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¡Ya llegaron!

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Es como más pálido que en las fotos, con un par de arruguitas, y ese sombrero, y esos anteojos. Así, a diez centímetros de tu cara, no te parece tan rockstar. Bono lo sabe, abre la ventanilla, y dice para todos los presentes: “Buenas noches”. Son las 3 de la mañana del lunes 27, y el Vertigo 3 –o el avión que lleva a la banda por el planeta, un Airbus de Air Canada todo lookeado con iconografía U2, con azafatas que no te dicen nada si fumás– aterrizó en Ezeiza hace un rato. Hay seis efectivos motorizados del Cuerpo Policial de Tránsito para escoltar a una comitiva de cinco camionetas Mercedes Benz. Bono va en una gris. Atrás, en una negra, The Edge, y en otra, Larry Mullen y Adam Clayton. Un par de horas antes tocaron en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, con 77 mil personas enfrente, incluso el presidente, Ricardo Lagos, al que habían ido a visitar al Palacio de la Moneda. En fin, tocaron y se subieron al avión. Y de ahí, por la autopista, con la escolta de policías y los fans a todo motor. Es un aparato como para un jefe de Estado. Bueno, Bono es el jefe de Estado del rock and roll.

Llegan al Four Seasons.
Son casi las 4, pero no importa. Unos cuantos admiradores ardientes se quedaron despiertos para hacerles el aguante. Entran todos, y al ratito sale Bono, porque es así de buena onda. Todos atrás de una valla, fibrón en mano, y con la reliquia que querés que te firme. Bono firma todas las que puede, saluda, sonríe, mira a los ojos, rodeado de un par de custodios que no demuestran paranoia, porque el jefe sabe lo que hace. Atrás, Larry Mullen Jr., que también firma y saluda. Los chicos con la remera autografiada, con el disco autografiado, no paran de flashear. No pueden. Es decir, no cualquier héroe supremo del rock que embolsa millones se digna a firmarte la remera. Como decíamos: así de buena onda es Bono. Y así de buena onda es U2.

Los Stones dejaron el hotel hace tres días, y Bono se queda en la Suite Mozart, la principal de la Mansión, donde durmió Keith Richards, con el mismo lujo y el mismo balconcito. El resto de la banda también se aloja en la Mansión. Pero comparado con los Stones, poco y nada que ver. Para empezar, el séquito de U2 es de 35 personas, la mitad que la de los Rolling, que fue de 70. Y ninguno de la banda trajo a sus mujeres e hijos. Aparato de seguridad: cinco grandulones nomás. Y paranoia cero. No como la brigada rubia de Jagger y compañía, bastante tensa por cierto. ¿Pedidos estrafalarios? Nada, ni media botellita de Perrier. El menú de Bono es más que nada frutas y verduras, con algo de carne. Nada demasiado elaborado. El resto de la banda, ni eso. Algo se les ocurrirá. Eso sí: el piso de abajo de la Mansión, tal como lo demandaron los Stones, se convirtió en un living comedor, con tele gigante, DVD, mesa de billar, sillones y otras comodidades. Ahí se sirve el desayuno: fruta, café, leche, cereales, té, huevos revueltos. Nada demasiado elaborado o del otro mundo. Hoy lunes, Bono se levantó a eso de las 13, contento, tranquilo.

¿Qué hará U2 en Buenos Aires? ¿Cuál es el plan? Bueno, tocar el miércoles 1º y el jueves 2 en River, con lleno total y ni un ticket sin vender, para presentar el último disco, How to dismantle an atomic bomb, en el marco del Vertigo Tour. Eso se sabe hace rato. Y desde Chile hay 50 camiones cargados de equipos al cruce de los Andes. Habrá grabación de audio, en video también, y con la totalmente alucinante tecnología 3D de Imax, que ya hizo El expreso polar, entre otras cosas para fliparte la mente. Y vamos a lo que mejor le sale a Bono después del rock: su humanitarismo. Se sabe que tiene los oídos sumamente abiertos a las organizaciones sociales que se le quieran acercar. Los pedidos de audiencia sobran. Como el de Juan Carr y su Red Solidaria, que buscan que les firme una guitarra para subastar. O Sergio Dispenza, el papá de Abril, la chiquita que recibió un transplante de corazón hace dos años, para que se vea en el escenario una bandera que incentive la donación de órganos. O, en otro plano, los directivos de River Plate, que quieren darle una camiseta. En fin, se verá a quién atiende. Y a las 17, este lunes, Bono atendió otra vez a sus fans, considerablemente más tranquilos y menos agitadores que las legiones rolingas, pero con el sentimiento igual de fuerte. Atrás del vallado, firmó y firmó, saludó, sacó charla. Desde un micrófono, dijo: “Un, dos, tres”. Le faltó el “¡catorce!”. Así, tan humano, terrenal. Eso, Jagger no lo hace. Ah, también dijo que Argentina gana el Mundial.

Por la noche, en la Mansión, para los cuatro U2 y su tropa de 35, alto gesto criollo: asado total, con infaltable vinito tinto. Después, llegó una mini orquesta de tango, con baile incluído, para darles una probada de Buenos Aires. Y el martes es otro día, otra historia.

Bono, en la tarde del lunes, en plena firma y recibiendo todo el amor porteño, frente a La Mansión del Four Seasons. El, más que contento.

Bono, en la tarde del lunes, en plena firma y recibiendo todo el amor porteño, frente a La Mansión del Four Seasons. El, más que contento.

Hewson –Bono, bah–, tal como es: simple, afable y amable, sin historia para acercarse a la gente, estrechar manos y cruzar palabras. En Buenos Aires, disfrutó de tango y asado en su primer noche, y aunque no hay nada planeado –o confirmado–, tiene los oídos abiertos a todas las organizaciones sociales que se le quieran acercar. En fin, muy poco rockstar, pero absolutamente Bono.

Hewson –Bono, bah–, tal como es: simple, afable y amable, sin historia para acercarse a la gente, estrechar manos y cruzar palabras. En Buenos Aires, disfrutó de tango y asado en su primer noche, y aunque no hay nada planeado –o confirmado–, tiene los oídos abiertos a todas las organizaciones sociales que se le quieran acercar. En fin, muy poco rockstar, pero absolutamente Bono.

Bono con Larry Mullen Jr. (arriba), The Edge (centro), y Adam Clayton (abajo). Voz, batería, viola y bajo: el gran nervio de U2, o como los llama Bono: “Los hermanos.” En Buenos Aires, se dejaron ver relajadísimos. Cero pose de estrellas.

Bono con Larry Mullen Jr. (arriba), The Edge (centro), y Adam Clayton (abajo). Voz, batería, viola y bajo: el gran nervio de U2, o como los llama Bono: “Los hermanos.” En Buenos Aires, se dejaron ver relajadísimos. Cero pose de estrellas.

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