Yo no quería que fuera boxeador -jura Juan sobre Martín-, pero dentro del pibe circula igual color de sangre que el mío"." /> «Yo no quería que mi hijo fuera boxeador» – GENTE Online
 

"Yo no quería que mi hijo fuera boxeador"

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-Sí, me lo tatué en la espalda porque el tipo es mi gran ídolo -admite con un dejo de admiración Martín Antonio Coggi, 18, el hijo del ex boxeador. 
-Papá debe estar orgulloso, ¿no?
-¿Papá? ¿Por qué mi viejo?

-El tattoo. ¿De qué estamos hablando?

-¡Pará! ¿No me tatuaron a Superman? Pedí a Superman…
Callate! Si vos habías arreglado que te pusieran el de Florencia de la Vega! -grita desde la otra punta del gimnasio Juan Martín Coggi (40), el padre del flamante boxeador.

Se miden, amagan pegarse, se insultan, acuden a un código que sólo ellos conocen y ríen, no contestan pero ríen, cuando alguien comenta con acierto que lo suyo caía de maduro, que aquel frágil rubiecito de ojos celestes, hijo del tres veces campeón mundial iba a terminar trepándose al ring para seguir los pasos del padre. Bueno, los golpes del padre.


Ambos:
-…

-Ese silencio ratifica el viejo adagio.
Juan:
-En realidad, yo no quería que fuera boxeador. Hasta lo llevé a probarse en las inferiores de Boca. Mi sueño era que estudiara.

Martín:
-Bueno, terminé la secundaria e incluso ahora me anoté en el Centro de Investigación Cinematográfica, de Belgrano. No te fallé, pa. -Le lanza un débil gancho.

Juan:
-Cierto día del verano 2001 lo encontré llorando. "Vos no me querés
boxeado
r", me dijo. "Pero yo abrí camino a los golpes para que vos lo evitaras", le contesté. "Papá -mandó en seco-,
desde que empecé a entrenar comprendí que tu actividad es más que piñas, es un aprendizaje, una lección de vida". A esa altura el muy pillo practicaba a escondidas con mis sparrings Oscar López y Rodrigo Benech, quien le relataba cuentos de terror durante las giras. Entonces lo invité a mi gimnasio de Berazategui.

Martín:
-Me mandó tres vagos. Los paseé.

Juan:
-Acto seguido le pedí a uno de los profesionales: "Che, maltratámelo un poco. Un poco, eh". Y el chabón terminó quebrándole la punta de la nariz en el segundo round. Le salía sangre como agua a una canilla. Quise sacarle el cabezal y me amenazó: "Intentás quitármelo y no te vuelvo a dirigir la palabra". Bancó los ocho asaltos. Ahí comprendí que dentro del pibe circula igual color de sangre que el mío. Lo llevé a casa y huí para que mi mujer no me fajara. También pensé: "El nene creció".

Martín:
-Ajá. Mi venganza por lo que sufría cuando te pegaban.

Juan:
-¿Sufrir? ¿Y yo? Vino de París cruzado y las contracciones le abrieron las caderas a Alicia, que vomitaba sangre. Para colmo, yo había comprado las revistas Ser padres hoy y me sabía todo. Terminé ayudando en el quirófano. Tras 24 horas de esfuerzo, el borrego pesó 3,600. Le vi las bolitas y salí en mi
Citroën tocando bocina. Si yo no autorizaba, nadie lo cambiaba, le daba la leche o lo bañaba. Muy pegotes.

Martín:
-Réquete. ¿Te acordás cuando en el gimnasio del Luna Park hacías la lagartija, que yo me subía en tu espalda y Santos Zacarías te gritaba: "¡Repítala con el chico encima!"? ¿Y de las concentraciones en los hoteles Roma y Cosmos?

Juan:
-No, vos no conociste el Roma. Fue antes de… ¿O no?

Martín:
-Dejate de discutir que nadie sabe como yo sobre tus estadísticas. Récord amateur: 37 peleas, 32 ganadas (por K.O.), 2 perdidas, 3 empatadas. Récord profesional: 82 peleas, 75 ganadas (47 por K.O.), 5 perdidas, 2 empatadas.

Juan:
-Tanto como yo conozco las tuyas (bromea): 5 como aficionado. Ganaste 4, y la última, en la que merecías un triunfo…

Martín:
-Empate, empate, pa. Fue empate.

Juan:
-Viene apuntando para la categoría mía, 63,500. Ahora está peleando en medianos. Tiempo al tiempo. Algunos técnicos sostienen que el boxeador nace, y otros, que se hace. Yo pienso que si no le enseñás, va a cobrar bastante, y no plata. Yo fui boxeador porque nací boxeador.

-¿Y vos, Martín? ¿Porque tu padre fue boxeador?
Martín:
-Genética, y por mi casta real.

Juan:
-Fanfarrón. Pasa que lo bautizamos El Principito


-¿Latiguito, no?
Martín:
-Latiguito, cero. Aunque admiré siempre la velocidad y la potencia de papá.

