“Vamos a casarnos cuando las chicas pueda n entrar con los anillos” – GENTE Online
 

“Vamos a casarnos cuando las chicas pueda n entrar con los anillos”

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Veintidós peluches a la vista, primacía de elefantes. Una especie de intercomunicador espacial con lucecitas rojas en el centro. Un cajón con diez jeringas descartables, cremas y jabones con dibujos de bebés, un velador como de agua fluorescente y dos cunas, una al lado de la otra. En el ropero, más de cincuenta pares entre zapatos, escarpines y zapatillitas modernas. Colgados, cerca de sesenta vestidos. A la izquierda, el placard de invierno, ya equipado como para tres temporadas. Así y todo, Cinthia Fernández (25) insiste en no ponerles a sus hijas los mismos vestiditos que usaron en el programa de Susana Giménez.

“Va a parecer que no tienen ropa”, dice entre risas, mientras sirve un vaso de coca con hielo y le advierte a Matías Defederico (24 años, su pareja, jugador de Huracán y padre de las chicas), que tenga cuidado al acostar a las nenas en la cama: “Que no se te mezclen, que después no sabemos cuál es cuál, amor”. Matías se ríe. “Charis es ésta, Cin, la que tiene como una linita roja entre los ojos, ¿ves?”, le explica. Cinthia se vuelve a reír. “El dice que tienen marcas distintas en la cara, pero yo no se las veo”, agrega, y después se acuesta junto a Charis para hacer su primera producción de fotos como madre. Es que hace dos meses, cesárea de por medio, nacieron a los siete meses de gestación, con un kilo y medio cada una, las gemelas Bella y Charis Defederico. “Estuvieron veinticuatro días en incubadora, en terapia intensiva, porque eran muy chiquitas. Por eso no las presenté antes”, cuenta Cinthia. Y sigue: “A Bella (se pronuncia Bela) le quería poner Sharick, pero en el Registro Civil no me dejaron. Presenté un escrito y todo, pero no estaba en la lista y no me lo permitieron, así que la llamamos Bella. Es la más tranquila. En cambio Charis salió a mí. Todavía estaba en la incubadora y la enfermera me dijo: ‘Esa es la dominante’. Y es tal cual”.

–Hace ocho meses te entrevistaba por el embarazo y hablabas de la maternidad casi como un juego, como si no fuera a cambiarte la vida. ¿Hoy qué decís?
–Puf... Hoy te digo que cambia todo. En principio nos mudamos, porque no entrábamos en el departamento. Y por lo demás, es muy loco. Es difícil pero divertido. Ser madre es raro... De repente, para tratar de que sean felices tenés ocurrencias que te morís de risa, hacés cosas de las que no sabías que eras capaz.

–Siempre fuiste bastante obsesiva con los cuidados. ¿Cómo venís con la vuelta a la rutina?
–Volví a entrenar hace dos días, recién. La verdad que el cuerpo se destroza, se estira, se cae. Es muy difícil que un hombre pueda entender lo que se sufre después de esos nueve meses. Es una renuncia grande como mujer, pero es hermoso. Yo no sabía por ejemplo que después del parto una queda con panza, que queda hinchada por el aire. Yo pensaba que quedaba chata, pero no. Re de ignorante lo mío...

–¿Cómo manejaron la intimidad en el embarazo?
–Uy, en el sentido sexual no quería ni verlo a Mati. Eso de que las embarazadas están más calientes es mentira, o al menos en mi caso. No quería saber nada con el sexo. Es que no hay lugar del cuerpo que no te moleste.

–¿Matías se la bancó bien?
–Sí, a él le pasaba lo mismo. ¿Viste que dicen que el hombre tiene los mismos síntomas que su mujer cuando está embarazada? Ahora por suerte volvimos a ser los mismos. ¡Recuperamos el ritmo!

–¿Qué tipo de padre es?
–¡Muy bueno! Pero no sólo eso: es muy buen hombre. Se hace cargo de las cosas que no puedo hacer, como ir al súper o limpiar cosas. Capaz sale diez veces a comprar algo que le pido, y se la re banca.

