer algo?’. Y me sonrió“.

Perspicaz, sospechó de esa sonrisa. Aunque decribió el momento como algo “hermoso“. “Por un momento pensé que quizás se había enojado. Pasó un tiempo que no me hablaba, le pregunté si le pasaba algo, me dijo que no”.

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Como buen “padre desplazado” evitó dejar la cosa así. “Le volví a preguntar –por las dudas– y me dijo: ‘No, no estoy enojada. Andá a hacer tus cosas que deben ser muy importantes’. Siempre está pensando en mí, concluyó Alfonso.

Y luego explicó que como conoce a las mujeres, va a quedarse encerrado, escuchando el sonido del agua correr –grabado, para cuidar los recursos naturales– “por una horita y media o dos“.

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