Analía Franchín: «A mi gran danés lo desenterré, lo cremé y puse sus cenizas en la mesa de luz» – GENTE Online
 

Analía Franchín: "A mi gran danés lo desenterré, lo cremé y puse sus cenizas en la mesa de luz"

Con picardía y audacia, la periodista que llegó a la final de MasterChef Celebrity 2020 revela datos inesperados de su vida y deja al descubierto su lado más excéntrico.
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"Después de que vi la película Mi maestro el pulpo, no volví a comer ningún octópodo”, cuenta inesperadamente Analía Franchín (48), quien el 18 de enero del 2021, durante el mayor pico de rating del último año y medio de la Argentina, cocinó, justamente, un pulpo grillado con papas y pimentón en la final de MasterChef Celebrity (Telefe).

–En las redes se habló mucho de tu plato, y hasta hay quienes dijeron que te habrían robado el título. ¿Vos qué sentís?
–Cuando Betular (Damián) cortó mi pulpo con un tenedor –algo sublime, ya no es habitual lograr tal punto de cocción, porque el pulpo suele quedar duro–, pensé que iba a ganar. Y claro que sé lo que se comenta: “Que ella (Claudia Villafañe) tenía un contrato firmado desde el inicio” y que “si Diego (Maradona) no hubiese muerto, ella no ganaba”, pero yo siempre confié en el certamen y quiero seguir creyendo que la final fue bien ganada. Capaz que me hubiese gustado que digan por qué ganó, porque eso nadie lo explicó, aunque si yo hubiese triunfado, también hubieran dicho que entré por acomodo o que era la novia de Betular, ¡cualquier cosa!

–Siendo la mujer de un empresario poderoso (Sebastián Eskenazi), ¿te molesta que digan lo del acomodo?
–¿La verdad?, no. Tengo re claro que siempre van a tener algo que decir, como yo también comenté muchas tonterías. Lo que es seguro es que todos los días voy a trabajar y me pago ‘el morfi’, y ninguno de los que me critica va a venir a pagarme la luz, el teléfono ni el gas. Entonces, no tengo que dar explicaciones. Eso sí, sepan que si no trabajo, ¡camino por las paredes! Tengo independencia económica desde muy chica y no estoy dispuesta a cederla.



–Entonces te consulto por un posible negocio: la Tata (Claudia Villafañe) lanzó sus ñoquis, ¿vos pensas hacer tu propia empresa?
–No, no me metería en una empresa gastronómica, porque hay que estar muy encima y siento que hay más cosas para ofrecer. O sea, un solo plato se agota enseguida. Y hasta donde tengo entendido lo que hizo Clau fue una edición limitada: no es que se va a poner una ñoquería. Bah, ¡creo que no! (ríe).

“¿En qué ando? Ahora estoy haciendo unos cambios en mi casa porque, cada tanto, necesito mover de lugar los cuadros y los muebles, para sentirme renovada. O capaz es cambiar el acolchado, conseguir un almohadón o pintar una pared de algún color que me guste”, revela la integrante de Flor de equipo (Telefe), revelando un atisbo de su personalidad.

–¿Será que tenés cambios internos y los reflejás en tu decoración?
–Probablemente sea eso. Yo sé que cuando me agarra, no puedo dejar de darle vueltas y buscar fotos de referencia. Y me debe salir bien, supongo: por algo ya le remodelé la casa a mis suegros y a mi cuñada.

–Si visitáramos tu hogar, ¿encontraríamos retratos tuyos?
–Ahora estoy por encargar uno de Freddy Mercury, pero míos no tengo porque sería de un ego impresionante.

–¿Me vas a decir que no hay nada en tu casa que sea un poco ególatra?
–(Ríe) tengo una escultura de madera espectacular de una pantera negra que amo porque siento que es como si me pusieran a mí justamente en una escultura.

–¿Tu familia te da piedra libre para hacer lo que quieras?
–Digamos que tengo bastante liberada la decisión de elegir cuadros, colores y adornos. Sin embargo, mi hijo (Benicio) está teniendo un tema con las flores: desde que se enteró que mueren después de que se las corta de la planta, no me deja comprarlas. Me hace reflexionar: “¿A vos te gustaría que te arranquen un brazo y lo pongan de adorno dentro de un florero?”. La verdad, su razonamiento es lógico…

–¿Tiene inquietudes parecidas con sus alimentos?
–¡Obvio! Hace dos años me dijo que no quiere comer más animales.

–Y vos, en tu cocina, ¿haces comidas como las que preparabas en MasterChef?
–Ni ahí. En casa no voy a hacer un pato, un jabalí ni nada de eso. Tampoco voy a cocinar con manteca o crema. O sea, si hago un pollo a la salvia, que me gusta mucho, cambio la crema, que es pura grasa, por un queso untable light y leche descremada. Y si hago waffles, les pongo harina de arroz y de almendras. La realidad es que con la pandemia todos nos metimos más adentro de la cocina…

–… Igual, poca gente se metió tanto en la cocina como vos.
–(Suspira) ¡Y descubrí un montón de sabores! Pero existen varios que me voy a seguir perdiendo, como el del conejo, porque hay animales que me cuesta comer. No sé, ¡cuando ponen las langostas vivas en agua hirviendo, yo me muero!

