“Todos los tipos mueren por estar con un sex symbol” – GENTE Online
 

“Todos los tipos mueren por estar con un sex symbol”

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Adriana Brodsky siempre fue una bomba. La Bebota, “cargadísima”, que aparecía enamorada del Manosanta. “No sé qué pasa... Nadie me quiere”, se lamentaba. ¿Cómo olvidarlo? Después hizo un gol inolvidable con su costado más hábil en la publicidad de Hitachi. ¡Qué bien se te ve! Ahora tiene mil proyectos, aunque insiste en que su prioridad son sus hijos. Susana Romero ya no usa flequillo. Pero tiene la misma gracia que cuando bailaba en la vereda en el aviso de Jockey Club. Frente a cámara, luce un escote profundo al que no se resistiría ni siquiera Rogelio Roldán. Jura que fotografía la energía de la Virgen María en el jardín de su casa. Y que la madre de Jesús le confió, en un susurro, que “todo sucede en el crepúsculo”. ¿Por qué no creerle?

Silvia Pérez está impecable. Todavía podría interpretar a la joven amante del dictador de Costa Pobre. ¿Quién? La chica peinada con dos colitas que no conseguía memorizar aquello de “one hundred dollars; thank you, Sir”. Desde su escritorio, en la recepción de una editorial, aún podría darle pelea a Alvarez y Borges. O engañar, con una caída de ojos, al sufrido Chiquito Reyes. Pero hoy persigue un camino espiritual a través del yoga. Y desde hace dos años, después de su consagración en el Festival de San Sebastián con el film Encarnación, se forjó fama de “actriz seria”.

EL ENCUENTRO. Es extraño, infrecuente. Silvia le da la verdadera dimensión a la reunión: “Muy rara vez posamos juntas. Cuando presentamos el álbum de figuritas de No toca botón, cuando hicimos el afiche para la película El Manosanta está cargado… Nunca más, creo”. Adriana no participó en la inolvidable producción de Playboy que las desnudó junto al inolvidable capocómico. Allí estaban también la exquisita Beatriz Salomón y Divina Gloria. Susana anticipa: “Pero nos queremos mucho. Nunca peleamos por un hombre ni protagonizamos ningún escándalo. Las adoro y disfruto cada uno de sus logros como si fuese propio”.

Ahora vuelven juntas a la tele, aunque no coincidirán jamás en la pantalla, pero participarán de la misma serie, Mitos, crónicas del amor descartable, la nueva producción de Gastón Pauls que se emitirá por América. Son trece capítulos, en los que Germán Palacios perseguirá los mitos sexuales más importantes de los años 80. Y ahí aparecen ellas, por supuesto.

–¿Les costó despegar rótulo de “chicas Olmedo”?
Susana: ¡No despegamos nunca! Estoy orgullosa de haber trabajado al lado del mejor, pero siento que esa etiqueta trabó mi carrera. Nunca me consideraron para hacer un papel serio. No te imaginás cuánto me emocioné cuando me llamaron de Rosstoc, la productora de Gastón Pauls, y me dijeron: “Te vamos a dar la posibilidad de actuar”. ¡Un sueño!
Silvia: Vamos a serlo para siempre… ¡aunque tengamos mil años! Durante un tiempo esto fue una carga muy fuerte. Yo pasé por un montón de estados. Primero pensé que ser “chica Olmedo” no me permitía trabajar. Hasta que empecé a sentirme orgullosa, privilegiada de haber trabajado con el Negro. Ahora estoy contenta y agradecida.
Adriana: Para mí nunca fue una cruz. Pero es cierto: la única huella que quedó de mi carrera fue el trabajo con Olmedo. Yo estoy más que agradecida.
Silvia: ¡Y eso que trabajamos sólo tres años con el Negro!

–Medio país fantaseó con ustedes. Sin ir más lejos, debo reconocer que yo las vi desnudas...
Silvia: ¡Todos nos vieron! En Playboy, claro. Eso tiene que haber sido en 1987… ¡Pasaron más de veinte años!
Susana: Lo más importante de nuestro desnudo es que en esos tiempos no existía el photoshop. Todo lo que viste, eso que tan bien recordás, era cien por ciento natural. Eramos tan jóvenes… Ahora, con ayuda, cualquiera puede salir espléndida.
Adriana: Yo nunca me desnudé. No me divertía.

–Pero posaste con unos calcos que apenas conseguían tapar tu escote…
Adriana: Fue lo más audaz que hice, una moda que duró un suspiro. ¡Pasó tanto tiempo…!

