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Va por todo, y va con todo

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"Cristina se vio en Obras como una starlet de las comedias musicales de
Hollywood
". Firmado: Fernando Braga Menéndez, el publicista de Kirchner,
sobre el acto de lanzamiento del Frente Para la Victoria en la Capital Federal.
Muestra y botón del entusiasmo que existe, desde el gobierno, alrededor de la
figura de la Primera Dama, el formidable ariete que su marido piensa usar en la
provincia de Buenos Aires para perforar al duhaldismo. Como Susana, como Mirtha,
como Moria -como una diva, al fin y al cabo-, su nombre basta para que el pueblo
sepa de quién se trata. En cada ámbito que pisa, sus stiletto de Ricky Sarkany
dejan huella. Adora que alaben su inteligencia, por sobre todas las cosas. Pero
a nadie se le pasa por alto que sus esfuerzos, en los últimos tiempos, están
enfocados en su figura, en su pelo y en su guardarropa. Hoy, el resultado es
contundente: Cristina brilla.

Por ejemplo, destelló como una prima donna el miércoles, bajo las luces de
Obras Sanitarias, entre el sonido de los bombos de los sindicalistas, los "muchachos"
que arrimaron los punteros políticos de la Capital Federal y una platea VIP -por
llamarla de alguna manera- heterogénea, que mezclaba sin pudor al mercantil
Armando Cavalieri y al dirigente mecánico José Rodríguez con el piquetero Jorge
Cevallos, las actrices Ana María Picchio y Esther Goris, el músico K Litto
Nebbia (quien cobró 20 mil pesos para que utilizaran su tema Lo que se viene en
la campaña) y el gobernador Felipe Solá, que bautizó como "nueva política"
el arribo provincial de Cristina. Ausencias ilustres: Roberto Lavagna y Alicia
Kirchner. Era el acto de Alberto Fernández, pero lo cerró ella, de impecable
trajecito color tiza -un tono que repite a menudo- con un discurso de tono
peronista.

Y eso, el control del peronismo, es lo que desvela a la Senadora -y a su
marido, claro- hoy. Se prepara para la guerra sin decir, por ahora, que estará
en el mismísimo frente de batalla. Los primeros escarceos ya han comenzado a
hacer mella en una de las contrincantes. Muy pocos lo supieron, pero en el
Uruguay, adonde acompañó a su marido y desde donde regresó el mismo día que
Cristina, Chiche Duhalde sufrió un desvanecimiento y estuvo un par de días
internada. Cristina, por su parte, sabe que deberá soportar operaciones
políticas para llegar a las elecciones de septiembre. Su única preocupación, por
estos días, fue el robo que sufrió la inmobiliaria de Río Gallegos donde trabaja
su hijo Máximo, ahora en Buenos Aires. Fue él, precisamente, quien protagonizó
el blooper de la noche en Obras Sanitarias: llegó con dos amigos, sobre la hora,
y un hombre de seguridad, por haberlo desconocido, casi no lo deja pasar. "Soy
el hijo de Cristina
", argumentó Máximo. "Y yo, el de María Antonieta",
respondió el fornido custodio. Finalmente, ingresó.

Durante el acto, quizás para ahuyentar a tanta acusación de transversalidad
dentro del PJ, alimentada por un amague de no participar más en las decisiones
partidarias en el congreso de Parque Norte -ya célebre round de su combate con
Chiche por "portación de apellido"-, haya remarcado que "cada vez que
vota
" en la Cámara Alta, "lo hago pensando en Perón". Como Evita, a
quien admira casi tanto como a Hillary Clinton, conoció Europa y Estados Unidos
tras ser Primera Dama. De combativa legisladora que, como se encargó de recordar
en la apertura de la Feria del Libro -adonde acudió a bordo de una imponente 4x4
VW Touareg- aprendió el peronismo leyendo a Arturo Jauretche y su obra El medio
pelo argentino (aunque hoy su pensador de cabecera, el noctámbulo José Pablo
Feinmann, en una entrevista de la revista Debate lo haya ubicado en el anaquel
de los "antiguos") pasó a recorrer New York y París, con su Rolex Oyster
Perpetual Lady Datejust, en busca de las tiendas de diseñadores top como Prada o
Gucci. O llevar a principios de febrero a su hija Florencia (y a su madre, y a
una amiga de su hija) a Disneyworld, en Orlando, Florida, una de las mecas
argentinas de los 90, ida y vuelta en primera clase de Aerolíneas Argentinas,
que incluyó un regreso donde compartió la cabina con Zulemita Menem y Mercedes
Sarrabayrouse, la hija de Susana Giménez, que traía a Jazmín al país en el que
fue, quizás, su último viaje. El vuelo -aunque testigos dicen que ella y
Zulemita pidieron sentarse lo más lejos posible una de otra- le resultó más
placentero que los que suelen hacer los Kirchner a bordo de las aeronaves de la
Fuerza Aérea, incluido el Tango 01 que está a punto de reincorporarse a la flota
presidencial. Por caso, en su viaje a Montevideo a bordo del Tango 03, un Fokker
F-28, para un encuentro progresista -al que acudió junto a Alberto Fernández- la
cabina se llenó de una extraña neblina por un problema en el aire acondicionado.

