Después empecé a trabajar como modelo y algo hizo que los chicos piensen: 'La flaquita se está poniendo buena'", dice. Hoy es una top en la agencia de Pancho Dotto. Conózcala: es la diosa que se viene." /> «Yo era el patito feo» – GENTE Online
 

"Yo era el patito feo"

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Yesica Toscanini dice que su historia repite el cuento del patito feo. Que hubo un tiempo en el que no fue hermosa. "Tenía patas de garza, flacas e interminables", jura. Durante todo el secundario formó siempre última en la fila. La acomplejaba también el tamaño de sus pies, que ya en su primera adolescencia habían alcanzado el talle 38 que mantienen aún hoy. "Parecía un grisín con patas… Estaba convencida de que ningún chico me iba a dar bola nunca en la vida, si yo era el patito feo", recuerda ahora.

-¿Entonces jamás imaginó que se convertiría en una chica de tapa, Yesica?
-Ni en mi mejor fantasía. Cuando veía a las chicas que salían en las revistas me parecían diosas imposibles, inigualables.

-¿Estaba siempre atenta a lo que sucedía en el mundo del fashion?
-No, sólo veía los desfiles de Roberto Giordano. Me parecía un flash, increíble. Estaban todas las más lindas, aunque yo sólo conocía por nombre a Dolores Barreiro y a Pampita.

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Yesica comenzaba a asimilar la idea del celibato cuando todos a su alrededor la convencieron de que tenía destino de top. "Era tan alta que tenía dos opciones: modelo o jugadora de vóley. Mi hermana me llevó a jugar al vóley, pero no duré ni siquiera un día…", asegura. A los 16 años entró en la escuela de modelos de Pancho Dotto y, poco después, se cruzó hasta la agencia. Participó del scouting nacional de 2001 y se consagró como "Mejor modelo en pasarela". Hoy dicen que es el futuro, que su cara va a brillar muchos años en el firmamento de las diosas argentinas. La bautizaron "la nueva Dolores Barreiro" o "la nueva morocha argentina". Su virtud más destacada son sus piernas, claro.

-¿Está satisfecha con la imagen que le devuelve hoy el espejo?
-Estoy contenta. Siempre hay algo que no me gusta, por supuesto. Todas las mujeres tenemos algún problema con nuestros cuerpos. Más de un problema, en realidad. ¡Ojalá tuviésemos un solo problema! Ya no tengo complejos con mis piernas, pero me gustaría tener más cintura. Esa forma de guitarrita, ¿viste?

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Yesica Toscanini dice que su historia repite el cuento del patito feo. Que hubo un tiempo en el que no fue hermosa. "Tenía patas de garza, flacas e interminables", jura. Durante todo el secundario formó siempre última en la fila. La acomplejaba también el tamaño de sus pies, que ya en su primera adolescencia habían alcanzado el talle 38 que mantienen aún hoy. "Parecía un grisín con patas… Estaba convencida de que ningún chico me iba a dar bola nunca en la vida, si yo era el patito feo", recuerda ahora.

-¿Entonces jamás imaginó que se convertiría en una chica de tapa, Yesica?
-Ni en mi mejor fantasía. Cuando veía a las chicas que salían en las revistas me parecían diosas imposibles, inigualables.

-¿Estaba siempre atenta a lo que sucedía en el mundo del fashion?
-No, sólo veía los desfiles de Roberto Giordano. Me parecía un flash, increíble. Estaban todas las más lindas, aunque yo sólo conocía por nombre a Dolores Barreiro y a Pampita.

Yesica comenzaba a asimilar la idea del celibato cuando todos a su alrededor la convencieron de que tenía destino de top. "Era tan alta que tenía dos opciones: modelo o jugadora de vóley. Mi hermana me llevó a jugar al vóley, pero no duré ni siquiera un día…", asegura. A los 16 años entró en la escuela de modelos de Pancho Dotto y, poco después, se cruzó hasta la agencia. Participó del scouting nacional de 2001 y se consagró como "Mejor modelo en pasarela". Hoy dicen que es el futuro, que su cara va a brillar muchos años en el firmamento de las diosas argentinas. La bautizaron "la nueva Dolores Barreiro" o "la nueva morocha argentina". Su virtud más destacada son sus piernas, claro.

-¿Está satisfecha con la imagen que le devuelve hoy el espejo?
-Estoy contenta. Siempre hay algo que no me gusta, por supuesto. Todas las mujeres tenemos algún problema con nuestros cuerpos. Más de un problema, en realidad. ¡Ojalá tuviésemos un solo problema! Ya no tengo complejos con mis piernas, pero me gustaría tener más cintura. Esa forma de guitarrita, ¿viste?

Nació el 8 de marzo de 1986, vaya casualidad para semejante chica: es el Día Internacional de la Mujer. Mide 1,76 metro, pesa 55 kilos y aún calza 38. Dice que no recuerda bien sus medidas, que hace tiempo que no se las toman. "Deben andar por los 86-62-92", sugiere. Y pese a su juventud, cree que serán sus medidas definitivas. "Salvo que me mate comiendo, claro", aclara. Recordará luego que cuando comenzó a desfilar, a los 16 años, sus medidas eran 80-60-90. "¡Terrible! Era como un pibe… -insiste ella-. Pensaba que iba a ser siempre así porque en mi familia son todas chatitas. Me decía: 'Bueno, nena, te vas a tener que operar algún día'. Pero después, por suerte, algo asomó, ¿no?'". Al mismo tiempo, Yesica dejaba de ser el patito feo ante los ojos de los chicos.

