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Diego Kolankowsky, de Ramos Mejía a Broadway: “¡Mi vida es de ciencia ficción!”

Diego Kolankowsky, de Ramos Mejía a Broadway: “¡Mi vida es de ciencia ficción!”

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A poco de haber sido distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura Porteña, el productor de cine, radio, televisión –con seis Martín Fierro en su haber– y teatro, que además triunfa en Broadway –ganó un Tony y un Emmy–, abre su espacio privado y revela detalles de su asombrosa y excéntrica vida.

“A mí me gustan las segundas oportunidades, porque mi vida tiene que ver con eso. Soy hijo de una costurera tucumana y un bandoneonista que tenía un puesto de diarios en la calle Lima, en Constitución”, dice Diego Kolankowsky (46). En términos de una de sus pasiones, la producción de cine –presenta Un amor de película y rueda La noche mágica–, se anima a responder sobre el género en el que catalogaría su propia historia. “¡Mi vida es de ciencia ficción! (bromea). Lo que me sucedió a mí no podría haberle pasado a nadie más… Y diría que hasta tiene tintes de comedia romántica con final feliz. Porque así decido vivir, a pesar de todos esos momentos en donde cuesta empujar una empresa”. Conoció el diván “por varios episodios de stress”. ¿Los motivos? “Mis viejos me presionaron para ser exitoso… y ni un diez alcanzaba”, revela. “Yo era campeón nacional de judo, preseleccionado Pumita de rugby, cantaba, tocaba la guitarra, escribía para los actos escolares y hasta fundé la radio y el diario de mi colegio. Así seguí hasta que me rompí… Tuve parálisis facial, y a los treinta y tres años estuve internado cuatro meses. No sé si cambié mucho, pero ahora reconozco cuando me estoy pasando…”.

“Cuando gané el Tony (2018, por ‘Once On This Island’) sentí que floté hasta el escenario. Ahí me di cuenta de que no se trata sólo de suerte: muchos de los sueños que logré me los merecía”, confiesa el bonaerense, que estuvo nominado a la última edición de los galardones por tercera vez en cuatro años.

–Revisando tu actualidad laboral, estarías casi al límite.

–Además de haber estrenado peli y en pleno rodaje de otra, tengo en cartel Beetlejuice en Broadway, Nueva York, mientras desarrollo otra obra y film para Hollywood con Michael Arden, el director de Spring Awakening y Once On This Island, el musical con el que gané un Tony. Aquí tengo Delta, una radio de música electrónica, Hace instantes, un portal de noticias, Horas, minutos y segundos, un programa de televisión referido a relojes, y produzco a más de veinte periodistas, como Rodolfo Barili, Pablo Duggan y María Belén Aramburu… ¡Ah! Jamás dejo de leer guiones. Digamos que tengo un rock dando vueltas.

–¿Cuál es tu escape?

–Aunque nunca me desconecto totalmente, descubrí que es el amor.

Esta semana se estrenó el film que él produjo con Nicolás Furtado y Natalie Pérez.

“En la primera función de Amor de película lloré tres veces… Ver esa historia sobre segundas oportunidades me emocionó”, cuenta. “Mi última relación (N. de la R.: Con la periodista Paula Trapani, 48) tuvo que ver con eso, porque nosotros habíamos sido pareja cuando teníamos veinte años y nos reencontramos a los cuarenta y pico con cuatro hijos: tres de ella y una mía. ¡Otro mundo!”. Una trama que se diluyó hace unos meses: “Decidí terminar la relación, porque sentía diferencias de valores y costumbres”.

–¿Seguís buscando el amor?

–Siempre estoy abierto al amor, el motor de la vida. Yo necesito vivir un amor de película, una vida de película. De hecho, hay una frase de la novela El lobo estepario, de Hermann Hesse, que dice: “Prefiero arder en la peor de las pasiones antes que sentir esta temperatura ambiente”… Y yo vivo en fuego.

Así fue distinguido por la Legislatura Porteña en el Salón Dorado del Palacio Legislativo el pasado 24 de octubre.
A la ceremonia asistió acompañado por su hija Ámbar (8).

El hombre que sintió “que tocaba el cielo con las manos” cuando ganó un Tony por Once On This Island, el único argentino en la historia en ser votante para la entrega de esos galardones, reconoce algo inesperado: “Yo soy un gran fracaso universitario: estudié Ciencias Económicas, Ciencias de la Comunicación, Diseño de Imagen y Sonido, y también Filosofía, y como mucho hice seis materias de cada una”. Además, sorprende narrando la humildad de su primer trabajo: “A los dieciocho años entré en el Departamento de Marketing de Pepsi Co., algo que sonaba re lindo… Yo era el que hacía censos en las villas de cuántas botellas había. ¡Hasta me corrió una oveja por las calles de José C. Paz!”.