EL NUEVO LOOK. Para vestirse, pese a su deslumbramiento marketinero,
suele recurrir a mano de obra argentina. La encargada de su look es la
diseñadora marplatense Susana Ortiz, dos hijos, ex mujer del más conocido Carlos
Di Doménico, que también viste a Mirtha Legrand, Graciela Borges, Lucía Galán,
Nora Cárpena y Linda Peretz. "La conozco desde que se instaló junto a
Kirchner en Buenos Aires, meses antes de las elecciones de 2003. Entonces, yo
había abierto mi local aquí. A Cristina le gustaron mis propuestas de entrada, y
me encargó el traje que usó en la asunción presidencial, un tailleur color crudo
sobrio y elegante. Ella es una persona encantadora, con una gran particularidad:
sabe tanto de política como de moda
", le dijo a GENTE.

Pero no fue ese -el abandonar los jeans y vestir de marca- el cambio más
llamativo. Tampoco su pelo, que desde hace un año y medio sólo tocan ella y
Alberto Sanders. El coiffeur contó que "Cristina llegó a mí por referencias.
Tomamos un café y se sometió a que yo la mirara y le dijera qué opinaba de su
cabeza. Había cosas que no me gustaban, como por ejemplo el color, el largo de
su pelo y el flequillo. Escuchó, y nos pusimos de acuerdo en que había que
cambiar. Y las mujeres, cuando cambian su pelo, cambian todo. Mi propuesta es
que no necesite estar todo el tiempo en la peluquería. Es más, muchas veces, la
podés ver en fotos y ni siquiera está peinada. Es tan genial el corte, que lo
puede manejar ella sola
".

-¿Qué le cambió?
-El color, lo viré a la gama de los castaños con un toque de vino, que le da
una tonalidad muy fina. Y le agregué pelo. Usa las mejores extensiones del
mercado mundial, que son las Great Lengths, una empresa italiana elegida
por estrellas como Jennifer López, Naomi Campbell o Lisa Marie Presley. Es un
pelo altamente seleccionado, despigmentado, casi virgen, cortado de una manera
determinada. Otro cambio fue sacarle el flequillo, y darle un estilo más
moderno. Ella viene a la peluquería de la avenida Las Heras, pero el pelo es de
tanta calidad que no destiñe, así que le dura más. Son extensiones de 35
centímetros, y están integradas totalmente al pelo verdadero de ella. Le hice
una verdadera arquitectura capilar.

Si su cabello sufrió modificaciones, su cuerpo -está mucho más flaca- y su
rostro rejuvenecieron una década. En el primer periplo a Washington, George W.
Bush la piropeó: "La senadora más linda del mundo". Si hoy la viera, no
lo podría creer. La señora K se entregó a las delicias del famoso tratamiento de
modelación corporal de Figurella en Libertador al 900, muy cerca de la
Quinta de Olivos. El tratamiento consta de treinta minutos de ejercitación
física dentro de una cápsula a 34º centígrados, donde se transpira mucho más que
durante la gimnasia convencional. Esto es para acelerar el quemado de grasas de
los glúteos, piernas, caderas y abdomen. El siguiente paso es la oxígenoterapia,
que son quince minutos de oxígeno adentro de otra cápsula, que renueva las
células de la piel y da un efecto de rejuvenecimiento. Y por último, la
presoterapia. Cristina se acuesta en una camilla y le colocan unas botas que le
toman las piernas por completo. El drenaje linfático dura quince minutos, a base
de estímulos eléctricos. El tratamiento consta de 30 sesiones, y su valor es de
1.275 pesos.

A pesar de las versiones, Cristina no pasó por el bisturí, por lo menos desde
que es Primera Dama. Sí recurrió, para su rostro, que sufría de rosácea, a
peelings, inyecciones de botox y al ácido hialurónico en labios y comisuras, que
le dan volumen. Abandonó, sí, el maquillaje excesivo, pero nunca dos de sus
armas preferidas a la hora de seducir: el rimel y el delineador negro de ojos.
Y, de paso, esculpió sus uñas. Pero no es en el físico donde, dicen, se observa
a una nueva Cristina. Quienes la conocen desde hace años, sostienen que es en el
Senado donde se verificaron los cambios más notables.

