«Voy a morir en cinco años, pero no de sida: dándome un palo con el auto» – GENTE Online
 

"Voy a morir en cinco años, pero no de sida: dándome un palo con el auto"

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Fernando Gabriela Peña (según su registro de conductor) llega 32 minutos tarde a la entrevista. "Perdonen, chicos. En el camino me cansé de mi 4x4 y la fui a cambiar por este BMW.
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", pregunta mientras saca las llaves de su casa sanisidrense, abre la puerta, juega con su gata persa Josefina, consulta "¿Qué trago quieren tomar?", busca una botella de quitapenas, enciende su grabador, cruza las piernas y marca el paso de los periodistas con un "Cuando quieran".


-¿Pregunta usted o preguntamos nosotros?

-Este grabador es para cubrirme. Los periodistas suelen sacar de contexto. Así, si cambian las respuestas, tengo pruebas para reírme en la radio.

-¿Por qué se decidió a dar esta nota ahora, luego de un encierro premeditado?

-Hay mucha gente confundida con lo que me pasa. Algunos andan difamándome con que estoy usando mi enfermedad como negocio. Es muy importante que el que me consume -no hablo de mi linfoma, obvio (risas)- no se informe mal, porque después va a ver mis espectáculos y no entiende. La gente no sabe si tengo este sida por drogón, por promiscuo, si me divierte, si me gusta. A mí me encanta que me toquen el c…, pero yo elijo quién. Que vengan de prepo no me va.

-Escuchamos su verdad, entonces. ¿Qué pasó cuando se encontró en las tapas de revistas?

-Ver que titulan Fernando Peña se muere es muy feo. Si salís como Personaje del año, ahí sí es gratificante… La verdad, seis meses atrás supe que soy portador. Tengo un HIV contagiado hace 8 o 9 años de un ex novio y, por miedo, nunca le presté atención. Hice la del avestruz.

-¿Por qué no se cuidó, si sabía que su pareja era positiva?

-Amor a Pablo. Así se llamaba. Pasábamos el fin de semana en Tigre. Era una noche divina y nos habíamos olvidado los preservativos. Estábamos comiendo con vino, él quiso ir a comprar algunos y yo le dije no, porque lo amaba y no quería usarlos. Fue la primera vez que tuve relaciones sexuales llorando. Murió en el 96 (se quiebra).

-¿Se arrepintió de no haber aceptado?

-No. Pablo fue una persona muy importante. Me hizo descubrir zonas que existían en mí. ¿Sabés de qué me arrepiento? Un día lo vi a Brad Pitt y ni me animé a hablarle.

-¿Siempre fue comprometido con sus parejas?

-Dependía de si estaba de novio con un hombre o con una mujer.

-¿Dónde "levantaba" chicas?

-Mis novias eran del Club Hípico Argentino y del Colegio San Andrés. El San Andrés tenía el encanto de no integrarme. Era un colegio muy racista, muy acomplejador. Si no eras un adonis te rechazaban. Algunos se suicidaron. Uno se colgó en el balcón que daba al cuarto de los padres. Mis compañeros me querían porque yo era la oveja negra y las autoridades no me echaban porque yo era campeón de natación. Conservo varios amigos. En fin, ahí tuve una relación de casi un año.

-¿Qué tenía de bueno para usted estar con una mujer?

-La mujer me parece más inteligente, sensible y contenedora que el hombre. El hombre es más simple, y esa simpleza me asusta. En el gay encontré el punto justo.

-¿Llegó a enamorarse de alguna mujer?

-Sí, de dos, de Laura y de Sandra. Pero era Melody, esos amores inocentes. También tuve otra novia a los 20. Daba clases de inglés en el
Liceo Cultural Británico de Martínez. Otra profesora se enamoró de mí, y yo me enamoré de su amor por mí y casi la hago pelota.

-Defínase como novio.

-En la cama me siento bien masculino. Soy perverso, contenedor, salvaje, fogoso. Pero salgo de la cama y soy una arpía, tremendamente egoísta, chiquilín, celoso, inseguro. La peor mujer.

-¿Y lo peor que hizo con una pareja?

-No querés saberlo… Un chico con el que estaba saliendo se fue a Canadá de vacaciones. Me teñí el pelo, me puse anteojos y fui a la casa con otro nombre diciendo que me había mandado a buscar unas cosas de su cuarto. Le robé todo, calzoncillos, cartas. Salí con tres o cuatro bolsos. Yo estaba profundamente enamorado y él no de mí, y sabía que me iba a dejar. Es un ex compañero de colegio, ahora casado y padre. 

-Usted habla de su identidad. ¿Es cierto que tiene un hijo?

-Ni idea. Eso pasó en una época en la que yo no era drogadicto, era una droga andante. No sabía lo que hacía. Me la pasaba rodeado de gente de mi palo. Tuve sexo con esta chica, quedó embarazada y la madre la sacó del grupo. Me enteré que el chico era mío porque hice cálculos y, además, la madre me lo dijo.

-¿Así de simple?

-Así de simple.

-Cuando se enteró de que estaba infectado por el HIV, ¿también lo tomó así de simple?

