“Y, sí… Siento que ganamos el Mundial” – GENTE Online
 

“Y, sí... Siento que ganamos el Mundial”

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Un pálpito, Guillermo?
–Difícil. Son cinco películas parejas.

–¿Debe leerse como que, a su entender, cada una tiene un veinte por ciento de posibilidades?
–No sé si a El secreto... le pondría un veinte.

–¿De cuánto hablamos?
–(Piensa uno, dos, cinco, ocho segundos...) Perdón por el optimismo, pero me animaría a darle un sesenta por ciento.

–¡¿Sesenta?!
–Hablamos a la vuelta.

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Responde e inmediatamente –a las 15:02 del domingo 7 de marzo que luego se convertiría en histórico para el cine argentino– introduce el pie izquierdo en la limusina negra y levanta la mano saludando a la comitiva argentino-española que alienta desenfrenada fuera del hotel The Standard. Acto seguido, el porteño toma la puerta para cerrarla y perderse detrás de los vidrios espejados del Krystal Enterprise chapa California-8D43948. De repente decide incorporarse, levanta el mentón, se muerde el labio inferior y mira fijo a su mujer, sin lograr pronunciar una palabra. “¡¡¡Suerte, amor!!!”, se le adelanta Marynes Breña (43) tirándole un beso, a dos metros de distancia. Y Francella (55), acaso no pudiendo contestarle por la emoción, le guiña el ojo, sonríe nostálgico, baja la cabeza, ingresa al vehículo de 8,6 metros y parte hacia el Kodak Theatre, iniciando un viaje de doce minutos que en su carrera de actor jamás olvidará.

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Aterrizó en Los Angeles a las 6:30 del sábado, en vuelo de LAN. “Vengo de filmar Los Marziano, a las órdenes de Ana Katz. Tuvieron la gentileza de acomodar el plan y dejarme venir”, relata camino a la minimalista habitación 214 del cinco estrellas de Sunset Boulevard al 8300. Apenas dejó sus cosas, Coco Fernández, gerente de Producción de El Trece, se llevó de visita a Marynes hasta la zona donde se entregarían los Oscar al día siguiente, al tiempo que Guillermo se encontraba con Juan José Campanella en la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, en la que asistieron al simposio sobre las películas extranjeras nominadas. “Pasaron unas escenas de El secreto de sus ojos. Generaron risas y un lindo murmullo. La clave de nuestra película está en lo que moviliza. Si votara el público, ganaríamos seguro. No resulta casual que en la Argentina superó los 2,5 millones de espectadores y posea el record de los últimos 35 años”, salió chocho Francella. De allí partió hacia Hancock Park, la residencia del cónsul general argentino en LA, embajador Jorge Lapsenson, quien junto a su mujer, Rosa, y su hijo, Adrián, organizó un puntilloso agasajo que incluía exquisiteces y “una cuevita para ver Boca-Racing, Guille”, tal como definió el diplomático –también fana de la Academia– a su escritorio, provisto de un plasma de 46” en el que acostumbra ver al club de sus amores. “Ganamos 2-1. Hacía ocho años que no podíamos llevarnos el triunfo de la Bombonera. ¿No hay ciertos vientos positivos?”, lanzaba sugerente Francella al pasar. O al volar. Puesto que de allí partió a cambiarse para ir a dos fiestas privadas de la Sony, en la que saludaría a Meryl Streep y a Christopher Plummer y –de nuevo los “vientos positivos”– escucharía de boca de Pedro Almodóvar esta frase: “Sería justo que mañana entregara yo la estatuilla a unas manos latinoamericanas”.

“Me desperté temprano, quizá por el cambio de hora, y me puse a contestar un montón de mensajes de mi Facebook”, comentaba Marynes promediando el mediodía del Día D, mientras le preparaba en el restaurante a su marido tostadas rebosantes de queso blanco y nutella (una rica combinación de avellanas, leche y cacao), y tomaban café con leche. “Pese a las insistencias, no apareció una entrada extra, y mi mujer se quedará fuera de la ceremonia”, lamentaba Guillermo. “No dejes que nada empañe el momento tan hermoso que vas a vivir, amor”, lo consolaba ella regresando a la habitación “para prepararnos”. “Muero si me cruzo a Al Pacino”, confesaba al rato Guille ya arriba, chequeando datos en su notebook Vaio y reconociendo sentirse “raro, no nervioso”.

Al bajar listos, un poco de maquillaje de su esposa depositado en el hombro del traje Etiqueta Negra de Francella (la camisa, los zapatos y la corbata eran de Mancini), demoraron la salida, cuando luego de que subieran a la limo Campanella y su mujer, Cecilia Monti, los productores Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky y Vanessa Ragone, Guillermo le dedicó la partida a una Marynes de lujo: dentro de un imponente vestido de Ivana Picallo, y luciendo accesorios de Celedonio Lohidoy y stilettos de Saverio di Ricci.