NUEVA POLITICA. Allí, en la Cámara Alta, es donde expresa las
decisiones que toma su marido el Presidente, el único ante quien agacha la
cabeza. Quienes comparten el tercer piso, donde tiene su despacho en la esquina
de Irigoyen y Entre Ríos, sostienen, no sin un poco de maldad, que se dan cuenta
de que está porque "primero llega su perfume, y después ella".

Más allá de los chistes, es allí donde puede rastrearse el origen de la
disputa entre Cristina y los duhaldistas, que debería sorprender poco, en rigor.
Muchos recuerdan que, durante los primeros meses del gobierno de Eduardo
Duhalde, Cristina tuvo un perfil marcadamente opositor. "Votó varias leyes en
contra, y hasta la amenazaron con sacarle la Comisión de Asuntos
Constitucionales
", recuerda un miembro de la Cámara Alta. "La votación de
la ley de Subversión Económica fue un claro ejemplo. Venía pareja, y ella votó
en contra. Pero faltaba un voto, y mandó el avión de la gobernación de Santa
Cruz hasta Corrientes para buscar al senador Lázaro Chiappe, para que llegara y
sufragara contra Duhalde
", recuerda.

Tras la asunción de Néstor Kirchner en 2003, dejó de saludar, por ejemplo, al
senador Rodolfo Terragno, con quien tenía buena relación, a raíz de una columna
periodística donde criticaba a la flamante administración. Y hasta con sus
propios compañeros de bancada tiene actitudes de desplante. Lo sufrió Daniel
Scioli cuando la relación con el Presidente se congeló a fines de 2003, y lo
sufre a menudo Miguel Angel Pichetto, en los papeles el jefe de la bancada
justicialista. "Con él tuvo muchísimos desplantes", señalan. "Ella era
muy buena como opositora
-cuentan en un despacho cercano al de Cristina-
pero no sabe hacer oficialismo. Hoy hace oposición de la oposición, que no es lo
mismo
".

Una de las cosas que más le reprochan es la baja productividad de la Comisión
de Asuntos Constitucionales que preside. Según un informe reservado del propio
Senado, desde el 10 de diciembre de 2001 hasta el 21 de octubre de 2004, por
ejemplo, se ubicaba en el último lugar entre las 24 comisiones del Senado en
este rubro. De 1263 proyectos ingresados, apenas había producido un 14,49 por
ciento de dictámenes. Y no es una cuestión menor. Por su firma debería pasar el
tratamiento de las cuestionadas Leyes Secretas, de Decretos de Necesidad y
Urgencia, de Gastos Reservados y -fundamentalmente- la Reforma Política, donde
realmente se podrían discutir temas que hacen a la nueva política con
mayúsculas, como la eliminación de listas sábanas, el voto electrónico y otras
herramientas democráticas.

Las elecciones de octubre se acercan. Es un hecho que Cristina Fernández de
Kirchner será la candidata del gobierno en la provincia de Buenos Aires. En
silencio durante un año, sin un aparato que la sostenga más allá de su carisma,
su inteligencia y la gestión de su marido, arrasa en las encuestas que encarga
el gobierno y el propio Eduardo Duhalde. Cristina cambió por dentro y por fuera,
y ya vela las armas.

El ingreso triunfal de Cristina Fernández en el escenario de Obras Sanitarias, el miércoles 27 de abril, presentando el kirchnerista Frente para la Victoria en la Capital.

El ingreso triunfal de Cristina Fernández en el escenario de Obras Sanitarias, el miércoles 27 de abril, presentando el kirchnerista Frente para la Victoria en la Capital.

Con algunos kilos menos e interesada en las nuevas tendencias, Cristina se animó a mostrar las piernas más que nunca. En versiones más cortas y ceñidas, con looks sensuales, o con géneros más etéreos. Nunca olvida los accesorios: pashminas de seda natural, cinturones flojos, aros y gargantillas, o chaquetas niponas.

Con algunos kilos menos e interesada en las nuevas tendencias, Cristina se animó a mostrar las piernas más que nunca. En versiones más cortas y ceñidas, con looks sensuales, o con géneros más etéreos. Nunca olvida los accesorios: pashminas de seda natural, cinturones flojos, aros y gargantillas, o chaquetas niponas.

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