“¿Yo sex symbol? ¿Les parece? ¿No será demasiado?” – GENTE Online
 

“¿Yo sex symbol? ¿Les parece? ¿No será demasiado?”

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Hola, piojo. ¿Acá vive la familia Lavezzi? –nos asomamos a la coqueta casa de Mangabeiras, poblado de clase alta del centro-sur de Belo Horizonte, a 965 metros de altura y 38,5 kilómetros del aeropuerto Tancredo Neves.

–Pará –corre hacia adentro; a los diez segundos regresa–. Pasen. ¿Quieren juguito de mandarina y galletitas de chocolate? ¿Quieren ver Colombia- Uruguay?

–Okay. Gracias, campeón. ¿Cómo te llamás?
–Dante. Cumplí seis el 21 de junio. Mi tío me regaló la camiseta argentina firmada por todos los jugadores.

–¿Vos sos el sobrino del Pocho?
–Sí, mi tío es el Pocho. ¿Viste que le tiró agua en la cara al técnico?

“MAMA TODAVIA CREE QUE ES UN SANTO”. Eso cuenta Valeria (34), junto a Diego (38), hermanos mayores de Ezequiel. “Imaginate que siendo el más chico (29, el Pocho nació un 3 de mayo de 1985 en Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe), se lo consentía. A los cuatro pirulos empezó a pegarle a la pelota. Le encantaba tirarse en la tierra cuando llovía y se formaban lagunas de lodo. Llevaba ropa bien blanca y limpia, y volvía hecho un barro con patas. O te ponía cara de pobrecito: ‘Cerrá con candado. Me quedo a ver tele’, y se escapaba por una ventanita de la cocina para ir a patear. Claro, como nuestros padres (Dora –Doris– y Alberto, reparador de heladeras) se habían separado cuando el Pocho andaba en el año y medio, mamá salía a limpiar casas y vender golosinas en bici, y al volver lo defendía de sus fechorías. Y eso que una vez rompió de un chutazo el vidrio del negocio de la esquina y la vieja debió trabajar una semana para pagarlo.El chanta seguía negando su responsabilidad. Lo mismo que el día que quebró la cama y metió ladrillos abajo para que nadie lo descubriera”, relata Vale desde la casa que el futbolista alquiló a cuarenta minutos de la concentración nacional, para albergar a los trece familiares que lo acompañan durante la cita mundialista.

“Tampoco sabía perder –se suma Pamela (32), su prima y vecina, entretejido de por medio, en Pasaje 5 y Oppici, por aquellas épocas sin pavimento–. Del chinchón para arriba, jamás se bancaba la derrota en los juegos de mesa, ni en nada. Exigía revancha y revancha. Su agradecimiento a mi paciencia lo acercó ya de grande: no hace mucho, obligó a mi actual marido a que me firmara un papel declarando que se iba a casar conmigo cuando cumpliéramos quince años de noviazgo, y poco tiempo atrás dimos el ‘sí’. ‘Listo Larguipú, no ibas a zafar’, celebró el Pocho... Ah, le puso Larguipú a Leo, mi esposo, de la misma manera que le pone sobrenombre al que se le cruce”, redondea Pame.

“ME REBAUTIZARON ‘POCHO’ POR LO ROMPEBOLAS”. Puesto que de motes hablamos, el mismo Ezequiel manifestó que su hermano cuidaba un perro súper molesto llamado Pocholo. “Como yo era igual, me quedó el apodo cortadito”, justificó. Iniciado en los clubes Sol Naciente –que manejaban los Lavezzi– y Coronel Aguirre –su barrio–, culminó la primaria en la Escuela Nº 132 y comenzó la secundaria en la Técnica 364. “Obvio que se copiaba. Aparte de escaparse, claro”, vuelve a la carga Vale, la hermana. “Un día, en el colegio, le palpó el trasero a una chica y disparó. Ella fue a Dirección. ‘Un muchacho de pelo largo me tocó la cola’.

¿Qué se mandó el Pocho, ya en el borde del precipicio, por la cantidad de amonestaciones que venía acumulando? Convenció a un compañero de pelo largo, bien aplicado, de declararse culpable, y el chanta zafó. Tampoco voy a relatarte las veces en que no lo dejaban entrar al aula si no se presentaba un mayor para poner la cara por sus líos, especialmente por molestar a las maestras”. Los boliches merecen una frase aparte: “¡Lo acompañaba y trataba de cuidarlo. Tra-ta-ba. Un ganador nato... ¡No te imaginás el levante del enano! Ganador, picaflor y también caradura. Hay historias que mejor las dejo para que las cuente él”. Como que solía moverse en un ciclomotor Garelli que se compró y ploteó con stickers de Rosario Central. Claro, Ezequiel abandonó los estudios en tercer año, para enfocarse en las inferiores del equipo “canalla”, donde quedó relegado, de la misma manera que al probarse en Boca Juniors. Diego, su otro hermano (“al pobre se la pasa haciéndole bromas a cada instante; no le da ni medio respiro”, señala Pamela, la prima), lo convenció de tentar suerte en Estudiantes de Buenos Aires. “Si quedo, genial; si no, largo”, se propuso el Pocho. Ahí logró iniciarse como profesional a los 17, en 2003, después de haber pensado abandonar el deporte que de nene lo apasionaba. Cobraba cien pesos al mes.