-Dicen que la exposición vuelve a las personas más deseables. Incluso a las modelos.
-Obvio. Dicen: "Mirá, salió en la revista" o "Uh, ahora es grossa". Sino seguro que no me daban ni bola… Yo creo que tenía 16 años cuando los chicos se dieron cuenta de que la flaquita podía ponerse linda. Justo cuando empecé a trabajar como modelo… Pero la exposición te pone también en un lugar inalcanzable.

-¿Por qué se lamentá? ¿Acaso los chicos hoy no se le animan?
-Mucho menos que antes. Generalmente, los chicos piensan: "Ahora que es modelo no me va a dar bolilla". Y se ponen más tímidos. Yo estoy segura de que sólo cuando están entre amigos se hacen los valientes. Se dicen: "Cuando la vea le voy a decir…" o "Si la agarro…". Pero al final, cuando te cruzan, no son muchos los que se animan a decirte algo más que "hola". Los más osados, cuando se quieren hacer los cancheros, me dicen "Flaquita". Te juro: son muy pocos lo que me tiran alguna bomba.

-¿Son más salvajes en Ituzaingó que en la exclusiva disco Tequila?
-Para nada. Quizá sea al revés: los tipos de las discos de moda son más atropellados, mientras que en Ituzaingó van a ver qué pasa. Son otros códigos.

Yesica Toscanini tiene novio. El afortunado es un tal Luciano, también del oeste. Un joven de 19 años que no supera el 1,65 metro de altura. "Digamos que puedo mirar por encima de su cabeza", se ríe Yesica. Llevan dos años y medio juntos e, intuye Yesica, es el hombre de su vida. Jurará luego ("por lo que quieras", dirá) que no repetirá la historia de otras jóvenes modelos que cayeron en las redes de empresarios entrados en años. Ahora define a su familia, los Toscanini de Ituzaingó: "Somos una familia de clase media normal, numerosa. Somos cinco hermanos, yo soy la más chica de todas. Papá es diseñador industrial y está enojado porque dice que siempre escriben su nombre como Alberto cuando en realidad es Edgardo. Mi mamá se llama Betty y, como es cosmetóloga, es una de mis consejeras. Todos parecen contentos con mi trabajo".

-¿Quién asumió el papel de guardabosques en la familia, Yesica?
-Todos, es por turnos. Empiezan mis hermanos: "Nena, esto después lo ven mis amigos", dicen. Otra de sus frases más repetidas es: "¡Qué poca ropa hay en esta foto!". El más tranquilo es mi papá que, después de relojear las notas, me pregunta: "¿Y cómo no te resfriaste?".

-¿Cómo fue jugar a ser sexy cuando tenía dieciséis años?
-Difícil. Yo era muy nena y no conocía muy bien mi cuerpo. Ahora ya me acostumbré. Con el tiempo empezás a conocerte mejor, sabés como moverte y aprendés mil poses para seducir a la cámara. Y cada vez se vuelve más fácil. Después aprendés algunos trucos. Ahí te das cuenta de que cuando la pose es demasiado zarpada lo compensás con un gesto más relajado en la cara, sin una actitud "perra". Finalmente, conocés también tus límites.

-¿Cuáles son sus límites?
-No haría desnudos. Nunca me lo propusieron pero igual sé que no me sentiría cómoda. Además, no creo que me sirva para nada. Y tampoco me parece un gran logro posar desnuda…

-¿Cómo se descubre en las revistas?
-Ese es todo un tema. Más de una vez abrí la revista y me dije: "Nena, se te fue la mano". Después hay un momento todavía más complicado, que es llevarle la revista a papá. Pongo mi voz más inocente y le digo: "Papi, mirá la notita que me hicieron…". Pero tengo que reconocer que, a veces, está bueno verte hecha una bomba en las revistas porque te levanta un poco la autoestima, ¿no?

por Jorge Martínez Carricart
fotos: Santiago Turienzo
producción: Finita Bencardini
(Agradecimientos: Wanama y Manu Rock. Peinó: Juan Manuel para Roberto Giordano con productos Sebastian. Maquilló: María para Buenos Aires Make-up)

Cuando veía a las chicas en GENTE me parecían diosas inalcanzables. Jamás, ni siquiera en mi mejor fantasía, imaginé que yo podía posar así", asegura Yesica.">

"Cuando veía a las chicas en GENTE me parecían diosas inalcanzables. Jamás, ni siquiera en mi mejor fantasía, imaginé que yo podía posar así", asegura Yesica.

 Generalmente los chicos piensan: 'Ahora que es modelo no me va a dar bola'. Y se ponen tímidos. Cuando te cruzan, no son muchos los que se animan a decirte algo más que 'hola'. Lo mas osados, cuando se quieren hacer los cancheros, me dicen 'Flaquita'. Son muy pocos los que me tiran alguna bomba".">

"Generalmente los chicos piensan: 'Ahora que es modelo no me va a dar bola'. Y se ponen tímidos. Cuando te cruzan, no son muchos los que se animan a decirte algo más que 'hola'. Lo mas osados, cuando se quieren hacer los cancheros, me dicen 'Flaquita'. Son muy pocos los que me tiran alguna bomba".

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