«Todos tenemos zonas perversas y oscuras» – GENTE Online
 

"Todos tenemos zonas perversas y oscuras"

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A partir de esta semana, y a lo largo de trece capítulos, ella será Marina
Segal. "Es hija y nieta de policías. Cuando tenía siete años, su padre se
suicidó delante de ella. Es psiquiatra forense, y una mujer muy solitaria. Es
una excelente policía, pero con eso no le alcanza. Tiene, a la vez, una vida
clandestina. Vive al borde, jugando con la muerte permanentemente; de hecho,
juega a la ruleta rusa. Todo el tiempo está al borde de matarse. Además es
obsesiva y muy 'hombre'. No porque sea gay -que no lo es-, sino porque no tiene
ningún tipo de sensualidad. Todos rasgos que son muy interesantes para trabajar
como actriz: el despejo de la femineidad, de la histeria…
"

Cecilia Roth está hablando de Marina Segal, que es como hablar de Epitafios. Así
se llama la miniserie producida por HBO Olé (la filial latina del prestigioso
cable norteamericano), un producto del cual puede enorgullecerse la televisión
argentina. Y no es para menos: de la casa matriz salieron joyitas como Los
Soprano, Six feet under o Sex and the City, tres de las mejores series hechas en
la historia de la tevé made in USA (caballos ganadores si los hay en las últimas
ediciones de los Emmy, los Oscar de la tevé norteamericana). Bien, decididos por
vez primera a generar contenidos propios para el mercado latino, HBO Olé escogió
a Pol-Ka, la productora de Adrián Suar, para que se hiciera cargo del proyecto.
Empezando por sus cuatro protagonistas -junto a la Roth, encabezan el cartel
Julio Chávez, Antonio Birabent y Paola Krum-, pasando por los directores, hasta
llegar al último de los asistentes, todo el staff es tan argento como el dulce
de leche. De ahí el orgullo, decíamos. Prosigue Roth, entonces:

-Para entender a Marina antes hay que aclarar que ésta es una serie de género
(un thriller) donde los cuatro protagonistas tienen una historia personal desde
la cual se relacionan con la trama total. O sea, no es una película de terror en
la cual los personajes son muñequitos a los que les sale sangre artificial de la
oreja. La complejidad de cada uno de los personajes hace crecer profundamente a
la historia, y hace que el género tenga sentido. Si no, es vacuo, vacío.

-¿Cómo llegó hasta aquí?

-Me tiraron una carnada imposible de no morder…

-Como diría Don Corleone: le hicieron "una oferta que no pudo rechazar…"
-Totalmente. Marina es un personaje maravilloso (que aparece recién en el
capítulo seis); el elenco es fenomenal; el guión es muy bueno… Casi no lo dudé.
Era hacer televisión como si fuera cine. Otro factor a favor fue que no se
trataba de hacer tele con códigos argentinos, que siempre tiene una serie de
sobreentendidos que para mí pesan en contra.

-¿Por ejemplo?
-Hablo de nuestro costumbrismo. Es imposible exportar una serie argentina. En
cambio, este proyecto está hecho acá, pero pensado para el mercado
internacional. Con una sumatoria de cosas que benefician al producto: una
productora como Pol-Ka detrás, HBO a full, el gran esfuerzo de promoción de HBO,
un lanzamiento simultáneo en todo el mundo latino… Todo eso, para nosotros, los
actores, es maravilloso. Vamos, ni en cine me ha pasado esto. Con las películas,
como no se estrenan simultáneamente en todo el mundo, tenés que ir haciendo
prensa a lo largo de varios meses.

-Resaltó especialmente eso de hacer televisión "como si fuera cine". ¿Cómo es?
-Hace tiempo que no hacía ficción televisiva que, por cierto, en la Argentina,
ha mejorado mucho en los últimos años. Tanto ha crecido, que en un punto noto
que se está canibalizando, es decir, devorándose a sí misma… Y me perdí.

-Le preguntaba cómo es hacer tevé con un criterio cinematográfico, esto que se
da en Epitafios…
-Ah, sí. Son trece capítulos de 56 minutos cada uno. Fue como filmar varias
películas en siete meses. Está la calidad del material fílmico; el rigor y el
trabajo meticuloso que te impone el cine; y un trabajo de los actores con los
directores relajado pero intenso, muy serio y muy divertido.

-¿Cuánto tardaban por cada capítulo?
-Veinte días de rodaje, cuando en la tele, a lo sumo, tenés cinco.

-Describía a Marina como un personaje al borde. ¿Cómo se exploran esas zonas?
-Todos los personajes son distintos y distantes. Aunque tampoco tan distantes,
porque todos tenemos zonas perversas y oscuras. A veces son más visibles, están
más a flor de piel, a veces no tanto. Marina tiene una relación muy particular
con el asesino, porque hay algo de los dos que no voy contar, desde ya, pero es
algo que los une, que los fascina y que los repele a la vez.

