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"Vamos a Japón para traer la copa"

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Quizá sea cierto aquello que dice que todos los caminos conducen a Roma. ¡Pero nadie nos supo explicar cómo salir! Demoramos algo más de una hora en dar con la autostrada que nos lleva ahora a Formello, nuestra primera escala rumbo a Corea-Japón 2002. Son algo más de 40 kilómetros los que
separan al majestuoso Coliseo del predio deportivo del club Lazio, donde entrena la selección argentina de fútbol. Del otro lado de la ventanilla, el paisaje se descubre tan parejo como aburrido. Brilla el sol. ¿Será el sol naciente?

Los muchachos de Marcelo Bielsa persiguen el mismo sueño que todos los argentinos, tal vez el único que nos puede deparar este 2002 devastador: levantar la copa del Mundo en el Lejano Oriente y ofrecérselas a sus compatriotas. Es decir, a todos nosotros. Son las 10:30 de la mañana y comienzan a llegar las estrellas de nuestro seleccionado. Gabriel Batistuta, Juan Sebastián Verón, Javier Zanetti, Kily González y el Burrito Ortega. Algunos, de tanto soñar se olvidaron de lavarse la cara y llegan con lagañas en los ojos…

Diego el Cholo Simeone viene pilotando su auto. Una máquina infernal, obvio. Ahora me mira cómplice.
"Te dije a las diez y media y llegué diez minutos tarde. Tan mal no estuve…", se disculpa. Viste una remera que parece más acorde al vestuario de un ciclista que al de un futbolista y se entrega a la charla. Emocionado, recibe los botines que usó en su debut en Vélez, allá en la prehistoria. Están agujereados, por supuesto.

Entonces, llega Javier Zanetti. Y el Pupi interrumpe la entrevista con un brutal y sincero insulto para el Cholo (N. de la R.: Gracias a un gol que anotó Simeone para la Lazio, Juventus le arrebató el campeonato al Inter de Zanetti. ¿Está claro?). El Cholo se disculpa y lo invita a parar en su casa durante esta estancia en Roma. 
Como mínimo, un buen asado para el Pupi.

Comienza la práctica. Marcelo Bielsa distribuye a sus elegidos en la cancha. Traza líneas imaginarias que nadie llega a comprender y para en un sector al Piojo López, más allá a Batistuta y en el medio al Burrito Ortega. Ahora sugiere que los tres enfrenten solos a una defensa de juveniles. ¿Conclusión? Los pibes del Sub-20 quedan tan locos con los enganches del Burro, los desbordes del Piojo y los disparos del Bati, que van a necesitar algunas horas de terapia para recuperarse. Los defensores, mediocampistas y arqueros trabajan cada uno en lo suyo. Hay buen clima y mucho ánimo. Las ganas de triunfar son evidentes.

Uno de los  símbolos de la selección argentina.

Uno de los símbolos de la selección argentina.

Con semejante pinta, no sólo despierta pasiones futbolísticas.

Con semejante pinta, no sólo despierta pasiones futbolísticas.

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