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Isabel Macedo revela por qué el aislamiento se convirtió en su gran maestro

Isabel Macedo revela por qué el aislamiento se convirtió en su gran maestro

Redacción Gente

Llegó a Europa en enero acompañando la agenda académica de su marido, el ex gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Y el confinamiento obligatorio desatado por Covid-19 los sorprendió en la ciudad de Madrid, donde quedaron varados. Desde hace treinta y dos días sólo ve la calle a través de la ventana.

El estado de alarma declarado por el gobierno español en su sesión extraordinaria del sábado 14 de marzo la sorprendió en Madrid. La cuarentena nacional –que reduciría el contagio de Covid-19–, que entró en vigencia a las cero horas del 15, la confinó en el barrio de Salamanca, con la ingenua creencia de “poder irnos a los catorce días, según anunciaban”. Después de todo, estaban sólo de paso. “Habíamos decidido venir a Europa en enero, porque la agenda de Juan Manuel (Urtubey –50– ex gobernador de Salta y su marido desde septiembre de 2016) incluía actividades académicas en España y en Inglaterra, por lo que nos pareció bien hacer base aquí”, explica Isabel Macedo (44).

La noticia clavó la incertidumbre. Disparó dudas y activó la conciencia. “Fue todo tan raro. Tan repentino. Tan impensado”, describe. “¿En qué momento de la vida íbamos a imaginar que algo así podía pasar? Cuando en el jardín de Belita (su hija Isabel, de casi 2 años) me comentaron que había chiquitos que llegaban de Milán (Italia) escapando del virus, yo pensaba: ‘¿Cómo es eso de escaparse del virus? ¡Deberían quedarse quietos! ¿Y si alguno es portador y lo desparrama? No se entendía nada”.

“Pasamos de tener un jardín de cincuenta hectáreas, que no era nuestro (se refiere a la residencia del gobernador) a un balcón de veinte centímetros, que tampoco es nuestro. Y ninguno de los dos le demostramos o le hacemos saber a Belita que estamos encerrados. Vivimos todo lo que se cruza en nuestro camino con la mayor naturalidad posible, sabiendo que en la vida las cosas son circunstanciales”.

Y en los últimos treinta y dos días –lapso en que no ha visto la calle más que desde su balcón–, Isabel ha ratificado lo que ya sabía. Que uno es lo que ve en casa. Que la presencia y la recreación de recuerdos importan mucho. Y el valor de dar las gracias.

“El mimo más grande que Juan Manuel y yo estamos haciéndonos es meditar. Algo que
desde hace mucho tiempo había querido hacer, pero siempre me antepuse mil excusas, la más común: ´No tengo tiempo´. Y hoy ya no es válida. Entonces, tres veces por semana, durante las siestas de Belita, tomamos clases virtuales y grupales de Raj Yoga (o Raya Yoga)”

¿Pero cuáles son las lecciones que atesorará tras la pandemia que cambió la vida de todos? “Aprendí que mi casa soy yo. Que donde estén mi hija y mi marido ahí estará mi hogar”, asegura.

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Que cada uno tiene la responsabilidad de ocuparse de uno mismo. Que el amor propio no debe darnos vergüenza. Aprendí que hay que amarse, escucharse y perdonarse. Que la felicidad la creás vos. Y que es una decisión más. Que hay pensamientos inútiles de la vida cotidiana que deben descartarse. Que es saludable hacernos preguntas para seguir conociéndonos”, dice Isabel.

Sí, creo que en esta intimidad obligada estoy en un buen camino de aprendizaje, y quiero aprovecharlo al máximo”.

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