–...Más de veinte años. Sin embargo, ustedes no pierden vigencia. Cuando se habla de mitos sexuales argentinos, siempre aparecen sus nombres.
Adriana: ¡Porque todos fantasearon con las “chicas de Olmedo”! Atravesamos distintas generaciones. Lo vemos en la calle: nos piropean chicos de 18 años, señores de 50 y maduritos de 80. A mí todo eso me divierte. Me parece maravilloso que le volemos un poquito la cabeza a la gente.
Silvia: A mí no me divierte tanto. Yo nunca me consideré un sex symbol, aunque reconozco que lo he sido. Recién ahora, después de mucha terapia, puedo reconocer que soy un mito sexual.
Susana: Es raro. Te dicen que generás ratones y te da cosita… ¿Qué ratones? ¡Yo no hago nada! Además, los hombres son todos iguales: mito o no mito, se hacen la cabeza con cualquier mujer.
Adriana: A esta edad, con estos años encima, siento un halago que me consideren un mito sexual argentino. Imaginate que a los veinte yo pensaba que después de los cincuenta iba a estar con un bastoncito… ¡y me doy cuenta de que todavía les gusto a los señores! Puedo jugar al sex symbol, pero para mi hija soy una anciana (ríe).

–¿Cómo reaccionan hoy los hombres cuando las descubren en algún lugar?
Silvia: Todos nos reconocen. Todos nos vieron. Y algunos, como vos, nos vieron desnudas. Se nos acercan tipos de cualquier edad. Aunque creo que ese cartel de “chica Olmedo” me trajo problemas para relacionarme con los hombres. ¡Todos mueren por estar con un sex symbol!

–Sentís que te consideran un buen trofeo...
Silvia: Exacto. Muchos quieren salir corriendo a contarles a los amigos: “¿A que no sabés con quién estuve?”. Este problema lo tengo hasta el día de hoy. Para tener un compañero, la relación tiene que trascender el personaje. A mí no me resultó fácil a lo largo de mi vida.
Susana: A mí tampoco. Y advierto: el primero que pretenda salir conmigo porque soy un mito sexual, ¡se lleva un bife! Es vital que me conozcan como persona.
Adriana: El tema hombres no es prioridad en mi vida. Cuando no era tan conocida, también llamaba la atención de los señores. Los tipos siempre encuentran un buen motivo para mirarte. Todo les entra por los ojos…
Susana: ¡Como la comida!

–Las tres están solteras. ¿Es casualidad?
Silvia: No es fácil ser un mito sexual en la Argentina...
Adriana: Te puedo asegurar que estoy feliz de estar sola.
Susana: Es muy difícil que un tipo reúna todos los requisitos que pretendo. ¿Cuáles? Anotá… Tiene que ser vegetariano, porque amo a los animales y detesto que los maten para hacerlos comida. También tiene que ser muy espiritual, para acompañarme en este camino que estoy transitando hoy. Y, lo más difícil, no tiene que mentir jamás. ¡Imposible...!

–Muy difícil, es cierto. Entonces, último recurso: ¿touch and go?
Susana: ¡Qué horror!
Silvia: ¿Cómo “¡qué horror!”? Yo estoy sola, pero nunca me falta alguien para un abrazo.
Susana: Yo necesito cierta conexión. ¿Y si me encariño con el “touch and go”? Estoy bien sola, aunque reconozco que todas necesitamos un mimo.
Adriana: ¿Novio? ¡Estás loco! ¿Para qué puedo querer un novio? Silvia, Adriana y Susana, juntas para GENTE. “Que a esta edad los hombres nos hagan sentir deseadas me parece muy divertido”, dice la Bebota.

Silvia, Adriana y Susana, juntas para GENTE. “Que a esta edad los hombres nos hagan sentir deseadas me parece muy divertido”, dice la Bebota.

“Siempre vamos a ser ‘las chicas de Olmedo’. ¡Aunque tengamos mil años! Durante un tiempo lo llevé como una cruz… Pensé que esa etiqueta no me permitía trabajar. Hoy me siento orgullosa y privilegiada de haber trabajado con el Negro” (Silvia Pérez)

“Siempre vamos a ser ‘las chicas de Olmedo’. ¡Aunque tengamos mil años! Durante un tiempo lo llevé como una cruz… Pensé que esa etiqueta no me permitía trabajar. Hoy me siento orgullosa y privilegiada de haber trabajado con el Negro” (Silvia Pérez)

“Nos piropean chicos de 18 años, señores de 50 y maduritos de 80. Todo esto me divierte. Me parece maravilloso que le volemos un poquito la cabeza a la gente” (Adriana Brodsky)

“Nos piropean chicos de 18 años, señores de 50 y maduritos de 80. Todo esto me divierte. Me parece maravilloso que le volemos un poquito la cabeza a la gente” (Adriana Brodsky)

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