–¿Tuviste un embarazo de mucho antojo?
–Tuve cuatro. El primero de huevo frito, el segundo de galletita de limón, el tercero de garrapiñada y el último de Marroc.

–Y Matías se encargó de cumplirte todos...
–Sí, se re portó. Aunque el último no me lo cumplió él. Era como la una de la mañana, Mati estaba comiendo con amigos, entonces agarré y puse en Twitter que tenía antojo de Marroc. A los 15 minutos, Ricardo Fort me manda un mensaje privado: “Pasame la dirección de tu casa, que mañana los tenés ahí”. Yo no creía que fuera la verdadera cuenta de él, ¿viste? Entonces le mandé un mensaje a su prensa. Y me dijo que sí, que necesitaba mi dirección. Se la di y al día siguiente me llegaron tres bolsones enormes de chocolate.

–Ahora que los antojos son de tus hijas, ¿cómo la llevás?
–Bien. Son re tranquilas. Claro que, al ser dos, se hace más complicado, como ahora, que mientras hacemos la nota le doy de comer a Charis y hamaco a Bella con el pie. Te las tenés que ingeniar, pero es muy divertido.

–Estás con mamadera en mano. ¿No les das la teta?
–Es que nunca tuve leche. Yo veía en el hospital a unas mujeres con las tetitas chiquitas que le daban de mamar a sus hijos y yo nada: ¡puro aire y plástico! Es que las chatas son las que más leche tienen, parece, y a mí me miraban así, toda tetona, y no podían creer que les tengo que dar mamadera.

–¿Cómo sigue la familia Defederico-Fernández? ¿Matrimonio en puerta?
–Nos queremos casar, sí, pero más adelante. Yo siempre quise una ceremonia por iglesia, pero ahora es imposible, no tenemos tiempo para nada. Igual lo charlamos. Queremos que ellas entren con los anillos y que sea una fiesta en la que todos se diviertan.

–¿Qué otra fantasía tenés para con ellas?
–Tengo muchas ganas de que me vean trabajar, de que me vean bailando, así como Mati tiene ganas de que entren con él a la cancha. Y si puedo elegir, me encantaría que alguna de las dos haga acrobacia. Charis por ahí me da el gusto, pero creo que no funciona así: cuando se es madre no se puede elegir qué vida van a llevar los hijos, ¿no?

La idea de posar sin ropa junto a sus hijas fue de la propia Cinthia, que quiere realizar una gigantografía de esta foto junto a las chicas. “Quería hacer una sola producción para no cansarlas, y aprovechar para tener fotos lindas de esta etapa para cuando crezcan”, dice.

La idea de posar sin ropa junto a sus hijas fue de la propia Cinthia, que quiere realizar una gigantografía de esta foto junto a las chicas. “Quería hacer una sola producción para no cansarlas, y aprovechar para tener fotos lindas de esta etapa para cuando crezcan”, dice.

“De las dos, Charis es la que más se parece a mí de carácter. Cuando estaba en la incubadora, la enfermera me dijo: ‘Esa es la dominante’. No tenían ni un mes, y  es tal cual”

“De las dos, Charis es la que más se parece a mí de carácter. Cuando estaba en la incubadora, la enfermera me dijo: ‘Esa es la dominante’. No tenían ni un mes, y es tal cual”

“¿Dónde te vas a tatuar a las chicas?”, lo apura Cinthia. Matías, fanático de los tatuajes, tiene el nombre de una sobrina en el brazo y ya está pensando dónde ponerse el de sus hijas. “Si seguimos así, no me va a alcanzar el cuerpo”,  bromea.

“¿Dónde te vas a tatuar a las chicas?”, lo apura Cinthia. Matías, fanático de los tatuajes, tiene el nombre de una sobrina en el brazo y ya está pensando dónde ponerse el de sus hijas. “Si seguimos así, no me va a alcanzar el cuerpo”, bromea.

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