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Trabajo intenso, profesionalismo y vocación: la intimidad de la Línea 144

Trabajo intenso, profesionalismo y vocación: la intimidad de la Línea 144

Redacción Gente
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En las oficinas de la Línea 144 no hay feriados ni Navidades.

La voz suena diáfana, reconfortante, aunque del otro lado se presuma la angustia. Con una simple frase, que engloba mucho más, le da pie al que llama.

“¿En qué te puedo ayudar?”, pregunta la mujer de treinta y pico, psicóloga ella, mientras se acomoda en la silla. Escucha. Asiente. Vuelve a preguntar. Poco a poco se generará un clima de ida y vuelta, en una charla que buscará indagar humanamente y podrá durar varios minutos, quizás media hora. Hasta que, luego de analizar la situación, la operadora buscará darle la mejor orientación a esa persona que sufre, llora, teme…

En las oficinas de la Línea 144 –ubicadas en el quinto piso de un edificio, en el Centro porteño–, estas escenas se repiten durante todo el día. Es un incesante viaje hacia lo inesperado, al llamado que procura calma y esperanza.

En un año, la línea telefónica que atiende a quienes sufren violencia de género es capaz de recibir más de 445.000 llamados. Según sus registros, exactamente 447.716, como sucedió en 2018.

Cada llamado está perfectamente clasificado y fue seguido con la máxima atención por alguna de las operadoras (mayoría de mujeres, aunque también hay varones) que levantaron el tubo.

Transitar los pasillos de este lugar significa palpar cientos de historias, cada una con su especial característica, con rostros y vivencias que permanecen por siempre.

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La App de la Línea 144 está disponible para ser descargada en cualquier celular.

La 144 es una línea de asistencia, orientación, seguimiento y derivación. Funciona las 24 horas del día, los 365 días del año y atiende en todo el país en forma gratuita.

“La línea comenzó en 2013. En esa época había pocas operadoras profesionales y mucha demanda, por lo cual se debió reforzar el equipo. Yo ya trabajaba en el territorio, con ciertas situaciones de violencia de género. Me sumé en 2015, después del primer #NiUnaMenos”, cuenta Daniel Palazzo, coordinador del turno que va de 13 a 19 horas, uno de los más intensos en flujo de llamados.

“Todas las compañeras son profesionales de la Psicología, el Trabajo Social y el Derecho, especializadas en violencia de género. Tenemos capacitaciones permanentemente, en las diversas temáticas que se van sucediendo. Aquí trabajan alrededor de 200 operadoras, en turnos de seis horas. Por la carga emocional, es una jornada un poco más reducida que cualquier otro trabajo. Acá no hay feriados, asuetos ni Navidades… Mi tarea es acompañar en las estrategias. Siempre, claro, con el consentimiento de la mujer que llama”, puntualiza Palazzo.

A su alrededor, 20 mujeres trabajan concentradas, una mano en el teléfono, la otra en el mouse de la computadora. “No todas hacen atención directa. Porque también hay un área de asistencia y seguimiento de casos. A veces, las mujeres que denuncian soportan distintos obstáculos en los organismos, en la comisaría, en ámbitos judiciales, y la idea es que no estén solas. Hay casos que pueden empezar un sábado a la noche, en una comisaría, en un hospital si hay lesiones, y terminan un lunes a la mañana haciendo la articulación con el Juzgado… Sí, es una labor para la que hay que tener vocación. Te tiene que gustar. Se deja mucho el cuerpo en cada llamado”.

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Daniel Palazzo es el coordinador del turno tarde.

Hay fechas clave, que inciden en la cantidad de consultas al 144. Después del Día de la Madre… Después de las Fiestas… Después de un fin de semana… Y hechos puntuales, que modifican los comportamientos sociales.

Como reveló recientemente Fabiana Túñez, directora ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres (INAM), antes de la denuncia pública de Thelma Fardín el índice de llamadas por temas de abuso sexual era del 17%. Luego de ese hito, pasó al 37%.

“Hubo mujeres de 80 años que llamaban sabiendo que ya no podían hacer nada, pero necesitaban contarlo. Algo muy fuerte, tanto para las denunciantes como para las operadoras”, señaló la funcionaria.

El 144 inauguró, además, una nueva área: la de litigio estratégico. De este modo, el INAM interviene como amicus curiae en las causas, para acompañar de cerca a los familiares de víctimas de femicidios.

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Fabiana Túñez, Directora Ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres.

“La línea, por suerte, se difunde bastante y a veces no damos abasto. Esto no es un call center, sino un servicio que se le brinda a la mujer para ayudarla con el tiempo que requiera. Por ahí hay que armar un escrito, pensar una estrategia en conjunto. No es decirle a la persona ‘tocá el botón 2, o el 3’. Nos sentamos todos de manera interdisciplinaria: una abogada, una psicóloga y una trabajadora social. Cada una puede hacer interconsultas. Si la que llama convive con el agresor, tenemos todo un protocolo de seguridad para que la mujer no se ponga en riesgo”, explica Palazzo.

“Nosotros trabajamos con violencia, con muertes, con lesiones… Son casos muy dramáticos: uno no se puede abstraer”, agrega el coordinador.

“Por más que te pongas una coraza, hay días que no tenés ganas ni de comer. No está bueno, pero es inevitable apegarse a los casos. Cada uno tiene sus mecanismos para combatir la angustia o la tristeza que te pueda producir este trabajo: uno sale a correr, otro hace terapia, y así… Tenemos reuniones quincenales con el equipo, para ir contando estas vivencias. Se charla mucho. A veces hay que salir a dar una vuelta, apoyar a una compañera que está afectada”.

Vocación, solidaridad, compromiso. De eso se trata el 144.

Por Eduardo Bejuk

Fotos: Maximiliano Vernazza.

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