-(Piensa) Mirá: no lloré con lágrimas pero tampoco quería salir de casa ni hablar con nadie. La gente me telefoneaba: "Lo que necesites, estamos", y me pu… cuando no los llamaba. Ahí me descubrí el malquerer de algunos. Estoy terminando un libro que se llama La importancia del c... y voy a empezar otro, El malquerer, porque hay gente que quiere mal.

-¿El bajón y el encierro fueron los que hicieron que abandonara el cóctel antiviral?

-Yo tomaba desordenadamente desde hace 5, 6 años el cóctel de AZT autorrecetado por un médico amigo. No sabía si era seropositivo, lo hacía por las dudas, y después dejé. Ahora ingiero 10 pastillas por día: cinco a la mañana y cinco a la tarde.

-¿Usted pensó alguna vez en suicidarse?

-Claro. El suicidio es genético en mi familia. Mi abuela, un tío abuelo… Hasta ahora lo evité porque no tengo decadencia física, pero el día que la sufra, voy a pensarlo.

-¿Cómo reacciona la gente en la calle frente a su enfermedad?

-La gente de zona norte me tiene miedo. El otro día esperaba para entrar al Banelco, salió una señora, me vio y se hizo a un costado. Le estornudé a propósito, pedí perdón y se fue corriendo, supongo que a hacerse un examen de HIV. Noto miedo y rechazo. En cambio la gente de Capital me invita a tomar mate y a desayunar.

-¿Cuál fue y es la repercusión en sus oyentes de El parquímetro (La
Metro
), y en sus fanas de Esquizopeña (Paseo La Plaza)?

-Cada tarde que llego a casa hay algo en el buzón. A la mañana me dejaron un dibujo lindísimo de mi cara con una sobreceja, y por eso me la pinté. Conmovedor. También recibí un cheque por cinco años de vida.

-¿Cinco años? El mismo tiempo que usted se dio…

-Tengo un presentimiento: voy a morir en cinco años pero no de sida, sino dándome un palo con el auto.

-¿Será hora de levantar el pie del acelerador, quizá?

-Lo hice, pero en otro sentido. Con la cocaína paré. Sigo tomando alcohol, aunque no es lo ideal, pero no quiero vivir como un vegetal. Antes me mandaba dos botellas de vino y tres whiskies por día y ahora bajé al quitapenas, que tiene menos graduación y controlo más el resto. En plan de buena alimentación, fui a una nutricionista. Adelgacé por salud 12 kilos y tres más por enfermedad. Pesaba 94 y estoy en 79. En lo que no cambié es que sigo ganando 20 mil pesos al mes y los gasto enteros. Como afuera, les compro regalos a amigos… autos, discos, ropa. Ah, y pago el plan más caro de
OSDE: no me alargará la vida pero quiero buena hotelería hospitalaria.

-Respecto de los cuidados, ¿no teme contagiar a su actual pareja?

-Ahora me cuido. Mi novio es un chico muy consciente, ordenado y apasionado como para hacerse daño. De lastimar a alguien, iría a morder a Bin Laden y a George Bush (se ríe). Por culpa de un linfoma, conviví con 38, 39º durante tres meses, no me circulaba bien la sangre y el corazón funcionaba al 40 por ciento. Entonces me hicieron una biopsia del pericardio, la membrana que lo cubre. Metieron una cánula y drenaron (muestra la cicatriz). Ahora respiro mejor. Pronto, además, arrancaré con la quimio. Y me estoy sintiendo muy bien. En síntesis, no cambiaré la esencia de mi vida por el HIV. Pobrecito mi novio, padece las de Caín, volví con mis celos, mis inseguridades.

-¿Y qué fue lo mejor y lo peor que le pasó desde que se confirmó su enfermedad?

-Saber que soy finito. Tras la tremenda sacudida, hace una semana estoy en excelente relación con la vida y con la muerte. Me dije: "Lo que venga, bienvenido sea".

por Leonardo Ibáñez (leibanez@atlantida.com.ar)
y Soledad Ferrari 
fotos: Jorge Luengo y Maximiliano Vernazza
asistente: Diego Soldini
De mi abuela recibí la locura y el amor por el arte", sostiene Fernando hoy, más relajado, delante de la pintura de su abuela materna Gloria Bayardo, quien compartiera escenarios con Pepe Arias.">

"De mi abuela recibí la locura y el amor por el arte", sostiene Fernando hoy, más relajado, delante de la pintura de su abuela materna Gloria Bayardo, quien compartiera escenarios con Pepe Arias.

Ahora me cuido. Mi novio es un chico muy consciente, ordenado y apasionado como para hacerse daño. De lastimar a alguien, iría a morder a Bin Laden y a George Bush".">

"Ahora me cuido. Mi novio es un chico muy consciente, ordenado y apasionado como para hacerse daño. De lastimar a alguien, iría a morder a Bin Laden y a George Bush".

El actor en su cocina de San Isidro, donde posó para <i>GENTE</I>, y junto a Gastón Trezeguet, ex Gran Hermano. Quería conocerme y salimos a comer". Fue en La Parolaccia de Belgrano. ">

El actor en su cocina de San Isidro, donde posó para GENTE, y junto a Gastón Trezeguet, ex Gran Hermano. "Quería conocerme y salimos a comer". Fue en La Parolaccia de Belgrano.

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