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Flor de la V habló de los ataques transfóbicos que sufrió: “Los machirulos de la TV nunca me pidieron perdón”

Flor de la V habló de los ataques transfóbicos que sufrió: “Los machirulos de la TV nunca me pidieron perdón”

Karina Noriega

En nota de tapa con GENTE y en el Mes del Orgullo, la actriz, conductora y activista por los derechos de las trans reflexiona sobre la violencia mediática: “Siempre quisieron usar mi genitalidad para agredirme. Pero no sólo no me avergüenza: es algo que disfruto”.

En nota de tapa con GENTE, Flor de la V (45) recordó los “humillantes momentos” que vivió en su sinuoso camino en busca de su identidad y cuando debió enfrentarse al primer ataque transfóbico en vivo en la TV, que la cambió para siempre y la hizo entender que era necesario no callar y militar derechos por las chicas trans.

“Mi primer paso en la televisión fue degradante. Imaginate mi ilusión. Nosotras no teníamos acceso a este mundo. La entrevista con Mauro Viale, que para mí era como ir a lo de David Letterman, fue de las más humillantes, violentas y discriminatorias de la historia de la televisión”, rememora Florencia Trinidad.

Año 1997: tenía 20 años. “Fue mi peor pesadilla. Hoy en día lo que me pasó tiene un nombre: se llama violencia de género”. Al recordar ese intercambio recuerda: “Nadie hizo nada. Nadie me defendió. Hoy, al ver esa entrevista en YouTube quiero abrazar a esa niña. Verme ahí desamparada es ver a muchas compañeras que todavía hoy, 2020, siguen muriendo y sufriendo agravios, burlas y desprecios”. Y asegura algo que nunca contó: después de esa nota, “me sentí una paria”. Cuando se fue de ese estudio no podía dejar de temblar.

–Alguna vez, Viale, o algún otro de los que te agredieron por tu condición, ¿te pidió perdón?

–Para nada. Ninguno de los machirulos de la tevé me pidió perdón. Y eso que recibí ataques transfóbicos de mucha gente del espectáculo. La historia de toda la agresividad mediática siempre estuvo enfocada en una sola cosa: usar nuestra genitalidad para agredirnos y burlarse de nosotras. No me avergüenza lo que soy, no me condena: lo disfruto, así que no nos pueden agredir más.

–¿Hoy sentís que podría ser un resarcimiento moral recibir disculpas públicamente en tevé a raíz de la discriminación que sufriste?

–Lo que tiene que cambiar es la ley de discriminación: pienso que debe ser mucho más severa. Lo que me preguntás nunca me lo planteé. Pero pensándolo bien creo que son cosas que en algún momento vamos a tener que hablar en la televisión. Y pedir perdón puede ser un buen comienzo.

–¿Hubo que amoldarse a los medios para sobrevivir mientras padecías esa violencia?

–Sí, claro que sentí que tenía que transar. Fue la presión de tener que encajar en los medios y acomodarme a esta sociedad patriarcal. Vengo sufriendo discursos de odio desde muchísimo tiempo y dejan cicatrices. Y el problema es de los que odian. Es increíble que tengamos que seguir teniendo cuidado, cuando hay leyes como la ley de identidad de género que nos amparan. Van a tener que entender que el género es movible. La heteronorma se quiere aferrar a la idea de pene y vulva, cuando está comprobado que la identidad es una construcción.

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–¿A partir de esos ataques también sale la furia que hizo que te conviertas en portadora de una voz reivindicativa para otras chicas trans?

–Pensá que yo arranqué como Florencia de la Vega, como una broma, porque todas nos ponemos nombres de fantasía. Una instrumentista quirúrgica me hizo juicio alegando que una travesti no podía tener ese nombre y la Justicia le dio la razón. A las travestis siempre nos cachetearon y nunca nos dieron la razón. Todos esos ataques me dieron la seguridad que hoy adquirí para decirlo con todas las palabras: soy orgullosamente travesti y hoy me gusta usar meter la militancia en los espacios que tengo.

–¿Cómo se dio que empezaste a virar a la lucha por los derechos de la comunidad LGTBIQ+?

–Cuando empecé tuve que aceptar a regañadientes algunas estigmatizaciones, hasta que ya no me reí más. Momentito: ¿qué me inhabilita para hacerme la señora? Fui criticada hasta el cansancio cuando dejé de ser la graciosa. Trabajo en este país machista desde hace 25 años, pero sigue pasando que subo una foto en bikini y a muchos les importa lo que tengo debajo de la bombacha. Cuando arranqué no estaba preparada para hablar y llevar una bandera; hoy siento que no es suficiente con estar en los medios, tengo que hablar de mi colectiva. Reclamar por el cupo laboral trans, pedir que dejen de matarnos y que la gente se ponga en nuestro lugar. Que piensen en todas esas niñas que son echadas de sus hogares y no tienen ninguna otra posibilidad que la prostitución.

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