Una ciudad sumergida en su peor pesadilla – GENTE Online
 

Una ciudad sumergida en su peor pesadilla

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Esa cara ya la vimos. En todos lados. Es exactamente la misma, repetida en su mueca de pesadilla húmeda, casi una máscara de horror que pretende olvidar lo inolvidable. Y no puede. Está en todas las manzanas de los barrios inundados (Tolosa, Ringuelet, La Loma, Los Hornos...), en miles de casas destrozadas, en relatos de supervivencia sobre una mesa que es roca salvadora; de un viudo parado en el inodoro, con el agua al cuello; familias abrazadas sobre el techo, rezando bajito; ancianos de un geriátrico sentados en el placard; nadadores impotentes agarrados a la reja de su casa, porque se los chupaba la corriente, junto a sus gritos de suplicio... Es el mismo rostro cansado hasta la desfiguración, harto del olor a podrido, sin dormir y sin comer, que explica la tragedia a quien quiera escucharla. Son los rostros de esta ciudad diseñada para ser perfecta, ahora convertida en un enorme y desolador depósito al aire libre: bajo el sol, recibido como un dios sanador, se calientan objetos empapados, basura amontonada en las veredas, libros que ya no sirven, fotos borroneadas, colchones inútiles y barro, mugre, huellas desesperadas... En esas caras derrotadas se aparecen, con obscena frecuencia, los 51 muertos de una lista que muchos intuyen más extensa; y se mezclan con los llantos del reencuentro, las palmadas para seguir adelante (lavandina en la mano, sudor en la frente), las noticias de que pronto llegará ayuda, único aliciente de los que perdieron todo. Porque hay gente que perdió todo. Y cuando pueda, cuando las fuerzas le den, volverá a sonreír tibiamente. Cayó el sol aquel martes 2 de abril, y ahí nomás, antes de la noche, se partió el cielo en 181 milímetros de agua fatal. Y La Plata ya no volvería a ser la misma, nunca más.

AHORA SE PUEDE CAMINAR. Pasaron varias horas desde la tragedia y La Plata, la ciudad que recibió la furia del clima y la imprevisión, parece despabilarse. Y brotan las historias, una al lado de la otra, sin ánimo de ocultar la pena. Total, hay que empezar de nuevo... En la calle 59, esquina 131, vive Claudia Formigo. No le queda nada. "Me salvé de milagro", dice sin exagerar media palabra. Ella y su hija (Roberta, de diez años) no pudieron salir a tiempo de casa cuando arreció el temporal en el barrio Los Hornos. Se subieron a una mesa, "muertas de frío", porque el agua trepó hasta el metro setenta. "Nos tapamos el cuerpo con las cortinas de la ventana, lo único que tuvimos a mano... y rezamos... Nos dio miedo que, en medio de la oscuridad, sonara el timbre a cada rato... No lo tocaba nadie, era el agua", relata. Su hermano Daniel recorrió cuatro cuadras (que eran un río incontrolable) para socorrerla. Casi se ahoga en el intento. Agarrándose de las rejas de las casas, llegó como pudo. Y escuchó cómo, desde adentro de la casa, llegaba un susurro: Claudia le cantaba a su hija para que parara de llorar...

 

Leé la nota completa en la última edición de revista GENTE.

Una familia entera, rescatada de su desesperación, sobre el bote providencial. Las calles y diagonales quedaron anegadas después de la tormenta que se inició el martes 2 de abril por la tarde. Llovieron 181 milímetros.

Una familia entera, rescatada de su desesperación, sobre el bote providencial. Las calles y diagonales quedaron anegadas después de la tormenta que se inició el martes 2 de abril por la tarde. Llovieron 181 milímetros.

Cruzar una calle se convirtió, desde la tarde del martes 2 de abril, en toda una aventura para los platenses. Los hombres tuvieron que cargar a familias enteras y refugiarse en las casas con planta alta. La solidaridad de los vecinos fue clave.

Cruzar una calle se convirtió, desde la tarde del martes 2 de abril, en toda una aventura para los platenses. Los hombres tuvieron que cargar a familias enteras y refugiarse en las casas con planta alta. La solidaridad de los vecinos fue clave.

La anciana, aferrada entre un soldado y una mujer, lucha por no caerse al agua. La mayoría de los fallecidos, según la nómina oficial, es gente de la tercera edad que no contó con ayuda suficiente.

La anciana, aferrada entre un soldado y una mujer, lucha por no caerse al agua. La mayoría de los fallecidos, según la nómina oficial, es gente de la tercera edad que no contó con ayuda suficiente.

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