Juan:
-Prefiero que logre su identidad. Más allá de que los dos nacimos zurdos y respondemos al estilo de Zacarías. Igual, a Martincito lo considero más boxeador, más estratega que yo.

-Exagera.

-Esperá un par de temporadas. Apenas adquiera confianza, será letal. Le enseño un camino distinto. Sonaba la campana, yo corría a pegar y me comía garrotazos terribles. Primero debe cuidarse, después golpear. Tengo tres maneras de hablarle. Como amigo: tocamos el tema minas, "¡Usá f…!". Tácticas de ataque y defensa -se miran de reojo-. Debatimos.


Martín:
-Hasta que me puse de novio con María Amelia.

Juan:
-Obvio -ríen compinches-. Como padre, con el rebenque sobre la mesa: él escucha. Y como entrenador: lo eché dos veces. Es chillón. Yo asesino a mis alumnos. El que vomita, se limpia y vuelve. Busco protegerlos. No cigarro, no falopa, no alcohol. Los preparo para que lleguen en óptimas condiciones físicas y síquicas. En un ring no tendrán tiempo ni de respirar. Si superan semejante límite, dejarán de ser grandes púgiles y se convertirán en grandes campeones.

-Hay otra línea inversamente proporcional: la línea que separa un par de malas piñas recibidas de la muerte. Ahora no sería su muerte, Juan, sería la de su hijo. ¿Le teme?

-Ni un poco. El eligió. Aunque, claro, si tuviera que saltar la soga para defenderlo, no dudaría. Yo nací con los puños apretados. Terminé séptimo grado de regalo y pasé hambre de comida. El siente otro tipo de hambre. Debo comprenderlo.

Martín:
-Hambre de estómago lleno, de gloria. ¿Te acordás esa publicidad: "Todos tenemos un llamado de adentro. Hay quienes lo atienden y quienes no"? Yo quiero atenderlo. Mi pelea es tan brava como la de él. Peleo contra las comparaciones.

-Su heredero, Juan. Al fin no necesitaremos preguntarle más si se retiró o no. El ciclo de Látigo ha culminado.

-Olvidate. Si alguien me invita a una contienda, regreso. Pero por el título. No arruinaría el futuro de nadie para agregarle una rayita a mi pistola. La cagada es que no sabría cómo vestirme. Este me dejó en pelotas. Hasta mi bolso de entrenamiento usa. No vamos a seguir el camino de Rocky V, que le regalaba el pantalón corto a su pupilo; en lo único que se le parece es en el pelo. Coggi junior, el primer boxeador rubio del país.

-¿Un color rubio mentiroso?
Martín:
-Arranqué tiñéndome de azul y quedó colorado.

Juan:
-Estos rockeritos que componen temas raros…

Martín:
-Hijos de R.A., se llama mi grupo. Hijos de R.A.

Juan:
-De Raúl Alfonsín. Por eso practica boxeo. Para defenderse cuando le hacen escraches (carcajada).

Martín:
-¿Qué sabés de música? Te gustan Cafrune, Larralde.

Juan:
-Por lo menos se les entiende la letra. No como vos, que me invitaste a verte cantar. Dos temas para sordos y desaparecí. ¡Qué hijo de p…! Ya le pedimos que toque los sábados, así juntamos tomates para el asado del domingo.


-¿Te enojás cuando recibís abucheos, Martín?

-Nada. Si buscan camorra les propongo pelear cuatro asaltos en la calle por 180 pesos. Me lo enseñó pa.

-¿Quién está más loco de los dos, señores?
Los dos
: -…

-¿Otra vez sin contestar?
Juan:
-Yo… Por ahora.

Martín:
-Cierto. Por ahora.

por Leonardo Ibáñez
fotos: Jorge Luengo, archivo GENTE y gentileza revista }El Gráfico
Tal para cual: Látigo (19/12/61, santafesino de Arroyo Seco, 1,74, 70,500 kilos) y <i>El Principito</i> (12/8/83, bonaerense de Coronel Brandsen, 1,77, 59,600 kilos). No vas a andar escribiendo que nos parecemos, ¿verdad?", preguntan en chiste.">

Tal para cual: Látigo (19/12/61, santafesino de Arroyo Seco, 1,74, 70,500 kilos) y El Principito (12/8/83, bonaerense de Coronel Brandsen, 1,77, 59,600 kilos). "No vas a andar escribiendo que nos parecemos, ¿verdad?", preguntan en chiste.

Como dos chicos grandes, los Coggi practican en el gimnasio del centenario <i>Club Atlético Argentino de Quilmes</i>. Pronto se mudarán de Brandsen al sur de Buenos Aires, con los otros dos integrantes de la familia: Alicia (41) y Jessica (13).

Como dos chicos grandes, los Coggi practican en el gimnasio del centenario Club Atlético Argentino de Quilmes. Pronto se mudarán de Brandsen al sur de Buenos Aires, con los otros dos integrantes de la familia: Alicia (41) y Jessica (13).

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