“Ya tengo la cabeza puesta en gobernar la Ciudad de Buenos Aires” – GENTE Online
 

“Ya tengo la cabeza puesta en gobernar la Ciudad de Buenos Aires”

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El lunes, ya de madrugada, Mauricio Macri (48) pasó, fugaz, por su departamento de Barrio Parque. Se dio una rápida ducha, descansó unos pocos minutos y así, sin dormir, a las seis de la mañana, regresó a la sede de PRO. Estaba feliz por un mensaje de texto de su hijo Francisco (13): “Capo, me emocionaste anoche. Estoy orgulloso de vos aunque Boca no salga campeón de la Libertadores”. Sin dudas, desde que arrancó el domingo de las elecciones porteñas –y no en su casa, sino “muy lejos”, como le dijo a GENTE en la esquina de Rincón y Chile, después de votar, a las 12.32, en la escuela técnica Eduardo Magnasco– habrá sido el día más largo de su vida. Tuvo premio: sacó el 45,62 por ciento de los votos para jefe de Gobierno de Buenos Aires. Le ganó, por casi 22 puntos, al candidato del gobierno nacional, Daniel Filmus, con quien competirá en el ballottage del 24 de junio para ver quién se queda con la recompensa mayor.
La felicidad del resultado, sin embargo, no fue completa. Mientras almorzaba ravioles en la casa de su compañera de fórmula, Gabriela Michetti, recibió la noticia de la muerte de José Luis Caputo, hermano de su mejor amigo, Nicolás. Eso lo dejó sensible por el resto de la jornada.

Por eso no estaba exultante en la intimidad del segundo piso de Che Tango, en La Boca, donde estableció su búnker, mientras miraba a su equipo que jugaba (y perdía) en Santa Fe casi todas sus chances en el Clausura. Hasta allí pudo subir muy poca gente: su hija Agustina (21), su mamá Alicia Blanco Villegas y unos pocos colaboradores. Allí, con la chapa puesta (política y futbolística) habló con GENTE.

–¿Qué dijo la familia, Mauricio?
–Y... viendo esta rareza de que su papá se dedique a la política. Pero ya un poco se van acostumbrando.

–¿Ellos pensaban que la política era un capricho pasajero, nada más?
–Uff, ¿¡sabés cuánta gente lo pensó!? Pero mi familia me conoce. Ellos saben que no abandono. En todas las cosas que hice a nivel personal siempre arranqué viento en popa.

–¿Lo llamó Franco, su papá?
–Bien temprano. Estaba contento porque las cosas me fueron bien.

–Con el resultado puesto, ¿lo imaginaba?
–¿La verdad? Aspirábamos a sacar más del 8 por ciento para llegar a la segunda vuelta con tranquilidad. Pero tener más de un 20 por ciento de diferencia nos da mucha paz. Estoy muy contento. Pero tenemos que empezar a trabajar ya mismo para hacer el último esfuerzo y ganar el ballottage. Estamos bien y vamos a seguir con las propuestas, dialogando con los vecinos, el mismo tipo de campaña.

–¿Cómo explica la brecha entre lo que esperaba y lo que consiguió?
–La sacamos porque apostamos a hablar, a estar con los vecinos, a no agredir, a no invadir la ciudad con publicidad sino con entusiasmo. Repartimos volantes, tocamos timbres... Hasta los candidatos lo hicieron.

–En la campaña, usted dijo que la gente le había perdido el miedo…
–Sí, el miedo a votarme. Se dieron cuenta de que todo lo que les dijeron en el 2003 era mentira. Porque nosotros no venimos a hacer cosas locas, aventureras o prepotentes, ni a privatizar escuelas ni hospitales. Venimos a que todo funcione mejor. Queremos que la salud y la educación gratuita sean de calidad, que haya seguridad para todos, que haya diversidad...

–Quizás esta vez llegó adonde no había llegado antes: la clase media.
–Perdoná, yo no haría esa diferencia.

–Pero en las elecciones anteriores las cifras siempre le daban más fuerte en Barrio Norte y en Lugano, por ejemplo, que en Almagro o Devoto...
–Sí, es cierto. Pero siento que mejoramos el vínculo con todos los vecinos en general.

–¿Qué cambió?
–Mejoramos las propuestas, el mensaje, y tuvimos más humildad para decirlo. Y también mostramos coherencia y seriedad. Dijimos siempre las mismas cosas y tuvimos el mismo respeto. Evitamos en todo momento la agresión.

–Hay otra explicación a lo holgado de este triunfo: Gabriela Michetti. ¿Qué le aportó su compañera de fórmula?
–Me dio muchísimo, en lo político y en lo personal. Me da paz. Su calidad humana es tanta que da alegría hacer política con ella. Y hacia adentro, la actitud que tiene, tan constructiva, ayuda a mejorar el clima, la convivencia, a unir al grupo. Me transmite paz, repito, en un medio tan agresivo como la política, donde nadie piensa que también se puede manejar el afecto. Y eso es muy importante.

–¿Y cuánto le sumó que la pelea más encarnizada, en esta primera vuelta, se diera entre Filmus y Telerman?
–No estoy seguro de que eso haya sido tan decisivo a mi favor. Pero sí estoy convencido de que no les hizo bien a ellos. Nosotros seguimos en la misma, en el diálogo, en la construcción, en proponer y generar esperanzas. La gente no quiere más ese estilo político donde se pretende generar miedo respecto del otro. Hay que empezar a movilizar a la sociedad en un sentido positivo. Hoy, por ejemplo, me quebraron dos testimonios de abuelos: uno me dijo que tenía 89, el otro 87; hacía más de veinte años que no votaban, y lo hicieron porque tenían fe. Y otra persona, que vive en el campo, me contó que hizo 600 kilómetros para venir a votar. Esas cosas me emocionaron mucho.