“DIVERTIDO POR FUERA, SENSIBLE POR DENTRO. Rompe los quinotos de una manera increíble, sí, aunque a la hora de la verdad, Ezequiel no falla”, concede Valeria. “Los Lavezzi siempre nos caracterizamos por lo unidos, en las alegrías y lo malo, por lo llorones y, también, por mirar al otro, por el buen corazón, por lo generosos. Mirá que pasamos momentos bravos, de dura necesidad, y no hemos cambiado. Bueno, el mejor ejemplo es él. Y ni siquiera me refiero a que a nuestra madre y mi familia nos comprara la casa en Rosario, ni que a los sobrinos les pagara el soñado viaje al Disney de Mickey Mouse y demás...”. “Ni que nos junte en Navidad o alquile acá para que compartamos la Copa con él”, agrega Pame. “Un tipo desapegado, que ni colecciona las camisetas que lució o que le intercambian. Las regala a su tío Carlitos, que atesora ya unas dos mil y pico, aparte de cada equipito completo que el morocho crack usó donde jugó”, añade. “Hay más: en 2009, apenas pudo –continúa Vale–, a media cuadra de la casa en que vivíamos, con nuestro hermano Diego abrió la Asociación Niños del Sur (ANSUR), donde se desarrollan acciones preventivas para que los chicos puedan alejarse de la droga, la delincuencia y la muerte temprana”. Revisiones médicas, un plato de comida, espacios educativos: una cruzada a favor de la dignidad, contra el olvido, la pobreza, el abandono.

“A nosotros nos llenó de plenitud cuando saltó a San Lorenzo y a Genoa, en 2004, al Nápoli, en el ’07, al Paris Saint Germain, en 2012, y ¡no sabés cuánto nos enloquece que ahora entre en los partidos de la Copa del Mundo! Sin embargo, su costado humano nos emociona hasta las lágrimas. Verlo llegar a saludar, la devoción de los pibes, sacarse fotos, firmar autógrafos, comerse un guiso en la esquina... La gente se sorprende al observarlo sentado en el sillón del papa Francisco, tocarle la nariz a Zlatan Ibramovic en pleno encuentro, hacer trastabillar a un camarógrafo, tirarle agua a Alejandro Sabella para que se relaje... Pero en situaciones así nosotros, antes que a un crack, vemos al mismo Pocho de siempre, tratando de robarle una sonrisa a la vida”, cierra orgullosa Valeria, a quien nos cruzamos con Dante, el martes 1º en la Arena de San Pablo, rodeados por 63.255 espectadores.

–Arranca de titular, nomás.
Dante: Un genio mi tío Pocho.

–Cierra así una semana interesante. Ya se lo considera el sex symbol del Mundial.
Valeria: ¿Sabés qué dice él cuando sale eso?
“¿Les parece? ¿No será demasiado?”.

Pura fibra y carisma, posando para GENTE en su casa de Highlands, donde vive junto a su novia, Yanina Screpante, cada vez que viaja a la Argentina.

Pura fibra y carisma, posando para GENTE en su casa de Highlands, donde vive junto a su novia, Yanina Screpante, cada vez que viaja a la Argentina.

“A los 12 años surgió el primero: un indio, que luego se tapó. Ahora les busco justificativo a los tattoos”, dice el Pocho, quien a la fecha luce, entre otros, imágenes de las vírgenes de Luján y Lourdes, Jesucristo y Maradona, los escudos de Rosario Central y Coronel Aguirre, el nombre del hijo, Tomás (9); un papiro con cinco símbolos chinos que trasladan las iniciales de su familia, un revólver, la frase “No es rico quien más tiene sino quien menos necesita”, una manga de flores, y dos palabras que comparte con su mujer, Yanina Screpante: “Love” (amor, en inglés) y “Gioia” (alegría, en italiano). ¿Cantidad? “Hasta 2008 tenía 18; ahora ya no sé”, admite el delantero.

“A los 12 años surgió el primero: un indio, que luego se tapó. Ahora les busco justificativo a los tattoos”, dice el Pocho, quien a la fecha luce, entre otros, imágenes de las vírgenes de Luján y Lourdes, Jesucristo y Maradona, los escudos de Rosario Central y Coronel Aguirre, el nombre del hijo, Tomás (9); un papiro con cinco símbolos chinos que trasladan las iniciales de su familia, un revólver, la frase “No es rico quien más tiene sino quien menos necesita”, una manga de flores, y dos palabras que comparte con su mujer, Yanina Screpante: “Love” (amor, en inglés) y “Gioia” (alegría, en italiano). ¿Cantidad? “Hasta 2008 tenía 18; ahora ya no sé”, admite el delantero.

En menos de una semana, el grupo de Facebook que tímidamente crearon unas amigas de la zona de Wilde, en el Sur del conurbano bonaerense, sumó nada menos que 85.000 seguidores (o seguidoras) y casi 400.000 “Me gusta”. ¿La consigna? Fundar un “Movimiento para que el Pocho Lavezzi juegue sin camiseta”.

En menos de una semana, el grupo de Facebook que tímidamente crearon unas amigas de la zona de Wilde, en el Sur del conurbano bonaerense, sumó nada menos que 85.000 seguidores (o seguidoras) y casi 400.000 “Me gusta”. ¿La consigna? Fundar un “Movimiento para que el Pocho Lavezzi juegue sin camiseta”.

Junto a Calu Rivero, en la producción que hicieron un año atrás para la marca Etiqueta Negra, de su amigo Federico Alvarez Castillo. La química entre la bella actriz y el futbolista de elite sacó chispas ante la lente del fotógrafo de modas Gabriel Rocca.

Junto a Calu Rivero, en la producción que hicieron un año atrás para la marca Etiqueta Negra, de su amigo Federico Alvarez Castillo. La química entre la bella actriz y el futbolista de elite sacó chispas ante la lente del fotógrafo de modas Gabriel Rocca.

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