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“Yo también quiero vivir mi historia de amor como Floricienta”

“Yo también quiero vivir mi historia de amor como Floricienta”

Redacción Gente

Florencia Bertotti acaba de recibir un tackle perfecto. Sin embargo,
aún mantiene la vertical. Ahora lleva a una niña aferrada a su pierna derecha,
que no claudica en su súplica: “¡Quiero que seas mi mamá!“, le dice. Lo
más curioso del cuadro es que la nena -que no tiene más de tres años- tampoco
parece dispuesta a soltar la mano de su verdadera madre. ¿Cómo explicarle que
madre hay una sola? Dicen detrás del escenario del Gran Rex que la escena se
repite varias veces cada semana. “Es parte del encantamiento“, aseguran.
Todavía faltan algunos minutos para el comienzo de una nueva función de
Floricienta. Ya sorteamos la sesión de peinado y ahora es tiempo de make up.
El escenario requiere trazos marcados y mucho brillo“, juran los
expertos. El camarín de Florencia Bertotti aparece despojado, sin más adornos
que dos peluches y algunos dibujos pegados en las paredes. Comienza la
entrevista. Afuera el público ya colma las plateas del teatro.

-¿Cómo sobrevive a semejantes muestras de amor?
-¡Es impresionante! Yo no sé bien cómo funciona. Me excede y, por momentos,
me da pánico. Yo soy una chica que compone un personaje en un programa que está
escrito… El otro día vino una maestra con un grabador y me pidió que grabase un
mensaje para que sus alumnos se porten bien. Apretó play rec y empecé: “Hola
chicos, les habla Flori, pórtense bien, sean buenos compañeros, préstense los
útiles…
“. Dos días después me llamó la maestra y me dijo: “Para vos todo
esto puede parecer ridículo, pero no te imaginás cómo cambió el curso. Ahora se
portan súper bien
“. Los chicos se identifican con nuestras historias, te
toman como ejemplo y le dan entidad a cada una de tus palabras… Es una carga
importante, pero nada en comparación con el amor que recibo cada día.

-¿Siente responsabilidad en su poder de prédica?
-Claro. Muchas mamás me cuentan que convencen a sus hijas de hacer cosas
invocando a Floricienta. Les dicen: “Si no te bañás le digo a Floricienta“.
Me usan como imagen de lo que está bien. Todo esto me pone la piel de gallina y
me llena de orgullo. Yo me debo a los chicos, porque ellos me inventaron.

-¿Es consciente de que, para toda una generación, será por siempre
Floricienta?
-Es algo muy divertido. Los chicos creen que soy Floricienta, un ser con sus
virtudes exacerbadas al extremo. Y cuando me descubren cenando en un restaurante
con Guido (N. de la R.: por Kaczka, su novio), ven a Floricienta con un
novio distinto al de la tele… Muchos no entienden qué pasa ahí, les hace ruido.
Pero todos se sientan en mi mesa y me hablan como si me conociesen de toda la
vida.

-¿También le dan consejos de amor?
-Todo el tiempo, en cada carta. Pero siempre apoyan las elecciones de
Floricienta. Aunque acá también mezclan cosas de la realidad. Algunos me
escriben: “Yo te digo que Delfina es mala, que el conde te esconde tal cosa…
Te quiero mucho, y casate con Guido
“. Yo creo que son conscientes de que soy
actriz, pero prefieren sostener la idea de que Floricienta existe.

-Muchos la eligen como madre…
-Con los chicos pasa cualquier cosa. Imaginate: ayer una chica me trajo su
estampita de la comunión… ¡con mi cara! Yo no sé cómo responder a eso: me da
vergüenza y me emociona.

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La decimoquinta función de Floricienta impone una pausa en la entrevista. El
escenario del Gran Rex recrea una terraza. Delfina está malísima y Evaristo
parece cada vez más torpe. Hay un ángel que sobrevuela las primeras filas.
Floricienta vive recluida en la azotea y sólo el amor de su público podrá
liberarla de semejante condena. El conde Máximo Augusto, noble de un país
imaginario, se bate a duelo con un dragón. Por momentos llueve dentro de la
sala. La platea acompaña cada canción y cada coreografía. La puesta merece
categoría de “superproducción“. Este final también merece una ovación. De
regreso en su camarín, Florencia Bertotti improvisa una explicación al fenómeno:
Si los chicos se identifican tanto con Floricienta es porque no se sienten
subestimados como espectadores. Acá nadie piensa: ‘Son nenes, poné dos globos y
salimos’. Los chicos se dan cuenta cuando les vendés una truchada. Y acá se
sienten como gourmetitos, saben que estamos pensando en cómo ofrecerles lo mejor
“,
dice.

-Defina a los chicos como público, Florencia.
-Exigente y sincero. Si se aburren, se duermen o empiezan a correr por los
pasillos. Con los chicos los fracasos pueden ser absolutos e irreversibles. Son
jueces terminantes que, hasta el momento, nos dieron su aprobación en cada
función.