–Sin embargo, para muchos usted es un tipo frío en el contacto con la gente.
–Pero no... Es muy lindo ese contacto. Descubrí que estar con la gente me da energía para algo tan duro como la política. Lo demás son los prejuicios que generaron con respecto a mí.

–¿Aprendió de las derrotas en las dos elecciones anteriores?
–Y sí, claro que aprendí. Fueron dos elecciones donde me juzgaron no por lo que hago, sino por de dónde vengo.

–¿Hubo un pacto implícito de no agresión con el gobierno nacional que duró hasta hoy?
–No. Eso es falso. Nuestro único eje fue mantenernos firmes en no agredir y proponer.

–¿Por qué Filmus segundo y Telerman tercero?
–No sé... Tal vez los ataques oportunistas que recibió Telerman lo debilitaron ante el electorado.

–Entonces, reconoce que desde el Gobierno hubo una campaña sucia...
–Bueno. Justo a mí me la van a contar... Por eso lo defendí a Olivera. Es una forma de hacer política que a mí no me gusta y no voy a aceptar en nuestro sector.

–Pero la segunda vuelta va a ser más dura. Ahora los cañones se los van a apuntar a usted.
–No habrá cañones desde nuestro lado. Vamos a acentuar la relación con los vecinos. Hablando con ellos, escuchándolos, ampliando la relación de confianza que estamos construyendo tan bien.

–Ganó por 22 puntos de ventaja. ¿Empieza a sentir por dentro la responsabilidad de gobernar?
–Y... se va acercando. Me da confianza, porque yo disfruto de trabajar, hacer, intentar construir. Pero por otra parte es una enorme responsabilidad, porque en Buenos Aires hay muchísimas cosas que están mal, años que no se hace nada. Entonces no puedo fallar, y voy a dejar la vida por esta ciudad.

–Le están por dar la camiseta para que entre a jugar.
–Sí, y el 24 la gente me pone en Primera (sonríe).

–Si tras el ballottage llega al Gobierno porteño, ¿con quién ve la convivencia a partir del 10 de diciembre: con Cristina o con Néstor?
–Ojo, quizá tenga que convivir con otro... Pero no me preocupa ahora. Sea quien sea, no van a tener problemas con nosotros. Somos gente constructiva.

–¿Ese otro podría ser usted?
–No. Yo no voy a hacer lo que hacen muchos: ganar algo y dejar todo por la mitad. Yo voy a trabajar por esta ciudad. No le puedo fallar a la gente que nos dio esta confianza y que la va a confirmar en el ballottage. ¡Y con creces!

–¿Y para el 2011 sí puede convertirse en una alternativa a nivel nacional?
–¡Todavía no llegamos al 24! Después de ese día hablaremos de esa alternativa, que por supuesto es necesaria. Pero ahora tengo la cabeza puesta en gobernar la Ciudad de Buenos Aires.

–¿Cuánto le seguirá importando Boca?
–Una cosa es la responsabilidad de ciudadano con la política, y otra mi pasión futbolera. Cuando sea jefe de Gobierno voy a seguir yendo a la cancha, sin molestar al que conduzca el club, claro. Yo voy a ser siempre el mismo. No voy a cambiar...

–¿Va a seguir veraneando con su familia en Punta del Este, por ejemplo?
–El verano que viene, imposible. Habrá muchísimo por hacer. Pero más adelante, cuando se pueda, voy a seguir yendo a los mismos lugares que antes. No entiendo por qué hay que tener esa hipocresía de no ser uno mismo.

–Hoy va a llegar a su casa ganador, pero cuando apoye la cabeza en la almohada va a estar solo. ¿Un cargo como el que pelea puede ser un freno para que vuelva a estar en pareja?
–No, para nada. Yo no me resigno. Mirá: estuve reflexionando mucho sobre ese tema, y espero recuperar pronto lo que tenía...

–¿Perdón? ¿Lo que tenía con quién?
–Con Malala, claro (se refiere a María Laura Groba, su ex novia)... Bueno, chau (sonríe y saluda).

–¿Ella ya lo llamó para felicitarlo?
–Listo. Creo que ya te contesté, ¿no?

...con suerte en la política. Es el claro candidato a obtener la Jefatura de Gobierno. La sonrisa era cuando Boca iba 1 a 1. Al final perdió con Colón, en Santa Fe.

...con suerte en la política. Es el claro candidato a obtener la Jefatura de Gobierno. La sonrisa era cuando Boca iba 1 a 1. Al final perdió con Colón, en Santa Fe.

A pesar de estar todo el domingo rodeado de gente, Macri se hizo algunos espacios para estar tranquilo.

A pesar de estar todo el domingo rodeado de gente, Macri se hizo algunos espacios para estar tranquilo.

Minutos antes de las 12.30, tras una fallida picada en Plaza Mayor, Macri votó en la mesa 4639 de la ENET Nº 2 Osvaldo Magnasco, en la avenida Santa Fe 3727. La suya fue la única mesa ubicada en la planta baja. Su DNI, el número 13.120.469. Es el cuadruplicado.

Minutos antes de las 12.30, tras una fallida picada en Plaza Mayor, Macri votó en la mesa 4639 de la ENET Nº 2 Osvaldo Magnasco, en la avenida Santa Fe 3727. La suya fue la única mesa ubicada en la planta baja. Su DNI, el número 13.120.469. Es el cuadruplicado.

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