“Valeria me hace sentir un hombre de verdad” – GENTE Online
 

“Valeria me hace sentir un hombre de verdad”

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Que cambió. Que ya no es el mismo. Que la argentina Valeria Liberman (30) sabe cómo hacerlo feliz. Que desde hace seis meses –cuando nació su hija Simone– su única prioridad es la familia. Que por eso compró una mansión de dos millones y medio de verdes en Miami para que vivan los tres. Que aumentó de peso y ni le importa, que a los 31 años ya no se preocupa por la estética ni por conseguir una imagen de sex symbol. Que está tranquilo y no piensa hacerse eco de los escándalos. Que sus mediáticas peleas con su madre Verónica y su ex, la paraguaya Gabriela Bo, quedaron en el pasado...

Con unos kilos de más y una sonrisa que pareciera tatuada, llegó el jueves 4 a Buenos Aires. Vino de Miami, en un vuelo de American Airlines. “Sí, esta belleza es Simone –dijo al presentar a su hija frente a la prensa–. En poco tiempo le enseñaré a tocar el piano; es un instrumento muy femenino”, confió. Su estadía porteña tenía un motivo impostergable: grabar un video de su último disco, Días felices, por las urbanas avenidas De Mayo, Callao y Del Libertador a bordo de un Porsche descapotable. Durmió pocas horas en la suite del Four Seasons y vuelo sin escalas a Punta del Este, donde lo esperaban sus suegros. Allí, en Uruguay, el descanso en familia era su único plan.

Desde entonces, los juegos con su primogénita, los mimos con su mujer, las siestas y la piscina pasaron a ser una prioridad. La noche del sábado la pareja dejó a la beba al cuidado de sus abuelos maternos para salir a solas. Querían intimidad y buscaron una mesa en Piegari –en el puerto– para cenar a la luz de las velas. Fue la única vez que se mostraron públicamente. Dicen que Cristian teme sumarse a la movida esteña por miedo a cruzarse con su ex esposa, quien por estos días también pasa unas vacaciones en familia en Punta.

Según él mismo cuenta, su nueva producción, éste, su sexto álbum, al que tituló Días felices, refleja su estado de ánimo actual: “En este nuevo trabajo se notan bien los cambios de mi vida familiar y personal”. Uno de los temas, que lleva el nombre de su hija, lo compuso junto a su mujer. “Ser padre marcó un antes y un después en mi vida. Este nuevo disco está íntegramente dedicado a las mujeres que amo: Valeria y Simone”, confió.

Dicen que su nueva residencia es un verdadero lujo. Cuenta con piscina, ocho habitaciones (entre ellas, la suite matrimonial, el cuarto de la beba y otro sólo para sus suegros), ascensor y una bodega digna de un catador experto. El se encargó de elegir la casa, su mujer de la decoración. “No piensa dejar de trabajar. La música es su vida, pero cada día que pasa le dedica más tiempo a su familia”, cuentan en la discográfica.
Antes de abandonar la Florida, este mini repo:

–¿Ahora girás con la familia a cuestas?
–Estas chicas son mi prioridad. Sin ellas no voy a ninguna parte.

–Desde que te separaste de Bo, no te cansás de decir que Valeria te cambió la vida…
–Es que éste es un amor de verdad. Valeria me hace sentir un hombre de verdad.

–¿Antes qué?
–Era sólo un niño. Antes confundía éxtasis o contento con felicidad. Esta etapa, estos días, me hicieron conocer la auténtica felicidad, la única. Y estoy muy relajado disfrutándola. Tener una mujer que te ama y amas, una hija como la que hoy tengo, te hace asumir responsabilidades. Hoy la familia es mi prioridad. Ya no hay lugar para juegos. Ahora, nada me divierte más que vivir en paz y sentir esta estabilidad emocional.

–¿Cambiás pañales?
–Y también la baño. Simone me tiene loco. Pienso transmitirle mi amor por la música.

–¿Y si te sale abogada como la mamá?
–Que tenga un gran sentido de justicia también me llenaría de orgullo. Que sea lo que quiera. Siempre será mi hija.

Alejado de los escándalos y de toda clase de peleas mediáticas con su madre, Verónica, y su ex, Gabriela Bo, el mexicano optó por llevar una vida más tranquila y familiar. Instalado en la casa que sus suegros tienen en Punta del Este, se mimó al sol junto a la madre de su hija Simone.

Alejado de los escándalos y de toda clase de peleas mediáticas con su madre, Verónica, y su ex, Gabriela Bo, el mexicano optó por llevar una vida más tranquila y familiar. Instalado en la casa que sus suegros tienen en Punta del Este, se mimó al sol junto a la madre de su hija Simone.

Venía de Miami y se iba para Punta del Este. El paso por Buenos Aires duró apenas 24 horas y fue obligado: tenía que grabar las imágenes del video de su nuevo y último álbum, Días felices.  A bordo de un descapotable que nunca condujo, recorrió las porteñas avenidas De Mayo, Callao y Del Libertador. No llegó solo: desde que es papá no se separa ni un minuto de sus mujeres. Su esposa, Valeria Liberman, y su hija, Simone, lo siguieron a todos lados. “<i>Sí, esta belleza es Simone. En poco tiempo le enseñaré a tocar el piano; es un instrumento muy femenino</i>”, confió entre una escena y otra.

Venía de Miami y se iba para Punta del Este. El paso por Buenos Aires duró apenas 24 horas y fue obligado: tenía que grabar las imágenes del video de su nuevo y último álbum, Días felices. A bordo de un descapotable que nunca condujo, recorrió las porteñas avenidas De Mayo, Callao y Del Libertador. No llegó solo: desde que es papá no se separa ni un minuto de sus mujeres. Su esposa, Valeria Liberman, y su hija, Simone, lo siguieron a todos lados. “Sí, esta belleza es Simone. En poco tiempo le enseñaré a tocar el piano; es un instrumento muy femenino”, confió entre una escena y otra.

Como una familia feliz: así se muestran. Cristian Castro ya no sabe qué hacer para darle las gracias a Valeria Liberman, la mujer que –según dice– lo hace feliz. Antes de pisar Punta del Este compró una mansión de dos millones y medio de dólares en Miami para que vivan los tres. Mientras, en la casa esteña de sus suegros, él le dedicó un tema en la piscina. Y ella demostró que sabe bien cómo tener contento al azteca.

Como una familia feliz: así se muestran. Cristian Castro ya no sabe qué hacer para darle las gracias a Valeria Liberman, la mujer que –según dice– lo hace feliz. Antes de pisar Punta del Este compró una mansión de dos millones y medio de dólares en Miami para que vivan los tres. Mientras, en la casa esteña de sus suegros, él le dedicó un tema en la piscina. Y ella demostró que sabe bien cómo tener contento al azteca.

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