-¿Qué personaje la encandilaba cuando era chica?
-Seguía las historias de amor: quería que la buena se quede con el bueno,
tuviesen su casa, sus hijitos… Yo soy muy Susanita, quiero tener 77 hijos. Pero
moría por Xuxa. Yo hice de Xuxa en tercer grado y me creía mil. Fue lo mejor que
me pasó en la vida. Mi mamá me hizo el traje y me compró el silbato. Me
encantaban sus canciones, incluso me gustaba que hablase ese portuñol difícil…
¡Estábamos todos los chicos embobados tratando de descifrar qué quería decir!
Xuxa era una reina maravillosa, inalcanzable.

-¿Y no se siente usted “la nueva reina de los bajitos“?
-No, porque los chicos no me ven como un inalcanzable. En sus cartas me
tratan como una amiga más y a mí me encanta que no crean más de lo que realmente
sucede. No me gustaría transformarme en una fantasía imposible.

-¿Podría componer una mala?
-No sé si me animaría: después de recibir tanto amor sería terrible
cambiarme de vereda. ¡No sabés las cartas que recibe Isabel! (N. de la R.:
por Macedo, que compone a la malísima Delfina
). Prefiero los besos y los
abrazos. Recibir el amor sin límites de los chicos es muy fuerte.

-En esta segunda temporada de teatro, de contacto directo con el público,
¿pudo descifrar adónde radica la alegría permanente de los chicos?
-Es algo natural. Son personitas sin máscaras ni prejuicios, que responden a
los estímulos con la mayor sinceridad del mundo. Los chicos contagian felicidad.
¿Viste que cuando te acercás a un bebé no podés evitar reírte? Ese es el poder
de los nenes: su autenticidad. No tienen freno inhibitorio.

-¿Cuando dejó Son amores imaginó que volvería al éxito tan pronto?
-Jamás. Cuando terminó Son amores todos me dijeron: “Preparate para
volver a la realidad, porque estos fenómenos no se repiten
“. Ya no pensaba
en la posibilidad de un éxito, sino en hacer lo que más me divertía.

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-Entonces llegó Cris Morena…
-Cris es un all inclusive. Trae un combo bajo el brazo, viene con
todo junto. Ella sabe cómo encantar a los chicos, escribir unas canciones
lindas, producir teatro… Es muy profesional y está rodeada de gente súper
talentosa. Me propuso hacer Floricienta, que implicaba también cantar y bailar.
Vamos a probar“, le dije. A mí me preguntás si sé hacer el rondó con dos
vueltas carnero en el aire y te contesto: “Vamos a probar“. Después, si
me hago puré contra el piso, me voy silbando bajito. Practiqué con un coach
vocal y, cuando esperaba un vidrio roto, me dijeron: “Estamos bien“. Y
acá estoy. Tampoco me creo un talento musical ni fantaseo con grabar un disco
con Emilio Estefan, ¿eh?

-¿Cómo explica la universalidad de la tira?
-Hay un código común entre los más chicos, todos tienen las mismas ganas de
dejarse entretener y una misma capacidad de creer en lo que les muestran.
Floricienta funciona también porque Cris piensa las cosas de forma universal. No
se habla de religiones ni de temas políticos, las canciones no hacen referencia
a lugares específicos, Máximo Augusto es conde de un país imaginario… Todos
pueden sentirse enmarcados en la historia que plantea Floricienta. Y todos
pueden recoger el mensaje: pelear por lo que uno quiere y permitir que el amor
triunfe por sobre todas las cosas.

-¿Su vida privada, siempre tan prolija, tiene que ver con su
responsabilidad ante los chicos?
-No es una estrategia, sólo que no me imagino viviendo de otra manera. Esta
forma de vida es el camino que elegí mucho antes de trabajar para los chicos.
Como tengo una vida tranquila, todo parece más homogéneo. Con Guido llevamos
seis años juntos y nunca vivimos nuestra relación en los medios. Aprendimos a
convivir con los rumores, aunque muchas veces no sabemos de dónde salen.
Mientras estemos juntos y felices, no les doy importancia. Y gracias a Dios
estamos bárbaros, felices, no tenemos ningún inconveniente. Yo también quiero
vivir mi historia de amor como Floricienta.

Muchas mamás me cuentan que convencen a sus hijas de hacer cosas invocando a Floricienta. Les dicen: ‘Si no te bañas le digo a Floricienta’. Me usan como imagen de lo que está bien, lo que corresponde. Todo esto me pone la piel de gallina y me llena de orgullo“, confiesa Florencia emocionada.”>

Muchas mamás me cuentan que convencen a sus hijas de hacer cosas invocando a Floricienta. Les dicen: ‘Si no te bañas le digo a Floricienta’. Me usan como imagen de lo que está bien, lo que corresponde. Todo esto me pone la piel de gallina y me llena de orgullo“, confiesa Florencia emocionada.

Con los chicos pasa de todo. Ayer una chica me trajo su estampita de la comunión… ¡con mi cara! Yo no sé cómo responder a eso: me da vergüenza y me emociona“. “>

Con los chicos pasa de todo. Ayer una chica me trajo su estampita de la comunión… ¡con mi cara! Yo no sé cómo responder a eso: me da vergüenza y me emociona“.

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