“Todos los días toco la guitarra”, admite el productor que forma parte de una banda itinerante llamada Rock A.

–¿Cómo llegaste a la televisión?

–Un día estaba en casa (en Ramos Mejía) y no tenía ni para comer, así que caminé hasta Pavón y Matheu (en Capital) para almorzar con mi hermana, que era productora de Indiscreciones, con Lucho Avilés. Ahí me presentó a los responsables del noticiero de Telefe. Ellos me dieron un trabajo que consistía en mirar los informativos internacionales durante doce horas diarias y presentarles resúmenes. Luego me pasaron a Producción y creé Zoo, con Juan Castro. Después, en 1998, me echaron. Me fui de viaje y a mi regreso arranqué mi carrera de productor independiente con La cornisa, con Luis Majul. A ése le siguieron veinte programas periodísticos, como ¿Por qué?, con Jorge Lanata, e Informe central, con Rolando Graña.

“¿Qué me falta? En lo profesional, un Oscar. En lo personal, formar una familia. Sí, he sido un gran mujeriego solitario y nunca conviví con una mujer. En ese sentido, a mis cuarenta y seis años sigo invicto”, revela Kolankowsky.

–¿Y al teatro?

–Viajaba mucho al inicio del ciclo de relojes que todavía produzco, y estando en Nueva York me re-enamoré de los musicales. A los treinta y siete años me dije “esto es lo mío, es lo que quiero hacer”, y arranqué por Broadway. Fue algo así como ir a probarme al Barça y quedar de una.

–¿Cómo es tu vida en Nueva York?

–Allá vivo en un one bedroom con linda vista y un grupo de conserjes que me asisten muy bien, situado en la 57 y 6ª, a diez metros de mi oficina, cercana a Times Square. Adoro visitar el Soho House, un membership club para creativos y celebridades que tiene más de veinte casas –con un gran club con restaurante, cine, spa y pileta–, al que sólo se accede con membresía. Tengo el honor de ser founder del City Without Houses, porque no me representaba ninguna y puedo entrar a cualquiera de ellas. Para que te des una idea, ahí se casó Beyoncé y los Beckham suelen hacer sus fiestas.

En casa estuvieron presidentes, gobernadores, embajadores y celebridades de todo el mundo como Slash, que vino a jugar con mi pinball de los Guns N’Roses

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–¿En tu casa de Buenos Aires también te codeás con celebrities?

–Sí, en casa estuvieron presidentes, gobernadores, embajadores y celebridades de todo el mundo. Estuvieron Scott Weiland, Slash –que vino a jugar con mi pinball de los Guns N’Roses, el único del país, y después me mandó una guitarra de regalo–, Diego Peretti, La China Suárez, Gerard Dépardieu, Benjamín Vicuña, Angelita Torres, Peter Lanzani, Horacio Cabak… Es que yo hago periodismo político y películas.

El productor frente al pinball en el que jugó Slash.

–¿Sentís que te quedan cosas pendientes?

–Sí, formar una familia… Tengo una hija, y ella tiene una mamá. Pero somos padres solteros. Si bien yo he sido un gran mujeriego solitario, mi sueño es armar un núcleo, convivir con una mujer, porque… te confieso algo: en ese sentido, a mis cuarenta y seis años, sigo invicto.

–Tu respuesta fue ciento por ciento personal. ¿A nivel profesional no te falta nada?

–Sí, un Oscar. ¡Ya llegará!

“Esta casa es un pelotero de grandes” sintetiza el hombre que hace nueve años remodeló una ex fábrica de cemento en Núñez para transformarla en “eso que soñé toda la vida”. Tiene motos que diseña él mismo –“un hobby de grande”–, autos, instrumentos, flipper, metegol y un diseño con impronta. “Todo es en escala de grises, salvo la madera de wengué o los cueros negros”. Además, en sus placares hay algo extremadamente llamativo: todas las prendas son iguales. “Me visto exactamente igual desde hace veinte años”, explica. “No tengo invierno ni verano y siempre estoy bien vestido con mis remeras básicas, sacos, pañuelos Alexander McQueen, jeans –los compro de a veinte– y botas Yves Saint Laurent”.

Fotos: Christian Beliera, gentileza Camila Bestene de Prensa Legislatura y álbum personal D.K.

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