–Sin ir más lejos, en abril cocinaron caracoles vivos en el programa y fue un tema.
–No, yo te puedo asegurar que eso no lo hubiese hecho. Es re cruel. Es como… mirá, te voy a contar algo: a los diecinueve años, en mi época de rebelde heavy metal, se me ocurrió tener una serpiente, y me la compré. La llevaba de vacaciones, todo. El tema es que el pibe que me la vendió me dijo “pero mirá que come ratas”, y yo le aseguré que le iba a cambiar la alimentación. Le puse bifes, huevos, lo que te imagines, pero no hubo chance. Así que fui y le compré la rata, y la sensación que tuve por ser la verduga –porque la necesita viva, sino no la come– fue tan espantosa que dije “nunca más”. Entonces, cada vez que tenía que alimentarse la llevaba a la veterinaria para que le dé de comer otro. Es que me parecía horrendo necesitar señalar una ratita de la vidriera. Porque encima en ese momento yo también tenía un gran danés, dos ratas posta y once hámsters.


–¿Cómo que tenías trece roedores como mascotas y una serpiente?
–Ay, sí. Los tenía en dos pisos distintos; la serpiente estaba arriba. Pero sí, todo era un delirio. Imaginate que es de la misma época en la que me hice los tatoos.

–¿Te arrepentís de ellos?
–Sí, porque más vintage no pueden ser. Voy a cumplir 49 en diciembre y el último me lo puse a los 19. Si me preguntas de cosas que hice en mi vida, no me arrepiento de ninguna, salvo de los tatuajes y sus diseños, que ¡son un horror!

Ahora sólo tengo perros…, diez perros, cuenta con total naturalidad la mujer que, hasta que nació su hijo, consideraba que el perro era la vida misma: para que te des una idea, cuando murió el gran danés –que se llamaba Lecter, por el personaje Hannibal Lecter, de Anthony Hopkins–, lo enterré y a la semana, porque no aguantaba más, lo desenterré, lo cremé y puse sus cenizas en la mesa de luz. Recién después de seis meses y de una buena sanación emocional, lo dejé ir. ¡Anda a saber cuántos sentimientos pendientes había depositado en él! Toda esa locura se me fue cuando tuve a mi hijo”.

–Mencionaste varias veces que antes estabas un poco loca. ¿Dejaste de estarlo?
–No, yo sigo re loca. O digamos que… Admito que estoy igual de loca que cuando comencé esta carrera, pero más madura, lo que es toda una diferencia de locura.

–Estuviste de vacaciones en Miami. ¿Te vacunaste?
–Sí, yo me vacuné contra el coronavirus en Miami, y no logro entender a la gente que le molesta que otro se vacune afuera. O sea, les estoy liberando una vacuna de acá para cuando le toque a la gente de mi edad que, por una cuestión de dinero o de salud, no tiene la posibilidad de viajar. Porque, por ejemplo, a mi mamá, Amelia, acá le dieron la primera dosis, y la segunda… bien, gracias, nunca le llegó. Pero tampoco la podía hacer viajar porque tiene 83 años y enfisema pulmonar. Vuelvo a lo anterior: realmente no entiendo a los que se enojan, ya que, cuantos más vacunados haya, menos muertos habrá y más camas de terapia intensiva estarán disponibles. No tiene lógica que se ofusquen. Pero bueno, nuestro país es así.

–¿Qué otras cosas de la Argentina te chocan?
–La verdad, me cuesta enojarme con el país, porque es lindo y maravilloso y porque creo que la culpa de lo que nos pasa la tenemos nosotros como sociedad. Siempre nos está molestando lo que hace el otro, ¡y éste de la vacuna es el claro ejemplo! Como que hay un dejo de resentimiento y un disfrute de que al otro le vaya mal. Por eso no me gusta este gobierno, el anterior, ni el anterior.

–¿Y si tu pareja se metiera en política?
–¡No, no, no! Ni ahí. No me gustaría que nadie de mi familia esté en la política: representaría un tremendo desgaste físico, emocional y de vida. Si te fijas, todos los presidentes a los dos meses están canosos. Además, no es para cualquiera, hay que tener ese don, saber y estar un poco loco.

–Personajes del medio, como Victoria Onetto, que es la subsecretaria de Políticas Culturales de la provincia de Buenos Aires, sí aceptan entrar en la arena política…
–Sí, eso existe. Pero si te vas a poner al frente de la política, debés estar muy bien preparado, para no hacer papelones. Seas quien seas. Yo no coincido ideológicamente con Victoria, pero si está preparada, bienvenida. No la criticaría antes de ver su gestión, porque no sabemos que tan peor va a ser su gestión que la de otro que pusieron a dedo. Antes de criticar, hay que ver qué hace. Eso es algo que aprendí.

–¿Qué otras cosas aprendiste con el paso del tiempo?
–La muerte de mi papá fue una bisagra en mi vida, porque me llevo a entender que la finitud es real y que, por más que yo crea que el alma existe, la gran mayoría de las veces no encuentro señales de que así sea. Así que trato de no ofenderme ni enojarme tanto. Es difícil, un entrenamiento diario, pero siento que cuanto más te enojas, más rápido se te envejecen las arterias. No sé. Ya me parece una antigüedad enojarte con alguien y no hablar por dos días.

–¿Hoy en día ya no tenés enemigos?
–Creo que nunca tuve. Pero eso no quita, ojo, que yo sea la enemiga de alguien (ríe pícara).

Por Kari Araujo
Fotos: Christian Beliera
Producción y estilismo: Mariano Caprarola
Retoque digital: Mariano Speroni y Gustavo Ramírez
Asistente de producción: Sofía Esther Ortiz
Asistente de fotografía: @verolorizio.ph
Peinado: Gabriela Flores, para @de_crudis
Maquillaje: Barby Mencia, para Vero Luna Make up
Agradecemos a Gabriel Lage, Ménage à Trois, pieles sintéticas Breeder’s, Whiskyndust, Desvío Jeans, Basilia accesorios, @stilettosyl y El ojo clínico

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