-¿Se trata del clásico policial con buenos y malos?
-Creo que es una serie que no habla de policías buenos y asesinos malos. Habla
del bien y el mal, de la condición humana en definitiva. Y de cuán cerca está el
bien del mal, de cuál es el límite y de cómo se puede pasar a ese otro lado sin
siquiera darnos cuenta. Es todo muy sugerente, muy ambiguo y, como te decía, a
la vez muy perverso.

-Siete meses conviviendo con ese personaje. ¿Se deja fácil en el camarín o la
persigue?
-Noooooo, ya estoy grande para que se me pegue el personaje. Lo dejo en mi
camerino y cuando llego a casa soy toda luz. La actuación, para mí, sigue siendo
un juego. Es como decir: "¿Dale que soy… asesino?", "¿Dale que estoy loca?".
Obviamente que hay un trabajo teórico previo, pero en el momento del rodaje te olvidás de eso y es "dale que…". Lo lúdico no debe perderse nunca, sino esto
empieza a ser aburrido.

-Hábleme de su agenda. ¿Qué está por hacer?
-Acabo de terminar en Madrid una película maravillosa, Otros días vendrán, se
llama, y es de Eduard Cortez, un director catalán -el mismo de La vida de
nadie-, con Antonio Resines y Fernando Guillén. Me dejó muy feliz. El otro día
decía: si no estuviera feliz, no podría estar haciendo esto, la promoción acá, y
después seguir dando a conocer Epitafios en San Pablo y México. Después sí,
pienso descansar y leer muchos guiones interesantes. Posiblemente, antes de fin
de año filme otro proyecto. Y para el año que viene voy a hacer, para España, La
voz humana, de Cocteau. Son cinco funciones en el teatro de La Zarzuela y luego
la idea es llevarla a teatros de ópera de distintos lugares del mundo; ojalá se
pueda.

-Le cambio de tema. ¿Cómo ve, cómo está sintiendo este momento del país?
-Por un lado... (duda, busca las palabras) a ver, cómo te diría… me siento más
afín al gobierno de Kirchner que lo que hemos pasado en estos últimos años, sin
dudas. Pero creo que aún tenemos muchos y graves problemas por resolver. No sé
cuál es la fórmula. Lo único que sé es que tenemos que construirnos como Nación,
y no tener un estallido latente todo el tiempo. Te hablo de la seguridad, los
piqueteros, la miseria cartonera, la exclusión brutal, la marginalidad, ese
permanente ronroneo interno que impide todo. Por eso la constitución como Nación
es lo primero y lo fundamental. Y además, por supuesto, ser solidarios. Pensar
que la pobreza de ese señor también me corresponde a mí, porque tanto él como yo
somos argentinos.

-Semejante cuadro, ¿se le hace más llevadero por este ir y venir suyo permanente
a Madrid?
-Seguramente sí, Madrid es un bálsamo. Aunque allá también vienen de atravesar
una situación tremenda, como es el atentado del 11 de marzo. Por suerte, ahora,
y después de ocho años tremendos del Partido Popular, con la llegada de Zapatero
se respira otro aire.

-¿Qué cambios se notan?
-Hoy por hoy, a tan pocos meses del cambio de gobierno, se nota más que se ha
ido Aznar que la llegada del PSOE al poder. Pero ya hay en el ambiente otro
aire, insisto.

-Y ese viaje constante, ¿deja lugar para la nostalgia?
-Al contrario. Me siento privilegiada de poder hacerlo. Cuando estoy allí, estoy
allí. Y cuando estoy aquí, estoy aquí.

-¿Cómo hace para compatibilizar tanto trabajo afuera con la crianza de su hijo,
Martín?
-Fuera de la Argentina, sólo trabajo en vacaciones de invierno o en vacaciones
de verano. Hasta el año pasado tenía más margen. Pero ahora que Martín tiene
cinco años y va al pre-escolar, estoy más atada. Pero al margen del trabajo, en
Madrid viven sus abuelos. Trabaje o no trabaje, siempre llevo a Martín para que
los vea.

-Definamé a Cecilia Roth como madre…
-Uyyyyy, qué sé yo… Lo malcrío, le enseño… Pero, sobre todo, lo amo. Y lo
respeto. Me siento muy feliz y orgullosa de él. Y me hace muy feliz verlo tan
feliz. Creo que tanto Fito como yo le hemos dado y le estamos dando muchísimo
amor, mucha contención y mucha seguridad.

La ficción en la televisión argentina ha crecido tanto, que en un punto noto que se está canibalizando, como devorándose a sí misma", asegura.">

"La ficción en la televisión argentina ha crecido tanto, que en un punto noto que se está canibalizando, como devorándose a sí misma", asegura.

La actuación, para mí, sigue siendo un juego. Es como decir: "¿Dale que soy… asesino?", "¿Dale que estoy loca?".
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"La actuación, para mí, sigue siendo un juego. Es como decir: "¿Dale que soy… asesino?", "¿Dale que estoy loca?".

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