Tras la lenta y rigurosa llegada al 6801 de Hollywood Blvd, entre N Highland Avenue y Orange Avenue, la zona cerrada del acontecimiento más importante y más visto del cine (mil millones de espectadores en el planeta), tras el chequeo de la acreditación (cada entrada lucía el nombre y apellido de la persona que ingresaría a la sala) y los controles de seguridad (detectores metálicos), y tras pisar la mismísima Red Carpet, Guillermo entró a la lujosa sala con capacidad para 3.400 personas. Sentado en el primer nivel, compartió cada instante con Marynes, que hacía fuerza desde el hotel Mondrian, el centro de operaciones de la delegación nacional. El, desde su sencillo Nokia, ella desde su coqueto Blackberry. Mensaje va, mensajito vuelve (ínterin, sorbos de agua mineral y escapadas a la calle de la nerviosa esposa para fumar algún Marlboro light), así se sucedieron los minutos que separaron las 17:30 (hora inicial de los 82nd Annual Academy Awards) de las 20:19, el instante en que Pedro Almodóvar anunció, primero en castellano y luego en inglés, que el Oscar se lo llevaba “¡El secreto de sus ojos!”. A las 20:33:52 entraba un texto a la casilla de Marynes. Textual: “¡Dios mío, te amo!”. La respuesta instantánea, marcando el celular americano de Francella, fue voz a voz: “Papi, ¡no puedo dejar de temblar! Me llamaron los chicos (Johanna, 16, y Nicolás, 19). ¡Están juntitos en casa viéndote, llorando!”.

Espera fresca (9,7 grados centígrados) hasta las 23:51 en el Mondrian. Explosión. Conferencia de prensa: “No me dio el tiempo para gritar ‘¡¡¡A comerla!!!’ (pedido de 200 mil fans vía Facebook), pero ahora sí puedo”, se despachó. Ni la victoria de Independiente 2-0 frente a River, de la que le informaron allí, le empañó el momento. La velada continuó a tres cuadras, de retorno en el The Standard, también sobre Sunset, esquivando la fiesta post Oscar número uno de las 77 organizadas al crepúsculo: la de Vanity Fair, invadida por celebrities. Después de sostener la pequeña gran estatuilla dorada, Guillermo tomaba una medida de whisky en tres de Coca Cola y le relataba al periodista:

–Mirá hasta dónde llegamos... ¿Recordás la primera nota que hicimos juntos? ¿En 1992, no? Mi primera tapa en GENTE y tu primera nota, no?... Mirá hasta dónde llegamos...

“Ojalá nos crucemos en muchas notas”, recuerdo sus gentiles palabras de despedida.
–Ufff... Y ahora. Yo acá. Y sí, siento que ganamos el Mundial. ¿Sabés las entregas que de chico compartí delante de la tele con mi hermano Ricardo? El llegaba al final, yo me quedaba dormido. Lo que era una fantasía hoy es un sueño cumplido. Venir y ganar en nombre de una película en la que hice un personaje tan jugado como Sandoval (Nota de la Redacción: un empleado de Tribunales, alcohólico), me llena el alma.

–¿Qué otras imágenes le invaden el corazón?
–Mis hijos, mis padres, mis suegros, mis amigos, mi... (gira la cabeza hacia su derecha y apunta fijo hacia Marynes, que come un sándwich de pollo y pica papas fritas)... ¡y mi mujer, claro! Me adelantó todas y cada una de las instancias que la peli iría superando. Una mujer de fierro, ¿no, Mary?
–Gracias, papi –cierra ella–. La verdad, cuando me guiñaste el ojo en la limusina sentí que aquel sesenta por ciento se convertía en cien... Que ya me lo habías dedicado, amor.Marynes y Guillermo en la limo que llevaría a Francella hasta el Kodak Theatre. “Un momento inolvidable”, coinciden ambos.

Marynes y Guillermo en la limo que llevaría a Francella hasta el Kodak Theatre. “Un momento inolvidable”, coinciden ambos.

El domingo 7 fue casualmente el Día del Hincha de la Academia, que en realidad había comenzado el sábado, con el triunfo en la Bombonera. En la habitación 214, Marynes le pone el pin celeste y blanco que le regaló GENTE.

El domingo 7 fue casualmente el Día del Hincha de la Academia, que en realidad había comenzado el sábado, con el triunfo en la Bombonera. En la habitación 214, Marynes le pone el pin celeste y blanco que le regaló GENTE.

Clavadas las 20:19, Almodóvar dice “¡the winner is El secreto de sus ojos!” y en el hotel Mondrian estallan Marynes y el equipo de la película. Catorce minutos después, Guille le manda un texto: “Dios mío, te amo”. A las 23:51, la felicitación de la pareja, que lleva dos décadas junta.

Clavadas las 20:19, Almodóvar dice “¡the winner is El secreto de sus ojos!” y en el hotel Mondrian estallan Marynes y el equipo de la película. Catorce minutos después, Guille le manda un texto: “Dios mío, te amo”. A las 23:51, la felicitación de la pareja, que lleva dos décadas junta.

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